Frontera geográfica y multiétnica

abril 1, 2004Publicado el: 7 min. + -

Tarabuco, Presto, Tomina... Frontera geográfica y multiétnica Pablo Cingolani Chuquisaca es un verdadero corazón geográfico. Bajando desde las alturas altiplánicas, se inicia el paisaje de sus valles, donde éstos, profusos y fértiles, espaciosos y aterrazados, se suceden en un clima gradualmente más templado, seco y con escasas precipitaciones. Allí, paradoja o impulso vital, se sitúa la divisoria de aguas entre las dos grandes cuencas fluviales de Sudamérica y bajan numerosos ríos que ?verdaderos prodigios acuáticos- cortan de manera perpendicular los cordones montañosos.

Tarabuco, Presto, Tomina...

Frontera geográfica y multiétnica

Pablo Cingolani

Chuquisaca es un verdadero corazón geográfico. Bajando desde las alturas altiplánicas, se inicia el paisaje de sus valles, donde éstos, profusos y fértiles, espaciosos y aterrazados, se suceden en un clima gradualmente más templado, seco y con escasas precipitaciones. Allí, paradoja o impulso vital, se sitúa la divisoria de aguas entre las dos grandes cuencas fluviales de Sudamérica y bajan numerosos ríos que ?verdaderos prodigios acuáticos- cortan de manera perpendicular los cordones montañosos.

Tomando el eje Sucre-Tarabuco, se puede mencionar al norte el río Grande-tristemente célebre por la muerte de una guerrillera-, que recoge las aguas de los ríos Chayanta, Caine y Mizque ?cuenca minera, cuenca lechera, cuenca de temblores- y que, a manera de arco, corta las sierras subandinas, y luego dirigiéndose con franqueza hacia arriba vuelca sus aguas en el río Mamoré, a su vez afluente del río Madeira, tributario del Amazonas.

Al sur del mencionado eje, se halla el río Pilcomayo que nace en la cordillera de Los Frailes, en los manantiales de Tolapampa y también triste y célebre pero por la contaminación minera de sus aguas, y que dirigiéndose hacia el sudeste recoge las aguas del Cachimayo, el Mataca y el Pilaya, que forman parte de la Cuenca del Río de la Plata.

Actualmente los valles más poblados se encuentran entre los 2000 y los 2500 metros de altura, ya que más abajo éstos se tornan insalubres y muy propicios al desarrollo de enfermedades infecciosas. Estas enfermedades produjeron en el curso de la historia descensos drásticos de la población originaria.

Entre los ríos Grande y Pilcomayo, en el corazón del corazón, se encuentra la planicie de Tarabuco, a 3000 metros de altura. En 1608, una descripción de la zona decía:"La provincia de Tomina tomó el nombre del valle de Tomina, en medio del cual está la villa de Santiago de la Frontera de Tomina, que es la cabeza de esta provincia y corregimiento, (...) [en la cual hay] dos pueblos de indios, el uno se llama San Pedro de Montalván de Tarabuco, y el otro la villa de Lestosa de Presto. Están situadas estas villas y pueblos en veinte grados á la parte sur (...) El pueblo de Tarabuco en una loma algo alta y llana que corre de Oriente a Poniente. (...) Todo este distrito son valles angostos, en los cuales tienen los españoles su hacienda, y hay entre ellos innumerable tierra fragosa y estéril que no es posible sembrarse ni cultivarse de cincuenta partes la una, porque la mayor parte de esta tierra es montuosa, y llegan los montes a los mismos pueblos. En este distrito hay dos ríos, el uno que pasa por el pie de la loma, donde está plantada la villa de Santiago. Llámanse el río de Tomina (...) El otro río pasa por el pueblo de Presto y tomando el nombre del valle se llama río de Presto (...) Críanse en estos ríos unos pescados muy pequeños, que llaman plateadillos, y otros suchezar: todo esto en muy poca cantidad (...) No hay minas de ningún metal en esta tierra, ni salinas. El temperamento (...) de Tarabuco es frío y seco; el de Presto es caliente y seco (...). La comida ordinaria de los indios de Tarabuco y Presto, es maíz y papas y alguna carne; su bebida es asua, que es una bebida que hacen del mismo maíz y también tienen por comida una semilla que llaman quinua".

Al este de estos valles, que delimitaban los límites orientales del Tawantinsuyu, se hallan las llamadas Sierras Subandinas, caracterizadas por sus exuberantes selvas verdes que se transforman en bosques secos durante el invierno. Más allá de las sierras, hacia el este, habitaban los guaraníes ?chiriguanos para los quechuas-, guerreros impenitentes que buscaban sin tregua su "tierra sin mal" y por eso buscaban avanzar por las valles. Sus cruentas incursiones militares obligó a que la frontera estatal incaica fuera cubierta por numerosos grupos étnicos que cumplían funciones defensivas. Estos grupos fueron transplantados (mitimaes) desde el altiplano e, incluso, desde un lugar tan alejado como Arequipa, en el actual Perú.

A la vez, estas tensiones fronterizas y el temor a los ataques hicieron que muchos pueblos de la frontera, como los churumutas, los moyos-moyos y los yamparaes huyeran hacia zonas más seguras y mejor protegidas. La multietnicidad y una extremada movilidad parecieron ser las características de los habitantes de esta región.

Tras la llegada de los españoles, en 1542, un ataque de los guaraníes logró despoblar la zona de las sierras. Las etnias se concentraron en Tarabuco. En 1551, un tal Martín de Almendras declaró que: "sabe que los indios moyosmoyos y churumatas y los mitimaes se despoblaron por la guerra que los chiriguanos les hacían y se vinieron a vivir a los términos de Tarabuco (...)"

El virrey Toledo intentó dominar a los "chiriguanos" con una expedición militar. Para ello, se organizó un poderoso ejército formado por vecinos de La Plata (hoy Sucre), naturales de la región e, incluso, otros traídos de Jauja (Perú). Toledo hizo una pomposa entrada por las montañas de Incahuasi, más al sur, y la cruzada se hizo aunque Toledo se hallaba gravemente enfermo. La expedición estuvo comandada por Ortiz de Zárate y Diego Frías Trejo. El primer choque tuvo lugar a orillas del río Condorillo. Los guaraníes organizaron una guerra de guerrillas y lograron hacer fracasar la expedición que ocasionó grandes pérdidas de vidas humanas y de dinero.

Tras su derrota, en 1572, Toledo ordenó reducir en dos pueblos a los indígenas aliados de la zona. Esos pueblos fueron Tarabuco y Presto. Luego se convirtieron en pueblos de españoles. A la vez, se fundaron una serie de ciudades como avanzada fronteriza: en 1575, se fundó Santiago de Tomina; en 1580, la villa de San Juan de Rodas; finalmente, en 1582, el asiento de Villar.

Los pueblos prosperaron y, a principios del siglo XVII, ya vivían en ellos más de 700 españoles. Sin embargo, los guaraníes no pudieron ser vencidos hasta 1892 cuando el ejército boliviano los masacró en la batalla de Kuruyuki en el Chaco cruceño. Nadie se acordó entonces de la contribución del cacique Cumbay durante la Guerra de la Independencia.

Las vueltas de la historia: en los mismos valles subtropicales donde el ejército de Toledo fue derrotado, dio inicio la guerrilla del Che Guevara en 1967; Presto era la sede de la comandancia de la guerrillera Juana Azurduy de Padilla y allí resiste el balcón desde el cual arengaba a su tropa de quechuas, por allí murieron uno a uno sus hijos y se mezclaron con el polvo y con el viento los versos del poeta, amante y guerrero Walparrimachi; en el Vado del Yeso del río Grande la acribillaron a Tania, amante y guerrera y sus sueños también terminaron mezclados con el viento y el polvo.

Un día aparecimos en el Pujllay de Tarabuco, que rememora el valor y el fragor de los Yamparaes en la batalla de Jumbati contra los españoles y probamos la chicha de ese valle. Es imperdible.

Atrás