El ministro de defensa nacional Walker San Miguel anunció la intención del gobierno que encabeza el presidente constitucional Evo Morales Ayma de instalar un gran cuartel (que se denominaría El Prado) en la ciudad beniana de Riberalta, que se convertiría en el centro neurálgico para el desarrollo de una estrategia gubernamental de desarrollo amazónico que estaría basada en dos elementos claves: la afirmación de la soberanía boliviana en todas las fronteras de esta vasta región tropical y la preservación del medio ambiente que caracteriza a la misma que no es otro que el bosque húmedo, el ecosistema cuya conservación está considerada como prioritaria en el ámbito planetario.

Las declaraciones del ministro de defensa no hacen sino ratificar lo expresado por el propio primer mandatario boliviano cuando en la remota comunidad Lanza, en el límite con la República del Perú y dentro del Parque Nacional Madidi, el pasado 26 de agosto, declaró el inicio de acciones gubernamentales -apoyadas en las fuerzas armadas- no sólo para acentuar la presencia soberana boliviana en todas sus históricamente desguarnecidas fronteras, sino también para recuperar los recursos naturales -la biodiversidad y de manera especial los recursos forestales- que las mismas atesoran y que, de forma dramática, son saqueados por principalmente por extranjeros que aprovechan la hasta ahora incapacidad del estado boliviano para protegerlos de manera adecuada.

El gobierno de Evo Morales -no es la primera vez que lo afirmamos- es el primero que está manifestado con insistencia su deseo de embarcarse con firmeza en la tarea fundamental del nuevo estado que pretende construir: la ocupación total del territorio boliviano y el ejercicio pleno de la soberanía del estado en cada uno de su más de un millón de kilómetros cuadrados.

Esta decisión de ejercer dominio territorial en toda su extensión geográfica encuentra en la Amazonía el desafío crucial y a la vez fundacional: es allí donde convergen las palabras y las acciones del Presidente y de su gabinete porque está claro que ninguna política de fronteras será seria y efectiva sino empieza por la última frontera interna: la que separa a la región amazónica del resto del país.

Por la refundación de Bolivia

En la Amazonía, se refundará Bolivia.

Sin la Amazonía integrada y articulada de manera plena al resto del territorio nacional, no habrá refundación posible de un país considerado por algunos como "inviable" y. Bolivia seguirá siendo esa "nación en construcción", presa de los intereses transnacionales, con una economía sometida a sus designios y sin independencia en la toma de decisiones.

Refundar Bolivia desde la perspectiva del dominio territorial amazónico es una tarea colosal pero se convierte, a la vez, en el reaseguro del cambio, del cambio que se postula y que el pueblo ha votado en las urnas.

Un cambio de dirección en la relación entre el estado y el territorio, dejando atrás siglos de negligencia y desconocimiento geográficos, pérdidas de departamentos enteros, el fatalismo, la traición a la patria y el inconcebible determinismo histórico que eso acarreó, el desprecio y el olvido por esas fronteras y por quienes las habitan; dejando atrás una visión de país chiquito, débil y vulnerable porque vivió atrincherado en sus ciudades, temiendo hacia adentro a sus mayorías indígenas (que hoy están instaladas en el gobierno y eso ya es un cambio en sí mismo) y temiendo hacia fuera a sus "poderosos" vecinos. Piensen en Pando, José Manuel: indudable defensor de la soberanía boliviana en el Acre y en el Inambary, accedió al poder traicionando a su mejor aliado, el aymara Zárate Willca, y no pudo impedir el bochornoso Tratado de Petrópolis.

Toda esa deformación de la realidad fue el producto de la negación de la potente diversidad boliviana, diversidad natural y cultural asombrosa, y que en la Amazonía encuentra un espacio de preservación único -a pesar de las secuelas y heridas que dejó la historia, incluyendo el genocidio de pueblos enteros-, un espacio incomparable para proyectar las líneas maestras de un nuevo país, una nueva realidad, una Bolivia nueva, reivindicando el acervo y a los sobrevivientes de siglos de masacres y abandono, reparando el daño causado y convirtiendo a la Amazonía en el motor de esas visiones nuevas y/o recuperadas, irradiadas a toda la república.

Que una de las bases de sustentación de la visión amazónica del gobierno pase por la instalación de un gran puesto militar no debe sorprender a nadie. Tiene que ver con la política militar del gobierno pero sobre todo con la valoración correcta de las dimensiones de las tareas que se buscan encarar: una política de integración amazónica sin militares es una entelequia, un cadáver sin enterrar.

Múltiples, ocultos y muy poderosos intereses se juegan en la Amazonía. Intereses económicos pero sobre todo intereses geoestratégicos convierten a la Amazonía del presente en el escenario desconocido de una guerra de baja intensidad no declarada pero que, como las brujas, existe y será el principal escollo a superar si se pretende "bolivianizar la Amazonía". El nuevo Tratado de Petrópolis hoy se llama "Internacionalización de la Amazonía" y allí van de la mano ONGs que dicen defender el medio ambiente, empresas petroleras y farmacéuticas, sectas religiosas que dividen a la población, poderes locales corruptos e inescrupulosos y la nunca desechable hipótesis de una ocupación militar extranjera directa a un territorio que algunos siguen considerando como "vacío geopolítico". Para tal efecto, unas Fuerzas Armadas patrióticas y decididas serán el factor esencial del éxito, el factor esencial de la implantación de ese dominio territorial que puede convertirse, a la vez y como decíamos, en el factor esencial de la refundación nacional boliviana.

Hay que estar atentos a los próximos pasos que el gobierno de Evo Morales dirija en dirección al norte, al norte amazónico aclaremos.

Cuando empezó la invasión europea en la primera mitad del siglo XVI, el Tawantinsuyu andino estaba buscando consolidar su presencia en los territorios del Oriente, el Antisuyu, el país de la selva. Todo un proceso inédito de interacción e integración social, cultural, ambiental y económica quedó trunco por la inesperada irrupción de los españoles que liquidaron a una de las más importantes expresiones de organización estatal surgidas en el actual continente americano. La desestructuración del espacio andino-amazónico continental, producto de la imposición colonial, está en la raíz de la imposibilidad de consolidación de los estados nacionales que surgieron como consecuencia de la derrota española a principios del siglo XIX. La Bolivia de 1825 no sólo le dio la espalda a la mayoría de la población sino que se encuevó en las ciudades, dándole la espalda también al territorio.

Por ello, puede resultar una paradoja o no tanto que el primer presidente indígena de Bolivia -que nació en un ayllu andino en plena marka de los Karangas- sea quien más insista en una política de integración amazónica. El "tinku" (encuentro) entre los Andes y el Amazonas que propone Evo puede, en verdad, cambiar el derrotero histórico de Bolivia para siempre.

Nadie como los pueblos originarios ha conocido y conoce lo que es el territorio. Nadie como ellos para verlo, sentirlo, dimensionarlo, echarlo a volar. Lo sano de todo esto es que ahora parece que ya no sólo se gobierna desde unas leyes y unas instituciones que por más que se las cambie y se las reforme siempre tendrán su maña, sino que ahora se gobierna con la mente y el corazón puestos en el territorio, allí donde está la población y los recursos naturales que se busca nacionalizar en su beneficio.

Desde esa óptica, el siglo XXI parece pintarse con los colores de la Amazonía. Ojalá que el gobierno pise fuerte y Bolivia renazca nueva desde las tierras del bravo Manutata, el padre de todos los ríos, como saben bien los Araonas.