En La Cancha siempre hacía calor. Por la atmósfera y los humores de la gente. Las casetas parecían barracones. Y cada ventana abierta (más bien compuerta de calamina). Una vitrina de bikinis sin cuerpo y ojos mezquinos y tanta gente (¿De profesión? Contrabandista?). Ropa brasilera, lo principal; zapatos chilenos, pullovers argentinos, chompas nacionales, ponchos, Lees, farwests…y esas blusitas de punto que descubrían púdicamente los costados de las muchachitas y con más suerte el comienzo del ombligo. Y la gente que no sabía hablar de otra cosa que del dólar, que de la inflación, que del cambio, pobre gente. Y en el fondo, yo soy un cochino hijito de familia, pensó. Así era fácil olvidarse del cambio, de la economía y echarle toda la carga a la vieja, claro. Miró en su periódico la crónica de la huelga del transporte: una fotografía de dos chiquillas que subían al caimán mostrando sus calzoncitos. Uno con motitas atigradas.

Salteeeiñeeee. Ahí tiene el desodorante. Colgate colgate colgate colgateeeeee. A cinco pesos a ver el numerito. Colabore a la Gran Campaña contra el Cáncer

. Pobre cangrejo. Si supiera mi padrastro que atentan contra su signo.

Campaña contra Sagitario. Lucha contra Géminis, Guerra anticonceptiva: Vacuna contra Virgo. Red atenta contra Piscis

Rrrrrrrroaaaaarrrr, el Club de Leoneeees

. La Babel de un solo idioma. Y el calor, qué calor; y la chichita culli y el brazuelo. La gente debe pensar que esta gente que come de parada le está tirando su ranchito; macana, comen por gusto. Y esa vieja mona, de pollera, ¿dónde la había visto? Claro, en la fiesta del Jefe de Trámites de la oficina, en el presterío. Los cuerpos grasosos, el bostezo de las piedras, olores viejos de piel y vello; los toldos verdes mordiendo el polvo.

Y Casita Musical. La Cholita Endomingada. Jallpanchejpaaaa takiiiniiiin. Happ y Compañía nisunki K‘ayaaa K‘aaamaaaa

Los pies húmedos, la carne espesa; los mendigos escarbando en la basura algo que roer y los pequeños hijos de las vendedoras sorbiendo las gotas de moco de la nariz. Pero esa colita de vaca con sus caquitas de mosca estaba realmente rica. No era cuestión de higiene. ¡Qué caray! Si lo que uno busca no es la limpieza ni las proteínas ni la comodidad (qué platos ni qué ocho cuartos, papel sábana nomás) sino el sabor, los dedos chorreando grasa y el sol dibujándose en cada coagulito y la sarcita asoleada.

¿Con sarcita, caballero? Ya jovencito. Ay espere pues, caballero. ¿Uno no más? Juanor, atendé pues, atendé. Kjamá

Sección juegos:

mayor y menor mayor y menor mayor y menor mayor y menor; nada por aquí nada por allá; ahí se va la bolitaaa, señoreees, ahí se va la bolitaaaa.

Y el pajpaco:

Aquíííí la maravilla del siglooooo. Acercarse, señores (¡Chico, da campo!) Sí, señores (¡yayá, fuera, fuera chicos!)sí señores, la maravilla del sigloooo.

El magnetófono con el gatillo apretado, y la gargantilla de alambre al cuello, flor de ingenio, y cómo suda, el sol se mira en su pelada (y aprovecha pa‘peinarse).

Sí, señoreees, les decíamos, laaa maravillaaa del siglo…Soldaaare, soldaaaareeee. Afilador, afilador

. Ah, Babel, centro del mundo, Babilonia quechua, qué secretos idiomas se profanan en tu nombre…

Averaveraver heláu chupeeeeiiiteeee. Jádojjádojjádojjádojjádocs. Sánguchissánguchissánguchissss…