(Masas).- Después de su espectacular victoria electoral, el MAS se muestra como un nuevo y original actor que va a inaugurar un nuevo ciclo de la historia boliviana respaldado por los ?movimientos sociales?. Su planteamiento central radica en la imposibilidad de la revolución socialista en la presente coyuntura y sí concibe la posibilidad de grandes cambios estructurales en el país en el marco del capitalismo. En esa medida pretende aparecer como una postura política radical, pero diferente a las corrientes marxistas. Su teórico más visible, ahora ungido como vicepresidente de la República, sostiene con claridad que Bolivia debe esperar cincuenta o setenta años para plantearse la necesidad del socialismo, y que previamente debe vivir un período de desarrollo capitalista andino amazónico.

Esta postura no es nada nueva. Bolivia ya vivió y superó el ciclo nacionalista burgués en todas sus formas: unas veces como expresiones fascistoides radicales como las de Toro y Busch; otras como grandes movimientos antiimperialistas como en la primera etapa del gobierno del MNR –después de la revolución de abril de 1952—y, finalmente, en su etapa de total sometimiento al imperialismo, durante los últimos gobiernos del MNR y los militares (Barrientos, Ovando, Banzer y García Meza). Tal vez Bolivia sea el único laboratorio político donde el nacionalismo burgués surge vigoroso y se agota definitivamente, en un proceso que dura tres cuartos de siglo.

El nacionalismo se nutre teóricamente del planteamiento stalinista de la “revolución por etapas” que parte del convencimiento de que, siendo el socialismo una etapa superior al capitalismo, éste no puede darse en los países atrasados sin antes haber llenado plenamente el ciclo de su desarrollo capitalista. Según esta concepción, Bolivia está condenada a vivir una primera etapa de grandes realizaciones democráticas (capitalistas), bajo la forma de “gobiernos democráticos populares” timoneados por sectores progresistas y antiimperialistas de una supuesta burguesía nacional.

En este proceso histórico descrito, en la primera mitad del siglo XX (noviembre de 1946) surge la Tesis de Pulacayo. Un documento obrero de factura marxista que plantea con precisión, desde el punto de vista revolucionario, el problema de la nacionalización de las minas –en ese entonces en manos de los barones del estaño— y el ancestral problema de la tierra usurpada, desde la colonia, por la clase dominante feudal.

Este documento marca a fuego todo el proceso social posterior. Encarnado en las masas movilizadas, obliga al gobierno del MNR a decretar la nacionalización de las minas y la reforma agraria, pero desde una perspectiva burguesa. Mientras la Tesis enarbolaba la bandera de expropiar las minas y expulsar a los barones del estaño, el MNR hipoteca a Bolivia pagando cuantiosas indemnizaciones a los usurpadores de las riquezas mineralógicas del país; mientras la Tesis de Pulacayo lanza la consigna de “toda la tierra a los indios” o“conservar las haciendas feudales como unidades productivas y transformarlas en granjas colectivas en manos de los explotados del agro”, el MNR parcela las haciendas y convierte a los campesinos en pequeños propietarios improductivos.

Sin embargo, lo hecho por el MNR como la nacionalización de las minas y la reforma agraria (aún sindo una deformación de las banderas de la Tesis de Pulacayo) es infinitamente superior a lo que ahora plantea el MAS sobre la nacionalización de los hidrocarburos y la solución al problema de la tierra. El MAS aparece como una caricaturización del MNR; no estamos hablando solamente de los actores sino también de la naturaleza de los planteamientos.

Según el MAS, la nacionalización de los hidrocarburos y su recuperación para los bolivianos radica en una simple maniobra financiera que consiste en comprar a las transnacionales un determinado porcentaje de acciones para convertir a los bolivianos en accionistas mayoritarios en una sociedad con las transnacionales imperialistas. En el problema de la tierra plantea “consensuar” con los grandes latifundistas para que éstos compartan las “tierras ociosas” con los campesinos sin tierra. Como medida temeraria, Morales anuncia que recurrirá a las leyes para recuperar las tierras ociosas.

Con este programa político caricaturesco e históricamente superado el MAS pretende aparecer como el actor que va a inaugurar un nuevo ciclo de la historia boliviana.

Ni el programa ni sus exponentes dan para tanto. En el marco del capitalismo decadente ya se han cerrado todas las puertas para un ulterior desarrollo de Bolivia.