El Alto, esa ciudad-pueblo aymara y minera

marzo 6, 2004Publicado el: 7 min. + -
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El Alto, esa ciudad-pueblo aymara y minera Edgar Ramos Andrade (*) El Alto, la ciudad que octubre de 2003 tumbó a Gonzalo Sánchez de Lozada, uno de los "más lúcidos representantes" del sistema político-económico impuesto en 1985, es una de las más jóvenes y cumple este sábado 19 años de creación legal aunque su existencia real data de más de 50 años.

El Alto, esa ciudad-pueblo aymara y minera

Edgar Ramos Andrade (*)

El Alto, la ciudad que octubre de 2003 tumbó a Gonzalo Sánchez de Lozada, uno de los "más lúcidos representantes" del sistema político-económico impuesto en 1985, es una de las más jóvenes y cumple este sábado 19 años de creación legal aunque su existencia real data de más de 50 años.

La ciudad aymara, minera y receptora de migrantes de occidente y ahora del oriente, sin servicios básicos para la mayoría de sus ciudadanos, tiene costumbres comunitarias ancestrales pero urbanizadas. Aunque su característica principal es su rebeldía a manos llenas...

Esta adolescencia citadina muestra el abandono, incluso legal-fundacional, de una de las concentraciones semi urbanas más pobladas del país y con una alarmante carencia de servicios básicos, especialmente alcantarillado sanitario aunque el desagüe pluvial es inexistente en un 80 por ciento de su territorio.

Esta ciudad tiene varias características que la hacen la más llamativa especialmente a nivel internacional. Decenas de periodistas, de medios tradicionales ("los grandes") pero también de medios alternativos (video-documentalistas, reporteros de medios-web, paparazzis, free-lancers o reporteros libres) llegaron entre noviembre de 2003 y febrero de 2004, hecho que coincidió con la visita, pro primera vez y la alusión explícita del secretario general de la ONU en El Alto, Kofi Annan.

Pero, ¿cómo es El Alto?

Con más de 800.000 habitantes de presencia permanente (el censo 2001 solo habla de 649.958 personas) por su febril movimiento societal inter-urbano y rural-urbano, un total de 351.983 (54,15 por ciento, según las tímidas estimaciones del INE) personas que residen en esta ciudad se reconocen como indígenas. De estos, la absoluta mayoría es de origen aymara, por lo tanto con costumbres y cultura muy particular. Solo a efectos de comparación, la ciudad de La Paz tiene 296.147 habitantes reconocidos como indígenas.

Otro porcentaje no menos importante de habitantes se reconoce como minero. El censo no menciona este aspecto, pero son conocidos barrios enteros compuestos por "urbanizaciones" como Santiago en sus dos versiones (I y II), Nuevos Horizontes en sus cuatro versiones (I, II, III, Convifag) 21 de Diciembre (Día del Minero) además de otros barrios, donde los mineros despedidos ("relocalizados") habitan hace más de 15 años.

En tercer lugar están los quechuas. Miles y miles de migrantes tiene barrios designados con un pueblo quechua de Oruro o de Potosí. Ligas de Fútbol que juegan en canchas de tierra (no hay césped en El Alto) llevan nombres como Eucaliptus y otros de varias regiones quechuas y aymaras.

En cuarto término se ubican los migrantes de otras regiones y departamentos y que no reconocen su extracción indígena, por ese prejuicio heredado de españoles que deriva en insultar de "indio" a quien creemos inferior social o económicamente. Esos migrantes viven en elegantes barrios como Ciudad Satélite, Villa Adela y otros aunque también en ellos conviven gentes provenientes de pueblos quechuas y aymaras.

Sin servicios básicos se orina donde sea

El sociólogo y matemático boliviano Alvaro García Linera menciona que el 60 por ciento de los alteños vive en medio de un hacinamiento; que el alcantarillado llega solo al 30 por ciento de sus habitantes y que la mitad de sus ciudadanos no tienen servicios básicos.

Este aspecto es particularmente llamativo. Es común ver en los barrios alteños negocios de "Baño y Ducha" a donde miles de personas acuden, al menos de día. De noche, oscuras y desoladas calles se convierten en baños forzosos y muy concurridos.

¿Y qué decir del alcantarillado? Si bien el 70 por ciento de sus habitantes no tiene desagüe de aguas servidas, otro problema mayor es el de sumideros y conductos de aguas de lluvia, inexistentes en un 80 por ciento de la ciudad. Esto ocasiona que avenidas como Bolivia (que intenta cruzar transversalmente El Alto) se conviertan en pequeños lagos cuando llueve.

Pero otras calles y avenidas (de tierra o asfaltadas) aparecen como riachuelos que dificultan cruzar de una vereda a otra. Allí aparecen negociantes que con tabla en mano, cobran 20 centavos por dejar pasar. Si uno no tiene esos 20 centavos, debe sacarse los zapatos, los calcetines y cruzar en medio del agua y el barro...

Costumbre comunitaria urbanizada

Otra faceta de esta rebelde ciudad es la recuperación ancestral de su cultura mantenida, con altas y bajas, por más de 500 años y que ni la Iglesia Católica y menos las "Iglesias Cristianas" han podido romper.

El alteño común aprende aquí a creer en la comunidad, como unidad social base, donde se discute y se toman decisiones que incluso pueden ser coercitivas mediante "la fecha" y que han generado dudosos liderazgos surgidos al calor de oportunismos partidarios, como ocurrió con la FEJUVE, COR en la gestión 2000, FEDEPAF (desde siempre).

Pero esa comunidad de ideas y de acciones, que demostró su fuerza y contundencia entre septiembre y octubre de 2003, ha sido transplantada a la costumbre urbana. Los alteños son ciudadanos que han aprendido a medir su fuerza pero también a cuidarla y preservarla.

Por ello no han permitido descabezar a dirigentes de la COR y de la FEJUVE que, teóricamente estaban "en la picota" pero luego no pasó nada, aunque no están exentos de errores que parecen salvables.

Por ello, no es aventurado afirmar que en el movimiento de octubre de 2003, al que El Alto estará históricamente ligado y de por vida, se conjugaron tres tipos de movimientos sociales-políticos: a) El ayllu campesino; b) El sindicato minero (que atravesó derramando sangre por El Alto) y, c) El movimiento vecinal-ciudadano que hizo que los "jefes e cuadra" se conviertan en verdaderos líderes ante la serie de matanzas o el simple y llano genocidio ocurrido el domingo 12 de octubre en Villa Ingenio.

Rebeldía por doquier

Pero quizá una de sus características más notorias de los alteños sea esa rebeldía concentrada y acumulada por años de frustración política por malos gobiernos nacional y local, expresadas en medidas reprobables de conductores estatales.

Si sirve como ejemplo: En 1996, el entonces alcalde Flavio Clavijo (Condepa) contrató a una empresa con caso un millón de dólares para ensanchar el asfaltado de la troncal avenida 6 de marzo (esa que luego se convierte en la carretera a Oruro) pero resulta que esa empresa, ligada al dueño del desaparecido canal 6 de televisión, no movió una carretilla pero sí recibió el dinero.

Esa apreciable suma, muy necesaria en una ciudad tan carenciada, nunca fue devuelta. Luego se supo que Clavijo no actuó solo sino por imposición de los jefes nacionales de su partidos, incluidos algunos ex parlamentarios, pertenecientes al "Clan de los Pazucos" un grupo de intelectuales paceños que manejaba a su antojo el gobierno municipal de El Alto, casi por control remoto.

Ni qué decir del sacerdote Sebastián Obermaier "Delegado Presidencial para la Lucha Contra la Pobreza", designado por el ex dictador Hugo Banzer en su segundo mandato (1997-2002) y quien presuntamente entregó al conocido reverendo 50 millones de dólares. Los alteños nunca recibieron una rendición de cuentas de ese dinero, aunque está claro que en nombre de esa "lucha contra la pobreza" el municipio y el Estado boliviano se endeudaron más...

Eso y muchas otras frustraciones --como las de encarcelar a dirigentes sociales y sindicales sin más prueba que la habilidad de dudosos eruditos del derecho, como ocurrió con el alcalde Paredes y su abogado León en contra de dirigentes como el periodista De la Cruz, el gremial Rocha o el estudiante de la UPEA José Nina-- hacen que se haya acumulado una bronca socio-política que no terminó de desahogarse...

(*) Edgar Ramos Andrade, comunicador UNLP. Investigador y activista social. Autor del libro "Guerra por el Gas. Genocidio en Villa Ingenio", de próxima publicación.

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