¿A dónde está andando nuestro mundo?

Rodolfo Faggioni

julio 24, 2006Publicado el: 4 min. + -

Los analistas y expertos nos dicen que nuestro mundo está andando hacia la cosmopolitización. Un proceso irreversible como sostiene uno de los mayores sociologos del mundo: el profesor Ulrich Beck.

Si globalismo y globalización son parientes estrechos de la dimensión económica de la sociedad y por lo tanto del mercado mundial, cosmopolitismo y cosmopolitización son "la consecuencia social e imprevista de acciones dirigidas hacia otros" afirma el profesor Beck.

Una especie de heterogénesis de un proceso final. El cosmopolitismo no es una idea nueva o una nueva filosofia, solamente que en estos tiempos está otra vez poniéndose de moda con ímpetu, frente a los gigantescos fenómenos que la humanidad está obligada a desafiar en estos tiempos, desde el terrorismo a las guerras preventivas, de las pandemias intercontinentales a las perturbaciones climáticas o a los terremotos, de las migraciones bíblicas a la confrontación entre varias culturas de civilización y de religión.

Fue un grande filósofo, Emmanuel Kant, que más de dos siglos atrás expuso en pocas páginas un proyecto extraordinario de cosmopolitismo: "Ideas para una historia universal desde un punto de vista cosmopolítico", páginas que con el opúsculo "Hacia una paz perpetua" representan las líneas fundamentales para que "el género humano esté dispuesto a elevarse hacia ese estado en el cual todos los gérmenes que la naturaleza nos ha dado, desarrollen completamente". Intelectuales contemporáneos como Dahrendorf, Habermas y el mismo Beck están aplicando en estos últimos tiempos las teorias de Kant.

Siempre Kant es su libro "La mirada cosmopólita" da una idea fantasiosa del futuro de la humanidad, una de las tantas utopías que siempre han proliferado en la historia. Estaba convencido de la dramaticidad en la que se vive actualmente: "o nos salvamos todos o moriremos todos" decía. El cosmopolitismo no es por lo tanto un "optional", es una necesidad. Hasta hoy la solución de los problemas, de las relaciones entre continentes y naciones, entre culturas y religiones estaba regularizada según las leyes de la jungla: guerra, prepotencia, atropellos. Contra la diversidad se ha recurrido al genocidio, contra el cosmopolitismo nos hemos encerrado en el nacionalismo, contra las diferencias se ha impuesto la integración. El mundo no es un cuadro de un color solo, es un mosaico de infinitas teselas multicolores. No un crisol auspicia Beck, debería de ser la metáfora de la sociedad contemporánea. Mientras Kant estaba convencido de que el mundo de los hombres debería de parecerse a un bosque, donde los árboles para crecer y para no sofocar a los otros, crecen en altura en busca de aire y de sol. Tenemos que acostumbrarnos siempre más a la diversidad, porque siempre más aumentan los que desean condividir los bienes comunes de la tierra. Más que a un modelo utopístico de sociedad, que, históricamente ha generado los peores sistemas totalitarios, la idea kantiana acude a la capacidad del hombre para pasar "del más bajo grado de la animalidad hasta el más alto de la humanidad y esto por la inteligencia propia del hombre".

La noticia de estos días es que los multimillonarios Bill Gates y Warren Edward Buffet han decidido distribuir una parte de sus riquezas a los Países pobres, es un signo de esperanza. Pero, más allá de estos gestos significativos, el hecho de que millones de hombres gasten la propia vida para aliviar los sufrimientos de otros hombres, como lo hacen los médicos sin frontera, es la señal más evidente que la cosmopolitización está en acto.

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