Las motosierras invadieron el sector San Fermín del Parque Nacional Madidi con la complicidad y el encubrimiento de los guardaparques que la dirección del parque destina a la zona que depende del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP) del Ministerio de Desarrollo Sostenible. El hecho involucra también a trabajadores bolivianos y a empresarios peruanos y ya había sido denunciado por autoridades del Perú. Sin embargo, nada se hizo para detener esta tragedia y esta vergüenza nacional.

La explotación indiscriminada de árboles de madera mara y de cedro que está
sacudiendo al Parque Nacional Madidi, en un sector de la frontera
boliviano-peruana, no sólo se constituye en un grave problema internacional sino
que cuestiona a fondo la capacidad de manejo efectivo de las áreas protegidas en
Bolivia por parte de la burocracia estatal ambientalista y las ONGs
internacionales que la apoyan, manejando dineros que, a su vez, es aportado por
distintas naciones a través de sus oficinas de cooperación internacional.
Para peor, los hechos registrados en San Fermín no son nuevos ni para el
sector ni para otros lugares del parque; lo lamentable es que las autoridades
gubernamentales no sólo no hacen nada para resolver este escandaloso problema
sino que ellas mismas facilitan que siga la sangría de las especies forestales
más valiosas que en vez de ser preservadas, son saqueadas sin piedad.

Madera aserrada en playa
Madera aserrada esperando ser
transportada en la playa de la comunidad peruana de Pampa
Grande, a unos 12 kilómetros al norte de la comunidad
boliviana de San Fermín, y a orillas del río Tambopata (al
fondo). La madera llega hasta allí, donde se sitúa la punta
de carretera y es transportada por camiones en horas de la
noche. (Foto: Pere Comas)

Los comunarios de San Fermín no tienen la culpa de semejante desastre. Desde
ya, lo más fácil sería acusarlos de un afán de lucro desmedido. Nuestra posición
es que los pobladores de San Fermín son también víctimas de esa negligencia y
falta de soluciones de fondo con que se manejan las áreas protegidas que no han
aportado alternativas económicas viables a los grupos humanos, indígenas y
mestizos, que viven dentro de ellas.
En el caso del Madidi, el problema no sólo es muy grave sino patético. La
creación de un área protegida de casi 19.000 kilómetros cuadrados (1), un país
dentro de otro país llamado Bolivia, debería haber sido analizada de manera
responsable y, en caso de demostrarse la factibilidad para un manejo eficiente,
-que precisaba incluir, sin atenuantes, propuestas económicas para los
pobladores locales-, debería haberse llevado a cabo un proceso muy profundo de
toma de conciencia y concertación con las comunidades establecidas dentro de sus
límites. A la vez, se requería gestionar los recursos suficientes y a largo
plazo para un control eficiente. Esta claro que ni una cosa ni la otra se hizo
y, si se hizo, se hizo mal.
En el actual estado de cosas, y bajo el imperio de una mirada importada y
reduccionista de los problemas, es un chiste cruel suponer que una plantilla que
nunca ha superado los 30 guardaparques puedan preservar un área tan grande. Si a
esto se suma la permanente escasez de recursos para dotarlos de medios
tecnológicos modernos para ejercer sus tareas de fiscalización, ya no hay
chiste: es una tragedia como la que presentamos. Si agregamos a ello, por
ejemplo, el incumplimiento en el pago de salarios de parte del SERNAP, es
inevitable suponer que hechos como los que ocurren en San Fermín pueden
convertirse en moneda corriente y que la corrupción florezca donde deberían
florecer los árboles que ahora están siendo talados.
También sería fácil echarle la culpa a los guardaparques (aunque gente que
delinque puede haber en todos lados). La verdad es que ellos también son
víctimas del manejo vertical y arbitrario de las citadas áreas, ya que, en la
mayoría de los casos, son hijos de las propias comunidades originarias en las
cuales deben ejercer funciones de policía contra sus propios hermanos que ?no
debería ser un secreto para nadie- son algunos de los habitantes más pobres y
necesitados de toda Bolivia, unos condenados de la tierra dentro de las áreas
donde se los divide, se los censura y se los prohíbe de manera injusta.
Esto es más lamentable aún cuando lo contrastamos con la costosa publicidad
que las autoridades presentan para promocionar sus supuestos logros (hace poco
se llevó a cabo en La Paz una semana de celebración de los diez años de la
fundación del parque), con los viajes que se realizan al exterior dizque para
conseguir fondos para conservar las áreas (y ellas siguen vulnerables y
agredidas como siempre han estado) y con ese discurso conservacionista
fundamentalista en un país donde lo más urgente, dada la importancia de la
biodiversidad en Bolivia y sus ecoregiones pero también la extrema pobreza de su
población, es buscar conciliar desarrollo económico y social con preservación
ambiental.
Es el tan mentado ?desarrollo sostenible?, otro eufemismo más del Banco
Mundial, que entre nosotros no ha conmovido a nadie ni menos hecho comer a los
pueblos.
Aquí debemos ser contundentes: nuestra gente, en especial nuestros pueblos
originarios de los Andes, la Amazonía y el Chaco son los que más conocen de
biodiversidad y de su manejo responsable: así han sobrevivido siglos. Ellos son
los verdaderos ?ecologistas?. Si no hubiera sido por ellos, por ejemplo, no
hubiéramos domesticado la papa, una fuente nutritiva invalorable y que ha
alimentado al mundo entero, en especial en las épocas de crisis planetaria.
Ante esto que expresamos, nos preguntamos ¿qué tienen de bueno para ofrecer
algunas de esas instituciones con siglas de nombres extranjeros que conocemos
popularmente como ONGs?

Chaqueo en San Fermín
Un desmonte o chaqueo del bosque húmedo tropical en las proximidades de la comunidad de Puerto San Fermín. Esta degradación del ambiente produce erosión, alteración en las cuencas hídricas y, finalmente, la desertificación y la destrucción definitiva del bosque. (Foto: Pere Comas)

Les abrimos las puertas incauta y generosamente y ellas nos pagan con
biopiratería. Sólo hay que recordar el juicio contra algunas de ellas que
denunciamos en un número anterior de esta misma publicación(2). El Congreso
Nacional debería pronunciarse al respecto e informar acerca del caso ya que no
puede ser que ONGs que se dicen ambientalistas en contubernio con algunas de las
empresas petroleras más fraudulentas del mundo (ENRON) vengan a robarnos
nuestras plantas delante de nuestras narices. Son miles de millones de dólares
los que están en juego: aceites esenciales, nuevos medicamentos, la alimentación
y la salud del futuro. El gas se acabará algún día, entonces: ¿de qué viviremos?

Una de las ONGs aludidas en ese artículo ?me refiero a la norteamericana
WCS- tampoco tuvo empacho en presentar junto al SERNAP el hallazgo de un primate
?que los comunarios de San José de Uchupiamonas conocían desde siempre- y
anunciarlo como una especie nueva para la ciencia. Para colmo, el nombre
científico de esa criatura (que tampoco le hizo daño a nadie) fue llevado a
subastar ¡a un casino de Las Vegas! Tanta indignidad tiene un nombre:
colonialismo ecológico. El hecho simboliza lo que cuestionamos y ya que han
conseguido la irrisoria suma de 650.000 dólares por prostituirnos como país
soberano, sería bueno que algo del dinero recaudado llegase a San Fermín para
solucionar el desastre que denunciamos, porque por allá las ONGs ni siquiera se
asoman.
Sabrán perdonar esta extensa presentación pero si somos dignos y patriotas
deberíamos tratar de solucionar este problema que se vuelve cada vez más y más
inmanejable por la omisión y/o la complicidad de las autoridades. Debemos
bolivianizar las áreas protegidas y debemos entregar su administración a sus
legítimos dueños: los pueblos indígenas y originarios.
El saqueo del Madidi es culpa de esta burocracia y esta gerencia miope e
insensible que ahora debe estar viendo en el mapa donde carajo queda y como se
llega a ese lugar llamado San Fermín donde a nuestros pobres campesinos (¡No ven
que son unos salvajes!, dirán desde sus cómodos sillones) se les ha dado por
comerse la madera.
San Fermín en el espacio y en el tiempo
La comunidad de Puerto San Fermín está ubicada a orillas del río Tambopata,
límite arcifinio entre las repúblicas de Bolivia y Perú desde la firma del
Tratado de Fronteras de 1909, y en medio del bosque húmedo tropical, uno de los
ecosistemas cuya conservación es considerada como prioritaria en el ámbito
mundial.
La sombra de la tragedia viene de lejos: entre 1907 y 1913, San Fermín fue
una barraca cauchera de la empresa inglesa The Tambopata Rubber Syndicate (3) y
a ella se podía llegar desde Apolo por una senda, tal como lo describió el
explorador británico Percy Harrison Fawcett en sus memorias. (4) Las miserias y
abusos que pasaban los trabajadores también fueron anotados por Fawcett en su
libro.
Cuando se fueron los caucheros, la zona volvió a la tranquilidad y sus
pobladores originarios ?Ese Ejjas que consideran que el cerro Bahuaja, la
montaña mítica de la etnia, está ubicada en la región circundante;
presumiblemente Toromonas y otros- sólo fueron perturbados por algunos
misioneros.
Pasaron los años, y en el año 1969, un grupo de familias de origen
mestizo-quechua que llegaron desde la población de Santa Cruz del Valle Ameno,
en busca de nuevas tierras de cultivo donde asentarse, fundaron la actual
comunidad de Puerto San Fermín. Años después, llegaron otras familias
provenientes de la comunidad Asariamas, también de origen quechua. (5)
Los pueblos originarios se retiraron a territorios más aislados y -es un
hipótesis científica no descartable- que habiten al interior del valle del río
Colorado y las cabeceras del río Heath, al norte y al noroeste del actual
emplazamiento de la comunidad. En todo caso, los comunarios no ingresaban a esos
territorios: era muy difícil siquiera ver cualquier embarcación navegando en esa
dirección. Hoy, en tres días de permanencia en la zona, hemos visto no sólo
transporte de madera y de personas, sino inclusive de gasolina hasta la altura
del río Cachimayu (donde nos consta que se estaba explotando madera) por lo
cual, es evidente, que en caso de existir un grupo indígena aislado de manera
voluntaria, puede producirse un enfrentamiento con los madereros que puede
acarrear nefastas consecuencias. El más obvio: el exterminio de ese pueblo
indígena.
Todas estos sitos se encuentran bajo la jurisdicción de la provincia Franz
Tamayo (ex Caupolicán), al norte del Departamento de La Paz. En la actualidad,
dependen del Municipio de Apolo.
En 1985, se produjo al sur de San Fermín, una invasión pacífica de
colonizadores de origen peruano que se asentaron en lo que bautizaron como
?Valle Futuro?. Estos colonizadores formaban parte de una persistente migración
de pobladores de las tierras altas del departamento peruano de Puno (en
especial, de origen aymara) que se intensificó a partir de la década de los años
sesenta del siglo XX, con la apertura de una carretera de penetración desde la
población de San Juan del Oro. (6)
Los colonizadores peruanos fueron desalojados por los militares de
territorio boliviano y producto de este conflicto, se estableció en Apolo un
batallón de infantería de selva y varios puestos militares de avanzada (PMA).
Uno se ubicó en las inmediaciones del río Ubito (en las antiguas instalaciones
del campamento de una empresa minera que realizaba prospecciones en la zona) y
fue bautizado como PMA Tuichi; otro fue ubicado a orillas del río Cocos pero fue
destruido por una crecida del río y abandonado; el último fue establecido en los
predios de la ex escuela de la comunidad peruana de Valle Futuro y fue bautizado
como el nombre de PMA Capitán Lino Echeverría. Estos puestos militares tienen un
funcionamiento regular desde entonces, aunque carecen de condiciones y recursos
para no sólo resguardar la soberanía boliviana en la frontera, la función
específica asignada a las Fuerzas Armadas, sino también para hacer cumplir la
ley dentro del territorio boliviano, en este caso dentro de un parque nacional.
En 1995, fue creado el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado
Madidi, dependiente del Sistema Nacional de Áreas Protegidas y considerada por
los especialistas como una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo
entero.
Esto es clave para entender el fondo del problema y a las autoridades que
cuestionamos: los pobladores de las comunidades Puerto San Fermín, Lino (llamada
así por su proximidad al puesto militar del mismo nombre) y Cocos o Lanza, un
nuevo asentamiento situado en la desembocadura del río Cocos en el río Lanza
(límite también con la República del Perú) quedaron incluidos dentro de los
lindes del nuevo parque nacional. Desde ya, no son los únicos que viven dentro
del parque y que no habitan, como deberían, dentro de su área natural de manejo
integrado. Esta torpeza y miopía burocrática está costando caro. Un argumento
que de seguro esgrimirán ministros y directores es la necesidad de
?recategorizar? el sector. La pregunta inevitable es: ¿por qué no lo hicieron
antes? Desde ya, esta sería otra solución en el papel ya que no resolvería el
problema que urge: ¿de qué vivirán los pobladores de San Fermín para no morirse
de hambre?
Por su parte, el frente de colonización situado en la Selva Sur peruana fue
incluido en la llamada zona de amortiguamiento del Parque Nacional Bahuaja
Sonene, cuya creación como tal se remonta al año 2000. (7)
Ambos parques constituyen el núcleo central de un proyecto de corredor
internacional de áreas de relevancia ecológica denominado ?Vilcabamba-Amboró?,
que incluye áreas protegidas situadas al norte de la ciudad de Cuzco hasta las
proximidades de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Otra ilusión insostenible,
dadas las circunstancias: en el corazón del corazón del corredor, precisamente,
se encuentra San Fermín.
?Pobres todos somos?
La primera vez que como Expedición Madidi estuvimos en San Fermín nos desoló
la pobreza. Una de sus manifestaciones más degradantes eran los estragos que
sufrían los niños producto de la leshmaniasis o lepra blanca, una enfermedad
típica de la miseria en los trópicos ya que es curable. Por eso, al año
siguiente, volvimos coordinando la logística de la primera versión nacional de
las Brigadas Integrales de Salud (BRISA) del entonces Ministerio de Salud y
Previsión Social, un programa que hasta hoy sigue vigente atendiendo zonas
aisladas, y llevando medicamentos para sanar ese mal.
Este año, la situación era más desoladora aún: según las declaraciones de
los propios moradores, salvo una familia, todas las demás estaban infectadas con
lepra. Sin palabras.
Según el último censo del año 2001, viven 198 personas de manera dispersa en
la que, en los registros del Instituto Nacional de Estadística, figura como
comunidad San Fermín, englobando a las otras. Los hombres (que son 110) y las
mujeres (88), habitan en 35 viviendas donde ?anotémoslo para que las ONGs
entiendan- no hay ningún servicio: ni agua potable, ni alcantarillado, ni menos
electricidad. Para las famosas estadísticas a las cuales nos tiene acostumbrado
el Banco Mundial, la incidencia de pobreza es del 100 por ciento. Hay una
escuela primaria, donde sugestivamente habían pintado la efigie del Che Guevara
en la pared de barro frontal, y esta vez tres profesores.
Cuando acudimos hasta allí, los habitantes vivían malamente de una pequeña
producción de café que rescatadores vendían a las cooperativas peruanas de la
otra banda del río. El resto lo completaban con algún cultivo de subsistencia y
algo de cacería.
Este año, los pobladores seguían viviendo malamente ?hasta el bote que
utilizaban había desaparecido producto de una inundación- pero esta vez
trabajando como peones de la madera para empresarios peruanos.
Como alguna vez me dijo Simeona Chambi, mientras hablaba de Dios sin cesar
?los comunarios son todos evangélicos-, en San Fermín, ?pobres todos somos?.
El negocio de la mara
Tenía que pasar: del lado peruano, predomina el bosque secundario, ya no
queda madera que talar pero las necesidades de ingresos de una población que
crece, también aumentan. Si hace años, los pobladores de San Fermín eran
engañados con su café, ahora le tocaba -¿por qué no?- a la madera.
El drama se inició cuando ciudadanos peruanos residentes en las comunidades
aymaras de la selva ingresaban a Bolivia a buscar y talar árboles de mara y
cedro. Los inmigrantes carecían del conocimiento necesario, cortaban mal los
troncos, los desperdiciaban. Entonces, surgió una alianza natural entre nuestros
compatriotas ?que sí sabían cortar- y empresarios del país vecino que no dudaron
en proveerlos del arma mortal del bosque: motosierras. No sólo eso: gasolina,
alimentos, nylones y hasta cocinera, como denunció el militar encargado del PMA
Lino Echeverría, Subtte. Alejandro Rubin de Celis, que descubrió azorado a una
temerosa mujer en lo que el creyó era una poza de maceración de los narcos. Era
un campamento de madereros.
Según las denuncias que pudimos recoger, entre otros testigos del personal
del Parque Nacional Bahuaja Sonene del Perú y nuestras propias evidencias, los
sitios donde se está desarrollando la tala indiscriminada de mara y cedro son,
por el sur, la cuenca baja y media del río Lanza (Mosojhuiaco cuando penetra en
territorio boliviano), situada frente a las comunidades peruanas conocidas con
los nombres de Miraflores 1, Miraflores 2 y Miraflores 3, vinculadas por una
?trocha? (camino vecinal en Bolivia), hasta la zona del río Cachimayu, al norte
de San Fermín y de la comunidad peruana de Pampa Grande, donde termina el camino
que enlaza la selva con las ciudades de Juliaca y Puno, y donde fueron tomadas
las fotografías que ilustran este informe. Cuando estuvimos allí, escuchamos con
nitidez el sonido de una motosierra al otro lado del río; es decir podemos
señalar que en una franja fronteriza de alrededor de 50 kilómetros se estaba
talando madera.
En Pampa Grande, esa madera es acumulada en la propia playa del río y hasta
en canchones en la propia población. De allí, en horas de la noche, es cargada a
camiones y transportada fuera del lugar. La madera que baja desde el Lanza
(vimos dos balsas de madera cuartoneada pasando frente a San Fermín) lo hace
cómodamente por el río; la que se extrae del Cachimayu debe subirse hasta Pampa
Grande. La proliferación de sendas debe ser increíble. Los daños al medio
ambiente del parque también. Según los funcionarios del Bahuaja, el sector Lanza
era un santuario de vida salvaje donde podían encontrarse, entre otras especies,
osos andinos o jucumaris y londras o nutrias de río, lo que hablaba de la no
intervención humana del sector. En dos años, esas especies desaparecieron por lo
cual ellos consideraban que los rumbeadores (la avanzada de los madereros,
aquellos que ingresan al monte para localizar e identificar a los árboles) y el
negocio de la madera debió empezar en esas fechas.
Las autoridades del Bahuaja Sonene intentaron de manera infructuosa
decomisar camiones peruanos cargados de madera boliviana, tres en marzo de 2005
y varios más en el reciente septiembre en la localidad de Putina Punco. De
manera lamentable, los empresarios pudieron evitar sufrir pérdidas.
En Perú, el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) administra
tanto la instancia que controla las áreas protegidas (la Intendencia de Áreas
Protegidas, con sede en Lima, a donde llegaban las denuncias de los funcionarios
del parque) y el organismo que maneja los recursos forestales y la fauna
silvestre (Intendencia Forestal y Fauna Silvestre). Al tratarse de madera
boliviana, los empresarios solicitaban permisos a la autoridad forestal sólo
para transportar madera. Esto, a los ojos de los funcionarios forestales -como
no podía ser de otra manera ya que, en definitiva, no se trataba de árboles
talados en el Perú-, era absolutamente legal. Por ello, los reclamos de los
funcionarios del parque Bahuaja Sonene llegaban a la capital peruana y,
lógicamente, no les daban curso.
Lo más grave: incluso informaron a la sede central del parque Madidi en San
Buenaventura. El motivo no sólo era alertar a la dirección del parque de los
atropellos que se cometían contra el patrimonio natural boliviano sino buscar
acabarlos ya que, según nos manifestaron, ellos temen que el mal ejemplo cunda.
?Nos dirán ?decía un preocupado guardaparque- si en el parque nacional de
Bolivia, se puede cortar madera, ¿por qué nosotros no podemos cortarla aquí en
el Perú? ¿Acaso somos mancos??. Para completar el cuadro, los funcionarios
peruanos recibieron amenazas de muerte.
Ante esta situación insostenible, el director del sector Puno del parque
hizo lo que deberían hacer el actual director ?Iván Arnold- y el eterno jefe de
protección del Parque Madidi ?Ebelio Romay: RENUNCIAR.

Disimulando

Un grupo de madereros bolivianos fue contactado por
nosotros, trabajando en la playa del río Tambopata a la
altura de la comunidad peruana de Pampa Grande. Al
advertirnos, están disimulando frente a la cámara. El hombre
que está sentado en el medio luce la camiseta de la
Selección Boliviana de Fútbol. (Foto: Pere Comas)

Complicidad de las autoridades
Este cuadro lamentable, se completa con la responsabilidad que deben asumir
no sólo los dos funcionarios citados sino el director del SERNAP, John Gómez, y
la máxima autoridad del ramo, la Ministra de Desarrollo Sostenible, Marta Bozo,
ante algo muy triste y desconsolador: los guardaparques destinados al campamento
San Fermín no sólo estaban en conocimiento de esto que contamos sino que habían
llegado a un acuerdo con los comunarios para que ellos puedan cortar madera por
dos meses y que la tala cese el 18 de octubre pasado. Es decir, desde el 18 de
agosto pasado al menos, los guardaparques asignados en San Fermín permitieron la
tala de mara. Nosotros tuvimos la mala leche (para ellos) de llegar a San Fermín
el 9 de octubre, cuando la actividad era frenética ante el supuesto fin del
tiempo acordado.
Sigue el espanto: el día 10, en horas de la tarde, con el Ing. Ricardo Solís
?coordinador general de la Expedición Madidi- estuvimos presentes en una reunión
sostenida entre algunos miembros de la comunidad (incluyendo al Secretario
General Francisco Ovando), el comandante del PMA Capitán Lino Echeverría,
Subteniente Alejandro Rubín de Celis y un guardaparque de apellido Ortiz.
Increíble: en la misma fue tratado un pedido de prórroga del citado
convenio, por lo cual los comunarios solicitaban al Subtte. Rubín de Celis
autorice su prolongación.
Rubín de Celis no sólo se negó alegando su total falta de competencia en el
asunto sino que exigió incluso la entrega de las motosierras. Los comunarios
también se negaron, argumentando que las motosierras eran sus instrumentos de
trabajo.
Ortiz, oriundo de la comunidad de San Fermín, trató, en un primer momento
trató de interceder a favor de sus paisanos y de que exista flexibilidad en el
corte de madera.
Ante la persistente negativa del Subtte. Rubín de Celis a autorizarlos y de
los comunarios a cesar la tala, declaré que iba a denunciar el caso en La Paz ya
que era evidente, primero, que estaban cortando madera en el parque (el citado
convenio era una prueba, por demás, fehaciente) y que era también evidente que
existía encubrimiento de parte de los guardaparques ya que, bajo ningún
argumento ni ley, puede permitirse la tala de madera preciosa en un parque
nacional. Después nos retiramos.

Guardaparque

El guardaparque Ortiz con su uniforme oficial donde destaca
el logo del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP)
dependiente del Ministerio de Desarrollo Sostenible de la
República de Bolivia. La foto fue tomada en su campamento.
Nótese la precariedad del mismo: es una construcción de
palos forrados de nailones. Ortiz acababa de encabezar una
reunión donde los comunarios de San Fermín solicitaron una
prórroga de un convenio para talar madera dentro del parque
Madidi. (Foto: Pere Comas)

Cuando estábamos a punto de cruzar el río, avistamos una balsa con dos
personas bajando por el Tambopata en dirección a Colorado. Preguntada una mujer
de la comunidad quienes eran esas personas, contestó con toda naturalidad que se
trataba de ?tabloneros?. Una vez en el campamento, Leoncio y Raúl Navi
informaron sobre el avistamiento de dos balsas de madera cuartoneada bajando por
el río Tambopata.
Eso no es todo: vimos dos cartas firmadas por el encargado de la Unidad
Forestal de la Alcaldía de Apolo, Francisco Calle. En una de ellas, del 23 de
septiembre pasado, Calle autorizaba al ciudadano peruano Rodolfo Calcina Mamani
a que transporte madera boliviana a su país. En la otra misiva, del día 24, el
mismo Calle denunciaba chaqueos y extracción ilegal de madera por parte de
súbditos peruanos en territorio boliviano. Como es el mundo al revés, no han
faltado las amenazas de muerte y no es un supuesto afirmar que, en cualquier
momento, pueda estallar la violencia, poniendo en riesgo la vida de las
personas.
Me ahorro detalles: dos días después llegamos hasta Pampa Grande, la punta
del camino. Cuando vimos la cantidad de madera que había en la playa, casi nos
caímos de culo. Peor cuando detectamos a nuestros comunarios usando la
motosierra. Enfrente, en Bolivia, rugía otra. Vean las fotos y juzguen.
Como nos dijo un abogado amigo, con el cual nos estamos asesorando para
iniciar acciones legales: ?Esto es una tragedia, ¡Qué dolor!?. Sí, pero es un
dolor que debe sublevarnos.
Como es lógico suponer, nos negaron la entrada al parque. Un guardaparque
llamado Remberto Chivapuri desde Apolo dijo por la radio delante nuestro que si
ingresábamos le haríamos ?mala propaganda? (sic) a ellos y al parque porque
íbamos a documentar ?el saqueo de la mara? (sic) y que si no accedíamos, se
debía coordinar con el ejército boliviano y ?utilizar la fuerza pública? (sic)
para retirarnos de la zona. Más claro, agua: nos negaron la entrada al parque
porque no querían que viéramos lo que vimos.
Pero nos subleva y por eso no sólo lo vimos y nos duele sino que se lo
mostramos al mundo entero, buscando sumar fuerzas para encontrar soluciones de
verdad. Desde ya, no podemos creer que semejante desastre no estuviera en
conocimiento de la dirección y la jefatura de protección del parque, de la
dirección del SERNAP y de la Ministra, quien es finalmente la máxima responsable
de velar por nuestra biodiversidad y nuestros recursos naturales.
Madidi es ahora o nunca, porque mañana ya es demasiado tarde.

— —

+ Jefe de la Expedición Madidi, declarada por segunda vez,
el 8 de septiembre pasado como de ?Interés Nacional? por la H. Cámara de
Diputados de la República de Bolivia. Esta era su cuarta versión oficial y
contaba con el respaldo institucional de la Dirección Nacional de Arqueología
del Viceministerio de Cultura. Cingolani es investigador adscripto a la DINAR.
Notas
(1) Madidi tiene una superficie de 18.957 kilómetros cuadrados. A modo de
comparación, Holanda posee 41.526 km², Cataluña 31.929 km² y la isla de Jamaica
10.991 km².
(2) Ver Pablo Cingolani. La Amazonía en la mira de EE.UU. El juguete
rabioso, La Paz, s/f. Ver en la misma publicación: Miguel Lora: Se negocia en
secreto como patentar seres vivos.
(3) Ver José Antonio Flores Marín: La explotación del caucho en el Perú.
Concytec, Lima, 1987. Una copia me fue facilitada por el Ing. Humberto Rodríguez
de Lima. El estudio, bajo la óptica marxista, devela los terribles mecanismos de
explotación utilizados en la selva por los empresarios a principios del siglo XX.
(4) Ver Percy Harrison Fawcett: A través de la selva amazónica (Exploración
Fawcett). Rodas, Madrid, 1974
(5) Ver Historia de la comunidad Pto. San Fermín. Testimonio escrito por
Marino Coaquira, residente en Puerto San Fermín, el 27 de Octubre de 2000.
Publicado en Pulso, La Paz, 31 de agosto de 2001.
(6) Ver Avecita Chichón, Manuel Glave y Mariana Varese: La lenta
colonización del Inambari y el Tambopata: uso del espacio en la selva sur del
Perú. s/d
(7) Ver Kim MacQuarrie: Historia del parque Bahuaja-Sonene en Donde los
Andes encuentran al Amazonas. Bahuaja-Sonene y Madidi, Parques Nacionales de
Perú y Bolivia. Jordi Blassi, Barcelona, 2001.