Bolivia tras la renuncia presidencial

Isaac Bigio

junio 9, 2005Publicado el: 7 min. + -

Se supone que un mandato presidencial en Bolivia debe durar 5 años. Sin embargo, Mesa ha renunciado a menos de 20 meses de haber jurado en el cargo. Este período es mayor a los 14 meses que fue presidente su antecesor Gonzalo Sánchez de Lozada y seguramente del mandatario que le remplace.

Sánchez y Mesa fueron nominados a la presidencia y vicepresidencia en Agosto del 2003. La forma en la cual ellos fueron electos y luego 'renunciados' es parte de un fenómeno muy propio de Bolivia. Este país tiene una forma peculiar de elegir a sus mandatarios y una constante tendencia hacia formar 'poderes alternativos'.

En las democracias representativas modernas hay dos modelos: el presidencialista y el parlamentario. En el primero debe haber un presidente fuerte por un periodo fijo e inamovible y basado en un amplio respaldo electoral. En el segundo, el parlamento elige al gobierno pero también lo puede alterar y cambiar.

Bolivia tiene un híbrido entre ambos modelos donde se potencian las desventajas de cada uno. Al igual que sus vecinos, Bolivia tiene un presidente todopoderoso por un lapso determinado, pero a diferencias del grueso de Sudamérica allí no hay segunda vuelta. Desde hace más de 4 décadas ningún candidato se ha acercado al 50%. Quien termina por decidir quien será el presidente es el congreso, quien luego no puede fácilmente remplazar al gobierno. Encima, la representación parlamentaria no es proporcional y partidos que consiguen menos de un cuarto de los votos aparecen hinchados con más de un tercio de los escaños.

Otra paradoja boliviana es la de ser un país con pocas conexiones viales modernas entre sus provincias pero con una alta centralización. A diferencia de sus vecinos Bolivia no tiene autoridades departamentales electas y menos aún asambleas o constituciones regionales. En cierta manera aún hereda un sistema centralista castellano que Madrid empezó a cambiar tras la caída de Franco.

En Bolivia suelen ser muy poderosos los movimientos cívicos que movilizan masas en pos de reivindicaciones regionales. Sin embargo, no existen autonomías. Pese a que hay un crecimiento de los movimientos nacionalistas indios hay alguna forma de territorios autónomos nativos como, por ejemplo, si existe en Canadá o Groenlandia.

El planteo de autonomía es impulsado tanto por la izquierda como por la derecha. El primer sector insiste en la auto-determinación india y en el derecho de quechuas, aymaras y nacionalidades orientales a ejercer auto-gobiernos territoriales. El segundo campo moviliza un fuerte apoyo en Santa Cruz planteando su autonomía. Esto último es puesto como una salida ante el intento de la Bolivia altiplánica (o colla) de alterar el modelo monetarista o de estar constantemente produciendo huelgas y marchas.

Un aspecto histórico de a permanente inestabilidad boliviana es el afloramiento de nuevos poderes en momentos de crisis. Esta es la república que más golpes ha tenido y donde las FFAA han actuado (por lo menos hasta hace 23 años) como un eterno factor de creación y destrucción de gobiernos. Por otra parte, el altiplano tiene una historia de constantes movilizaciones sociales y laborales que acaban gestando poderes alternos.

En 1936, 1946, 1952, 1970-71, 1978-80, 1982, 1985, 2003 y 2005 los sindicatos (y organizaciones barriales y campesinas ligadas a éstos) realizaron tan grandes marchas y huelgas que se erigieron en un 'poder dual' que logró tumbar presidentes o golpes. En la mayoría de los casos empujaron al país hacia la izquierda y hacia adoptar nacionalizaciones, pero también recibieron como respuestas gobiernos que pusieron mano dura y dieron concesiones a la empresa privada.

Bolivia ha sido el único país sudamericano donde triunfó una revolución popular que desintegró a sus FFAA. La insurrección de 1952, sin embargo, no logró crear un partido revolucionario institucional a la mexicana y el Movimiento Nacionalista Revolucionario no tardó en atomizarse y dar paso a que el ejército (que éste reconstruyó) dominase casi todo el periodo entre 1964 y 1982.

En 1985, Paz Estensoro, el mismo hombre que 33 años atrás nacionalizó la minería 'bajo control obrero' e hizo el gobierno 'anti-imperialista' más radical del subcontinente, decidió desbaratar el modelo estatizante y proteccionista que él creó para convertirse en el mejor discípulo del monetarismo a lo Thatcher. Su mano derecha, Gonzalo Sánchez de Losada, cambió por completo al país. Impuso una economía privatizada y de libre mercado donde el grueso de los mineros y fabriles fueron despedidos y sus protestas fueron contenidas o acalladas con constantes estados de emergencia. Todos los grandes partidos apoyaron tal nuevo modelo.

Sin embargo, éste se fue quebrando. Las movilizaciones de Cochabamba que impidieron la privatización del agua potable o que golpeaban planes de erradicación de cultivo de coca y el abortado estado de sitio lanzado por Bánzer evidenciaban un inicio del agotamiento de dicho sistema. En el 2002 por primera vez un candidato de uno de los partidos contestatarios al modelo quedó entre los dos primeros (el cocalero Evo Morales).

A los 14 meses el tema del destino del gas generó una explosión social que acabó sacando al hombre que creó el nuevo modelo monetarista (Sánchez). Mesa heredó la presidencia pero no podía gobernar como antes. Ya no podía lanzar estados de sitios que únicamente producirían peores reacciones populares. Tampoco podía mantener el anterior sistema debido a que la población exige una mayor intervención del Estado en la economía y en la propiedad de los hidrocarburos.

Mesa sobrevivió tratando de mediar entre fuerzas que se iban polarizando y buscando tranquilizar la furia sindical. Esto ha llegado a su límite. Tras querer sobrevivir como equilibrista acabó cayéndose de la cuerda.

Quien le remplace no será un presidente fuerte. Si es Vaca, presidente del senado, será más resistido e impopular que sus antecesores. Si el puesto recae en el presidente de la corte suprema ese mandato será efímero y solo para convocarse a comicios.

Bolivia entra a una aguda tensión social. El gobierno central tenderá a tener menos autoridad mientras surgen a su costado izquierdo y derecho dos poderes alternativos. Por un lado los sindicatos que apuntan hacia un gobierno tipo Lula o Chávez o una revolución. Por otro lado está Santa Cruz que se perfila como un Estado dentro del Estado que quiere vetar marchas, mantener el modelo pro-libre empresa y que demanda su autonomía.

En el último medio siglo Bolivia ha visto 3 modelos políticos. El establecido por la revolución de 1952 se basó en una fuerte intervención estatal en la economía y en gobiernos nacionalistas populistas. Entre 1964 y 1982 hay un dominio de regímenes militares y una parálisis de dicho sistema. Desde 1985 hasta el 2003-2005 tenemos el modelo de privatizaciones e incentivos al capital extranjero.

Hoy Bolivia busca otro modelo. Los sindicatos pugnan por un retorno a políticas de nacionalización de recursos naturales y protección social, aunque algunos sectores dentro de éstos van más lejos al pedir una revolución india o un gobierno 'obrero campesino' que expropie al capital y promueva una revolución socialista internacional.

Por otra parte, los sectores que quieren preservar el modelo neo-liberal creen que es necesario proteger a las áreas más prósperas o que tienen a los yacimientos petrolíferos mediante autonomías. Incluso, dentro del regionalismo 'camba' hay quienes plantean la posibilidad de ir hacia una separación.

Esta última alternativa implicaría la primera división de una república sudamericana en un siglo y crearía nuevas pugnas internas y externas entre vecinos.

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