En medio de esta modernidad avasallante, todavía existen pueblos indígenas o grupos desgajados de estos pueblos que por voluntad propia, en la mayoría de los casos, han decidido permanecer aislados del resto de las sociedades nacionales de las cuales también forman parte.

La Amazonía continental y la región del Gran Chaco se constituyen en los últimos santuarios donde estos pueblos habitan de acuerdo a sus costumbres y sus modos de vida tradicionales.

Este aislamiento voluntario, en gran medida, es producto de las agresiones que sufrieron estos pueblos en el pasado y de las potenciales agresiones que ellos pueden recibir por parte de casi todos, desde organizaciones religiosas a colonizadores, pasando por madereros, narcotraficantes o empresas petroleras.

En la Amazonía, y esto desde ya incluye a la actual Amazonía boliviana, desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, la historia de los pueblos indígenas cambio de manera dramática y para siempre a partir del auge de la explotación de uno de sus principales recursos naturales: el caucho.

La fiebre por la explotación de la goma –que se experimentó desde Colombia hasta Bolivia- significó, lisa y llanamente, un genocidio para los pueblos indígenas.

Hay muchos testimonios de pueblos que han desaparecido de manera definitiva y hay la conciencia de que muchos otros han desaparecido sin siquiera dejar rastro de su existencia, ante la falta de acción de los gobiernos y la ausencia de visibilidad del tema al interior de la sociedad.

Este genocidio oculto, silencioso e invisible persiste hasta el presente. Es preciso llamar la atención, agitar la sensibilidad, despertar conciencias y urgir a la acción decidida de parte de los gobiernos e instituciones que administran y/o trabajan en la Amazonía para que esto se detenga y, ante todo, se reconozca de manera oficial la existencia de estos pueblos en los territorios amazónicos y se respeten sus derechos humanos, especialmente su decisión de vivir en aislamiento.

Una alianza mundial y necesaria

En esa dirección, el 11 de noviembre de 2005, se dio a conocer una declaración firmada en la ciudad brasileña de Belem do Pará en el marco del Primer Encuentro Internacional sobre Pueblos Indígenas Aislados de la Amazonía y el Gran Chaco.

Otra de las decisiones emanadas del encuentro fue la constitución de una Alianza Internacional para la Protección de los Pueblos Indígenas Aislados que está en su fase de lanzamiento.

Bolivia estuvo representada en el encuentro de Belem por Bernardo Fischermann, un antropólogo que trabaja con los Ayoreo en el Chaco cruceño, y por Arturo Villanueva, de la Defensoría del Pueblo que encabeza don Waldo Albarracín.

La problemática de los pueblos aislados no solamente involucra a los países donde existen estos grupos de personas dentro de sus territorios sino al conjunto de la comunidad internacional.

Esto quedó expresado tanto en la Resolución 3056 sobre Pueblos Indígenas que viven en Aislamiento Voluntario en la Región Amazónica y el Chaco de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN), dada en Bangkok, Tailandia, el año 2004, así como también en la recomendación (Párrafo 73) sobre pueblos indígenas aislados adoptada en la IV Sesión del Foro Permanente de cuestiones indígenas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) del año 2005 y la propuesta del Grupo de Trabajo encargado de elaborar el proyecto de Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en su última sesión llevada a cabo en Guatemala el año pasado.

En el artículo XXVI de la referida declaración, se postula que “los pueblos indígenas en aislamiento voluntario o en contacto inicial, tienen derecho a permanecer en dicha condición y de vivir libremente y de acuerdo a sus culturas”. A la vez, que “los estados adoptarán medidas y políticas adecuadas, con conocimiento y participación de los pueblos y las organizaciones indígenas, para reconocer, respetar y proteger lasa tierras, territorios, medio ambiente y culturas de estos pueblos, así como su vida e integridad individual y colectiva”.

En la Declaración de Belem, se certifica la presencia de pueblos o segmentos de pueblos indígenas aislados en el área del Parque nacional Madidi del departamento de La Paz en la República de Bolivia.

Los Toromonas a la Constituyente

Desde hace cinco años, como Expedición Madidi, venimos estudiando, llamando la atención y alertando sobre las amenazas que se ciernen sobre un grupo humano aislado que viviría en la región del valle y las cabeceras del río Colorado o Pukamayu y las cabeceras del río Heath o Sonene en el sector occidental del Parque Nacional Madidi, en el límite con la República del Perú.

Los pobladores de las comunidades indígenas o mestizas de los alrededores del territorio en cuestión denominan al grupo humano con el nombre de Toromonas.

Los Toromonas fueron uno de los pueblos que resistieron con mayor empeño la penetración de los conquistadores españoles en la actual región amazónica boliviana durante los siglos XVI y XVII. Conducidos por el legendario cacique Tarano, los Toromonas imposibilitaron no sólo el reconocimiento geográfico de la región sino cualquier intención de asentamiento permanente en la zona de parte de los europeos.

La presencia de la etnia comienza a diluirse a finales del siglo XIX en medio del genocidio provocado por los caucheros y su rastro se sumerge en el olvido a mediados del siglo XX. Sin embargo, es presumible que grupos de este pueblo de habla tacana pueden haber sobrevivido en las inaccesibles selvas del Pukamayu.

En la actualidad, la región se ve sacudida por la presencia de madereros que llevan adelante una desesperada búsqueda de nuevos árboles para su explotación.

Durante nuestra última inspección en el lugar, en octubre de 2005, recibimos la información de que la explotación forestal estaba llegando hasta el sector del Río Cachimayu, muy próximo al sector del Río Colorado. Como es de conocimiento público, hicimos la denuncia correspondiente. Es nuestra intención, proseguir con nuestro trabajo de reconocimiento y probar la existencia del grupo aislado para que el Estado asuma la responsabilidad de su protección estricta.

Si comprendemos la importancia de preservar a estos últimos pueblos indígenas aislados que resisten en la Amazonía boliviana, si entendemos que los derechos humanos de estos grupos aislados son los mismos que debemos respetar y hacer respetar para el resto de la ciudadanía, caeremos en cuenta que es hora de actuar, que es ahora o nunca el momento para tomar acciones para precautelar la vida y la cultura de los Toromonas.

De lo contrario, desaparecerán sin dejar huella y serán una mancha más en nuestra conciencia por más intercultural que ésta se manifieste.

Es nuestro deseo que esta problemática no sólo sea difundida sino que encuentre un espacio, tanto en las políticas del actual gobierno que encabeza el Presidente Evo Morales –que, por su origen, seguramente tendrá mayor sensibilidad con relación al tema- así como en el marco de la futura Asamblea Constituyente que escribirá una nueva Constitución Política del Estado.

Es un deber de conciencia hacer todo lo que esté en nuestras manos para preservar la vida de los pueblos indígenas aislados. Estamos a tiempo para no seguir repitiendo la triste historia de América de los últimos cinco siglos.