Incierto el futuro de Palestina

Rodolfo Faggioni

enero 7, 2006Publicado el: 4 min. + -

Roma.- Ariel Sharon no ha podido llevar a cabo su misión política de delimitar la frontera oriental de Israel. Mientras estaba por ganar las elecciones con su nuevo partido Kadima y así poder anexar sin muchos problemas las áreas estratégicas de Cisjordania al estado de Israel, su fisico ha cedido. De este modo se abre una fase de incertidumbre tanto en Israel como en toda la zona de Palestina.

No ha sucedido nunca, que tanto el pueblo de Israel como el de Palestina se encontrasen contemporáneamente con un gobierno, sin un verdadero líder político. No lo es Ehud Olmert, el vicepremier que en estos días gobierna Israel, ad-interim, esperando las próximas elecciones de marzo, así como no lo es Abu Mazem, el Presidente de Palestina, siempre más contestado por el ala extremista Hamas y la islamista Jihad Islamica, así como la mayor parte de su mismo partido.

Hasta que al horizonte no se vean dos verdaderos líderes políticos, legítimamente valiosos y competentes, será muy difícil volver a hablar de paz en el Oriente Medio. Si la substitición de Ariel Sharon ha sido por necesidad extrema, substituir al lider palestino en las próximas elecciones del 30 de enero con uno uno nuevo, capaz de hablar a todo su pueblo palestino nos parece muy difícil. Esto signifca que todavía, por mucho tiempo, los israelianos y los palestinos no podrán tener un interlocutor en grado de poderlos dirigir. Así como en el caso del retiro unilateral de Gaza o de otros pequeños retiros de áreas menos importantes de la West Bank no serán por un motivo de paz, sino en base a intereses de Jerusalén y a la capacidad de obtener un beneplácito de la administración americana.

Es demasiado prematuro establecer quién obtendrá una mayor ventaja política y electoral del probable desconcierto en el partido fundado por Sharon. Esta nueva formación se identificaba completamente con su líder. De todos modos, sea que se aventajen los laburistas o que recupere el Likud, las coordinadas geopolíticas dentro los límites en que se podrá mover el nuevo gobierno israeliano, serán más o menos las establecidas por Sharon. La Grande Israel, como desean los derechistas ultrareligiosos y ultranacionalistas israelianos, no podrá ser re-fundada, o alomenos por ahora. Será un Israel más vasto del actual, eso sí, su frontera oriental seguirá el trayecto del “famoso muro” o “barrera de separación”, según la burocrática y oficial denominación israeliana, que está dividiendo familias y casas palestinas.

Por lo tanto, Jerusalén será siempre la capital indivisible del Estado de Israel y se extenderá a este, cortando en dos el territorio palestino. Al lado del estado hebreo podría nacer, en la mejor de las hipótesis, sólamente un pequeño estado palestino, débil, desarmado y dependiente completamente de Israel.

El único actor en grado de frenar los proyectos israelianos es George Bush, siempre que encuentre en el nuevo gobierno de Jerusalén un interlocutor que le ofrezca un apoyo menos unilateral respecto al perseguito por Sharom.

Sin un acuerdo entre israelianos y palestinos, cualquier paso que haga el gobierno de Jerusalén corre el riesgo de no producir la estabilidad deseada, serviría solamente a prolungar un estado de guerra latente o a volverlo mucho más peligroso.

De todos modos, el entero escenario medioriental, de Egipto a Siria, de Iraq a Iran está en ebullición y es un peligro constante para todo el mundo occidental. Si Teheran continúa con su política de producir una “atómica” no se puede excluir que el gobierno israeliano haga lo mismo decidiendo lanzar un ataque aéreo preventivo, con el propósito de blocar las intenciones de Ahmadi Nejad.

Atrás