Piojos

julio 7, 2004Publicado el: 6 min. + -
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Piojos Pablo Cingolani En la edición del nocturna de una de las redes televisivas más grandes de Bolivia, el delegado presidencial Francesco Zaratti dijo que él y Juan Carlos Virreira eran piojos; él con relación a la definición de la política petrolera del país, el otro con relación a un algo (inmenso, eso sí) que no alcanzó a definir.

Piojos

Pablo Cingolani

En la edición del nocturna de una de las redes televisivas más grandes de Bolivia, el delegado presidencial Francesco Zaratti dijo que él y Juan Carlos Virreira eran piojos; él con relación a la definición de la política petrolera del país, el otro con relación a un algo (inmenso, eso sí) que no alcanzó a definir.

En honor a la verdad, desde que se hizo pública la existencia del llamado Anexo D, Zaratti, locuaz como todo buen italiano, produjo una increíble catarata de declaraciones, todas sustanciosas, ya que descubren la temible improvisación o el inquietante cinismo con que se manejan los asuntos del Estado, es decir, los intereses de todos los bolivianos.

En un primer momento, en una declaración que distribuyeron todas las agencias informativas, Zaratti se escudó en la legalidad del citado Anexo y aludió a su sentirse mal en su ética por hacer uso de recursos provenientes de las petroleras para llevar adelante negociaciones y políticas que involucran a esas mismas petroleras.

Segundo acto, en los estudios de ATB, le confesó a Miriam Claros que los fondos del dichoso Anexo existían durante la gestión de Virreira como delegado pero que dicho funcionario no sólo no los usó, si no que las petroleras tampoco se los hubieran dado.

Finalmente, la auto alusión zoológica: el se considera un piojo y hace extensiva esta reveladora confesión a su antecesor en el cargo.

Como dijo el diputado cruceño Jerjes Justiniano, culipandeando ante las cámaras de televisión: Pobre.

Benedetti era el que escribió que uno no siempre hace lo que quiere pero que uno jamás debe hacer lo que no quiere. Eso se llama, precisamente, tener una ética. Que el Sr. Zaratti (o Zárate como le dicen los dirigentes campesinos) haga lo que no quiere hacer y después lo lamente, o es esquizofrenia o es caradurismo puro y duro. Si, además, eso es público y viene para justificar lo injustificable, entonces perdonemos a Carlos Sánchez: el no quería matar indios en Warisata, ni vecinos alteños.

La segunda verdad de Zaratti debería avergonzar a propios y ajenos: el sí hace uso de fondos que, legales o no, envilecen al Estado ?así se utilicen en Indonesia, Burundi o Mónaco, otro argumento que se esgrimió para, insisto, justificar lo injustificable- pero Virreira, no. Es más: a Virreira, las petroleras no le darían ni un api, así lo encuentren desnudo en la cumbre del Sajama. ¡Qué nutritiva confesión! El sigue atornillado a su cargo mientras, toda la población boliviana, sabe que a Virreira lo echaron de su cargo, justamente por denunciar y transparentar todo lo que Zaratti trata de justificar siendo injustificable y porque el tarijeño de las petroleras no aceptó no sólo api sino todas las presiones que cualquiera, como tan solo un poco de imaginación, pueda concebir.

Finalmente, en este inusitado tour de force de declaraciones, Zárate se saca la máscara: es un piojo.

La derecha siempre termina cayendo en esas comparaciones bestiales, animalizando al pueblo, a la oposición, animalizándose: nunca les alcanza el lenguaje para definir lo real y eso tiene una sola causa: siempre están abonando el terreno de nuevas y más creativas mistificaciones, siempre están tratando de ocultar el sol con un dedo, siempre están tratando de mamarnos.

Entonces, el ítalo funcionario confiesa: él, dentro de la estratégica política petrolera del país, es un piojo, es algo microscópico, casi nada. ¡Qué belleza! Frente a ese poder que invade países (hoy: Irak), que corrompe Estados, que envilece poblaciones, que degrada el ambiente, que mata, tortura y no se avergüenza (Bush, Cheney, Rumsfeld, son todos petroleros), aquí en Bolivia, una Nación al borde del abismo producto de la casi inexistencia y bancarrota del Estado pero, bendición o condena, poseedor de cuantiosos recursos hidrocarburiferos, uno de los encargados de negociar con ese mega poder hace su confesión de parte: soy un piojo. Señores de la Maxus, señores de Total, Señores de British Gas, señores petroleros: soy un piojo. Los viáticos que ustedes pagan, mis cenas, mis café con leche, los pasajes, se los pagan a un piojo. Eso sí: está todo bien firmado, así cuando ustedes nos quieren cobrar esas facturitas, esos "viatiquitos", no van a tener problemas: nosotros, aquí sí: como piojos, vamos a bajar la cabeza. Porque, además, seremos piojos pero sabemos que eso de usar el dinero del negociador con quien debemos negociar es antiético, "está mal" pero igual lo usamos, no como Virreira que no los usaba. Es decir, somos dos veces piojos pero bueno, ustedes saben: nos han pillado.

Para finalizar, que Virreira sea otra clase de piojo, del otro lado ?sumándose a las teorías conspirativas del sheriff Galindo que habló de un supuesto "grupo anti Referéndum"-, puede ser pero entendiendo ahora por piojo eso que molesta y que produce un malestar creciente: uno se rasca- rasca y el piojo, sigue; uno se rasca-rasca y el piojo, el tan maldito, sigue jodiendo.

Sí, estoy de acuerdo con usted, Sr. Zaratti, Virreira es esa clase de piojo: desde que fue nombrado delegado, el mismo cargo al que usted ya debería haber renunciado, no hizo otra cosa que joder. Que aquí, en Bolivia, los costos de producción son los más bajos del mundo y que los impuestos que pagan las petroleras son también de los más bajos. Que el contrato con la ENRON forma parte de la antología de la infamia. Que lo traigan a Revollo. Que esto, que lo otro: creyeron que echándolo del cargo, lo iban a callar. Ahora, volvió para hacer público los gastos reservados de YPFB, la ignominiosa caja chica que las petroleras tienen para pagarle los desayunos y los cuartos a todos esos funcionarios como usted, Sr. Zaratti, que en vez de decirle toda la verdad a la gente como hizo Virreira, mistifican, arman Referendums que nadie entiende, mistifican, quieren tapar el sol con un dedo, mistifican, quieren reinventar San Alberto, mistifican, mistifican, mistifican. Lean al Chueco Céspedes: igual que antes del 52. Pero, recuerden a Marx: la historia se repite como parodia. Por eso, Zaratti, el sheriff, el periodista, el "gonismo de izquierda" como dice García Linera.

Final: estoy seguro que el piojo Virreira seguirá molestando. Abran los ojos y sí, ustedes también, los de las petroleras: los piojos de la clase Virreira se están reproduciendo. Cuidado que un día se den cuenta que son 9 millones de piojos. 9 millones que quieren una patria digna. 9 millones que quieren volver a nacionalizar lo que siempre les perteneció, 9 millones que se cansaron de las mentiras, de las medias verdades, de todo esto. Cuidado: Todos somos piojos.

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