Consideraciones sobre Guantánamo

Rodolfo Faggioni

febrero 21, 2006Publicado el: 3 min. + -

Las Naciones Unidas han pedido la clausura inmediata de la prisión de Guantánamo en Cuba. Un pesante pedido a la Administración del Presidente de los Estados Unidos George W. Bush, que hasta hoy ha ignorado los pedidos que le han hecho las organizaciones que se baten por los derechos del hombre. Los cinco expertos independientes de la comisión de la O.N.U. no se han limitado solamente a pedir la demolición del centro de detención en la isla cubana, aún más, han puesto una denuncia no indiferente a la entera política americana en materia de lucha al terrorismo: la de los prisioneros clasificados como ?enemigos combatientes?, una figura anómala creada a propósito por el Departamento de Estado, que prácticamente anula el sistema de garantías que le dan derecho a un detenido, incluso a quien ha empuñado las armas, a ser procesado delante de un tribunal independiente y competente o que sean declarado inocente y darle la libertad.

En el Camp X.-Ray están detenidos actualmente más de 500 prisioneros, muchos de los cuales llevan más de cuatro años sin ninguna acusación. La relación de los expertos de las Naciones Unidas confirma las detenciones arbitrarias en Guantánamo donde la libertad religiosa está coartada y se hace uso de interrogatorios «degradantes», equivalentes a forma de torturas incalificables. Acusas similares a las publicadas en estos días de viejas fotografías que han dado la vuelta al mundo y no por eso menos inquietantes, de los abusos cometidos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, y que han puesto a la admistración del Presidente Bush en grave dificultad.

La publicación de esta relación, levanta un velo sobre los aspectos relevantes de la política «antiterrorismo» de la Administración americana, puesta en discusión al interior de su mismo gobierno gracias a las interceptaciones telefónicas ilegales. Una política compuesta de muchas teselas pero todos del mismo signo: como la infame y antidemocrática “extraordinary rendition”, es decir prelevar en países terceros a individuos “sospechosos” de terrorismo y consignarlos a sus países de origen donde las torturas son normales y sobretodo donde existe la pena de muerte, o el fichaje de casi medio millón de personas por parte del “Centro Nacional Antiterrorismo”, una estructura que debería llevar la lucha contra Al Qaeda, pero el alto número de fichados hace sospechar un “screening” de masa arbitrario.

Cierto, combatir el terrorismo de matriz jihadista no es fácil y el peligro de estos terroristas no está puesto en discusión. El binomio libertad-seguridad en momentos de emergencia, oscila siempre hacia la libertad y poder escoger entre estos dos términos es un dilema, solamente que la Administración del Presidente Bush ha hecho de la exportación de la democracia el fulcro de su política exterior. La acusa es de practicar un “doble standard”, es decir el de no hacer respetar en el mundo islámico lo que se cree justo en el mundo Occidental.

De la coherencia de los valores depende, no solo la suerte de la política de la Casa Blanca, sino tambien el futuro de las relaciones entre Occidente y mundo islámico.

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