Compañeros:

La “cultura” siempre fue la cenicienta en las políticas estatales democráticas. Nunca hubo fondos suficientes para impulsar políticas desde el IBC o desde el Viceministerio. Se vive de limosnas. Eso se reproduce en otros ámbitos como el Conservatorio Nacional de Música o CONACINE.

Pero, ante este conflicto que se planteó con relación a los 4 cineastas que defendemos ?y que, en el fondo, no es más que la punta del iceberg de una pelea de las migajas que puede repartir el CONACINE-, con el colectivo con el cual trabajamos nos hemos planteado la que consideramos la contradicción principal: la “cultura” ?como decíamos- burocratizada, elitista, centralista (como bien señaló Ramón Rocha) y oligárquica frente a LA CULTURA que es el conjunto de manifestaciones que reflejan lo que somos, la vida y las costumbres de nuestro pueblo ?y dentro de él, los 32 grupos étnicos que conforman la mayoría nacional-, en síntesis: nuestra identidad.

Esa CULTURA en Bolivia siempre estuvo viva y nunca dependió del dinero del estado para encontrar sus cauces de expresión (pensemos en el Carnaval de Oruro o en el Gran Poder, en la producción de textiles en Chuquisaca y Potosí, hay miles de ejemplos). Sin embargo, creemos que en este momento de emergencia nacional y de cara a la Asamblea Constituyente, sería deseable de una buena vez desterrar esa visión elitista y aristocrática de la “cultura” e imponer dentro de la esfera de lo estatal, el paradigma de una necesaria reivindicación y apoyo a nuestra CULTURA que, desde nuestra óptica, es popular, indígena, social y mayoritaria.

En ese sentido, en el campo de la producción audiovisual, hoy vemos con claridad como se expresa esa contradicción: para empezar porque, precisamente, las víctimas de esta visión elitista son los creadores que se han recostado en lo popular y que ahora se pretende sacrificar en el altar de “la ley” y del “mercado”. Ni la ley sirve tal cual está para un país pluri multi como el nuestro, ni el mercado puede determinar los rumbos ni menos condicionar la producción audiovisual en un país como el nuestro.

Piensen algunos de estos ejemplos: ¿Cuándo vamos a encarar un proyecto global de rescate del patrimonio oral de cada una de las etnias bolivianas? ¿Cuándo vamos a poder trabajar en películas o videos didácticos sobre nuestra historia, nuestra geografía, nuestros héroes?

Y no hablo de un video, sino de cientos: como sucede con internet que, efectivamente, democratizó el acceso al correo, nos preguntamos: ¿Cuándo vamos a democratizar el acceso a la posibilidad de producir y registrar imágenes en movimiento?

Al lado de “mega” producciones de 400-500 mil dólares (una cifra colosal para el ámbito “cultural” boliviano y que puede ofender, y con derecho, a muchos) y de los 25 pesos que cuesta la entrada a un cine, es evidente que hay que encontrar nuevos canales para fomentar la expresión y la promoción/difusión culturales.

De ahí que hemos propuesto la creación del FONDO DE FOMENTO A INICIATIVAS POPULARES (FFIP) donde ?con la sola garantía de la realización de la obra- cualquiera puede obtener hasta 10.000 dólares para producir y difundir un trabajo audiovisual, sobre todo en el género documental.

Este fondo estaría abierto a personas individuales pero también a OTBs, sindicatos, municipios, organizaciones culturales y sociales, etc. TENDRÍA UN FIN SOCIAL (NO de mercado), es decir, contribuir, desde la comunicación, a la difusión de proyectos, preservación de patrimonio, apoyo a iniciativas productivas, apoyo a la educación y a la salud, promoción cultual, temas históricos, etc. La definición de estos parámetros y alcances es la tarea que debemos encarar en conjunto.

Lo más importante es que este fondo no es una utopía. Los recursos existen: ante la aprobación de la nueva Ley de Hidrocarburos (así no nos guste), ahora hay varios cientos de millones de Dólares más para repartir. Creemos que sería correcto, al menos, exigir 1 millón de dólares /año para este fondo.

En los hechos, sería la herramienta para poder producir 100 documentales por año. ¿Se imaginan las posibilidades para poder difundir la cultura de nuestros pueblos, nuestros municipios, nuestras provincias, nuestros departamentos?

Pero para que esto sea posible debe cuajar en un movimiento que lo respalde. Desde ya, ante tanta solidaridad despertada por el caso de los “cineastas discriminados”, eso tiene buenas perspectivas pero ustedes podrían, a través de sus oficios, darle vuelo al tema y comenzar a producir artículos que generen debate y amplificación del asunto. En todo caso, hay está el ejemplo de Ramón Rocha que ?con su pluma ojovidriesca- lanzó un dardo precioso y que valoramos todos?

¿Qué les parece? Desde ya, estamos a disposición para lo que deseen y esperando ansiosos vuestros escritos para poder replicarlos por la red y romper el cerco de la “cultura oficial”. Hasta ahora, y gracias también a ustedes, lo hemos logrado. Así que adelante. La única batalla indigna es la que no se libra.

Bueno, eso es (por ahora).

Fraternalmente,

Pablo Cingolani

Periodista