¿Para qué aumentar la producción mundial de alimentos valiéndose de la ingeniería genética si actualmente la agroindustria produce suficiente comida para todos? La FAO tiene una fórmula contra el hambre: Que los pobres coman transgénicos Miguel Lora ¿Para qué aumentar la producción mundial de alimentos valiéndose de la ingeniería genética si actualmente la agroindustria produce suficiente comida para todos? Eso preguntan los movimientos campesinos y ecologistas y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) les responde con un voluminoso informe que da un fuerte espaldarazo a la producción de transgénicos.

¿Para qué aumentar la producción mundial de alimentos valiéndose de la ingeniería genética si actualmente la agroindustria produce suficiente comida para todos?

La FAO tiene una fórmula contra el hambre: Que los pobres coman transgénicos

Miguel Lora

¿Para qué aumentar la producción mundial de alimentos valiéndose de la ingeniería genética si actualmente la agroindustria produce suficiente comida para todos? Eso preguntan los movimientos campesinos y ecologistas y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) les responde con un voluminoso informe que da un fuerte espaldarazo a la producción de transgénicos.

El informe 2004 de la FAO titulado ?Biotecnología: ¿respondiendo a las necesidades de los pobres?? propone un ?arreglo tecnológico? de los cultivos campesinos para atender el hambre mundial e indica que la biotecnología sería una solución considerando la creciente demanda de alimentos debido al aumento poblacional. Según la organización, el problema es que los transgénicos no llegan a los pobres como deberían pues no se trabaja en cultivos relevantes para los campesinos del Sur.

La FAO coincide con las grandes corporaciones al defender la idea de que los transgénicos contribuyen a la alimentación mundial, pero parece ignorar que el problema del hambre tiene poco que ver con la oferta o la carencia de comida y más bien parece ser un resultado de la deficiente distribución de la misma, interpreta la Vía campesina, la mayor red de movimientos campesinos y de agricultores del planeta.

En realidad, el hambre mundial aumenta a pesar del crecimiento de la producción global y de los transgénicos. En la actualidad ya se generan diariamente más de dos kilos de alimentos por persona y sin embargo la mitad de la población del planeta sufre hambre o desnutrición.Sólo para mencionar un ejemplo, Argentina produce 3.500 kilogramos de víveres por habitante al año, la mayor tasa del mundo, pero desde 1990 mueren a diario 55 niños, 35 adultos y 15 ancianos por enfermedades vinculadas al hambre. 450 mil personas fallecieron por deficiencias alimentarias en ese país entre 1990 y 2003 (1). De ahí que la Vía Campesina condene el informe de la FAO no sólo porque da un ?apoyo descarado? a la industria de los organismos transgénicos sino porque constituye un atentado contra la soberanía alimentaria, particularmente de los países del sur.

Y al parecer, estos activistas no exageran, pues el organismo de Naciones Unidas planea un modelo agrario que consolida las desigualdades sociales hasta en el plano alimentario. No otra cosa se puede pensar cuando la FAO revela que dos de sus prioridades a futuro son crear vínculos estrechos entre la modificación genética y el desarrollo agrícola, y el ?fomento de iniciativas en materia de fitomejoramiento (?) para obtener variedades particularmente adaptadas a las condiciones sociales, económicas y ecológicas de zonas marginales, especialmente en los países en desarrollo?. (2)

Los intereses que están detrás

Una buena parte de la comunidad científica piensa que la modificación genética de alimentos tiene móviles principalmente comerciales y políticos antes que altruistas. Es un hecho que los transgénicos reducen los costos de producción en los cultivos y que la alta rentabilidad de soya transgénica desplaza a otras pequeñas producciones intensivas. En este caso, es ilustrativa la experiencia de Argentina, que pasó de ser el granero del mundo a un monoproductor de soya forrajera transgénica.

Argentina dejó de producir alimentos para su población y en cambio se dedicó a la producción de commodities requeridos por el mercado mundial. Y la expansión incontrolable del monocultivo comienza a ocasionar severos problemas como la pauperización y la destrucción del empleo en zonas rurales, y la reducción de cultivos directamente vinculados a la alimentación popular como la papa, batata, lenteja, arveja y distintos tipos de maíz y hortalizas.

Se redujo más de 44% de la superficie cultivada de arroz; más del 26,2%, de maíz; 34.2%, de girasol; más del 3%, de trigo y 10 veces la superficie de algodón. Zonas como San Pedro en la provincia de Buenos Aires perdieron el 50% de los montes frutales y plantaciones de vivero para ser reemplazadas por cultivos de soja. (3)

Todos los críticos coinciden en que la soya transgénica, además de provocar contaminación genética irreversible (4), afecta a los suelos, a la biodiversidad y a los humanos. Algunos informes señalan que incide negativamente en el metabolismo del calcio y de la vitamina D, produciendo raquitismo en niños, caída de dientes, pérdida de esmalte dental y osteoporosis en adultos, entre otros efectos. (5)

Más allá de estas consecuencias, las cifras confirman que la pobreza e indigencia se multiplicaron en Argentina en el mismo período en el que la soya transgénica se instaló como cultivo principal. Es un hecho que desmiente los argumentos de Monsanto, Bayer, Syngenta, Dupont y demás corporaciones dueñas de la producción de semillas transgénicas que sostienen que los cultivos transgénicos servirán para resolver el hambre en el mundo.

Argentina rica y llena de transgénicos, con su escasa población para tan inmenso territorio hambreada y empobrecida demuestra la falacia sostenida por los vendedores de semillas, opina Alberto Jorge Lapolla, genetista e ingeniero agrónomo.

La FAO es consciente de que la industria biotecnológica está altamente concentrada en pocas empresas interesadas en el lucro, pero apoya la extensión de los sistemas de patentes y la aplicación de tecnología ?Terminador?, que produce semillas estériles en segunda generación.

?Las multinacionales quieren manipular nuestros cultivos para poder controlar toda la cadena alimentaria a nivel global, obligándonos a dejar la producción de alimentos y a tener que consumir sus productos en todo el mundo.Con su último informe, la FAO les provee la justificación para seguir contaminando nuestros cultivos?, opina Paul Nicholson, miembro del Comité Internacional de la Vía.

Según este dirigente campesino vasco, las agencias de Naciones Unidas comienzan a mostrar su verdadera cara: dicen ser organismos públicos, pero en realidad hacen el trabajo de legitimación a las transnacionales que promueven la agricultura industrial y la expulsión de campesinos de las zonas de cultivo.

Fuentes

(1) IDEP, cifras de distribución del ingreso en la Argentina, Nov 2003, citado por Alberto Jorge Lapolla, Ingeniero Agrónomo y genetista, ex docente de la UBA. Informe Ampliado de la disertación en el III Seminario del Día Mundial del Ambiente organizado por la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero: El Uso de la Tierra , 7 de junio de 2004.

(2) Tratado Internacional Sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO.

(3) Censo Nacional Agropecuario de Argentina 2002; Wálter Pengue Le Monde Diplomatique, Octubre 2003; Reporte del Ing. Agr. Adolfo Boy, ex director del INTA San Pedro.

(4) Un estudio de la UNAM, del Instituto Poltécnico y la Universidad de Berkeley denunció en México, que es centro de origen del maíz, contaminación genética endémica irreversible de los maíces originales. Se descubrió como contaminantes a las toxinas del maíz BT procedentes de Aventis, Monsanto y Novartis. Gian Carlo Delgado Ramos, UNAM, autor de La Amenaza Biológica: Daños producidos por Transgénicos. Enfoques Alternativos 12-03. El investigador de JICA K. Kobayashi, reportó que zonas de China con monocultivo de soya sufrieron desertificación casi irrecuperable.

(5) Adolfo Boy, mitos y verdades sobre la soja; Gabriel Sánchez y Virginia Fernández de Preliasco, Cátedra de Odontología Integral Niños, Facultad de Odontología UBA. Reportes varios en Revista Asoc. Argent. de Odont. para Niños Volº 31, Nº 1/4- 3-6-02.