Gracias a su increíble biodiversidad y variedad de ecosistemas, la relevancia
mundial del Parque Nacional Madidi está fuera de toda consideración. Sin embargo, su supervivencia no está asegurada. Madidi está en serio riesgo de desaparecer.

Situado en Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, y con una extensión de casi
19.000 kilómetros cuadrados, Madidi se ha convertido en un territorio donde los
intereses económicos y políticos internacionales se cruzan y donde la autoridad
del estado boliviano es casi invisible.
Lo que
aquí presentamos es una documentada denuncia sobre el saqueo de sus recursos
naturales, específicamente la extracción ilegal de la madera de dos de las
especies forestales más valiosas: la mara o caoba y el cedro.
La
gravedad de la denuncia no sólo radica en el hecho de que está siendo degradado
el ambiente del parque, alterada la estructura del bosque húmedo tropical y
destruyéndose su biodiversidad, sino que son los propios guardaparques los que
facilitan las tareas de los depredadores.
Estos
son empresarios extranjeros de la madera que aprovechándose de la extrema
pobreza de la gente radicada en la zona, se dedican a explotar de manera
indiscriminada un potencial que, en los papeles, debería ser preservado.

Los
guardaparques tampoco deberían ser considerados los únicos culpables: ellos son
parte de un sistema de manejo del parque que no ha aportado soluciones
integrales tanto para la preservación del mismo como para satisfacer las
necesidades básicas de las personas que habitan en su interior.
Este
es un problema de los países como Bolivia: hasta donde se pueden preservar los
ecosistemas de extensas regiones de su territorio, mientras su población se
debate en un contexto de miseria, violencia e inseguridad crecientes.
De la
resolución positiva de este dilema, dependerá la supervivencia o la
desintegración del Madidi.
Para
que esto último no suceda, ya no sirven los discursos y las buenas intenciones.
Bolivia deberá hacer pesar en el contexto internacional su importancia
estratégica como uno de los reservorios de biodiversidad más destacados del
planeta entero, tomando en cuenta que el siglo que vivimos es el de la
biotecnología y el de la ingeniería genética.
Es
injusto que un país como Bolivia siga dependiendo del crédito financiero externo
y de los supuestos planes de desarrollo que éste impone, cuando sólo el esfuerzo
por preservar su biodiversidad ?que beneficia a la humanidad en su conjunto-
debería no sólo ser reconocido sino recompensado de manera generosa, de manera
especial por los países que más contaminan el planeta.
Esto
depende de dos factores claves: la toma de conciencia en el ámbito global en
torno a aceptar esta situación a la inversa ?el mundo desarrollado es deudor
ecológico de los países pobres como Bolivia- y que los propios bolivianos ?sus
líderes y sus organizaciones- asuman una posición muy clara con respecto al
problema y ejerzan, como nunca antes, un rol soberano y decisivo sobre temas
como las patentes y el aprovechamiento de los recursos genéticos, el rol de los
bosques de Bolivia en el mantenimiento del equilibrio climático mundial y el
hallazgo de nuevos principios activos para la industria farmacéutica y
alimenticia, entre otros.
Aquí
se juega el futuro, no sólo del Madidi ni de Bolivia. Se juega el futuro de una
convivencia sana y armónica entre las naciones; se juega el futuro de la
humanidad entera.
Por
eso, la importancia de esta denuncia que presentamos en un medio de tanto
prestigio como es Bolpress.
En la
medida que este informe sirva para despertar conciencias aletargadas y detone
las acciones que urge encarar, habrá cumplido su objetivo.
De lo
contrario, la sentencia de muerte que ya pende sobre el Parque Nacional Madidi,
será ejecutada en el mediano plazo.
Decimos: ahora o nunca porque mañana ya puede ser tarde.
Nosotros, como Expedición Madidi, seguiremos investigando y difundiendo estas
realidades que abruman y duelen pero que también sublevan.
Pablo
Cingolani
Jefe
de la Expedición Madidi *

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* Declarada de ?Interés
Nacional? por la H. Cámara de Diputados de la República de Bolivia en 2001 y
2005.