Cuidado, las capas más altas de la sociedad son capaces de sacrificar libertades democráticas a nombre de su seguridad personal Clasemedieros en un ataque de pánico Miguel Lora Hace cinco años que los clasemedieros soportan más que otros sectores los rigores de la crisis económica internacional y ahora, en su propio espacio citadino, ven con terror que una avalancha social de indios y otros marginados está a punto de desbordarse desde cerros y laderas.

Clasemedieros en un ataque de pánico

Miguel Lora

Hace cinco años que los clasemedieros soportan más que otros sectores los rigores de la crisis económica internacional y ahora, en su propio espacio citadino, ven con terror que una avalancha social de indios y otros marginados está a punto de desbordarse desde cerros y laderas.

Mueren de miedo y es lógico que una parte de ellos se organice, se presente públicamente como un órgano opositor a las hordas de bloqueadores y luego salga a las calles reclamando paz con banderas blancas y cintas prendidas al pecho. La polarización social es un fenómeno común a todas las democracias latinoamericanas y, por supuesto, Bolivia no es la excepción.

Cuando la COB convocó a la marcha del 1 de mayo comenzaron a circular los primeros mensajes en Internet que daban cuenta del grupo que se estaba formando. ?Somos personas honestas, pacíficas y profesionales que cumplimos nuestras obligaciones y creemos en una Bolivia tolerante (…) Queremos dejar de ser espectadores y participar en los cambios que necesita Bolivia, deseamos trabajar en paz y nos movilizamos por la democracia. No tenemos ningún interés político, sólo buscamos que se escuche la voz de esa gran mayoría que rechaza el enfrentamiento entre hermanos y convoca a una paz constructiva?, decían los activistas en sus correos electrónicos ?muchos de ellos enviados desde bancos (Bisa), ong´s y hasta de la cooperación internacional? e invitaban a todo el mundo a un acto diferente el 2 de mayo en el que se protestaría contra lo que ellos denominaban la agresión violenta y la irracionalidad de los sectores sociales que hoy están en conflicto.

Prometían un acto festivo y pacifico, con seguridad policial y cobertura mediática garantizadas. Pero algo ocurrió y la marcha se postergó una semana. Según los organizadores, el éxito de la iniciativa dependía de garantizar la pluralidad, es decir de que ?alguna gente del El Alto y de las laderas? se sume a la inusual protesta. Y las señoras comenzaron a aconsejarse por teléfono: ?llevá a tu empleada para que no aparezcamos marchando sólo blanquitos?.

Pese a la propaganda mediática ?ministros y presentadores de TV aparecían en pantallas con lazos blancos en la solapa?, pocos escucharon la convocatoria. El domingo 9 de mayo los reunidos ?la mayoría de clase media alta? ocupaban sólo un espacio de plaza San Francisco de La Paz. ¿Por qué tan reducida convocatoria?. ?Estamos todos, es obvio que los de clase alta no somos muchos?, explicó una dama asistente.

?Somos Bolivia, queremos paz?, decían los clasemedieros perjudicados por los reclamos diarios de las clases más bajas, pero ese domingo la realidad demostró que ni son toda Bolivia ni la paz se alcanza con sólo desearla. En uno de los países más injustos del mundo en cuanto a la distribución de riqueza se necesita más que un eslogan para domar a la plebe que jode y bloquea harta de tanta desigualdad.

La clase media

Pero, ¿cómo definir esa heterogénea bolsa de gatos denominada clase media contemporánea? Tradicionalmente se entiende que clasemediero es todo aquel que tiene algún negocio pequeño o una profesión liberal. Algunos son autónomos económicamente ?la pequeña burguesía clásica de Marx, que incluye desde carniceros de barrio hasta joyeros y profesionales libres? y otros asalariados, como los maestros, empleados públicos y profesionales en relación de dependencia.

Algunos son patriotas con educación universitaria, activos y creativos miembros de la sociedad con iniciativa de trabajo, elegante sencillez, vida familiar y religiosidad marcada; otros son consumistas desenfrenados que valorizan la belleza física y el poder adquisitivo, y reaccionan con apatía frente a su propia realidad.

Se puede decir que en este grupo tan heterogéneo sólo un rasgo común parece igualar a casi todos: el reconocimiento de la jerarquización social como norma inflexible de convivencia, aunque esa legitimación signifique un destino trágico. La clase media jamás quisiera ser clase media o descender hacia los estratos inferiores y vive atormentada por lo dificultoso que le resulta ascender. Y esa inestabilidad la sume en el más profundo estado de angustia.

Ni aristócrata ni proletario, el clasemediero se roza con la élite y la plebe y se alimenta de ambas. Esa podría ser la explicación de su fertilidad intelectual y de su particular aptitud para gobernar pueblos y ocupar cargos directivos.

Pero de nada sirven los privilegios si no hay seguridad. Los caballeros ternológicos y otros miembros de las clases superiores están rodeados de miseria y comienzan a sentirse intimidados por los de abajo. Comprenden que los valores y creencias que legitiman la estratificación son reflejo de los intereses de los poderosos. Y como son pocos los que se benefician, esa jerarquización tiende a ser inestable con el tiempo.

En tal grado de inestabilidad y desconfianza es normal, indican los psiquiatras, que aparezcan en filas clasemedieras serios cuadros de disociación psicótica, pues el miedo afecta la calidad de vida y nubla la percepción. (1)

Ciega y atormentada

Por prejuicio o tal vez herencia cultural, el razonamiento de las clases medias y altas suele partir del supuesto de que los blancos son superiores y representan lo moderno ante “lo primitivo”, la civilización frente a la barbarie. Una gran mayoría cree firmemente en que el grado de evolución de una sociedad se mide según su proximidad a la sociedad occidental. De ahí que la contraofensiva del Departamento del Estado identifique al movimiento antisistémico latinoamericano como una especie de ?fundamentalismo indígena premoderno? que contamina a Latinoamérica. (2)

Con ese código parecen estar programadas las capas sociales altas que salen a marchar por paz y democracia en abstracto sin reparar en las causas estructurales históricas y económicas de la violencia. ¿Cómo esperar paz duradera cuando continúan vigentes las causas sociales, políticas y económicas que desencadenaron la insurrección de octubre en La Paz, El Alto, Cochabamba y pueblos del altiplano?

Un reciente estudio de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Caritas indica que el 20% más rico de la población boliviana recibe hasta 60 veces más de ingreso que el 20% más pobre. En el año 2002, el 10% del total de la población ?aproximadamente unos 830 mil habitantes? se apropió de más del 46% de todos los ingresos generados en el país, en tanto que el 10% de los más pobres se tuvo que conformar con menos de 0,17%. (3)

En otras palabras, los ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres y la Iglesia sale al paso para decir que esa situación es un ?pecado social?. Cualquiera que tenga dos dedos de frente comprende que un sistema con tanta inequidad es insostenible, pues la desigualdad se traduce en inestabilidad política y violencia.

Pero ya sabemos que la clase media nativa no se caracteriza precisamente por sus habilidades perceptivas o su sensibilidad social frente a la situación de la mayoría. Será por eso que en los últimos años las acciones revolucionarias, ?y hasta las caritativas? se gestaron en las clases bajas antes que en la intelectualidad.

Es que el clasemediero está predispuesto a defender la sociedad dual, a cerrar los ojos ante la desigualdad y la corrupción y a encontrar disculpas al fracaso neoliberal si eso le garantiza estabilidad, buenos negocios o el mantenimiento de su nivel social. Su adhesión y subordinación ideológica a la clase superior es más que circunstancial.

El hombre de capas superiores prefiere las heridas que le inflinge el capitalismo antes que arriesgarse a un difuso cambio que podría implicar la pérdida de sus propiedades, su imagen y su dudoso estatus. Y mientras más certidumbres pierde, más conservador y defensor del statu quo se vuelve. Así, atormentado y en permanente conflicto, el hombre más instruido de la sociedad termina convirtiéndose en el ser que más fácilmente se aleja de la realidad, aunque sea una paradoja.

Los peligros de la manipulación

No es descabellado pensar que los ingenieros de la opinión pública se aprovechen de las debilidades emocionales y del temor que sienten amplios sectores de las capas medias para articular un discurso que contrarreste la progresiva radicalización política de las masas.

En realidad la derecha reacciona a la radicalización con un plan de contingencia que se apoya fuertemente en los medios y en los miedos. Y si se toma en cuenta la experiencia argentina y venezolana, los miembros de la clase media y de los sectores menos politizados aparecen como los más expuestos a la manipulación.

El primer paso de dicho plan de contingencia es exacerbar el temor a que la ?chusma?, plebe o como quiera llamarse, tome las calles, invada propiedades, tierras y desplace del poder a las clases dominantes. El paso dos es hacer que los grupos atemorizados pasen de una actitud pasiva (miedo) a una activa (rabia) y establezcan lazos de solidaridad entre ellos. Para que el plan funcione, la vía mas expedita es manipular las emociones y lograr que las personas tengan una percepción selectiva y sesgada de la realidad con ayuda de los medios.

Así se forma un ejército de clasemedieros con pensamiento dicotómico, que divide al mundo entre buenos y malos. Después del asesinato de un jovencito ?bien? en Buenos Aires, la clase media alta salió a marchar a las calles argentinas pidiendo la pena de muerte para todos los asesinos, cualquiera sea su edad. Y los organismos de represión aprovechan el lloriqueo hipócrita ?porque nada se dice de los miles de marginados que mueren baleados por la Policía en las villas de la periferia? para restringir las libertades sociales y llevar el control social hasta el paroxismo.

Así empieza una dictadura disfrazada que inventa penas legales para problemas sociales, y que aplica sin pausa una ?guerra contra la inseguridad?, la nueva estrategia de la reacción mundial.

En Bolivia parece haberse aplicado un plan similar. Comenzó con el rumor de golpe difundido por el MAS, hábil gambeta política que posicionó el discurso en los medios. El segundo paso fue polarizar aún más la sociedad con la creación de un nuevo grupo que se enfrenta a las masas, y el siguiente podría ser la exacerbación del crimen o de la protesta.

La clase media se reciente por la permanente amenaza de los soterrados y reacciona con miedo, un estado que está fuera del campo racional y que podría perjudicar a la sociedad en su conjunto. Porque cuando la clase media está temerosa y percibe que su estabilidad económica y emocional se ve amenazada es capaz de sacrificar cualquier valor en nombre de su seguridad personal, inclusive las libertades democráticas.

La disociación psicótica es un proceso que crea en el subconsciente del individuo una realidad ficticia en la que todos los males y todo lo negativo que le sucede proviene de una sola causa o de una sola persona. Verwww.analitica.com/bitblioteca/ruiz_iriarte/disociacion_psicotica.asp) Algunos intelectuales de la derecha liberal boliviana como HCF Mancilla y Roberto Laserna defienden esta postura. Ricos y pobres, la brecha se ensancha, revista N. 2 de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Caritas de Bolivia, La Paz, 2004.

Con datos de PerspectivaCiudadana.com

Una clase en extinción

En todos estos años neoliberales, el sector más afectado por las políticas de ajuste estructural y por el abandono del Estado fue precisamente la clase media latinoamericana, el sector que supuestamente tenía que ser el pilar de la moderación y de la estabilidad en la región.

Económicamente, los clasemedieros actuales viven peor que la generación de sus padres. Su consumo tiende a restringirse a alimentación, educación y servicios y cada vez gastan menos en vestido y diversión. Muy pocos tienen la posibilidad de ahorrar o acumular.

Al Banco Mundial ya no sólo le preocupa la gente que vive por debajo de la línea de pobreza, sino el grueso sector que está cerca de ella, es decir amplias capas medias golpeadas severamente por las turbulencias financieras y cada vez más conscientes de que las oportunidades no son iguales para todos.

La clase media podría convertirse en una especie en extinción, pues muchas familias que todavía se consideran parte de ella viven al día, trabajando padre, madre e hijos. Basta mencionar que entre 30 y 50% de la fuerza laboral urbana de la región trabaja en la informalidad y que apenas uno de cada cinco trabajadores en Bolivia, Perú y Colombia está protegido por un programa de jubilación. A mediados de los años 70, siete de cada 10 argentinos afirmaba pertenecer a la clase media y 30 años más tarde sólo el 25% se considera parte de ese grupo social, indica la Cepal.

Soberbia con el débil y sumisa ante el poder

Así es buena parte de la clase media, que acepta callada las imposiciones que vienen de arriba, pero no respeta la fuerza de abajo, a la que califica como cáncer social.

En uno de los correos electrónicos enviados desde un banco convocando a la marcha del domingo 9, los clasemedieros sugieren que es hora de empezar una ?guerra pacífica por la Bolivia productiva y en contra de los dirigentes que están destruyendo el país, cada uno desde la trinchera de nuestro hogar y trabajo?.

Los activistas sugieren un plan de acción: ?Si declaran paro trabaja el doble; si te encuentras con un bloqueo atraviésalo. Esa gente está violando tu derecho al libre tránsito y te está despojando de la esperanza de un futuro mejor?. Y sugieren enfáticos: ?Si conoces a un dirigente castígalo socialmente. Desprécialo, insúltalo, quítale el saludo. ¿No harías lo mismo con un ladrón que te está robando tu futuro? Si conoces a un periodista que por flojo o porque está pagado solo da cobertura a los destructores de nuestro país, primero llámalo a la reflexión y si esto no funciona haz lo mismo que sugerimos hacer con los dirigentes?.

En el mismo mail los clasemedieros instan a dejar de ver o escuchar programas que solo dan cobertura a los destructores del país y a los empresarios a dejar de invertir en publicidad.

El alma por las apariencias Como está al medio del sándwich y no es ni chicha ni limonada, el clasemediero se encomienda todos los días al dios de las apariencias y rinde culto al ?Como te veo te trato?, su axioma general. Se muere por una fotito en página social y es capaz de hipotecar el alma para matricular al niño en escuela de ricos.

El periodista Abelardo Sánchez León pinta un retrato de la clase media limeña en Caretas: ?No tiene el ímpetu de la burguesía europea; nació cansada. Se entiende a sí misma como un esmerado grupo profesional del sector servicios, limpios, de baño diario y sin ensuciarse jamás las manos. Es la feíta de la clase con la que nadie quiere bailar. Tímida, medrosa, contrita, sueña con patios y se contenta con quintas, quiere jardines y se conforma con macetas colgando de alguna pared. Cuida lo poco que tiene: una virginidad absurda, unas monedas en el banco, alguna herencia de un pariente lejano que le daba bruscamente la espalda?.

Limeña, paceña o cruceña, la clase media jamás se anima a pretender más de lo que Dios se dignó darle y está acostumbrada a pedir progresiva y gradualmente. Su terrible vergüenza es envejecer empobrecida.

Criolla, blancona, rodeada de ricos que la desprecian y de indios que la odian. Burocracia servicial, profesional, tecnificada, que vende alma y espíritu para no tener que pensar. Trabaja para los de arriba y los imita. Se supone que son cristianos, socialistas, progresistas, comunistas, radicales de modales finos, sensibles, leídos, y tienen unas mujeres que miran todo con espanto de perder bienes, casita, abrigo, auto y sueldo.