La propaganda gubernamental pro TLC que se difundió hasta hace poco aseguraba que el acuerdo con Estados Unidos de ninguna manera mataría a la industria nacional porque la potencia exporta a Bolivia aviones, maquinaria pesada y otros productos de gran sofisticación tecnológica que no se producen en el país. Por alguna extraña razón, en las octavillas profusamente circuladas muy poco se dijo de la soya, la reina de las exportaciones, condenada a sucumbir en el libre juego del mercado.

La agroindustria de las oleaginosas nació casi al mismo tiempo que la Nueva Política Económica y prosperó al amparo de ese régimen. Las primeras siembras experimentales de soya en Bolivia datan de 1972 en Santa Cruz, aunque el boom comenzó a mediados de los años 80 con el programa Low Lands del Banco Mundial. Se invirtieron millones de dólares del BID, USAID y otros financiadores para desarrollar una actividad económica sostenible que demuestre el potencial de la iniciativa privada y la libertad de mercado, los pilares de la ideología dominante de la época.

El área sembrada creció de 40 mil hectáreas en 1984 a más de 700 mil en 2003. En principio se exportaba granos y aceites crudos y con el tiempo, tortas y aceites refinados. Se comenzó a sembrar girasol a principios de los 90 y en la actualidad toda la actividad agrícola e industrial abastece el mercado interno de aceites comestibles y margarinas.

En 20 años el país se convirtió en el principal productor de oleaginosas de la Comunidad Andina de Naciones (89% en 2003), seguido por Ecuador (5%), Colombia (3%) y Venezuela (2%). El complejo oleaginoso (grano, semillas, tortas o harinas, lecitina y aceites de soya y girasol) contribuyó con el 23,4% de las exportaciones de 2003, ubicándose en el segundo lugar después de hidrocarburos y antes de los minerales. Ese año, el sector aportó con el 6% del PIB, generó 45 mil empleos directos, representó una cuarta parte de las exportaciones, y más de un tercio de la superficie sembrada. Las inversiones en el rubro superan a los 700 millones de dólares.

Según la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo), el año pasado el sector fue responsable del 9% del PIB y 19% de todas las exportaciones. Entre 1983 y 2000 registró un crecimiento anual del volumen de producción de 22% en promedio, para alcanzar 1,63 millones de toneladas métricas en 2005.

Lo paradójico es que después de dos décadas de sostenido crecimiento, la agroindustria soyera, la niña mimada de los regímenes neoliberales, está a punto de naufragar nada menos que por efecto del libre mercado, y con una deuda de por lo menos 100 millones de dólares a la banca privada.

TLC, el enterrador de la soya

Las oleaginosas constituyen uno de los tres principales productos ofensivos para Estados Unidos –el mayor productor de soya del mundo– en la negociación del Tratado de Libre Comercio con Ecuador, Colombia y Perú. La potencia firmó el TLC con dos de los andinos, Perú y Colombia, y obtuvo las mismas preferencias arancelarias que la CAN concede a Bolivia y a los países del Mercosur. Por esa razón, los exportadores bolivianos ahora tienen que enfrentar la dura competencia de oleaginosas de Norteamérica que reciben millonarios subsidios del gobierno de Estados Unidos.

Colombia ha puesto en la canasta A (apertura inmediata) el fríjol y la torta de soya (de los cuales se obtiene aceite crudo); un cupo de importación de 8.000 toneladas de aceite de girasol crudo y refinado, y una cuota de 100 mil toneladas para el aceite crudo de soya. Perú concedió a Estados Unidos un cupo para aceite refinado de 7 mil TM, con un incremento anual del 5% hasta desgravar totalmente el mercado en 10 años.

Los soyeros bolivianos tiemblan con razón por semejantes cesiones, pues entre el 85 y 90% de sus exportaciones se destinan al mercado andino. Si algo da sentido a la pertenencia de Bolivia a la CAN es precisamente el mercado para sus oleaginosas. En 2003 las ventas bolivianas a la CAN sumaron 416 millones de dólares, y generaron un superávit de la balanza comercial de 264 millones de dólares. En promedio, Bolivia exportó a la CAN entre 1999-2003 alrededor de 358 millones de dólares anuales.

La productores de soya nacionales se concentra en la CAN porque gozan de preferencias arancelarias, lo que les permite amortiguar el sobrecosto del transporte en el que incurren debido a la situación geográfica. Si las ventajas arancelarias desaparecieran –lo que seguramente ocurrirá porque los andinos firmaron el TLC con Estados Unidos– desaparecerían también unos 150 mil empleos directos y dejarían de ingresar 450 millones de dólares por exportaciones, calcula el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).

Pedidos de auxilio

El gobierno, los productores nacionales y hasta el secretario general de la CAN Allan Wagner invocaron a los presidentes de Colombia, Ecuador y de Estados Unidos que consideren los graves e irremediables perjuicios que se puede ocasionar a las exportaciones bolivianas de soya y sus derivados en las negociaciones del TLC.

En una visita oficial a Perú en diciembre del año pasado, las autoridades bolivianas lograron que sus colegas peruanos bajen el cupo de aceites refinados de 15 mil a 7 mil toneladas métricas con un crecimiento anual de 6% y con un plazo de desgravación de 10 años. Sin embargo, el vecino concedió a Estados Unidos apertura inmediata al grano, torta y aceites brutos.

De igual manera, en una visita a Colombia en diciembre, las autoridades nacionales rogaron que se baje el cupo para la torta de soya de 55 mil a 20 mil toneladas. El gobierno colombiano prometió que intentaría “bajar la presión de los EEUU sobre la cadena de las oleaginosas”, pero no lo consiguió.

Al parecer, los productores se resignaron a perder las preferencias y se buscan que que el golpe no sea traumático. Su propuesta es que los vecinos que no abran su mercado tan rápido y les den tiempo para ajustarse a las nuevas condiciones del mercado. El industrial Branco Marinkovic se conforma con 10 años.

La burguesía enfrentada

Mientras Anapo alerta desde el oriente de un probable “colapso económico regional”, otro sector de la burguesía asentado en el occidente que exporta joyas (64 millones de dólares), puertas de madera (18 millones), y camisas y blusas (21 millones), continúa en campaña para que el gobierno negocie el TLC.

Marcos Iberklade, el exportador número uno de textiles; Eduardo Bracamonte, presidente de la Camex de La Paz y próspero exportador de joyas, y Rosendo Barbery, presidente de la Cámara de Exportadores de Santa Cruz, no quieren reconocer la contradicción de intereses e insisten en iniciar las negociaciones. Su argumento: El problema existirá tanto si el país participa en el TLC, como si no lo hace. Por ello, es mejor participar, tanto en las negociaciones como en el propio Tratado, para “defender los intereses” comerciales en la CAN.

Barbery apuesta por la negociación porque considera posible proteger un mercado altamente sensible para un país pequeño y pobre como Bolivia, aunque reconoce que en toda negociación siempre hay riesgos. “Estamos muy preocupados porque el sector es determinante para las exportaciones cruceñas, pero no es el único”, añade.

Iberklade no ve una contradicción irresoluble entre sus intereses y los riesgos para los soyeros –un juego de suma cero–, sino una “dificultad” agravada por las indecisiones de gobiernos anteriores que no se atrevieron a entablar una negociación formal con Estados Unidos. Bracamonte asegura que no existe tal confrontación porque “la Cainco y la Cadex creen que es importante entrar a negociar para defender su mercado”.

Indirectamente, los tres líderes empresariales sugieren que los soyeros pueden pasarla muy mal por no haber desarrollado su industria. “Exactamente hace 20 años atrás, en 1986, propuse al Presidente de la Cámara de Exportadores Claudio Mancilla que se destine a inversiones el uno por ciento de los recursos provenientes de la devolución impositiva, para que en 10 años toda la soya se vuelva proteína animal. Mancilla dijo que lo haría en cinco años. Hace dos años, cuando empezaron las negociaciones del TLC ya se vio el peligro y se recomendó a los productores diversificar su industria. Tenemos una soya enormemente competitiva en el lugar de la plantación, pero las mediterraneidad complica y nos vemos obligados a buscar mayor valor agregado, más que otro país. Pero Santa Cruz se aplazó, se los digo en la cara”, afirma Iberkade.

Según el industrial textilero, todavía hay tiempo de reencaminar la industria soyera. “Si nos ponemos las pilas, lo hacemos en dos o tres años y protegemos el mercado por cinco o 10 años negociando desde dentro. Santa Cruz se da cuenta de que hay mucho por proteger, pero desde dentro, es decir negociando el TLC”.

Steve Suppan, director del Institute for Agriculture and Trade Policy (IATP) de Estados Unidos, opina que es muy difícil diversificar la exportación de oleaginosas fuera de la CAN, salvo en algún subsector como la soya orgánica. Lastimosamente Anapo se ha dado a la tarea de competir con los grandes productores del mundo con soya modificada genéticamente, un sinsentido. En 2004 el cultivo de soya orgánica no sobrepasaba las cinco mil hectáreas y en la actualidad más 40% de la soya boliviana es transgénica.

¿Dos años más?

Anapo y otros gremios empresariales de Santa Cruz critican al gobierno de Evo Morales por su inacción ante el virtual cierre del mercado colombiano, el principal para sus exportaciones (más de 138 millones de dólares en 2005). “Si se cae la soya, se cae todo el país y también el gobierno”, dicen los soyeros con razón, aunque son corresponsables de la crisis por su errática posición respecto al TLC. En principio los productores rechazaron el acuerdo, pero luego se subieron al carro del libre comercio por consigna, irreflexivamente y sin calcular los riesgos. Ahora exigen al gobierno que haga en un mes lo que no hicieron sus antecesores en tres años.

Morales considera que los ataques son injustos porque su administración abrió el mercado venezolano para 200 mil toneladas de soya adicionales y el chino para otro millón de toneladas, pero no hay grano exportable en este momento. También informó que Colombia ha garantizado al menos dos años más de exclusividad para la soya nacional, mientras se apruebe el TLC en los congresos colombiano y norteamericano, y sin embargo los industriales del oriente le reclaman que mientras él festejaba el carnaval los colombianos abrían de par en par sus puertas a la soya norteamericana.

Las persistentes quejas de los agroindustriales cruceños coinciden con la renuncia del ex coordinador alterno del TLC boliviano Julio Alvarado, que se fue echando barro al gobierno. Alvarado denunció que las nuevas autoridades responsables de las relaciones económicas internacionales, “especialmente del Viceministro del Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería”, asesoran muy mal al Presidente y ponen en grave riesgo los mercados andinos. El Vicepresidente Alvaro García respondió que no aceptará la “grosería” de que quieran responsabilizar al gobierno del MAS de la incapacidad de funcionarios de anteriores gestiones que no pudieron proteger a la industria nacional.

Con datos de:

1. Soya en Bolivia, La encrucijada entre mercados, tecnologías e impactos, Martín Pardo y Eduardo Gudynas; Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), diciembre de 2005.

2. La soya boliviana hacia el mercado libre en las Américas; Alfonso Kreidler, Gary Rodríguez, Antonio Rocha, Eduardo Antelo; Economic Opportunities Oficce, USAID, 2004.

3. www.agropecuaria.org y www.plataformasoja.org.br

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Eduardo Bracamonte:

“Hay que ponerse en el zapato del exportador”

No es un hecho que se perderán mercados para las oleaginosas, todo depende de hasta donde se bajen los pantalones los vecinos y de cuánto de soya norteamericana permitan. Por eso lo mejor sería negociar, opina el presidente de la Camex de La Paz Eduardo Bracamonte.

¿Qué gana negociando con una contraparte que sólo impone?

Hay posibilidades de negociar un TLC bueno. Chile lo hizo en ocho años preservando sus intereses, por qué no nosotros. Veamos lo que hicieron bien. La negociación de Perú perjudicó a Colombia porque fue muy permisiva, evaluemos los textos para no cometer los mismos errores. Se puede lograr que la soya no entre el año uno sino el año 15, y mientras tanto tenemos tiempo de desarrollar la industria.

¿Alargar la agonía?

No es eso.

¿La soya está en condiciones de competir ahora o en 15 años con la soya subsidiada norteamericana?

Buena pregunta, hágasela a los que están en el negocio.

Si la CAN es el mercado más importante para Bolivia, ¿por qué insistir con Estados Unidos?

La CAN es verso, no existe, cada miembro hace lo que quiere de acuerdo a sus intereses. Además, qué se le puede vender si fabrican lo mismo, si somos competencia. Los joyeros estamos 20 años en el negocio y hemos conseguido un mercado. Hay que ponerse en el zapato del exportador. Es cierto que Estados Unidos no es un mercado cautivo, pero ya tenemos una presencia y 100 mil empleos relacionados con el ATPDEA.

¿Y si amplían el ATPDEA?

Bárbaro, pero una extensión se conseguiría siempre y cuando hayamos comenzado una negociación. Si me dan ATPDEA por dos años más, muy bien, pero después estaremos en lo mismo.