El camino de los pueblos

mayo 13, 2004Publicado el: 8 min. + -
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Se hace Bolivia al andar El camino de los pueblos Pablo Cingolani Si de algo sirven estas palabras, aunque dudo que tengan este efecto, es para que el UNAR asigne de inmediato a mi estimado Adrián Álvarez para que asesore en el trazado de la vía que es hecha por los trabajadores mismos ?insisto: herederos de aquellos que asombraron al mundo con la impresionante red vial que poseían a la llegada de los invasores europeos, de 30.000 a 50.000 kilómetros en su totalidad según anota María Rostworowski de Diez Canseco en su Historia del Tahuantinsuyu- pero realmente dudo que lo hagan porque ya se sabe: no hay recursos.

Se hace Bolivia al andar

El camino de los pueblos

Pablo Cingolani (Texto y fotos)

El 8 de mayo pasado participé de un viaje histórico: por primera vez, una vagoneta atravesaba el temible paso de Sánchez, situado en plena cordillera de Apolobamba, en el municipio de Pelechuco y a casi cinco mil metros de altura sobre el nivel del mar, temible porque las nevadas y las ventiscas heladas son frecuentes en el paso durante todo el año. Se me mezclaban las emociones: había atravesado Sánchez caminando casi una docena de veces y el recuerdo del esfuerzo y de la satisfacción por el objetivo logrado se me confundía con la inevitable nostalgia por algo que ya no sería más, por esa "amputación cultural" como la llamaba Mac Luhan. Pero, a la vez, me sacudía al ver la alegría de los trabajadores que estaban construyendo ese camino, orgullosos también porque alguien llegaba a visitarlos y a alentarlos.

Estábamos al pie de la laguna Flairini y compartimos una ch´alla a 4.800 metros de altura. De pronto, empezó a caer una pequeña nevada y veía los pies desnudos de los obreros, sus ropas raídas, las cicatrices de una vida dura, durísima, en esas sus comunidades que ni siquiera figuran en los mapas, que son sistemáticamente olvidadas por el Estado y que, en todo caso, son una estadística más: son censados, a veces votan, a veces no, y punto. En todo caso, sirven para ilustrar costosos estudios donde Queara, Puina y Mojos, las aldeas de donde provenían esos hombres, son "las comunidades quechuas del sector sur del parque Madidi" y nada más. Tomé las fotos que ilustran estas palabras y retorné a La Paz. Ahora, con más calma supongo, escribo.

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El arqueólogo Adrián Álvarez de la Unidad Nacional de Arqueología (UNAR) publicó un artículo en la revista Escape de La razón el 29 de marzo pasado titulado La destrucción de un camino prehispánico. Puede ser leído en Internet, ya que incluso ha sido replicado por sitios indigenistas como quechua.net. El artículo alerta sobre la destrucción de patrimonio arqueológico que ocasionaría la construcción del tramo hasta Queara.

Conozco a Adrián Álvarez y no dudo de sus buenas intenciones. Lo conozco ya que en septiembre del año pasado, encabezando la Expedición Madidi 3, quien escribe invitó al Viceministerio de Cultura a participar de la etapa inicial de la misma para poder hacer una evaluación preliminar del patrimonio arqueológico y arquitectónico de la zona de Pelechuco. La viceministra Álvarez Plata aceptó y envió a Adrián y a Ismael Escobar, especialista en patrimonio edificado.

Ellos nunca habían estado en el municipio ya que, ante todo, Pelechuco es muy poco conocido, y es sabido, el presupuesto de Cultura es ridículo y es doblemente ridículo en un país que atesora uno de los patrimonios culturales más importantes del mundo. Con ellos, atravesamos el paso de Sánchez e hicimos el camino hasta Queara, junto con periodistas que, a su retorno, publicaron algunas crónicas sobre la increíble belleza de la región y sobre el invalorable patrimonio arqueológico de la zona.

Ahora, según me informaron, Adrián ha vuelto como parte de un equipo exploratorio del programa de desarrollo del ecoturismo que se busca implementar dentro del parque nacional Madidi que, por si acaso, según me dijo su coordinadora, Lic. Jazmín Caballero, no cuenta con el financiamiento requerido para llevarse a cabo. La historia de siempre aunque recién ahora (a casi diez años de la creación de la mega área protegida estrella de Bolivia) se haya asumido con aparente decisión que abrir el parque al ecoturismo es la manera más eficaz de preservarlo.

A su vuelta, Adrián publicó el artículo citado e insisto: no dudo de sus buenas intenciones pero mi pregunta es: ¿hasta cuando vamos a seguir denunciando lo que sabemos ?la destrucción de patrimonio histórico y cultural boliviano es pan de cada día- y no trabajar en torno a soluciones que contemplen, por un lado, la conservación racional de ese patrimonio y su puesta en valor para que, a través del turismo, pueda representar ingresos para la gente? ¿Hasta cuando sólo vamos a lamentarnos desde la ciudad y no entender que así como nosotros tenemos urgencias, la gente del campo, la gente de las comunidades, tiene el mismo derecho de tenerlas? El camino, para los habitantes de la zona, es urgente.

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Creo en la defensa permanente del patrimonio cultural tangible e intangible que atesoramos (allí están mis artículos de toda mi vida, por si acaso) pero creo más que cuando la propia gente se pone a hacer las cosas que el Estado debería hacer, nadie tiene el derecho de impedirles que lo hagan.

El camino Pelechuco- Queara lo está haciendo la gente y lo están construyendo los descendientes de los mismos que construyeron los caminos arqueológicos que se denuncia, destruyen. Un indio de los Andes, anónimo, participante de un encuentro poético, escribió:

Son las manos de mis antepasados las que construyeron andenes para cultivos, escuelas, iglesias y grandes ciudades.

Sobre sus hombros cargaron piedras para construir caminos, cárceles, acueductos, puentes sobre ríos, pueblos.

A millones entraron vivos a las minas, para salir convertidos en oro; oro y azogue. Ya nunca regresaron a sus tierras para poder acariciar a sus nietos.

En los tiempos actuales nos ocurre lo mismo. El salario apenas nos alcanza para un alimento de sobrevivencia siquiera una sola vez al día.

Anónimo: III Encuentro Poético Musical Andino, Arica, Chile, 1989. Tomado de: Xavier Albó y Félix Layme: Literatura aymara. CIPCA/ Hisbol/ JAYMA, La Paz, 1992

Hoy, sus hermanos de Queara y de Puina, a cinco mil metros de altura, donde sólo habita el cóndor, están repitiendo la historia. Con otra tecnología pero con las mismas manos.

Si alguien desea contribuir a que esa historia sea mejor ?desarrollo sostenible le llaman los técnicos- debe dejar a un lado las palabras y actuar. Como los quechuas de Pelechuco que se cansaron que el Estado los abandone aunque sean habitantes de la frontera con el Perú y "defensores de la soberanía" en los discursos y, con los fondos de la participación popular, decidieran, de una vez, que el camino debía ser construido. Y lo están haciendo.

Hace unos meses, se realizó en Bolivia una reunión continental por el tema del Qhapac Ñan o camino imperial de los Incas donde se reunieron especialistas de varios países para proponer su declaratoria como "patrimonio de la humanidad" por parte de la UNESCO. Me sigo interrogando: ¿hasta cuando sólo vamos a reunirnos, hacer planes y lindas promesas y no actuar en el territorio que es donde hace falta que lleguen las voluntades y las políticas? El patrimonio arqueológico de Pelechuco y del Madidi es, en verdad, impresionante pero, cualquiera puede comprobarlo http://www.sernap.gov.bo/MADIDI, ni siquiera está relevado en su totalidad. Así están las cosas.

Si de algo sirven estas palabras, aunque dudo que tengan este efecto, es para que el UNAR asigne de inmediato a mi estimado Adrián Álvarez para que asesore en el trazado de la vía que es hecha por los trabajadores mismos ?insisto: herederos de aquellos que asombraron al mundo con la impresionante red vial que poseían a la llegada de los invasores europeos, de 30.000 a 50.000 kilómetros en su totalidad según anota María Rostworowski de Diez Canseco en su Historia del Tahuantinsuyu- pero realmente dudo que lo hagan porque ya se sabe: no hay recursos.

De lo que no dudo es que estas palabras sirvan para homenajear a esos sufridos habitantes de las punas que, a pura fuerza, corazón y garra, están convirtiendo en realidad uno de sus sueños más preciados: tener un camino que los integre al resto de ese país que los niega. En pleno siglo XXI, cuando ya el hombre hace más de treinta años que puso su pie en la Luna, puede parecer un objetivo modesto pero es trascendente para estos hombres, así sólo sirva para que los intermediarios les mal paguen sus papas en la feria de Chejepampa. Por lo menos, se ahorrarán sus doce horas ida y vuelta que hoy deben realizar a pie, entre el olvido y la nieve.

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