Una vez más, el presidente Carlos Mesa se mostró alineado a las poderosas petroleras que operan en Bolivia. “Coincido con Repsol en que se debe garantizar la seguridad jurídica”, dijo el mandatario al periódico español La Vanguardia. Su posición es contraria a la de los movimientos sociales que organizan protestas para obligar al Parlamento a elevar las regalías que las petroleras pagan del 18 al 50 por ciento.

Esta es la entrevista publicada en el sitio web de La Vanguardia (http://www.lavanguardia.es/web/20050313/51179283924.html)

-El dirigente cocalero Evo Morales, líder del MAS, exige a las petroleras que abonen al Estado el 50% de sus beneficios. ¿Es viable?

-No. Por una simple y sencilla razón. El porcentaje de regalías (beneficios) que abonan las petroleras no se puede tocar porque es parte de un contrato. Si se alterara unilateralmente, se vulneraría la seguridad jurídica y podrían llevarnos a un arbitraje. Por el contrario, los impuestos son potestad privativa del Estado, y las empresas no pueden intervenir. Si yo le digo a Evo Morales que voy a recaudar la misma cantidad de dólares con el 18% en regalías y el 32% en impuestos, no tiene argumento para sustentar su tesis.

-¿El sistema autonómico que se va a crear en Bolivia se inspirará en el modelo español?

-Diría que lo tenemos en cuenta más de la cuenta. Es el modelo sobre el que se está trabajando y se hace el gran debate en el país. Es nuestro referente.

-¿Podrían optar por la independencia las provincias de oriente, más ricas y muy distintas a la Bolivia andina?

-No hay posibilidad de secesión. Ni por deseo, ni por realismo. Salvo algún grupo radical, no hay voluntad de independencia. Ni los más duros en sus propuestas autonomist as se plantean la posibilidad de separarse. Desde el punto de vista práctico sería suicida la secesión por la ubicación geográfica de Santa Cruz y su vinculación en producción y mercados con el occidente de Bolivia.

-¿Cómo ve la intromisión del presidente Hugo Chávez en los asuntos internos de Bolivia?

-He expresado mi preocupación al presidente Chávez por la declaración que realizó sobre Santa Cruz. Dijo que “un grupo de oligarcas financiados por Estados Unidos quiere dividir Bolivia”. El canciller boliviano transmitió nuestro malestar. No fue una declaración prudente. Por lo demás, el presidente Chávez ha tenido una actitud muy positiva con Bolivia. Ha dado gran respaldo, que valoraré siempre, a nuestra reivindicación marítima. En consecuencia, hay una de cal y otra de arena. En términos generales, la relación del presidente Chávez con Bolivia ha sido correcta, pero en el tema de Santa Cruz había que hacer una observación.

-¿Le preocupa la influencia que ejerce Hugo Chávez sobre Evo Morales, quien parece jugar a la desestabilización del país?

-En este tema debo ser muy prudente. La relación personal de amistad que pueda tener el presidente Chávez con el señor Morales es decisión suya. En la medida en que sea manejada en el marco del respeto mutuo y de la soberanía boliviana, yo no tendré nada que decir. No poseo ningún elemento, más allá de la observación que le comenté, que me permita ir más lejos.

-¿Evo Morales es más agitador que político?

-Su partido, el MAS, es el primero del país. Ahora, Evo Morales está en un proceso de transición. Estaba construyendo un proyecto político, empezaba a trabajar con una mirada más de dirigente de partido que de líder sindical. De pronto, dio un salto atrás. Ahora lo veo mucho más como líder sindical, no digo agitador, que como dirigente político. Se ha aliado a grupos ultrarradicales que habrá que combatir con las armas de la democracia. Es imposible convencer a un radical de que entre en la estructura de la democracia y en sus reglas.

-En Bolivia se comenta que su forma de gobernar ha sido demasiado angelical. ¿Le faltó autoridad?

-Es un equilibrio difícil cuando tienes una sociedad con un Estado tan débil. Y no es un Estado débil por la forma de gobernar del presidente Mesa. Ya lo era con Sánchez de Lozada, Quiroga o Banzer. Los tres trataron de que ese Estado débil reaccionara con la fuerza de la ley: el resultado fueron 200 muertos. Yo dije: “Vamos a intentar que el Estado débil al menos respete los derechos humanos y la vida”. Tiene costos, como que te digan que no gobiernas. Llevo un año y cuatro meses gobernando con esa lógica. No he tenido muertos ni sangre, he resuelto conflictos y he cedido mucho menos que los tres presidentes que me antecedieron. Vamos a intentar que se ajuste la aplicación de justicia a quien cometa delitos, que en el pasado ha sido laxa. Se actuará en función del ejercicio de violencia de los radicales.

-Es la única persona que ha plantado cara a Evo Morales, con críticas muy duras. El país cerró filas con usted. ¿Puede empezar el declive del líder del MAS?

-Aquí hay una verdad de puño. Sin la clase media, Evo Morales no puede ser presidente. Así de simple y de claro. Corre el riesgo de enajenarse a la clase media. Hace cuatro o cinco meses era una firme opción presidencial; hoy tendría que revisarse. Evo Morales está en una línea de radicalización que no le hace ningún favor a su proyecto personal de llegar a la presidencia de Bolivia.