Mujeres, drogas y leyendas
El puente sobre el río Acre
Pablo Cingolani
Lula avanza: acaba de inaugurar, junto con Mesa y Toledo, una obra sin dudas histórica: un puente que una Cobija con Brasileia sobre las aguas de un río mítico que parte en dos un territorio no menos legendario: el Acre.

Mujeres, drogas y leyendas

El puente sobre el río Acre

Pablo Cingolani

Lula avanza: acaba de inaugurar, junto con Mesa y Toledo, una obra sin dudas histórica: un puente que una Cobija con Brasileia sobre las aguas de un río mítico que parte en dos un territorio no menos legendario: el Acre.

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Un mapa preliminar diría que en el Acre ?como en toda región poco conocida- existieron monstruos, mujeres de extrema belleza, alucinados, reinos devorados por el tiempo. Desde ya, todo eso existió pero hay más: guerras de distinta intensidad y hasta un grupo esotérico consumidor de ayahuasca. Ubiquémonos: el Acre está situado en el corazón de la Amazonia y es compartido por dos repúblicas sudamericanas, divididas justamente por el río homónimo.

En Bolivia, la selva lleva el nombre de un antiguo explorador y ex presidente de la República: figura en la cartografía como Departamento de Pando. En Brasil, es un Estado Federal que conserva el topónimo del siglo XIX. Una guerra y la diplomacia determinaron que fuera así con un detonante imposible de evitar: en los tiempos del primer auge imperial y de la expansión de la segunda revolución industrial, la selva sin fronteras poseía uno de los recursos fundamentales para la consolidación del mercado: caucho.

La guerra ?como todas las guerras- pasaría a ser un recuerdo ?incluso la capital boliviana recuerda a un lejanísimo puerto situado en la costa del Pacífico y que fuera capturado por tropas chilenas en 1879, dejando a un lado su nombre original, Bahía, por el que también murieron soldados y oficiales bolivianos- pero el caucho seguiría signando a este rincón del mundo.

En 1975, en Brasileia precisamente, en la orilla norte del río de marras, se fundó el primer sindicato de trabajadores del caucho (o seringueiros) del mundo. Ese día llovía con ferocidad pero en la selva es habitual que así suceda y a quienes fueron elegidos por esa inusual asamblea de desarrapados como presidente y vicepresidente de la organización, los ganaderos y fazendeiros ultraderechistas y sus pistoleros los cocerían a balazos uno detrás de otro: primero a Wilson Pinheiro, después a Chico Mendes.

Cuando lo mataron a Chico ya era lo que sigue siendo: el paradigma de la defensa incondicional de los bosques amazónicos, claves para la supervivencia del planeta entero. Ya había ganado celebridad y premios que compartía con sus compañeros caucheros, ya era un héroe para los verdes de todo el planeta, pero igual lo fusilaron en 1988.

La notoriedad internacional del asunto puso al Acre en el mapa del mundo políticamente correcto y al Partido de los Trabajadores ?en el cual militaba Mendes- en el poder del estado: desde entonces, no pierde nunca las elecciones y por eso en la foto del día que inauguraron el puente, 11 de agosto de 2004, al lado de Lula, Mesa y Toledo, estaba Viana, otra institución acreana, el gobernador permanente.

Por eso también, vale anotar, Lula ?el capo del PT- nombró a Marina Silva, una seringueira, como ministra de medio ambiente de su gobierno. Pero ella no salió en la foto.

Hallazgo psicotrópico de las Amazonas

Cuando no había puente, se operaba así: “Para ir a Bolivia solo tenía que caminar calle abajo bajo el sol y cruzar el río. (?) los barqueros eran los encargados de pasar el río Acre y cobraban medio real. Esa era la frontera. Pero no había aduaneros ni policía, nadie te pedía pasaporte”. Quien narra es un periodista español llamado Juan Madrid que anduvo por Cobija hace unos años en una de las etapas de lo que bautizó como “un viaje imposible”. Había salido de Europa convenciendo a un editor de Espasa que un amigo suyo de la niñez, un tal Diodoro, poseía un mapa para llegar al Reino de las Amazonas, las mujeres guerreras que describió Gaspar de Carvajal, el cronista de Orellana, el primer europeo que navegó el curso completo del río más caudaloso de la Tierra, en 1542.

El editor le adelantó dinero y el otro se lanzó a la búsqueda, ficcional o quien sabe: el libro es imperdible pero adolece del mismo defecto que adolecían las crónicas escritas por los antiguos conquistadores hispanos: confunde deliberadamente o no (Todo lo demás es literatura, aseguró Henry Miller) algunos lugares, quemando archivos, brindando pistas falsas.

Tras trajinar de norte a sur el infierno verde, encuentra a las Amazonas pero en ¡un viaje de ayahuasca! La trampa: Madrid afirma que encontró a los adeptos del CEFLURIS ?Centro Eclético da Fluente Luz Universal Raimundo Irineu Serra- en Marabá, cerca de Belem do Pará, en la desembocadura del Amazonas, cuando en realidad los seguidores de don Irineo, el Santo Daime y la ayahuasca son todos residentes en el Acre y se congregan en los alrededores de Río Branco, la capital estadual y otro motivo para cruzar el puente. Yagé, natema, pinde, cadana son los nombres nativos de la planta, una liana treparadora para ser exactos. Nombre científico: banisteria caapi. En quechua, ayahuasca significa “liana de los sueños” o “soga del muerto”. El más adicto de los escritores contemporáneos escribió en Yonqui: “dicen que aumenta la sensibilidad telepática (?) talvez descubra en el yagé lo que he estado buscando en la marihuana, en la heroína y en la coca. Quizá el yagé me provoque esa sensación definitiva.” Irineo Serra era un hombrón de dos metros de altura y trabajaba para el mítico General Rondón en la demarcación de límites. Los indios de la Amazonia peruana le enseñaron a preparar la pócima que el llamó Daime, de dai me (dámelo). Hacia 1930, nació el culto que sincretiza creencias amazónicas, católicas y africanas (Irineo era negro). El santón e ideólogo murió en 1971.

“-Toma, hermano, que el príncipe Titongo te dé luz. -Aleluya- le contesté, y me lo bebí de golpe.”-cuenta Madrid que así se metió la ayahuasca en el cuerpo. “Entonces las vi. Avanzaban corriendo por entre los árboles (?) completamente desnudas, gloriosamente desnudas (?) eran las Amazonas, las mismas que vio Carvajal. Corrí en su busca.”

En la mira¸±o, el trance ayahuasquero, Irineo se encontraba con un espíritu que se identificaba como la Reina de la Floresta. Todas las tribus de la Amazonía, desde Colombia hasta el Beni, conocen y utilizan la ayahuasca: es la droga emblemática del complejo cultural amazónico. Hay un libro carísimo del Fondo de Cultura Económica de México que recoge un sinnúmero de relatos y leyendas sobre las visiones que procura la planta. Si uno no desea, a pesar de la ventaja del puente, viajar tan lejos, yo empezaría por Rurrenabaque. Final de la historia de Juan Madrid: cuando volvió en si tras la intoxicación y la resaca, a su lado estaba Diodoro, sonriente. Se fueron a tomar cerveza a un bar de Marabá y de mala muerte.

La niña de las selvas

El coronel y explorador británico Percy Harrison Fawcett celebró la navidad de 1906 en la casa de un comerciante en Cobija. Luego, partió en la que puede ser considerada como la primera navegación histórica de la totalidad del curso superior del río Acre, terra incognita incluso en esos tiempos de fiebre cauchera: no hacía mucho una expedición de ochenta hombres que había encarado hacia el Río de las Piedras, que tiene su fuente no lejos de la del Acre, había sido destrozada por los Inaparis, una etnia que hoy ?es un supuesto- está desaparecida pero a la que algunos siguen asociando con la celosa custodia del Paititi, la ciudad sagrada de los últimos Incas, perdida en medio de la floresta. Fawcett fue dejando atrás una a una las barracas de los caucheros hasta la última, Yorongas, “más allá existía tierra desconocida, pues no había incentivo para explotarla debido a su creciente escasez de árboles de caucho y a los hostiles indios cateanas”. Los administradores le invitan café a su paso y los trabajadores, té de guaraná, un potente afrodisíaco, el cual “ningún brasileño de las selvas puede vivir sin él”. En el medio de la travesía, densa y demorada ya que subían corriente arriba y la bajura del río impedía el uso de motor, Fawcett encuentra a “la mujer más hermosa que yo haya visto”.

El inglés, un victoriano de cepa, parco para las emociones pedestres y -según el mismo afirma- abstemio, no ahorra palabras para alabarla: “Era una mestiza brasileña, de pelo negro, largo y sedoso, de rasgos perfectos y con un cuerpo magnífico. Sus ojos negros y enormes habrían incluso tentado a un santo, esto sin mencionar su influjo sobre un latino inflamable de las selvas tropicales”. Estamos en la jungla, el territorio de las Amazonas sudamericanas, y el coronel escribía bonito. Apuntó: “me dijeron que por lo menos ocho hombres habían muerto luchando por su amor y que ella misma había acuchillado a uno o dos”. Prosigue la descripción al milímetro: “Doce hombres la habían poseído hasta entonces y probablemente muchos más seguirían después”. Buen lector de Kipling, remata con el mito: “Era un diablesa, el prototipo viviente de la ´niña de las selvas´ de las novelas y el cinematógrafo y, por más de un motivo, peligrosa de contemplar”. El mismo Kipling en The explorer se inflama: “Hay algo oculto. Ve y descúbrelo. Anda y explora detrás de las montañas. (?) Está perdido y te espera.” Se refería a los Himalayas pero también podía estar haciendo alusión al Acre. Ve y descúbrelo.