El primer gobierno del MNR, después de la victoria de abril, por la presión de las masas movilizadas y armadas se vio obligado a ejecutar uno de los postulados más importantes de la Tesis de Pulacayo: la nacionalización de las minas. Este documento histórico plantea expropiar, sin pagar un centavo de indemnización, todas las minas de manos de Patiño, Hotchild y Aramayo. Lo que hizo el MNR debido a su concepción nacionalista burguesa es desvirtuar la media revolucionaria pagando fabulosas indemnizaciones a los barones del estaño, hipotecando la naciente COMIBOL por muchos años.

La experiencia de la COMIBOL nos enseña que las empresas nacionalizadas, como formas de propiedad social, en manos de un Estado burgués y sobreviviendo como isla en medio de la gran propiedad privada capitalista están condenadas al fracaso porque terminan siendo desvirtuadas por la economía y la política capitalistas y sometidas a sus intereses.

La COMIBOL rápidamente cayó bajo el control directo de las organizaciones financieras imperialistas, quienes le impusieron proyectos económicos como el Plan Triangular y otros para no perder el control sobre ella y subordinarla a los intereses de las transnacionales; la empresa estatal terminó sustentando la actividad de la miserable empresa privada nacional y convertida en vaca lechera de los politiqueros de la clase dominante, muchos movimientistas que administraron la COMIBOL aparecieron como nuevos empresarios porque se llenaron los bolsillos robando la plata de la empresa minera.

Rápidamente fue depredada por el gobierno burgués hasta conducirla al borde de la quiebra antes de la aplicación del 21060, todo esto agravado por la caída espectacular de los precios de los minerales en el mercado mundial.

Ahora, cuando el gobierno del MAS lanza la consigna de la segunda nacionalización de las minas en el marco del respeto a las inversiones privadas nacionales e internacionales, adopta una postura mucho más conservadora y derechista que el MNR del 52. En los hechos, lo único que busca es entregar los recursos mineralógicos a los inversionistas privados internacionales en mejores condiciones que las que hizo Goni Sánchez; lo hecho con el Mutún es muy ilustrativo. Se trata de una política burguesa blandengue y sin perspectivas. El término “nacionalización” en boca de los gobernantes se torna en un eufemismo demagógico que no va más allá de las garantías a la propiedad privada en el país y a convertir al Estado en socio de las transnacionales.

¿Es viable Huanuni?

Las primeras medidas adoptadas en Huanuni son de la naturaleza y del tamaño del MAS: lejos de garantizar el despegue de esa mina, la condena al fracaso porque no se puede plantear respuestas a los problemas sociales sin medidas técnicas consistentes y viables.

Para que la mina genere recursos debe se rentable; técnica y administrativamente viable, capaz de garantizar una gran producción. No queremos decir que las respuestas políticas están subordinadas a las medidas técnicas y administrativas porque, en última instancia, la orientación de la producción y de la administración en una empresa depende de la perspectiva política que se le imprima.

En el caso particular de Huanuni, la cantidad de obreros debe estar en relación directa al tamaño de la mina que no depende de la potencialidad de reservas del cerro Posokoni sino de la preparación adecuada de los socavones, de los rajos, de las vetas, de los medios de transporte para extraer los minerales, de la ventilación y otros factores. En el exterior, la capacidad del ingenio de Santa Elena debe estar en proporción directa a la cantidad de carga que debe procesar (dos o tres veces más de lo que se extraía con mil obreros). Por otra parte, de pronto cuando el personal sube del mil a cinco mil, los hospitales, la pulpería, los campamentos y las escuelas deben ampliarse en una proporción adecuada.

No hay que olvidar que la preparación de una mina lleva años y exige una inversión considerable de recursos financieros. La contratación de personal y la producción deben planificarse en función de cuánto se ha avanzado en la preparación de la mina. Estos conceptos elementales no son privativos de los técnicos sino de dominio de los trabajadores mineros producto de su experiencia diaria; esta es la razón por la que han tomado con mucho escepticismo lo hecho por el gobierno en el caso Huanuni.

Lo que ha hecho el gobierno del MAS es salir a topatolondras de un problema crucial a raíz del enfrentamiento entre cooperativistas y mineros sindicalizados por el control del cerro Posokoni. Sin ningún respaldo técnico y financiero ha dispuesto la contratación de cuatro mil cooperativistas, sólo en la perspectiva de desinflar el potencial de presión de ese sector y a duras penas ha destinado algo menos de 10 millones de dólares para rehabilitar las instalaciones dañadas durante el enfrentamiento y organizar el trabajo de explotación. Probablemente, por la presión social, ese dinero se esfumará en sueldos y en la atención de los problemas sociales antes que en la preparación de la mina; para empezar, en el pago de sueldos y primas como ya están exigiendo los mineros sindicalizados.

De esta manera gráfica se percibe la tremenda incapacidad del gobierno del MAS para resolver problemas estructurales en la minería. La demagogia y la improvización, en el caso de Huanuni, puede producir el descalabro de esa empresa y poner en riesgo la suerte de los mil mineros sindicalizados que ya trabajaban en esa empresa.

Los obreros deben tomar en sus manos la suerte de la empresa Huanuni antes que la incapacidad política del gobierno termine destruyendo toda posibilidad de rehabilitarla. Las circunstancias exigen la inmediata adopción de medidas de emergencia orientadas a arrancar más recursos financieros al Estado para desarrollar una verdadera preparación de la mina que permita absorber a los desocupados de la zona.

La política obrera sobre la nacionalización debe ser clara: las minas, los hidrocarburos y todos los recursos naturales como formas de propiedad social sólo podrán desarrollarse en el marco de la destrucción de la propiedad privada en su conjunto y conducida por un gobierno revolucionario de obreros y campesinos. No repetir la experiencia del MNR y de la COMIBOL, la historia debe servir a la política revolucionaria para asimilarla críticamente.