Es curioso que en Bolivia no haya propiamente cronistas gastronómicos, a diferencia de otros países, en los cuales sus columnas son muy apreciadas.

Miguel Esquirol, boliviano estudiante en Ohio, me dice: “Las crónicas gastronómicas lamentablemente no son un formato periodístico muy común. Es necesario un periodista de buen estómago y de un amor por la vida, además de sutil pluma y paladar. Si sabe cocinar mejor, si puede citar filósofos del buen comer y no le importa codearse con chóferes de autobús y pescadores de arrabal mucho mejor. En un diario acostumbrado a la inmediatez no es común encontrar una buena crónica gastronómica y las columnas gastronómicas han sido sustituidas por publicidades de restaurantes con ofertas de alitas de pollo gratis.” El Chavito Sanzetenea se muestra ” constantemente pendiente de todo lo que se escribe sobre comida y drinks”; en tanto que Andrés Laguna me dice: ” A pesar de no ser el tipo de lectura al que más tiempo le dedico,

intento leer todo tipo de crónicas gastronómicas”; y Leticia Herrera confiesa: “No leo crónicas gastronómicas de manera asidua pues desconozco que se cultive el género y se difunda regularmente. Agradecería si me dan pistas para encontrarlas, seguro las leería.”

Pues ahí van, Leticia, algunas buenas pistas: Miguel Esquirol juzga que su cronista favorito es el detective Pepe Carvhalo y su ayudante y cocinero Biscuter, personajes creados por Manuel Vazquez Montalbán, y los artículos de este último sobre comida. “Pero también tenemos al Ojo de Vidrio al que seguimos en religiosa procesión por todos los restaurantes que recomienda, e incluso los alimenticios y deliciosos textos de Mariana Ruiz, de su libro “Los secretos de Rosalba”. “Pero, agrega, quizás uno de los libros que más me enseñó, no sólo sobre comida sino sobre historia, antropología, geografía, fue el fabuloso texto: “Historia de la gastronomía española” de Manuel Martinez Llopis, un gran escritor/gastrónomo español.” Recomienda también un blog: The Amateur Gourmet ( http://www.amateurgourmet.com/. Lo he consultado y es muy sugerente.

Andrés Laguna se complace en mostrar su temprana erudición: “Hay varios que me parecen notables. Aunque no estoy seguro que sean cronistas. Suzi Baker, Mohamed Naceur, Ben Arab Helene de Bishop, entre otros, hicieron un trabajo fabuloso en el diccionariode las cocinas del mundo de Laurousse, mi libro de cabecera por excelencia, el objeto que me saca de cualquier depresión. Ese tremendo libro de Beatriz Rossells, “La gastronomía en Potosí y Charcas…”, es otra maravilla, descubrirlo fue como descubrir a Homero o a Kusturica. Y cuando Mariana Ruiz me pasó el libro de Abel Gonzáles “El elogio de la berenjena”, me sentí tan feliz…. no se puede explicar el sentimiento. Hay un chef que me encanta, del que aprendí muchisimo,que no es un cronista pero su forma de cocinar es narrativa, es un inglés, se llama

James Martin. Un hijo de puta genio. Last but not least, la mejor cronista, mi favorita, es una cronista oral, mi abuela Estela Quiroga. Escucharla contar cómo se debe planchar (con una plancha de ropa) con azúcar al jamón, es pura poesía.”

Estos tips son para Leticia Herrera, que tiene también sus astucias. “Leonardo da Vinci y su manual de conducta para ir a la mesa me parecen excelsos. Las crónicas que leo suelen están inmersas a mitad de una novela.”