Para evitar el colapso ambiental, el sistema capitalista estudia entregar a la administración privada los recursos naturales ¿La naturaleza en venta? Miguel Lora La casa de todos, la tierra, se degrada a cada minuto y el hombre, especie dominante, es el responsable principal. Su sistema económico depende de la madre natura y depreda muy rápido: economías avanzadas requieren alrededor de 300 kilos de recursos naturales para generar 100 dólares de ingreso. Agrava las cosas el hábito preferido de la especie, el consumo. La CAF calcula que la industria consume de 45 a 85 toneladas métricas de recursos naturales al año para satisfacer la demanda de cada persona.

¿La naturaleza en venta?

Miguel Lora

La casa de todos, la tierra, se degrada a cada minuto y el hombre, especie dominante, es el responsable principal. Su sistema económico depende de la madre natura y depreda muy rápido: economías avanzadas requieren alrededor de 300 kilos de recursos naturales para generar 100 dólares de ingreso. Agrava las cosas el hábito preferido de la especie, el consumo. La CAF calcula que la industria consume de 45 a 85 toneladas métricas de recursos naturales al año para satisfacer la demanda de cada persona.

Los recursos se acaban, el impacto ambiental se acumula, la población crece: en 50 años seremos 12 mil millones, el doble que ahora. La mayoría de los países elevaron a rango constitucional el cuidado ambiental y en dos cumbres mundiales se comprometieron a respetar el hábitat, pero de poco ha servido. El colapso parece inevitable.

El hombre toma más de la naturaleza de lo que puede reponer y el Estado es incapaz de hacer cumplir y aplicar los instrumentos jurídicos. Para evitar el desastre, el sistema económico vigente tiene un plan en marcha: encomendar el cuidado del ecosistema y de todas sus formas de vida a empresas que ?inviertan en medio ambiente?. Los ideólogos del libre mercado piensan que la administración privada y eficiente de los recursos naturales, aplicando instrumentos de mercado, garantizará la perdurabilidad y oferta de elementos de la naturaleza cada vez más escasos y valiosos. Pero no parece ser tan sencillo.

El movimiento ecologista analiza el fenómeno con más profundidad y descubre una contradicción entre conservación de la naturaleza y crecimiento económico, si se considera que el crecimiento depende del consumo creciente de materia natural y energía.

El patrón de desarrollo económico actual busca aumentar la extracción minera, descubrir petróleo, acentuar la explotación agropecuaria y promover el desarrollo industrial. Hoy, el consumo de energía es el indicador principal del nivel de ?desarrollo? de los pueblos. El capitalismo entiende al progreso humano como mero crecimiento económico y aprueba la expoliación del entorno natural porque sólo de esa manera se acumula capital y aumentan los bienes materiales.

La administración privada

Ya en 1972 el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) alertó que la naturaleza ?sobre la que descansan los procesos productivos? era limitada y finita. Advirtió que no se podía hablar de crecimiento continuo con recursos finitos.

¿Cómo enfrentar el problema? Aparecieron dos grandes tendencias: una que proponía re concebir el concepto de materia prima con énfasis en el reciclaje y otra que sugería cambiar las regulaciones supranacionales e incorporar instrumentos de mercado ?como los impuestos y tasas ambientales de contaminación? en la ?administración eficiente? de los recursos de la naturaleza. Fue un giro en la visión ambientalista que se dio en los 80.

Los activistas del mercado consideran a la naturaleza como una forma de capital, el ?capital natural?, que podría ser contabilizado en dinero. Especies de animales y plantas tienen valor monetario, como los recursos genéticos. Los recursos biológicos que se ubican en un territorio son de propiedad del país correspondiente, pero la propiedad intelectual y distribución de los beneficios de uso de los recursos biológicos ?pueden implicar compartir la propiedad de éstos entre varias naciones?. Por tanto la protección del medio ambiente sería una forma de inversión.

En esa perspectiva, la naturaleza o biodiversidad ya no es considerada como un todo; se la fragmenta y sus componentes pasan a tener dueño. Se entiende por biodiversidad al conjunto de especies de fauna, flora y microorganismos; la variabilidad genética de esas especies; y los ecosistemas.

Las tendencias del ambientalismo neoliberal bregan por una asignación de propiedad extensa de la naturaleza, lo que permitiría una ?gestión económica más eficiente del medio ambiente?. Admiten derechos de propiedad sobre formas de vida y ecosistemas y en forma más extrema de variedades genéticas de especies vivas, microorganismos y cultivos a través de patentes. Dividir la vida en sus componentes más básicos y dar derechos de propiedad es un ejemplo de extrema fragmentación de la vida, dicen los ecologistas.

Los mercaderes argumentan que una buena forma de maximizar el potencial de la ciencia es asegurar la propiedad de bancos genéticos, parcelas de tierra o mar o cuotas de explotación sobre recursos naturales.

Los activistas del mercado saben que en el futuro la efectividad de las economías no será determinada sólo por bolsas de valores o las reservas monetarias sino por la cantidad, calidad y sostenibilidad del ?capital natural?. De ahí que comenzaron a legislar el futuro ?biocomercio?, que promete fabulosas ganancias para iniciativas que comercien con agua, oxígeno, recursos genéticos y tierra. Ya existen porciones de ecosistemas privatizados en Chile, en la industria pesquera. Quienes disfrutan los recursos naturales encuentran en la apropiación de recursos la única salida para mantener sus condiciones de vida.

Mientras se resuelve el debate, la demanda energética mundial sigue en ascenso, tanto que países ?verdes? como Canadá comenzaron a flexibilizar sus leyes ambientales, convertidas en traba para las inversiones petroleras.

Límites del crecimiento

El crecimiento económico continuado con el patrón de desarrollo actual conduce al despeñadero, sea por acumulación de contaminación o por la extinción de los recursos. La experiencia muestra que el uso intensivo de los recursos naturales no asegura el desarrollo, dice un estudio del propio Banco Mundial en Asia.

Hoy, 20% de la población consume el 80% de los recursos, una minoría rica ?que vive en casa espaciosa con aire acondicionado, vehículo para cada miembro familiar, que viaja en avión con frecuencia, usa productos desechables y genera mucha basura? consume la mayor parte de los recursos del globo.

Las naciones en desarrollo buscan emular a los países industrializados y cuando lo hagan la urbanización y la expansión agrícola y minera encogerán aún más el área natural si se tiene presente que la administración occidental cubre las necesidades básicas de sus habitantes a expensas de un alto consumo de energía y acumulación de problemas ambientales. Extender tal modelo a países atrasados es ?simplemente inviable desde el punto de vista ambiental?. Por eso los pobres tienen una carga doble: satisfacer sus necesidades primarias no resueltas ?alimentación, salud, vivienda y educación? y hacerlo con un modelo de desarrollo económico diferente, que no destruya el medio ambiente como se hizo en occidente industrializado, que en la actualidad es responsable de las tres cuartas partes de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases que lastiman la atmósfera.

Ecología versus economía

¿Cómo conciliar economía y ecología? Valorando los recursos de la biodiversidad e ingresando la naturaleza al mercado, dicen los defensores del modelo vigente. La asignación de valor económico a los elementos de la naturaleza reflejará lo que las personas estén dispuestas a pagar, ya sea para protegerla o apropiarse de ella.

El capital natural es el conjunto de activos de la naturaleza y no solo incluye fauna, flora, genes, la reproducción de especies y el soporte físico, sino también a los procesos que allí operan, es decir los flujos de materia y energía de los ecosistemas, útiles para el ser humano y valuables en el futuro. Esos procesos podrían ser convertidos en ?servicios ecológicos?.

Los ciclos ecológicos ?desde el agua a la regeneración de suelo? son considerados servicios derivados de los ecosistemas que también ruedan en el mercado. Se llaman servicios a la protección de fuentes de agua, la producción de oxígeno, la descarbonización de la atmósfera, el ciclo de nutrientes, la descontaminación de suelos y ríos, el manejo de residuos peligrosos y el reciclaje de residuos sólidos. Se calcula que el negocio de mitigar emisiones de gases de efecto invernadero puede oscilar entre 3 y 40 mil millones de dólares anuales.

Codiciada Latinoamérica

La biodiversidad se ha convertido en una riqueza estratégica de la región y Bolivia es uno de los países privilegiados. Latinoamérica tiene el 50% del patrimonio biológico del mundo, 40% de las especies de plantas y animales y la más alta diversidad florística del mundo. Los países andinos, denominados ?megadiversos?, encabezan la lista de los más ricos. En la Amazonía hay más de 2 mil plantas con propiedades medicinales o productoras de aceites, 4 mil especies son maderables. En los Andes existen centros de domesticación de diversas especies que se convierten en abastecedores de material genético. La región tiene enorme potencial para ofrecer servicios de estabilización climática y descarbonización de la atmósfera por sus bosques, enormes sumideros.

Se estima que el mercado de los productos naturales no maderables bordeará los 60 mil millones de dólares anuales; el de extractos vegetales medicinales 16.5 mil millones. El turismo basado en el entorno natural, más de 260 mil millones anuales.

Las financieras instan a los gobiernos de América Latina a crear sistemas precisos de valoración de servicios ambientales e incentivar la inversión privada. Proponen crear mercados de servicios en la gestión ambiental urbana con líneas específicas de mercado en zoocría, comercio de especies, desarrollo de recursos genéticos y mercados de reducción de carbono, interesantes opciones económicas del futuro.