El Alcalde de El Alto presionará con los alteños para que Bolivia firme el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Paralelamente a que en el cabildo del 28 de enero de 2005 en Santa Cruz, era significativa la presencia de una clase media antes residente en La Paz.

Tanto La Paz como El Alto están cayendo económicamente. Aunque el porcentaje de manifestantes paceños entre los 300.000 asistentes al cabildo de Santa Cruz no era importante, para una ciudad como La Paz es significativo, en virtud precisamente de que se trata de un grupo social que parecía representar el último bastión de los que nunca ejercieron cargos públicos o dependieron de ellos. Es decir, de esa gente altamente formada y experimentada que no necesita del empleo público para sobrevivir o destacar. Ese reducido mundo de las iniciativas propias o del desempeño magistral o de la responsabilidad extrema, que constituye lo mejor de una ciudad. ¿Qué puede ocasionar semejante sangría de una fuerza que era motor importante de varias actividades privadas? La fatiga de ser asediado por cuanta autoridad pública existe en Bolivia a pocas cuadras del negocio establecido, o de ser sometido al pago de impuestos mientras los gremialistas ocupan veredas, calles, plazas que también destruyen a su antojo, contribuyendo mínimamente a mantener el aparato estatal. Paralelamente a las continuas manifestaciones con dinamitazos incluidos, que bloquean las principales avenidas y calles, incluida la autoruta al aeropuerto. Sin hablar de los paros intempestivos. En fin, estar a la merced de cuanto obstáculo puede existir para el desempeño de cualquier actividad generadora de riqueza. Evidentemente, de esta minoría nadie se preocupa porque no es significativa en las elecciones o decisiones democráticas. Presentes ahora en Santa Cruz, ciudad también con fuerte crisis económica, están decididos a dar lo mejor de sí.

Peor en El Alto, donde se hicieron demostraciones violentas que terminaron atentando a varias industrias, por lo que muchas decidieron trasladarse a Santa Cruz casi en forma intempestiva, cuando se considera que una opción de esta índole debe ser producto de varios años de preparación. Ahora el Alcalde Paredes está haciendo todos los esfuerzos para que su ciudad sea la que mejor condiciones ofrece a toda nueva industria que se instale. Sin embargo, pocos empresarios correrán el riesgo de los que ya fueron afectados con el odio demostrado hacia ellos por parte de una importante cantidad de exaltados que los querían destruir y a varios los tiraron a la lona para siempre. En este momento, por ejemplo, la posibilidad de invertir USD 2 millones en una industria relacionada con el gas natural demostró que El Alto ofrecía más ventajas que Santa Cruz, comenzando con el precio de 4 hectáreas con galpones de 3.500m2 en USD 400 mil contra el doble en la ciudad cruceña. Pero pocos quieren pasar los momentos que algunos industriales vivieron en octubre de 2003 en El Alto. Su Alcalde ahora, incluso contra corriente de lo que seguramente la mayor parte de los fundamentalistas alteños propugnan, amenaza que con una marcha los alteños obligarán al gobierno a aprobar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, porque vislumbró un desastroso efecto para los pobladores de esa ciudad alteña por la ausencia del acuerdo comercial bilateral. Difícil tarea la de convencer que los enemigos de la empresa privada en El Alto, al presente han cambiado y la saludan como bienvenida.