La creación de una multinacional de la energía ya está en la agenda de Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia Petroamérica, la estrategia sudamericana para recuperar la soberanía energética Miguel Lora Por ahora, la propuesta de nacionalizar los hidrocarburos bolivianos es invalidada con el argumento de que el Estado es incapaz de desarrollar por sí mismo la industria energética, un negocio que es cada vez más costoso y competitivo por sus altas dosis de inversión, tecnología y know how.

Petroamérica, la estrategia sudamericana para recuperar la soberanía energética

Miguel Lora

Por ahora, la propuesta de nacionalizar los hidrocarburos bolivianos es invalidada con el argumento de que el Estado es incapaz de desarrollar por sí mismo la industria energética, un negocio que es cada vez más costoso y competitivo por sus altas dosis de inversión, tecnología y know how.

La nacionalización de los hidrocarburos es inviable, explican los detractores de la propuesta, porque el Estado boliviano no tiene 8 mil millones de dólares para explotar los campos por cuenta propia e indemnizar a las petroleras, y seguramente tampoco tendrá capacidad de crédito en el futuro porque nadie querrá prestar plata a quien no respeta la inversión privada. Entonces, ¿qué futuro tendría una nación sujeta al embargo financiero? Hay que andar con cuidado, ser racionales y prácticos. Nacionalizar es ir en contra flecha y auto condenarnos al aislamiento, advierten los escépticos del independentismo.

Pero, ¿qué ocurriría si Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) nacionalizado y sus colegas latinoamericanas Petróleos de Venezuela (Pdvsa); Petróleos de Brasil (Petrobras); Empresa Nacional de Energía de Argentina (Enarsa) y Petróleos de Ecuador (Petroecuador) dejan de competir entre ellas, se alían y forman una sola multinacional estatal que tome las riendas de la industria energética Latinoamericana? Pues ese conglomerado controlaría el 11,5% de las reservas mundiales de crudo y tendría el peso suficiente como para competir e influir en un mercado mundial de la energía dominado por oligopolios.

Sucede que esa multinacional, denominada Petróleos de América o Petroamérica, ha dejado de ser una posibilidad y pasó a la agenda oficial de al menos cuatro países. Argentina, Venezuela, Bolivia y Brasil han comprendido que es una “necesidad económica” hacer fuerza conjunta y sentar las bases para una verdadera integración regional que trascienda acuerdos comerciales como el Mercado Común del Sur (Mercosur) o la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Estos países intentan recuperar así la soberanía energética de esta parte del mundo antes de que el ALCA llegue con los bríos de una aplanadora.

El proyecto Petroamérica

La idea de dar vida a una multinacional regional surgió a mediados de la década pasada. Petroamérica, empresa que coordina negocios productivos y comerciales de energéticos en la región, fue mencionada por primera vez en 1995 en textos suscritos por los presidentes Fernando Henrique Cardoso y Rafael Caldera. Luego, el proyecto fue replanteado por el presidente Hugo Chávez.

Durante una reciente visita a Rusia, el ministro venezolano de Energía y Minas, Rafael Ramírez, explicó a Prensa Latina que se pretende integrar las empresas petroleras estatales de América Latina y del Caribe para que inviertan conjuntamente en exploración, explotación y comercialización de petróleo y gas natural. La premisa básica es que la compañía estatal sea una alianza de empresas nacionales que, respetando las decisiones soberanas y el marco jurídico de cada país, atienda el desarrollo de toda la cadena productiva en el negocio de la energía.

“Petroamérica no puede decretarse de la noche a la mañana. Por eso vamos construyendo acuerdos de cooperación en producción e intercambio tecnológico y logístico para que después el proyecto se concrete en alguna figura jurídica”, aclara Ramírez. La Organización Latinoamericana de Energía (Olade) tiene la misión de elaborar el marco jurídico y las bases históricas y estadísticas de la futura trasnacional.

Los primeros pasos

Venezuela y la poderosa Pdvsa se han convertido en el eje de la negociación. Chávez, que intenta concretar un acuerdo político convenciendo a los presidentes de que es preciso “unir nuestras empresas para no estar compitiendo entre nosotros y que nos sigan dominando”, ya logró convenios con Petrobras, Petroecuador, Cupet de Cuba y recientemente con Petrotrin de Trinidad y Tobago. Venezuela dio un paso hacia el Caribe al firmar con éste último un protocolo de entendimiento para el fortalecimiento de una industria minero-energética única operada por Pdvsa y Petrotrin. (1)

En 2002, Venezuela y Brasil firmaron el primer acuerdo de cooperación para la exploración y explotación conjunta de gas natural y petróleo que incluye la construcción de una refinería valorada en 300 millones de dólares en Belem do Pará, territorio brasileño, que será operada por Petrobras y Pdvsa. El funcionamiento de esta planta se articularía con la explotación de una red de estaciones de servicio en el noreste, la zona más pobre y sobrepoblada de Brasil. Pdvsa repetiría así la experiencia que desarrolló en Estados Unidos, en donde opera una red de más de 7.000 estaciones de servicio bajo la marca Citgo.

Venezuela también firmó con Ecuador un acuerdo energético binacional en el que Pdvsa se compromete a brindar apoyo para modernizar la estructura técnica, administrativa y operativa de su par ecuatoriana. El año pasado los dos países acordaron en Quito la conformación de la “Unidad Hidrocarburífera Regional” y por primera vez oficializaron el compromiso de crear Petróleos de América. Según el ministro de Energía y Minas de Venezuela, se acordó que Pdvsa y Petroecuador operen conjuntamente el sector gas y, a través de contratos intergubernamentales directos, intervengan en el comercio de gas licuado, gasolina, naftas, asfaltos y bases para la fabricación de lubricantes.

Bolivia y Argentina se suben al carro

En el Instituto Venezolano del Petróleo, dedicado a la investigación y desarrollo de tecnología, se piensa que los países que suscriban contratos con la estatal venezolana resultarán fortalecidos debido a la competitividad y ventajas comparativas de Pdvsa en materia petrolera.

Así lo ha comprendido el presidente argentino Néstor Kirchner, quien firmó un acuerdo de cooperación energética con Venezuela en octubre del año pasado y luego anunció que presentaría un plan energético de mediano plazo que contemple la asociación de empresas provinciales de energía, que todavía son de propiedad pública, con las petroleras estatales de Venezuela y Brasil, reveló el diario Página 12.

Hace poco se creó en Argentina la Empresa Nacional de Energía (Enarsa), con mayoría estatal, cuyo objetivo es incidir en el mercado local lastimado por la crisis. Kirchner no explicó cuál sería la fuente de financiamiento de Enarsa, aunque algunos analistas piensan que el aumento de impuestos a las exportaciones de naftas y gas natural fortalecerá a esa empresa.

Enarsa formaría parte de Petroamérica. Según las autoridades argentinas, esa empresa sería “un polo energético de fuste” que aportaría una importante masa de capital, autonomía frente al “chantaje de los oligopolios” y la posibilidad de recuperar la base científica y tecnológica de la industria energética argentina.

En Bolivia se sigue un camino parecido cuando se intentar refundar YPFB, empresa reducida al mínimo tras la privatización impuesta por Gonzalo Sánchez de Lozada. En un acuerdo de integración y cooperación energética firmado con Bolivia en este año, Venezuela se comprometió a dar asesoramiento técnico a Yacimientos dentro de la nueva política de hidrocarburos proyectada por el presidente Carlos Mesa.

“Ponemos a disposición del pueblo boliviano nuestra experiencia y fortaleza para respaldar todo el trabajo que están haciendo el gobierno y la sociedad para recobrar el control de sus recursos”, dijo en la ceremonia de la firma el ministro Ramírez. Ese día, el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Ignacio Siles, declaró que Petroamérica es una propuesta que Bolivia mira “con el mayor interés” y que en julio comenzarán las reuniones para analizar el proyecto en una comisión mixta.

Hace un poco más de una semana, el ministro de Energía de Argentina, Julio De Vido, anunció que es inminente una reunión con sus colegas de Brasil, Bolivia y Venezuela para analizar la creación de la multinacional. Un reporte de la agencia AFP indica que es muy probable que los ministros de energía se reúnan en la isla Margarita para definir una estrategia común que fortalezca la soberanía energética del sur en un mundo cada vez más dependiente de energía fósil.

Los motivos político-económicos

Desde que la Standar Oil llegó a Bolivia se escucha defender un argumento clásico que no ha variado en el tiempo: Sólo el inversionista extranjero es capaz de gastar millones de dólares para explotar en breve tiempo la riqueza ?que de lo contrario sería simplemente potencial?, y luego engordar los presupuestos estatales con abundantes regalías.

Pero las sucesivas experiencias con la inversión extranjera ?desde los acuerdos con la Standar, que no cumplió ni con las cláusulas más insignificantes del contrato suscrito en 1926, hasta los negocios de la Gulf a partir de 1956 amparados por el Código Davenport?, confirman que negociar con las gigantes de la energía no es más que rifar la riqueza “por un plato de lentejas”, como decía el parlamentario Abel Iturralde. (2) Los hechos históricos confirman que existe una severa contradicción entre las necesidades de la nación y los intereses de las corporaciones. La libertad total de las inversiones, una ciega política de adjudicaciones y la torpe subasta de materias primas en favor de monopolios extranjeros ha hecho de Bolivia un país inválido y descapitalizado. (3)

La necesidad de crear una industria energética única en Sudamérica, y bajo control estatal, parte del reconocimiento de ese fracaso y de la necesidad de atender una advertencia hecha hace 175 años por Simón Bolívar. “Los Estados Unidos […] parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”, advertía premonitoriamente el Libertador en 1829, un año de antes de morir. (4) El soldado sugirió entonces que la unión regional era indispensable para un continente que, apenas independizado de la monarquía, se dividía en decenas de pedazos. Pero las oligarquías que se quedaron al mando de cada uno de esos pedazos optaron por el aislamiento. Y hoy esa decisión representa una enorme limitante para afianzar la soberanía de la región, especialmente en materia energética.

La permanente alza de precios internacionales de los hidrocarburos, más la presión que ejercen las petroleras por la desregulación, pone en aprietos a la mayoría de los países, cuyos entes reguladores demuestran escasa capacidad de control. Es un absurdo que los productores de energía tengan que pagar tarifas como si fuesen importadores.

Entonces, conformar un bloque monolítico que retome el control de las industrias e incida en las negociaciones con países poderosos es fundamental, especialmente ahora que se debaten otros proyectos pseudo integracionistas como el ALCA, y que las trasnacionales privadas del sector también se fusionan. En los últimos años Exxon se alió a Mobil; British Petroleum (BP) a Amoco (que a su vez adquirió ARCO); Total y Petrofina juntaron sus activos, igual que Chevron y Texaco. En realidad, la Standard Oil (SO), desmembrada por decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos en 1911, emprende la tarea estratégica de la reconcentración.

Quienes impulsan Petroamérica piensan que la creación de un nuevo núcleo de poder es más que urgente. “Juntos tendremos mayor poder y fuerza de negociación. Nos identifican culturas semejantes, el idioma, historia y problemas comunes, pero para ello es vital consensuar acciones tecnológicas y comerciales para abaratar la energía en nuestros países”, apunta Ramírez.

La propuesta del ministro venezolano no es nada del otro mundo y hasta está respaldada por una resolución de la Asamblea General de la ONU de 1962 que instruye el respeto a la soberanía de los países subdesarrollados sobre sus recursos naturales. En la sociedad actual, donde la Organización Mundial del Comercio (OMC) tiene más poder e influencia que Organización Mundial de la Salud (OMS), es normal que los pueblos se asocien ?como lo hicieron los europeos? para poder competir con otros bloques y hasta con mega corporaciones privadas más grandes que los mismos Estados.

Considerando que los recursos energéticos de origen fósil son indispensables para el desarrollo de las sociedades industriales, salta a la vista que los Estados que no tienen soberanía energética mal pueden hablar de soberanía plena. Y para ejercer autonomía energética no es suficiente la “recuperación en boca de pozo”, como propone Mesa, sino garantizar el control monopólico de toda la cadena de producción, es decir las fuentes, los precios y la distribución de energía.

Como están las cosas, el nacimiento de Petroamérica, un intento de conseguir algo más que la soberanía formal, depende sólo de la voluntad política de los gobiernos interesados. Y para que los presidentes actuales tomen esa decisión, e inclusive nacionalicen a poderosas transnacionales que controlan toda la energía de América, precisan muchas agallas.

FUENTES

(1) www.pdvsa.pdv.com

(2) Petróleo, imperialismo y nacionalismo; Amado Canelas O.; Ed Altiplano, La Paz, 1963.

(3) Petróleo en Bolivia; Sergio Almaraz; Ed E. Burillo, La Paz, 1957.

(4) Granma, discurso pronunciado por Fidel Castro al recibir la Orden Congreso de Angostura en Ciudad Bolívar, Venezuela, el 11 de agosto del 2001.

Con datos de Veneres, World Data Service , Panorama, Página 12 y Soberania.info.

Petroamérica controlaría el 11,5%

de las reservas mundiales de crudo

Venezuela, México, Brasil, Ecuador, Argentina, Colombia y Bolivia, los principales países petroleros y gasiferos de la región, tienen la ventaja extraordinaria de poseer reservas y empresas estatales con experiencia técnica y administrativa para la fundación de la alianza. En Sudamérica sólo Paraguay, Guyana y Uruguay no son productores.

Según la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), la región en su conjunto detenta el 11,5% de las reservas mundiales de petróleo y es responsable del 14,5% de la producción total. Los países latinoamericanos tienen el 5,2 por ciento de las reservas de gas natural y producen el 7,5 por ciento del total mundial.

Sólo Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia producen 5,2 millones de barriles de petróleo diarios y 100 mil millones de metros cúbicos de gas por año. Los analistas dicen que se trata de una producción más que suficiente para tener una sensible influencia en el mercado mundial.

La producción venezolana actual está en el orden de los tres millones 300 mil barriles diarios, que corresponde con las cuotas establecidas por la OPEP.

En esas condiciones, la unión energética significaría una verdadera integración latinoamericana basada en la gran ventaja que significan los hidrocarburos. Se atraerían divisas necesarias para financiar el crecimiento económico y el desarrollo humano del continente.

Pero?

Se estima que en el mundo existen alrededor de 30 mil yacimientos, pero el 80 por ciento del crudo que se comercializa en los mercados internacionales se origina en los llamados yacimientos gigantes o supergigantes.

En el mundo hay una veintena de yacimientos supergigantes: 10 en Medio Oriente, 8 en la ex Unión Soviética, 1 en los Países Bajos, otro en México y uno en Venezuela. Esto hace suponer que América Latina no tiene las mejores perspectivas de ampliar su participación en el mercado.

Según el reporte de YPFB de 2003, las reservas de gas bolivianos ascienden a 54,9 trillones de pies cúbicos de gas natural (TCF).

Los 28,7 TCF de reservas probadas de gas representan 0,4% frente de las reservas mundiales (6.453 TCF); un 15,1% respecto a Estados Unidos, cuyas reservas son 189,7 TCF, y el 11%, de las reservas de Latinoamérica.