Contrastando la campaña sobre un descomunal crecimiento macroeconómico, en los últimos días se ha producido un espectacular alza en los precios de los artículos de consumo como el pan (a 40 centavos por unidad) y en las tarifas de servicios de uso masivo como el autotransporte interdepartamental, hecho que agrava la ya difícil situación económica de los trabajadores y del pueblo en general.

El Ministerio de Hacienda informó que por primera vez en décadas se registró un superávit fiscal del 6% del PIB, que las exportaciones se duplicaron el año pasado y que las reservas internacionales del Banco Central ascendieron a 3.000 millones de dólares. El gobierno estima que este año la economía nacional crecerá a un 4.5% del PIB. Sin embargo, como lo reconoció el propio Presidente Evo Morales, las mejoras macroeconómicas todavía no se notan en los bolsillos de la gente.

“Les dimos cátedra de economía a los neoliberales”, se vanagloria el Vicepresidente Álvaro García Linera y algunos funcionarios del régimen masista consideran que es posible combinar el progresismo nacionalista con racionalidad económica liberal.

Fruto de ello es que el gobierno anunció un modesto incremento de sueldos que no rebasa el 5% para los sectores de salud y educación. La situación de los trabajadores que dependen de la empresa privada es totalmente incierta, y está sujeta a la rentabilidad del empresariado privado nacional que no duda en asegurarse ganancias a costa de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo.

Se dice que en Bolivia se ha superado el neoliberalismo y que ahora se vive una economía “social comunitaria”, aunque los trabajadores y los explotados en general siguen siendo víctimas de la economía de mercado ganando sueldos que cada día pierden su valor adquisitivo con la subida constante de los precios de los artículos de primera necesidad.

El Estado no puede controlar los precios de los artículos de consumo y las tarifas de los servicios. Por ejemplo, las autoridades fijaron un límite para las tarifas de transporte interdepartamental durante las fiestas de fin de año, pero casi ninguna empresa acató la disposición.

Algunos gremios que no están controlados por el oficialismo, como el magisterio de La Paz, exigen al gobierno un incremento de sueldos que cubra todas las necesidades vitales de los trabajadores, de tal modo que no sólo permita reponer las energías perdidas en la jornada de trabajo sino que garantice la supervivencia de la familia que ha sido la más golpeada por casi cuarto siglo de aplicación del neoliberalismo.

Exigen también la inmediata aplicación de la escala móvil de salarios para defender la capacidad de compra de los sueldos frente al alza permanente de los precios de los artículos de consumo, imponer la aplicación de la escala móvil de horas de trabajo para dar ocupación a los miles de desocupados que a diario salen por centenares al exterior, etc.