Para quien escribe, argentino de nacimiento, los uruguayos no son ni mis parientes, ni mis primos, ni mis vecinos, sino mis hermanos porque todos somos hijos de Nuestro Gran Padre ?como le decían los guaraníes- y que no es otro que el General de los Pueblos Libres, el inmortal José Gervasio de Artigas, el único líder revolucionario del Sur de origen popular y con base social.

Hoy, esa memoria también asume el gobierno de la República Oriental. Porque hoy asume el pueblo, el pueblo pobre del Uruguay y con él, todos sus héroes y sus mártires.

Asume también la más importante experiencia de construcción de poder popular que se recuerde en América del Sur, una experiencia de más de cuarenta años de acumulación histórica, lograda a través de la suma de todas las metodologías de lucha, desde el sindicalismo agrario a la lucha armada, desde el sufrimiento del terror, la cárcel, el asesinato y la desaparición forzada de personas a la participación democrática, desde la frustración del fraude y la coalición de todos contra el pueblo a la victoria, limpia e incuestionable, que llevó a Tabaré a la primera magistratura de su país, en representación de todos los uruguayos pobres, de todos los uruguayos que no han perdido ni la esperanza ni la dignidad, y también en representación de todos nosotros, de todos aquellos que seguimos creyendo que el pueblo existe, que se merece justicia y solución a sus problemas, que se merece respeto como principio y fundamento de lo que somos como nacionalidad y como mayoría que día a día construye el destino que soñamos todos.

Hoy, ese pueblo asume el desafío de cambiar al Uruguay y todos, todos aquellos que en la lucha o en el fondo de nuestros corazones, sentimos que está volviendo la hora de los pueblos, estamos allí, en Montevideo, en Paysandú, en Rocha, en Canelones, esperando que esa semilla que el pueblo uruguayo plantó y cuidó por tantos años, por tantas décadas, se convierta en un árbol lozano que brinde amparo y felicidad a sus hijos.

Hoy asume el pueblo y la memoria de Artigas y la memoria de ese otro patriota grande que fue Raúl Sendic que nos enseñó que el único camino para vencer a las fuerzas oligárquicas de la anti nación es siempre la unidad, la unidad de todas las fuerzas populares, la unidad sin exclusiones, la unidad que ?como está visto- puede unir a tres generaciones en una misma lucha.

Mi homenaje también para Sendic: no en vano, es preciso recordar desde aquí, desde el corazón de los Andes, que la organización armada que encabezó, honraba el nombre del gran rebelde indio americano: Tupac Amaru.

Hoy, somos todos tupamaros, somos todos artiguistas, somos todos uruguayos.

La Paz, Bolivia, 1º. de Marzo de 2005