Hoy más que nunca: Toromonas. Ya no podemos seguir dándole la espalda a la naturaleza y a la cultura, a nuestra cultura: como Tunupa volvamos con nuestras heridas a cuestas a buscar nuestra cruz a los montes de Carabaya, forjemos ríos y huellas de cauce profundo, arrastremos o volemos con nuestro sentimiento hasta los salares y la cima de los volcanes para recuperar la condición imprescindible de estar en la tierra, de vivir de acuerdo a nuestra territorialidad y a la identidad que es parte del territorio. Ya no podemos seguir negando lo que somos.

Hoy más que nunca: Toromonas. Volvamos a sentir que somos los dueños del mundo y de nuestro destino, que nuestro dominio místico y mágico del universo vuelve a restaurarse, como si volviéramos a nacer de nuevo, a florecer una vez más, despojándonos de siglos de negación de la vida, el cuerpo, los cerros, la lluvia, la selva, el mar. Conjuremos el miedo –seamos libres en el fondo de nuestro espíritu, en comunión con las almas de todos los seres libres que conjuraron el horror del mundo, la sorpresa del mundo, el dolor del mundo- y volvamos a sentir de verdad, destapando la sabiduría que hay adentro nuestro, al héroe que retorna a las cordilleras, que camina sobre las aguas, que escribe su nombre en la piel de los desiertos.

Hoy más que nunca: Toromonas. Sentir la diversidad. Habitarla y amarla a fondo, sin defensas, sin atenuantes, sin treguas. Yo te respeto no porque tú me respetes; te respeto porque, de lo contrario, yo no me respeto: ese es el ritmo cósmico. Cada cual es su vitalidad interior, su manantial de amparo y hazañas por venir, allí donde la vida y la muerte se rozan, allí donde hay luz y también hay tinieblas, allí donde arrecia la conciencia pero sobre todo aflora la inconsciencia donde nos volvemos a mirar al espejo y nos reencontramos.

Hoy más que nunca: Toromonas. Mi corazón me anda pidiendo una victoria. Una victoria del territorio, una victoria contra el miedo, una victoria del respeto. Sentir que revive el horizonte de las antiguas verdades y que el día llega como una revelación con sus buenas nuevas, su alborada de justicia, su misterio y que haremos pan para todos –pan urgente, pan histórico, pan de fiesta- contra el caos de lo que se desmorona y estalla. Mi corazón, dice el relámpago que ya no me acongoja, no se equivoca.

Hoy más que nunca: Toromonas. Estar, sentir, saber, hacer. Si hay un fuego para la forja ese es el pueblo, con su antigua verdad, con su relevación, con su respeto. Si hay un fuego es el pueblo y su ser la patria y su sueño de patria. Patria de nieve y verdad. Patria de ecos que nos sublevan. Patria profunda de nuestros mártires, nuestros muertos. Patria de poetas y de guerreros. Allí nos encontramos todos: de cara al sol, la luna, el viento. Crucemos ese punto de no retorno y perdamos el miedo al mundo. Está ahí afuera y nos está esperando.