Muy incierta la política alemana

Rodolfo Faggioni

septiembre 27, 2005Publicado el: 3 min. + -

Rodolfo FaggioniLas elecciones políticas realizadas últimamente en Alemania no han decidido quien será el próximo Canciller. Con el voto, los alemanes han hecho ver que el viejo sistema político-parlamentar, tiene los días contados. Además, de los dos grandes y tradicionales partidos, el Spd (Cristiano-Democrático con su apéndice Cristiano-Social con el 34,4%)) y el Cdu-Csu (Social Democrático con el 35,2%) otros tres pequeños partidos reclaman su espacio en el panorama político. Nos referimos al Fdp (Partido Liberal), con el 9,8%, que actualmente sería la única fuerza decidida a imponer un cambio liberal en Alemania; el Polo de la Izquierda Radical compuesta por los ex-socialdemocráticos de Oskar Lafontaine y por los post-comunistas que por vez primera en la historia de la República Federal Alemana disponen de un partido nacional llegando juntos al 8,7% y el Partido Verde de Joschaka Fisher que mantienen su posición.

¿Como será la conformación del futuro parlamento alemán con todos estos partidos? La hipótesis menos razonable es la de una gran coalición de los dos grandes partidos. Con toda probabilidad esto significaría una legislatura extremamente confundida y estéril. No solo, el matrimonio entre moderados de izquierda y de derecha, abriría el camino a una futura afirmación a la izquierda radical y al crecimiento de la derecha extrema, con tendencias neo-nazistas.

No es un escenario productivo y tranquilizador para los alemanes en particular y para los europeos en general. Este voto ha hecho ver claramente la crisis de la integración europea. Una potencia económica como Alemania, con estos problemas internos de gobernabilidad, difícilmente podrá promover una estrategia comunitaria.

Bajo este perfil, la derrota del Tratado Constitucional Europeo en Francia y Holanda es menos significativa de la situación alemana. Si vemos la parábola de lo que ha sido el europeísmo alemán de Adenauer en adelante no podemos que constatar una crisis que dura desde la unificación alemana del 1990. Alemania se encontró sin preparación a esa cita y trató de descargar al menos en parte, los costos de su unificación interna sobre los "partners" comunitarios. Hoy constatamos que incluso la unificación de las dos alemanias, no es compacta como se esperaba, imaginemos entre las naciones europeas.

Los líderes políticos europeos no han perdido ocasión para criticar la política social alemana. Esto nos confirma que no existe un opinión pública verdaderamente europea y mucho menos una clase política capaz de razonar sobre la unión del continente.

La fibrilación alemana cesará el momento en el que el Presidente de la República dé el encargo de formar el nuevo gobierno a Schoeder o a Angela Merkelun, de un modo o de otro, Berlín tendrá que tener un nuevo gobierno, al menos que no se vote otra vez, hipótesis muy probable.

Cualquiera que sea el nuevo líder alemán, hombre o mujer, tendrá que tratar de unir a un país completamente dividido. Salvando la voluntad de mantener de igual manera la red de protección social construida en decenas de años de "welfare". Llamados a decidir entre eficiencia económica y estado social, el elector alemán en neta mayoría elegiría, seguramente, la segunda hipótesis.

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