(Datos & Análisis).- A nombre de una pretendida "lucha contra el comunismo", con apoyo de grupos paramilitares integrados por asesinos como Klaus Barbie y Marco Marino Diodato, las Fuerzas Armadas de Bolivia fueron inducidas por sus altos mandos a intervenir en un proyecto alentado y financiado por la mafia del narcotráfico que durante el septenio de Banzer había penetrado en el sistema político y en los aparatos de represión. Eran tiempos en que los bolivianos debíamos andar "con el testamento bajo el brazo".

Luis García Meza y Luis Arce Gómez eran los artífices de aquel ataque narco-terrorista contra la democracia boliviana. Ambos militares ligados familiar y económicamente al narcotráfico, encaramándose en el Comando General del Ejército y su Departamento II de Inteligencia, planificaron cuidadosamente la ejecución de su estrategia de asalto al poder, para lo cual organizaron grupos paramilitares y neofascistas que aterrorizaron al país.

Durante el acto golpista fueron torturados y asesinados valerosos luchadores por la democracia, entre ellos el insigne tribuno socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, autor de la nacionalización de la Gulf Oil durante el gobierno del general Ovando e impulsor de un juicio de responsabilidades contra la dictadura saqueadora de Banzer.

Corrupto y autoritario, además de estar internacionalmente aislado y carente de todo de apoyo político o social, el gobierno de García Meza ejerció el terrorismo desde el Ministerio del Interior a la cabeza de Luis Arce Gómez. Hubo alrededor de 500 asesinatos, desapariciones forzadas y 4.000 detenidos.

Es aquella sangre derramada y aquel dolor sufrido bajo ese régimen de terror, el tributo que Bolivia pagó para gozar la democracia que hoy vive el país.

La Escalada de terror

Entre marzo y julio del 80, a partir del secuestro y asesinato de Luis Espinal perpetrado el 22 de marzo de ese año, el país se estremeció con una escalada terrorista (atentados dinamiteros, persecución y espionaje contra líderes políticos y sindicales) que tenían el claro propósito de sabotear las elecciones generales previstas para el 29 de junio.

El día 21 de ese mes un avión que transportaba a dirigentes de la UDP en campaña electoral, explotó en el aire causando varios muertos. Jaime Paz Zamora, candidato vicepresidencial de Siles Zuazo, estaba en ese avión y se salvó milagrosamente quedando con el rostro estigmatizado por las quemaduras.

El atentado del 21 de junio, contra lo esperado por los golpistas, radicalizó la voluntad electoral de la opinión pública. Las elecciones dieron el triunfo a la UDP y, en gran medida, al PS1 de Marcelo Quiroga Santa Cruz que duplicó su votación en relación a los comicios del 78. Este ascenso habría significado el inminente juicio de responsabilidades contra la dictadura de Banzer, que Quiroga Santa Cruz venía impulsando en el Parlamento desde 1979.

El golpe y la dictadura

Los golpistas estaban decididos a impedir la posesión de Siles Suazo que debía ministrarse el 6 de agosto de 1980. El 17 de julio los tanques y comandos paramilitares ocuparon las calles de La Paz para liquidar en un baño de sangre el proceso democrático.

Tras la tramoya de un "ensayo de golpe" en Trinidad, que obligó a reuniones de emergencia entre los ministros de Lidia Gueiler (la Presidenta interina) en el Palacio Quemado, y del Comité Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) en la sede de la Central Obrera Boliviana (COB), los golpistas tomaron ambos puntos para consumar sus objetivos.

En el palacio Quemado, García Meza y Arce Gómez, acompañados por los generales y coroneles del Alto Mando, pusieron a Gueiler ante la disyuntiva de renunciar o prorrogar indefinidamente su mandato clausurando, en palabras de Arce Gómez, "ese boliche del frente" (el Parlamento). "Sólo así podremos gobernar este país como una taza de leche", le dijo García Meza a Gueiler. La Presidenta optó por la renuncia y sus ministros fueron apresados junto al grupo de periodistas que cubrían fuentes gubernamentales.

Simultáneamente, los paramilitares organizados por Klaus Barbie asaltaban la sede de la COB donde fueron asesinados el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, el diputado Carlos Flores Bedregal y el dirigente minero Gualberto Vega Yapura.

La hordas asesinas asaltaron también varios medios de comunicación, atacando con terrible saña especialmente a Radio Fides. Los paramilitares se movilizaban en ambulancias facilitadas por el entonces responsable de la CNSS, Willy Sandóval Morón.

Luis Arce Gómez, apenas posesionado como Ministro del Interior, lanzó públicamente esta advertencia a sus futuras próximas víctimas: "De hoy en adelante cualquier subversivo que vaya en contra del Gobierno de Reconstrucción Nacional, deberá andar con el testamento bajo el brazo".

Así mataron a Marcelo

Arce Gómez y García Meza llamaron "Operativo Avispón" al ataque paramilitar contra la sede de la COB, perpetrado la mañana del 17 de julio del 80, cuando Marcelo Quiroga Santa Cruz fue herido y luego trasladado, todavía con vida, al Gran Cuartel de Miraflores donde le dieron los tiros de gracia para después, presuntamente, incinerarlo en un macabro acto aún no esclarecido. Sus restos están desaparecidos. Quienes lo vieron por última vez ofrecieron conmovedores testimonios registrados en el juicio que dio sentencia de 30 años de cárcel, sin derecho a indulto, al dictador.

Los paramilitares asaltaron la COB pocos minutos antes del mediodía del 17 de julio, cuando debía efectuarse una conferencia de prensa para informar sobre las medidas adoptadas por el CONADE en defensa de la democracia. El edificio fue atacado con ráfagas de metralleta y la irrupción de los paramilitares se produjo en medio del tiroteo, que facilitó la reducción y apresamiento de los dirigentes.

Según el sacerdote metodista Germán Crespo, uno de los paramilitares reconoció a Marcelo y lo hirió con una ráfaga cuando se resistía a ser detenido y separado de sus compañeros. Noel Vásquez vio el cuerpo de Marcelo caído en las gradas. Todavía estaba vivo. "Logré ver que con un tremendo esfuerzo levantaba sus ojos", relató el secretario permanente de la COB.

Diodato fue "Novio de la Muerte"

Los organismos de inteligencia norteamericanos ocultaron la verdad sobre la llegada a Bolivia del mafioso y narcotraficante italiano Marco Marino Diodato, que fue para apoyar el golpe de García Meza en 1980. La CIA facilitó la infiltración de Diodato en las estructuras de la democracia, bajo la cobertura de Banzer que se emparentó con el mafioso a principios de los noventa, afirmando que llegó al país en septiembre de 1983. Pero lo cierto es que este ex policía corrupto italiano ingresó al país junto con Stefano della Chiaie y Pierluigi Pagliani, autores del atentado dinamitero contra un tren de Bolognia que ocasionó cientos de muertos y heridos, conformando el grupo paramilitar "Los Novios de la Muerte" comandados por Klaus Altman Barbie para respaldar el golpe del 17 de julio. La prueba es una foto publicada por el Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (IEPALA) en 1982, un año antes de la fecha de ingreso falsificada por la Interpol, donde Diodato aparece junto a otros "Novios de la Muerte". El detalle de dicha foto es el siguiente: Parados, de izquierda a derecha: "Ike" Koplin, Jacques Leclerc, Hans Stellfeld, Joachim Fiebelkorn y Adolfo Ustáriz. Agachados: Marino Diodato, el hermano del "Mosca" Monroy, Wolfgang Walterkirche y el "Mosca" Monroy.

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