Sharon: cae el cuarto As

Isaac Bigio

enero 9, 2006Publicado el: 7 min. + -

En una década se han ido yendo los líderes históricos de los campos ?duro? y ?blandos? tanto del campo israelí como palestino. Toda baraja cuenta con cuatro ases (dos de un color y dos de otro), los mismos que encabezan su respectivo palo. En esa complicada partida de cartas que parece ser el duelo israelí-palestino Sharon puede ser el cuarto As en caer en una década. El, aunque logre sobrevivir su actual derrame cerebral, es improbable que vuelva al poder.

Tanto el bando hebreo como el palestino cuentan con dos palos cada uno. Los dos principales ramales sionistas son los “palomos” (la derecha “revisionista” más proclive a anexar territorios árabes) y los “halconos” (la izquierda laborista más dispuesta a hacer concesiones territoriales a cambio de paz). Los palestinos, a su vez, también tienen un ala “intransigente” (que se niega a reconocer al Estado de Israel) y una “conciliadora” (que acepta la existencia de un Estado judío).

Sharon es el principal líder “halcón” que ha llegado al premierato israelí. El más importante primer ministro “palomo” antes que él fue Isaac Rabín, quien murió en 1995 en un atentado. El había liderado a Israel a reconocer a Arafat y a la Organización pro Liberación de Palestina (OLP) aceptando un plan para ir hacia la creación de un Estado palestino.

En el ínterin perecieron los dos principales caudillos palestinos. En Marzo 2004 un misil acabó con la vida de Sheik Yassin, el minusválido jefe espiritual de Hamas. Ocho meses después Yasser Arafat, presidente palestino, falleció enfermo.

Yassim y Arafat eran los dos Ases que comandaban dos visiones contrapuestas dentro del nacionalismo palestino. El primero inspiraba a los sectores clericales del Hamas con sus ataques suicidas sobre civiles y uniformados hebreos y sus planteos de nunca reconocer a Israel pues su meta es reunificar palestina bajo un mandato islámico. El segundo fue el símbolo de la emergente nación palestina.

Originariamente Arafat y la OLP postulaban, al igual que lo sigue haciendo el Hamas, la destrucción de la “entidad sionista”. Si los fundamentalistas piden una Palestina islámica, la OLP planteaba un Estado secular y democrático abierto a una eventual minoría judía.

Sin embargo, tras la caída del bloque soviético, el protector internacional de la OLP, ésta fue girando, al igual que otros “movimientos de liberación nacional” de entonces, a buscar un entendimiento con la única potencia que quedaba. En esa evolución la OLP aceptó renunciar al 77% del territorio que reclamaba (el del anterior mandato británico de Palestina) para reconocer el derecho de Israel a existir y limitarse a plantear un Estado árabe en torno a los territorios de Gaza y Cisjordania ocupados tras la guerra de 1967.

Arafat y Rabín firmaron el tratado de Oslo que contemplaba una paz en base a que se reconociesen dos Estados: uno hebreo y otro árabe.

El ultranacionalista que asesinó a Rabín no detuvo una ola de simpatía hacia este plan. Lo que minó ello fueron dos problemas. Uno, el ponerse de acuerdo con los linderos del nuevo Estado Palestino y la situación de tres millones de árabes que quieren poder retornar a tierras que hoy son parte de Israel. Dos, el que Hamas e Hizbola se sintiesen envalentonados y reiniciase una campaña armada.

Simón Perez, heredero del plan de Oslo, fue remplazado por el halcón Netanyahu durante 1996-99 que ofreció seguridad. Tras tres años de haber girado el péndulo israelí hacia la derecha, volvió a moverse otros dos años hacia la izquierda (el laborista Barak es premier en 1999-2001), para finalmente dar otra movida hacia la derecha cuando Sharon accede al poder en el 2001.

Sin embargo, el propio Sharon se daba cuenta que no podía mantener dicho péndulo en una posición tan extrema. En su gobierno inicial estaban partidos que abiertamente proponían anexar todos los territorios palestinos y deportar a unos 4 a 5 millones de ellos para lograr tal fin.

Se da cuenta que Israel no podría mantener su seguridad si incorporase unos territorios con lo que al final más del 45% de su población podrían ser de otros credos y hostil al Estado. Concibe que mantener Gaza es económica, social, militar y políticamente muy costoso. Diseña un plan de desconexión de Gaza y áreas palestinas al mismo tiempo que construye un gigantesco y fortificado muro con el cual pretende anexarse el este de Jerusalén y de Cisjordania y permitir un Estado palestino con un territorio aún menor.

Su decisión encaja con una evolución hacia el centro de la opinión pública. Inicialmente implicó romper con dos partidos ultranacionalistas para aliarse a los laboristas. Sin embargo, Sharon debía ir más lejos y romper con el Likud que ayudó a fundar en 1973 para formar un nuevo partido (Kadima) con los sectores menos halcones del Likud y la fracción laborista de Péres.

Cuando Kadima estaba a punto de ganar las elecciones anticipadas del 28 de marzo haciendo que, por primera vez, la cabeza de un gobierno israelí no fuese un sector del laborismo o del revisionismo, Sharon entra en coma.

La ola de simpatía generada por Sharon podría ser mantenida por su sucesor Olmert. Nuevamente Simón Péres se queda en el campo del premier “pro-paz”. Si hace 10 años él fracasó debido a la ofensiva militar del Hamas e Hizbola, esta vez son los halcones israelíes quienes están en repliegue. Netanyahu, quien ahora comanda al Likud, difícilmente podría tramontar ello. Todo indica que lo más probable es que Kadima y el laborismo bajo la dirección de Peretz, un sindicalista pro-acuerdo con los palestinos, pudiesen conformar un nuevo gobierno “dialogante”.

Sin embargo, en el campo palestino hay una evolución. Si Israel constantemente tiene gobiernos de uno u otro bando, Palestina siempre ha estado comandada por Al Fatah. Esta vez, la situación puede ir modificándose en la medida que el Hamas viene creciendo.

El asesinato de Yassin y otros dos jefes del Hamas, en vez de desmoralizar a este partido, le dieron mayor respetabilidad dentro de su gente. Si bien ofensivas de bombas humanas pueden haberse detenido, el Hamas ha terminado convirtiéndose en el principal partido palestino en muchas zonas.

La muerte de Arafat condujo a un nuevo presidente palestino más “moderado” (Abbas) pero también más débil. La retirada de Gaza es vista por el Hamas como su victoria militar, así como antes la del Líbano es percibida como un triunfo para Hizbola.

En las elecciones legislativas palestinas del 25 de enero se ha de producir un sustancial cambio. Al Fatal dejará de controlar el 75% del parlamento palestino y el Hamas, quien inicialmente boicoteó dicha institución, podría acabar con más de un tercio de éste.

Mientras el péndulo israelí va de la dureza a aceptar un acuerdo en condiciones de fuerza, los palestinos tienden a ver crecer su ala intransigente buscando a la postre mejores concesiones.

Tras la partida de los cuatro ases que representan a las principales corrientes israelíes y palestinas se generarán nuevos liderazgos. Sin embargo, por el momento es difícil que vuelva a gobernar Israel Netanyahu o un gobierno que vuelva a ocupar Gaza. Igualmente es probable que una nueva asamblea palestina plantee más firmeza en las negociaciones frente a Israel.

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