Mensaje de Carlos Mesa Gisbert, Presidente Constitucional de la República a principios de 2004

Mensaje de Carlos Mesa Gisbert, Presidente Constitucional de la República a principios de 2004

Ciudadanas y ciudadanos de Bolivia:

Este es un tiempo importante, útil, necesario para hacer una reflexión profunda sobre el momento histórico que nos toca vivir y sobre las circunstancias que tenemos que enfrentar en el plazo inmediato. Es también un momento para hablar de lo que ofrece y lo que tiene que hacer nuestro gobierno para solucionar varios desafíos históricos que el país tiene pendiente.

¿Dónde estamos hoy? En un momento diferente -radicalmente distinto creo- al que se planteó entre el año 1982 y el 2003, en la construcción de una democracia. La democracia pactada, la democracia de partidos que establecieron un sistema de gobernabilidad se agotó. Ese modelo democrático tiene que ser sustituido por un nuevo modelo de democracia en el que la participación de las y los ciudadanos sea el eje central sobre el que tenemos que movernos. Estamos, por lo tanto, en un instante de cambio, una transición histórica dije yo en mi primer mensaje presidencial que creo que hoy podemos transformar en una palabra: cambio. Cambio que debemos encarar con responsabilidad y a partir de desafíos muy concretos.

¿Qué es lo que se ha ido con esa democracia de pactos? No solamente una forma de hacer política, sino sobre todo un conjunto de relaciones que permitieron a nuestra sociedad funcionar de manera relativamente adecuada.

El gran problema de Bolivia hoy es que se ha quebrado la relación entre el Estado y la sociedad. Ese quiebre de esa relación pone en peligro la convivencia civilizada entre compatriotas. ¿Qué representa esto? Representa el desafío de recomponer esa relación sobre la base de dos premisas.

La primera: la ciudadanía responsable. Si no nos convertimos en ciudadanos responsables individualmente, no entenderemos lo que es funcionar en democracia. Y ser ciudadano responsable quiere decir aceptar que tenemos derechos, demandarlos y aplicarlos; pero aceptar también que tenemos deberes que cumplir, deberes que implican una responsabilidad de cada uno de nosotros para con nuestros compatriotas, los otros ciudadanos y el Estado.

El otro elemento fundamental que se ha quebrado peligrosamente es el cumplimiento de la ley. Aquel concepto de Franz Tamayo que sostiene que la única servidumbre que no mancha es la servidumbre a la ley es el que no estamos comprendiendo adecuadamente. Si no entendemos que hay una ley mayor, la Constitución Política del Estado y un conjunto de leyes que nos obligan como ciudadanos, no podremos construir una sociedad democrática, tolerante y civilizada.

El cumplimiento de la ley implica que aún en la demanda más justa, sepamos que hay una norma que debemos aceptar porque es parte del pacto social que hemos trabajado juntos, y que hemos aceptado unos y otros cuando constituimos esta República. Cualquier sociedad civilizada, cualquier sociedad que pretenda construir el futuro racionalmente, tiene que basarse en el concepto de ciudadanía responsable y en el concepto del cumplimiento de la Ley.

¿Qué queremos aportar a esta nueva construcción democrática? Algo que es fundamental: honestidad y transparencia. Honestidad de quienes gobernamos, transparencia para mostrar claramente lo que hacemos, pero también honestidad de ustedes, de cada uno de los bolivianos y transparencia en lo que hace cada uno de los bolivianos.

Esta es la lección fundamental. La lección más importante es que seamos capaces de derrotar a la corrupción, no solamente en acciones concretas -que es nuestra obligación- sino a partir de un cambio de mentalidad y a partir de una estructura de responsabilidad que camine con base en una acción honesta y transparente. Eso marca una diferencia esencial en la relación que tienen los poderes del Estado, de independencia y coordinación.

Poderes del Estado: independencia y coordinación

El Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial deben funcionar -y de hecho están funcionando quizás por primera vez en nuestra historia- de manera independiente. Eso quiere decir que ni el Presidente de la República, ni un ministro de Estado, ni otra autoridad del Ejecutivo puede levantar el teléfono y hablar con el Fiscal General de la República o con un miembro de la Corte Suprema de Justicia para pedirle que haga algo en función de un determinado interés.

Eso quiere decir que un juicio le corresponde al Poder Judicial; eso quiere decir que la apertura de una causa le corresponde al Ministerio Público y que ni yo como Presidente ni ninguno de los miembros del Poder Ejecutivo podemos ni debemos interferir en su trabajo. La garantía de la independencia de poderes es uno de los secretos fundamentales para que una democracia funcione adecuadamente y lo propio vale para el Poder Legislativo. Terminó aquel tiempo en que el Presidente de la República era propietario de una bancada, era propietario de una mayoría y podía definir e imponer condiciones para la aprobación de leyes. Este es un tiempo en el que el Poder Legislativo trabaja de manera independiente pero debe hacerlo de manera coordinada con el Poder Ejecutivo.

Este es el desafío más grande que tiene nuestra democracia en el ámbito político, que el presidente y su gobierno sean capaces de gobernar con el Poder Legislativo. Y esto es algo muy importante que quiero establecer y subrayar: no es posible pensar en el éxito de nuestra gestión de gobierno sin pensar en el éxito del trabajo común, conjunto e indispensable entre Poder Ejecutivo y Congreso Nacional. No hay democracia sin Congreso, no hay democracia sin Poder Legislativo. El Poder Legislativo -que es la representación de la soberanía popular- tiene que estar a la altura de este desafío histórico como tengo que estarlo yo y el conjunto de los ministros de Estado.

Mi demanda al Poder Legislativo es en consecuencia, que seamos capaces de trabajar con responsabilidad, desprendimiento, buena fe; sin chantajes ni míos ni del Congreso para que el país pueda contar con una estructura legislativa indispensable para llevar adelante este desafío histórico. Congreso y Poder Ejecutivo son parte de la responsabilidad de gobierno que tenemos todos de cara a ustedes, que son un país que está esperando respuestas claras y concretas en varios ámbitos de nuestra actividad.

A este propósito, creo que es oportuno hablar del mandato constitucional de mi gobierno y de mi presidencia. Quiero dejar claramente establecido que mi responsabilidad constitucional es gobernar hasta el 6 de agosto del año 2007. Esta es una responsabilidad que me toca y que voy a cumplir con el máximo esfuerzo personal, toda mi voluntad y por supuesto, toda mi fe de trabajo en favor de Bolivia. Como lo he dicho más de una vez, yo soy un servidor del país y el mandato que el país le ha dado a este servidor es gobernar hasta el 6 de agosto de 2007.

Eso quiere decir que tenemos que construir una estructura de pensamiento en nuestra cabeza -no la mía- la del conjunto del país, orientada a que el cumplimiento de ese mandato es parte del éxito de este tiempo que nos ha tocado vivir. A este propósito, cabe también insistir en que las amenazas, los plazos, las posiciones ultra radicalizadas, el trabajar un discurso para el público, el buscar los aplausos de quienes quieren las cosas ahora mismo; es una mecánica que no es buena para el país, que no responde al conjunto de la sociedad boliviana.

No es cierto que esos sectores ultra radicales representen hoy las demandas de Bolivia. Las demandas de Bolivia son construir una nueva democracia, ir hacia una Asamblea Constituyente, lograr un país civilizado; pero sobre todo generar trabajo, generar creativamente una acción productiva que no es posible en la lógica del no, en la lógica del bloqueo, en la lógica de la amenaza, en la lógica del chantaje. ¿Que hay demandas justas?, por supuesto que sí. ¿Que hay derechos constitucionales?, por supuesto que sí. ¿Que las y los ciudadanos tienen derecho a ejercerlos?, sin duda; pero que no sea partir de plazos y amenazas. No le tengo miedo a las amenazas porque no me ata al poder otra cosa que mi responsabilidad de servidor público.

Esto es lo que he querido decir varias veces; que no se entienda desapego o falta de valor para enfrentar el desafío al 2007. Que se entienda que estoy en una lógica radicalmente distinta a la que la política tradicional de Bolivia nos ha acostumbrado, y ojalá que podamos comprender ese diálogo en la confrontación democrática y no en la lógica destructiva del no por el no.

Mi primer compromiso: el Referendum del gas

Quiero mencionar ahora un conjunto de temas que hacen a la agenda política de Bolivia, y aquí debo referirme a mi primer compromiso: el referendum del gas.

Vamos a hacer el Referendum. Es un compromiso que voy a cumplir. Pero hay que decir -a propósito del referendum- que se ha producido una serie de circunstancias que han cambiado parte del escenario. El Referendum del gas se basó en la disyuntiva de si los bolivianos queríamos o no vender nuestro gas, exportarlo fuera de Bolivia.

Varias razones que ustedes conocen muy bien habían marcado líneas distintas. Un sector del país que dijo que no hay que vender el gas y otro que dijo que sí hay que venderlo. Por eso la necesidad de un referendum. En el ínterin se ha producido una circunstancia muy importante. La posibilidad de exportar gas a México y a Estados Unidos se ha eliminado por lo menos en lo que se refiere al contrato de exportación a California. Dirá alguno que no había ningún contrato firmado por Bolivia y que por lo tanto, no ha perdido nada. sa es una verdad a medias. Todos saben que había un compromiso firme y una carta de intenciones y que las posibilidades de la oferta boliviana eran sin duda las mejores para hacer esa exportación.

La razón por la que la empresa norteamericana Sempra ha firmado un contrato con una empresa de Indonesia está referida a los acontecimientos de octubre, a una posición muy importante que se ha visto internacionalmente que pareciera decir que los bolivianos no queríamos vender el gas y al hecho de que hemos decidido hacer un referendum que se puede ganar o se puede perder. sos son los elementos que plantearon una decisión de parte de esta empresa para no hacer un acuerdo con Bolivia.

Se nos ha cerrado una puerta y negarlo sería un absurdo. Decir que eso no tiene ninguna importancia sería mentir, es una situación compleja. Hoy la apertura de mercados para nuestro gas es difícil y va a demandar un doble trabajo. El volumen de gas que nos iba a comprar el mercado norteamericano era muy grande, algo parecido al que nos compra Brasil, y encontrar un mercado similar en otra parte del mundo no va a ser tarea de coser y cantar.

¿Cuán grave es esto? Es grave en la medida en que Bolivia necesita aumentar sus ingresos para que todos y cada uno de las y los ciudadanos bolivianos tengamos una situación económica mejor. Si queremos mejores salarios, si queremos más maestros, si queremos más médicos, si queremos mejor infraestructura; el país tiene que recibir más dinero que le permita invertir más y mejorar las condiciones de vida.

Esa es la razón por la que tenemos que vender nuestras materias primas. Dirá el ciudadano que no se trata de vender por vender, que no podemos aceptar que se venda el gas simplemente, que tenemos que demostrar que el primer beneficiario es el ciudadano boliviano, es cierto; pero no podemos suponer que el mundo entero está esperando qué decide Bolivia, que el único país con posibilidades de vender gas es Bolivia.

En el mundo hay más de 2,500 trillones de pies cúbicos de gas, de los cuales Bolivia tiene 54. Eso quiere decir que hay muchísimo gas que se puede comprar en otras partes del mundo y que Bolivia es una de muchas opciones. En una competencia internacional de seguridad, calidad y precio; Bolivia está en un margen relativamente pequeño, aunque en América Latina seamos un país muy importante en reservas.

Sobre esa base, ¿qué es lo que propongo para el Referendum? Primero, una campaña de información transparente que le diga a cualquiera de ustedes cuidadanas y ciudadanos bolivianos la verdad sobre el gas, sin sesgos ni intencionalidades, de manera transparente, para que cuando usted decida en el Referendum, tenga una información correcta y completa. Segundo, vamos a presentar la licitación ya, es decir vamos a hacer publica la licitación de instalaciones gratuitas de gas domiciliario para que hasta el 2007 superemos las 200.000 conexiones de gas. Para que usted sepa que el primer beneficiario del gas es el ciudadano boliviano. Antes del Referendum, vamos a presentar el programa de acción para la transformación de vehículos de gasolina y gas licuado a gas natural comprimido, con el compromiso de que si usted quiere transformar su vehículo de GLP o de gasolina a gas, el equipo que usted necesita sea gratuito, de modo que esa transformación no tenga el costo de aproximadamente 700 dólares que le significaría comprarlo.

Adicionalmente, vamos a conformar una comisión del más alto nivel y de la más alta credibilidad para que en un tiempo razonable, le diga a Bolivia cuáles son las posibilidades reales de industrialización de nuestro gas y de nuestros hidrocarburos, de añadir valor agregado y no solamente vender gas. Que nos informe sobre la posibilidad de desarrollar termoeléctricas, industrias petroquímicas, transformación de gas a líquidos como ingredientes que le dan mayor valor a nuestra materia prima. Esta es una posibilidad que debemos explotar y debemos llevar adelante. Ojalá que esa comisión nos pueda dar un resultado positivo que nos permita encarar rápidamente inversiones públicas y privadas para que el gas tenga un valor agregado.

Y finalmente, el tema más importante de nuestro compromiso antes del Referendum es la modificación de la Ley de Hidrocarburos. Es la presentación al Congreso Nacional de una nueva Ley de Hidrocarburos que tiene fundamentalmente tres características. La primera: más impuestos para Bolivia. Que las empresas petroleras que han invertido en nuestro país nos paguen un mayor porcentaje de impuestos; que no signifique un abuso de Bolivia a las petroleras, pero que sí refleje esa sensación de que el negocio es bueno para ellos y para nosotros; que signifique mayor equidad en la distribución tanto para los inversionistas como, sobre todo, para el pueblo boliviano.

Segunda característica: la necesidad de recuperar la idea de soberanía sobre nuestros hidrocarburos. La recuperación de la soberanía sobre nuestros hidrocarburos nos permitirá decidir precios internos que ahora están atados a un concepto de precio internacional que no es aceptable, respetando el concepto fundamental de propiedad y soberanía definido por la Constitución Política del Estado.

Y la tercera y última característica: el fortalecimiento de YPFB. Que la empresa petrolera de las y los bolivianos pueda, en el futuro, encarar contratos, encarar iniciativas, encarar trabajos como inversionista en emprendimientos compartidos con inversionistas extranjeros o locales; o en emprendimientos de la propia empresa que tienen mucho que hacer, por ejemplo, en la instalación de gas domiciliario. Ese fortalecimiento tiene que recuperar la idea de un YPFB sólido que es una idea que fue fundamental en el pasado.

Estos son los aspectos que yo comprometo antes del referendum. Me preguntarán fechas. En lo que se refiere a gas domiciliario, en lo que se refiere a la transformación de gas vehicular, en lo que se refiere a la presentación de la Ley de Hidrocarburos; estos tres instrumentos estarán listos antes del 31 de enero de 2004.

En lo que se refiere al Referendum, éste se realizará el 28 de marzo de 2004. En esa fecha, las y los bolivianos tomaremos una decisión sobre este tema crucial que son nuestros hidrocarburos y fundamentalmente, nuestro gas.

Complemento con un pedido muy encarecido al Congreso Nacional: que cumpla su compromiso de aprobar la Ley de Hidrocarburos antes del Referendum. Ojalá que pueda ser en el mes de febrero, la primera quincena de ese mes sería ideal. Nosotros vamos a presentar un proyecto que el Congreso debatirá y al cual podrá hacer modificaciones. Esperamos lograr un consenso para que tengamos una buena ley, útil para las y los bolivianos.

Y el otro compromiso que le pido al Congreso es el nombramiento de los miembros de la Corte Nacional Electoral que faltan para que pueda encarar de manera adecuada, transparente y creíble el Referendum que es un instrumento vital de cara a nuestro futuro.

Asamblea Constituyente: un nuevo pacto social

Continúo con el tema político. Tenemos que hablar de la Asamblea Constituyente. Ese fue otro compromiso que hice como Presidente de la República y es un compromiso que quiero cumplir porque hace a algunos asuntos esenciales de Bolivia. ¿Qué quiere decir Asamblea Constituyente? Quiere decir que Bolivia ha decidido construir un nuevo Pacto Social. El Pacto Social más importante de las y los bolivianos es la Asamblea Constituyente porque es la definición de esa nueva Constitución. Hace a la democracia, a cómo concebimos nuestro manejo de los recursos naturales, hace al tema de la tierra, hace a esa cuestión fundamental que el país está debatiendo que es si queremos seguir siendo una República unitaria o si se pueden encontrar caminos hacia el federalismo o las autonomías o a la profundización de la descentralización o a la regionalización. Es decir, cómo nos concebimos conviviendo entre regiones, entre ciudadanos, en función de los recursos que tenemos y cuál es nuestro modelo democrático. Por lo tanto, construir una Asamblea Constituyente en la que todos los bolivianos tengamos algo que decir es sin duda, una gigantesca e importantísima tarea.

¿Cuáles son los pasos que debemos dar? Yo quiero demandarle al Congreso Nacional los siguientes pasos:

Me parece fundamental la aprobación de la Reforma Constitucional porque ustedes saben que hay una Ley de Necesidad de Reforma que fue aprobada en el gobierno del Presidente Quiroga y está hoy en consideración del Congreso Nacional. La Reforma Constitucional debe incluir la Asamblea Constituyente como un mecanismo válido y aceptado por nuestra Constitución. Eso es lo único que nos va a permitir contar con una Asamblea Constituyente dentro del marco de la democracia, eso es lo que yo llamo la constitucionalización de la Asamblea Constituyente.

Pero dirán ustedes ¿para qué hacer una reforma solamente para este paso?, podríamos ir a una ley interpretativa. La respuesta es que además, la Reforma Constitucional incluye elementos fundamentales en este proceso. Primero, el referendum. Si el 28 de marzo vamos a llevar adelante un referendum, la Constitución tiene que contemplarlo y eso nos permite dejar fuera de dudas su legitimidad por estar incluido en la Reforma Constitucional que estará en debate en el parlamento.

Segundo, la desmonopolización de los partidos. Que los partidos no sean el único camino para elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente, que cualquier organización o grupo ciudadano o persona pueda presentarse como candidato a ser miembro de la Asamblea Constituyente sin tener necesariamente que formar parte de un partido político. ste es un elemento central que justifica la Reforma a la Constitución Política del Estado.

Estos dos aspectos -el referendum y la desmonopolización de los partidos- están incluidos y sólo así podremos encarar el referendum y la Asamblea Constituyente de manera adecuada. Pero además, la Reforma Constitucional incluye temas tan importantes como el fin de la impunidad parlamentaria, ese tema que nos ha preocupado tanto. Que se termine la protección de la corrupción cuando alguien es diputado o senado. Eso está incluido en la Reforma, junto a aspectos complementarios como la doble nacionalidad que tantos compatriotas que viven en Argentina, Estados Unidos, Perú o Brasil están pidiendo desesperadamente porque no quieren perder la nacionalidad boliviana, pero necesitan adquirir la nacionalidad del país donde viven para tener mejores condiciones de vida.

Estos son algunos de los muchos temas que pueden ayudarnos a avanzar. Por lo tanto, quiero pedirle al Congreso Nacional que apruebe la Reforma Constitucional, que incluya la Asamblea Constituyente y que lo hagamos antes del mes de marzo. Que entre enero y febrero, el Congreso pueda hacer esa aprobación que me parece fundamental para encarar la Asamblea y para que el país sepa que de verdad queremos hacer una Asamblea Constituyente. Creo que la Asamblea debe basarse en el voto directo y personal de cada uno de los ciudadanos. El voto es el instrumento fundamental de la democracia y los cuatro millones de bolivianos que tienen derecho a votar por ser mayores de edad, deben a emitir su voto para elegir a quienes quieren que los representen en la Asamblea Constituyente. Ojalá que el Congreso Nacional preserve el concepto fundamental que dice: un ciudadano, un voto. Ello vale para la elección municipal, vale para la elección general y debe valer para la elección de los miembros de la Asamblea Constituyente.

¿Cuándo deberíamos realizar la Asamblea? Yo quiero -en este tema- mencionar cuál es el cronograma que va a encarar el país en los próximos meses y en los próximos años. El año 2004, vamos a tener dos procesos de elección: uno, el referendum el 28 de marzo y otro, las elecciones municipales el primer domingo de diciembre de 2004. Aprovecho la oportunidad para ratificar como presidente, mi compromiso de que esa elección se lleve adelante el primer domingo de diciembre de 2004 como lo manda la ley.

Si Bolivia va a encarar dos procesos electorales el 2004, ¿le conviene hacer la elección de la Asamblea Constituyente este mismo año? Es una pregunta que dejo abierta. ¿Cuánto tiempo se requiere para que una vez instalada la Constituyente, podamos tener sus debates, respuestas y resultados? ¿Es conveniente esta elección el 2004? ¿Será prudente el primer semestre de 2005? Es un tema que el país debe debatir. Como se trata de una responsabilidad fundamentalmente legislativa, dejo planteada la interrogante al Congreso y a las y los ciudadanos. Queda claro nuestro compromiso de llevar adelante el Referendum y de llevar adelante la Asamblea Constituyente que tiene que ver con la construcción de una nueva democracia.

El Estado: protagonista de la economía nacional

Quiero hablar ahora de un aspecto central del que depende el éxito o el fracaso no del presidente ni de su gobierno, sino del país. Me refiero al aspecto económico. ¿Cómo vamos a marcar la posibilidad de salir de la recesión económica, reactivar la economía como desafío y generar trabajo para los bolivianos -que es una demanda que el país no ha podido resolver en los últimos cinco años-? Hemos trabajado en la idea de que podemos apoyarnos en algunas columnas fundamentales: el gas es una de ellas, la generación de trabajo es otra, la solidaridad en un momento como éste es la tercera y la transparencia es la cuarta.

La generación de empleo tiene que basarse en actividades que sean dinámicas, precisamente en la posibilidad de multiplicar las fuentes de trabajo. No me cabe la menor duda de que las instalaciones de gas domiciliario -estamos hablando de una meta de más de 200.000 instalaciones hasta el 2007- va a marcar un hito en el momento en el que empiece su ejecución. Esto tiene que ser en los próximos meses, la licitación estará antes del 31 de enero lo que nos permite pensar que va a ser un sector altamente dinámico en generación de trabajo, pero no es suficiente desde luego.

Queremos marcar aquí un concepto que es el concepto de las alianzas. No podemos seguir adelante en la idea de que hay una responsabilidad del Estado por un lado, y hay una responsabilidad de los agentes privados, grandes empresarios, medianos, pequeños y micro empresarios; por el otro. No son dos escenarios separados y permítanme aprovechar para decirles algo que probablemente marca un giro de enfoque en relación al pasado inmediato. Estoy absolutamente convencido de que el Estado no puede continuar en la filosofía de regulador u observador exclusivamente. En un momento como éste, el Estado tiene la obligación de jugar un papel protagónico en la economía del país. El mercado es ciego y esa ceguera habla de mala redistribución, esa ceguera habla de que hay sectores que concentran la riqueza, esa ceguera habla de que la pobreza no va a poder resolverse si dejamos todo librado a las fuerzas del mercado.

Hablo pues de un Estado protagonista, no del viejo Estado generado en 1952 porque creo que debemos aprender las lecciones del pasado, pero tampoco de un Estado que quita las manos de su responsabilidad fundamental. Por eso el concepto de alianzas tiene sentido, porque lo que nosotros queremos es reunirnos con los agentes de la economía. ¿Qué es lo que ellos le ofrecen a Bolivia?, ¿qué es lo que usted que es un pequeño o gran empresario quiere hacer para construir esta sociedad en su ámbito, que puede ser la producción textil o que puede ser la producción de café o cualquier otra actividad? Y ¿qué es lo que usted necesita que yo como representante del Estado le dé? Esa idea de una alianza quiere decir que nos debemos sentar en la misma mesa para definir de manera común estrategias de crecimiento y estrategias de productividad.

Y hablando de un Estado que tiene un sentido de participación mucho más directa en la economía, quiero decir que debemos hablar de sectores prioritarios, de los cuales vamos a preocuparnos especialmente porque creemos que allí podemos encontrar una generación importante de empleo. Estoy hablando sin duda de la industria manufacturera. Permítanme mencionarles un dato. Bolivia logrará al 31 de diciembre de 2004 -y digo logrará porque no tengo los datos a esa fecha y sí los tengo hasta noviembre- una exportación superior a los 1.500 millones de dólares.

Esto es importante porque Bolivia ha venido exportando en los últimos cinco años entre 1.200 y 1.300 millones de dólares. Hemos incrementado nuestras exportaciones a más de 1.500 millones de dólares. Insuficiente, no nos hace felices, pero estamos mejor que en el pasado. De esos más de 1.500 millones de dólares que Bolivia ha exportado el 2003, 700 tienen que ver con la industria manufacturera. En otras palabras es una industria que no solamente genera empleo, sino que está generando exportaciones. Es nuestro primer rubro de exportación, más que el gas que representa 331 millones de dólares de exportación.

Tenemos, por lo tanto, que impulsar al sector manufacturero porque genera empleo y porque exporta. Y tenemos que decirle a quien exporta que terminemos con el asunto del IVA y el retraso de los CEDEIM y la burocracia y la lentitud y las promesas que no se cumplen de nuestra parte para hacer más eficiente su trabajo. Estos son aspectos fundamentales, este sector es crucial. Allí tenemos a la producción textil, allí tenemos la necesidad vital de apertura de mercados. Hablaré de ello más adelante,

El turismo es vital. No es posible que un país amigo como Perú tenga solamente en Cusco una presencia de más de 1 millón de turistas de los cuales recogemos -para decirlo de manera figurada- menos de 200 mil. Tenemos que lograr vincularnos a los circuitos que tienen otros países para que los turistas entren a zonas tan extraordinarias como el Lago Titicaca, el Salar de Uyuni, Tiahuanacu por supuesto, y la zona del Oriente boliviano con las misiones de Chiquitos.

Tenemos que inventar conceptos como vuelos charter para entrada directa desde Europa y Estados Unidos, tenemos que trabajar en la mejora de infraestructura y tenemos que cambiar nuestra mentalidad. Si usted quiere turismo en el Salar de Uyuni y en el Lago Titicaca, pero simultáneamente es protagonista de bloqueos de una semana, dos semanas o un mes; será imposible que contemos con esos turistas. Y usted que vive en Copacabana o en el Altiplano o en la reserva Eduardo Avaroa, a la vez que quiere recibir ingresos porque le puede dar artesanías, comida y alojamiento al turista; le está poniendo piedras en el camino; se está poniendo piedras en el camino usted y nos las está poniendo al país.

Es decir, si tenemos una vocación por el turismo, no podemos tener la lógica de bloquearnos a nosotros mismos. Más allá de la cosa política y no quiero hacer demagogia, quiero simplemente marcar una mentalidad que nos permita entender que vocación por el turismo quiere decir puertas abiertas, facilidades y un grato estar para quienes nos van a visitar. Tenemos que trabajar en el ámbito del turismo para generar una muy importante cantidad de empleos y lo podemos lograr.

Tenemos que trabajar en la vivienda que es otro sector prioritario, y ahí tenemos un 2 por ciento de aporte a la vivienda que hacen los empresarios y que tiene que convertirse en un fondo que le dé un pie para entrar en la compra de una casa a una familia pobre, a una familia marginal, a una familia que más allá de la clase media -que es la única que tiene acceso a la vivienda- pueda tener la casa propia.

Estamos hablando de casas de 2.500, 3.000, 3.500 dólares. Estamos hablando de un fondo que le permita colocar la cuota inicial y que permita razonablemente -en el margen de los salarios que gana- un plazo largo con intereses bajos para poder acceder a una vivienda. Ello genera una dinámica de construcción de viviendas -que lo sabemos todos- es altamente generadora de empleo. Por lo tanto, este fondo y un concepto hipotecario nuevo nos van a ayudar a trabajar claramente en eso que es generar trabajo, dar empleo y a la vez, reactivar la economía.

Hay otros elementos fundamentales como la agroindustria. Por supuesto que sí. Cuando hablo de agroindustria, estoy hablando básicamente aunque no exclusivamente de soya y sus derivados. El Oriente boliviano y el departamento de Santa Cruz generan 307 millones de dólares de exportaciones en soya y derivados. Es decir, de manera individual la soya es el segundo producto de exportación después del gas: 331 el gas, 307 la soya.

No podemos darnos el lujo de que esa producción corra peligro. Es más, hemos tenido una gran cosecha el año 2003 y eso ha dado resultados muy importantes desde el punto de vista de las exportaciones. ¿Qué está pasando en el tema de nuestras exportaciones de soya y otros? Estoy hablando del azúcar, estoy hablando del aceite. Empezamos a afrontar problemas con mercados que hoy son fundamentales, básicamente de la Comunidad Andina de Naciones. Hablamos de Perú, hablamos de Venezuela, hablamos de Colombia.

Lo que está pasando hoy en los procesos de integración es que los países que son parte de la Comunidad Andina están empezando a hacer acuerdos bilaterales con el Mercosur y un acuerdo bilateral de Perú o de Colombia o de Venezuela marca el fin de ciertas barreras que hacían competitiva a la soya boliviana. Esto quiere decir que la soya boliviana en las actuales condiciones tiene ventajas desde el punto de vista arancelario para venderse en países de la Comunidad Andina, que dejará de tener después de los acuerdos bilaterales.

¿Qué marca esto? Algo que vale para la soya y que vale para cualquier otro producto que queramos exportar. Necesitamos abrir mercados, lo que quiere decir, necesitamos hacer tratados de libre comercio. Tratados de libre comercio quiere decir un acuerdo bilateral con Perú por ejemplo, o con Venezuela o con Estados Unidos de Norteamérica. Uno, para que las condiciones de competitividad de nuestros grandes productos sigan funcionando; y dos, para que esos productos que no tienen mercados hoy día los tengan.

Bolivia hoy tiene el beneficio del ATPDEA. ¿Qué es el ATPDEA? Es un acuerdo entre Estados Unidos y los países andinos que nos permite la exportación de una cantidad muy importante de productos liberados para entrar a Estados Unidos. Ese acuerdo va a terminar el año 2006. Si el acuerdo se termina, el incremento de nuestras exportaciones en el ámbito textil que en el año 2003 fue del 60 por ciento, no seguirá creciendo y al contrario tendremos una caida en las exportaciones. No podemos esperar sentados a que el 2006 llegue y no haya más ATPDEA, tenemos que sustituir ese acuerdo con un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

¿Por qué estoy subrayando este tema? Porque en el país hay una doble lectura. ¿Qué te pide el microempresario, qué te pide ese pequeño empresario que tiene dos, tres, cuatro personas que trabajan para él y que produce artesanías? Necesito mercados. ¿Qué te pide el gran empresario? Necesito mercados. ¿Por qué? Porque el mercado boliviano es pequeño, tiene poco poder adquisitivo, no tenemos mucha plata para comprar lo que nuestros productores pueden ofrecer.

Esos productores por lo tanto, necesitan abrir el mercado y el mercado del mundo es un mercado gigantesco. Alguno de ustedes pensará que lo que el presidente nos está contando es que quiere meterse en el ALCA, olvídense del ALCA por un momento. Lo que el presidente quiere es decirle a quien ha pedido mercados: Sí, voy a trabajar duramente para conseguir mercados, pero usted que me pide mercados no grite cuando hago un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, porque lo que yo tengo que lograr es un acuerdo equilibrado, que no represente ventajas por un lado y grandes desventajas por el otro.

El ALCA, ustedes lo saben, es parte hoy de un gran debate mundial, digo mal, de un gran debate hemisférico. Hay líneas críticas con el ALCA y nosotros compartimos la posición por ejemplo de Brasil, de un ALCA light y creemos que es indispensable trabajar fuertemente en un ALCA que no termine por dañar severamente nuestra base industrial por falta de competitividad, pero hoy no estoy hablando del ALCA, estoy hablando de nuestra necesidad y espero su confianza para abrir tratados de libre comercio con varias naciones empezando por Estados Unidos.

Vuelvo al tema de los escenarios estratégicos o para decirlo mejor, prioritarios. Por supuesto, me refiero al ámbito rural. Tenemos que lograr hacer verdad aquello de las cadenas productivas. Si no logramos cerrar nuestras cadenas productivas, vamos a seguir jugando a un área rural absolutamente abandonada y absolutamente olvidada. Ese es un contexto que nos obliga a inversiones directas muy claras. Les menciono un ejemplo: para el año 2004, hemos comprometido 25 millones de dólares para riego adicional al que ya existe por supuesto, que va a ampliar en 10 mil hectáreas las que ya tenemos con riego en el país, que va a beneficiar a 10.000 familias y que marca nuestro compromiso. Estoy poniendo solamente un ejemplo que es -dirán ustedes- insuficiente, pero me parece fundamental para poder lograr un escenario diferente con mayor condición y mayor productividad.

Diálogo Nacional: participación y transparencia

En el tema de la inversión en las zonas rurales, tenemos que hablar del Diálogo Nacional. Yo quiero que ustedes estén absolutamente seguros de que el Diálogo Nacional es para mí un compromiso de primerísima importancia. El Diálogo se abrió hace algunas semanas y va a tener una gran trascendencia en la primera parte de 2004. El Diálogo es que usted que está en una pequeña comunidad del Altiplano o del Chaco o del Beni o de Santa Cruz, va a reunirse -antes incluso de la reunión de su municipio- para definir sus prioridades, sus requerimientos de inversión y de orientación del dinero del Estado boliviano, para que luego el municipio plantee su discusión, para que luego la región, el Departamento haga su propuesta y para que, finalmente en la punta de la pirámide, se reúnan en un gran debate, un gran diálogo todos aquellos que han recogido lo que el conjunto de la ciudadanía quiere para establecer una estrategia.

El Diálogo es participación, el Diálogo es la profundización de esa medida fundamental de la Participación Popular. El Diálogo es reconocer que el municipio es un elemento, un instrumento esencial de nuestra democracia. El Diálogo nos planteará las prioridades de inversión. En general, las primeras lecturas que hemos hecho de quienes están en el Diálogo Nacional son: queremos cadenas productivas, queremos mercados, queremos mayor productividad.

¿Cuáles son las mayores críticas? Los fondos no funcionan, y no les falta razón. Hay un equipo de fondos. Hablamos del FNDR y del FPS. Si no logramos que los fondos marquen una ruta rápida, si no logramos que la plata de los fondos llegue donde debe llegar, si no resolvemos el tema de la contraparte que ha bloqueado cantidades importantísimas de cooperación internacional; no vamos a tener éxito, sobre todo en el área rural.

Nuestro compromiso es eficiencia, transparencia y rapidez en la ejecución, y la posibilidad de replantear el concepto -sobre todo en la primera fase y en determinados municipios de la contraparte- para hacer viable que el dinero de la cooperación que manejan los fondos y el propio dinero de los fondos esté llegando a donde tiene que llegar. Si el FPS y el FNDR no funcionan, la dinámica de reactivación económica en las zonas de las que estamos hablando, no van a funcionar.

Y con esto quiero hacer una reflexión: No hay muchas cosas nuevas que inventar. Y yo no voy a comprometer ni les voy a contar una película maravillosa porque les mentiría. Lo que tengo que conseguir es que aquellos recursos con los que contamos, que aquellos mecanismos que ya existen, funcionen adecuadamente, de manera transparente -éste es un tema que todos ustedes nos han pedido- pero también de manera eficiente.

En lo que se refiere al área rural, estamos hablando de la necesidad de proyectos de electrificación que están en marcha y estamos hablando de la capacidad que tengamos de ofrecer capacitación técnica e instrumentos mínimos como semillas para hablar de un elemento básico. Eso pasa porque aquello que ya existe lo podamos usar bien, porque en la medida en que lo hagamos, vamos a poder contar con mayor cooperación internacional que nos permita incrementar los niveles ya existentes.

Columna de la solidaridad

Esto tiene que ver con otro desafío que hemos definido como la columna de la solidaridad. Esa columna de la solidaridad va a traducirse en un mecanismo que toma como modelo el Fondo Social de Emergencia, que cuenta con 50 millones de dólares que vienen de la Corporación Andina de Fomento y del Banco Interamericano de Desarrollo, que tienen como destinatarios a los sectores más conflictivos que ha tenido la sociedad. Por supuesto estoy pensando en la ciudad de El Alto, estoy pensando en áreas importantes del Altiplano boliviano, y también en otros sectores de más alta pobreza del país.

Cuando se habla de la más alta pobreza, uno siempre dice: Norte de Potosí. Sin duda eso es verdad, pero también hay altísima pobreza en el séptimo anillo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Con esto quiero decir que no estamos pensando en un tipo de inversión social exclusivamente para un área geográfica. Sí vamos a colocar esa inversión de manera rápida en sectores muy críticos, pero no podemos olvidarnos de otras áreas del país que requieren de esa inversión.

Este Fondo Social de Emergencia, con un monto tan significativo, tiene que funcionar rápidamente, tener un costo administrativo muy bajo y tener un alto grado de eficiencia. El secreto que divide el éxito del fracaso en el área económica es rapidez y capacidad de decisión inmediata. Ojalá que podamos conseguirlo, ése es mi compromiso fundamental.

El mar: un tema crucial

Quiero referirme ahora a otro tema que es crucial y que hace a la más importante cuestión histórica que tiene pendiente el país: me refiero a la demanda marítima boliviana.

Primero, decirles que los acontecimientos de octubre -entre otros temas fundamentales- tuvieron a la reivindicación marítima boliviana en el ojo de la tormenta. Lo sabemos, una de las preguntas o una de las posibilidades si vendíamos el gas -que ya no podemos vender a Estados Unidos- era por qué puerto saldría nuestro gas; y cuando se mencionó la posibilidad de que fuese un puerto chileno, una gran parte de los bolivianos dijo: no queremos que vaya por un puerto chileno porque nosotros tenemos algo pendiente con Chile y antes de favorecer a un área determinada de ese país, queremos que Chile reivindique a Bolivia y le devuelva la soberanía marítima. Ese fue un razonamiento fundamental.

El problema marítimo boliviano en consecuencia, no es solamente una cuestión para resolver el problema de dos países: Chile y Bolivia. El problema marítimo boliviano se convirtió en octubre, en un elemento potencial de desestabilización de la región porque se puso en juego la democracia boliviana, porque se generó una situación de incertidumbre terrible y de gran peligro para la estabilidad global, y los países vecinos y los países de la región se preocuparon porque el ejemplo boliviano podía haber cundido en otras naciones. Por eso hoy el tema marítimo boliviano atañe al conjunto de la región y por eso, la estabilidad de la región pasa -a nuestro entender- por la solución de nuestro problema marítimo.

Quiero usar esta circunstancia para agradecer -porque creo que a nombre de los bolivianos debo hacerlo- al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez; al Presidente de Cuba, Fidel Castro; al Presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva; al Presidente de Uruguay, Jorge Batlle; al ex Presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter; al Secretario General de las Naciones Unidas, Koffi Annan; porque todos ellos a nombre de sus organizaciones, o de sus países, o de sus convicciones, apoyaron y apoyan hoy a Bolivia, y eso, esas voces de solidaridad con Bolivia ratifican mi criterio, ratifican que se han dado cuenta de que además de que el pedido de Bolivia es justo, tiene que ver con la estabilidad de la región.

Quiero por eso demandar a Chile una actitud que entienda que estamos en el Siglo XXI, que entienda que no vamos a resolver una relación fluida -necesaria porque somos complementarios de aquí en el futuro- si no resolvemos el tema de la soberanía boliviana. No es simplemente colocar un problema o marcar un desafío de mi parte como Presidente. En absoluto. Es reflexionar con los estadistas, con el Presidente de Chile, con el pueblo chileno, sobre un destino común. Estoy convencido de que Chile y Bolivia podemos construir un destino común, pero que sólo lo podremos hacer cuando nuestra soberanía sea restituida.

Y quiero también en la eventualidad de que la solución del problema marítimo boliviano pase por una decisión del Perú, apelar a la solidaridad del pueblo peruano. No tengo que repetir lo que bolivianos y peruanos sabemos: países estrechamente unidos por la cultura, por la historia, por el pasado, el presente y el futuro. Ojalá que Perú pueda dar una respuesta positiva -si fuese menester- en un tema de fundamental importancia para Bolivia. En ese contexto es que voy a trabajar, en ese contexto es que he convocado a más de una decena de ex cancilleres de la República para discutir una estrategia que trabajemos con ustedes, con el pueblo de Bolivia, con el parlamento boliviano; en cuanto tengamos una definición después de estas reuniones y por supuesto, en nuestro trabajo de vinculación internacional en las reuniones multilaterales o bilaterales que nos toque llevar adelante en los próximos meses y en los próximos años.

Coca: una política de Estado

El tema de la coca. Quiero ser enfático en decir que la coca es parte de una política de Estado, que tenemos una ley que debemos cumplir y que el norte de este gobierno, como de los anteriores gobiernos, es el cumplimiento de esa ley que define la existencia de coca legal y que define la existencia de coca excedentaria que debe ser erradicada.

Creo que una política sensata sobre la coca pasa por cumplir la ley, pero pasa también por entender las características que su cumplimiento demanda. Hay una cantidad importante de población de nuestro país, de compatriotas que producen coca excedentaria y tenemos que ir en un camino correcto para que la transición no sea traumática. Creo que debemos sentarnos a conversar, creo que debemos hacer una negociación sobre la base del cumplimiento de la ley.

No me parece que la lógica del gobierno sea cumplir la ley independientemente de lo que pase, ni que la lógica de los productores de coca sea seguir produciendo coca excedentaria que va al narcotráfico porque ése es el único camino. Si planteamos posiciones de esa naturaleza, no habrá solución. Debemos aceptar que la coca excedentaria va al narcotráfico y debemos reconocer nosotros que hay un tema económico y un tema social y un tema humano que resolver. Si somos capaces de sentarnos a negociar sobre ese escenario y sobre esas premisas, pondré lo más importante de mi buena fe y de mi voluntad para lograr una solución definitiva a lo que se ha convertido en un trauma nacional y ha condicionado tan negativamente nuestras relaciones internacionales.

Economía: honestidad, austeridad y eficiencia

Ustedes saben que el país atraviesa un momento económico crítico, un momento económico difícil. Quiero que podamos entender de qué estamos hablando cuando digo que el país atraviesa un momento económico difícil. Aquí debo decir que hay dos formas de ver el problema: una es cómo le va a ir a la economía boliviana. Ustedes saben que hemos tenido el año 2003, una inflación de casi el 4 por ciento y un crecimiento inferior al 3 por ciento. El crecimiento del Producto Interno Bruto es todo aquello que Bolivia produce haciendo crecer la torta de su economía. La economía que tiene una torta de este tamaño ha crecido en menos del 3 por ciento en el año 2003.

¿Qué esperamos para el año 2004? Un crecimiento que supere el 3 y medio por ciento. No es una mala noticia, pero tampoco es una noticia que nos llene totalmente de alegría. Para que el país empiece a sentir en el bolsillo de cada uno de ustedes que nos va bien, tenemos que crecer por encima del 4 por ciento y las perspectivas para el 2004 todavía no llegan a superar el 4 por ciento. Por lo tanto, la economía está recuperándose, pero necesita ir más rápidamente para que empecemos a sentirlo. Solamente en cuatro o cinco años creciendo por encima del 4 por ciento, comenzaremos a ver los resultados.

Esa línea de economía que indica que estamos saliendo de la recesión contrasta con el problema fundamental que se llama déficit fiscal. Hemos cerrado el déficit fiscal en un 8 por ciento. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que estamos gastando mucho más de lo que estamos recaudando, de lo que está ingresando al Tesoro General de la Nación; quiere decir que hay una brecha gigantesca entre lo que recaudamos y lo que gastamos. Un 8 por ciento de déficit fiscal es tan bárbaro que en el caso normal promedio en América Latina, estamos hablando de déficits que están entre el 3 y 3 y medio por ciento y algunos por debajo. Es decir, duplicamos el déficit fiscal que tienen países vecinos.

Hablaremos de cifras para poder entendernos, porque el déficit fiscal es el mismo problema que usted tiene a fin de mes: si usted gana 3 mil bolivianos al mes y gasta 4.500 bolivianos, en el curso de poco tiempo usted estará quebrado, usted necesitará prestarse plata o necesitará cortar sus gastos. Eso es lo que le está pasando a Bolivia. Técnicamente estamos quebrados. Nuestro Tesoro General de la Nación gasta 15.000 millones de bolivianos al año. se es el gasto que hacemos en el año: 15.000 millones de bolivianos, y a nuestro Tesoro General de la Nación ingresan 9.600 millones de bolivianos. Es una brecha gigantesca, es decir, 5.700 millones de bolivianos estamos gastando más de lo que estamos recibiendo, casi el 40 por ciento. Es muy simple, llega un momento en que no tengo plata para pagar y por lo tanto, si fuera un ciudadano o una empresa tendría que cerrar e irme a mi casa, pero no lo puedo hacer.

¿Cómo resolvemos el problema del déficit fiscal? sta es la pregunta fundamental. Usted dirá: ¿y a mí qué me cuenta, a mí de qué me sirve o por qué me interesa el déficit fiscal, qué tengo yo que ver como ciudadano con el déficit fiscal? Déjeme que le explique en qué gastamos 15.000 millones de bolivianos.

Gastamos casi 3 mil millones de esos 15.000 millones en deuda externa, es decir el 20 por ciento de la plata que gasta Bolivia, la paga en deuda externa: capital e intereses. Es mucha plata y es una pregunta complicada porque en este momento económico difícil estamos tomando nuevos créditos que van a aumentar nuestra deuda externa. Esa es una trampa compleja que hace a una larga discusión histórica. ¿Qué hacemos con la deuda externa? Pero la realidad es que estamos gastando casi 3 mil millones en la deuda externa, esto no le toca a usted.

El segundo gasto es pensiones. Estamos gastando 2.800 millones en pensiones, es decir en pagar las jubilaciones a las mujeres y a los hombres de Bolivia que son parte del sector pasivo y que el Estado les paga todos los meses una pensión: 2.800 millones de bolivianos. Eso ya le toca a usted porque usted tiene a su mamá, a su papá o a su tío o a su abuelito o a su abuelita que están recibiendo esa plata del Tesoro General de la Nación. Dirán ustedes: hemos aportado durante toda nuestra vida. Por su puesto que sí, no estoy tratando de desmerecer, estoy explicando que sí el déficit fiscal nos interesa porque nos toca el bolsillo.

Educación: 2.600 millones de bolivianos. ¿Qué quiere decir educación? Quiere decir maestros. El 90 por ciento de esta plata son salarios, es decir que los maestros que educan a nuestros hijos dependen del Tesoro General de la Nación y ése es un servicio directo que usted recibe, porque yo he escuchado muchas veces decir: yo no quiero pagar impuestos porque los impuestos van para los ladrones que se los meten al bolsillo o van para los calienta bancos del parlamento o van para los inútiles del gobierno que no hacen nada si no ganar plata del lugar que ocupan. sa es la razón por la que la gente dice: ¿para qué voy a pagar impuestos si el impuesto no me beneficia a mí?, ¿dónde están los beneficios de los impuestos que yo pago? Aquí, en las pensiones que le pago, en los salarios que le pago a los maestros. Si no tengo plata a fin de mes para pagar a los maestros; además de las marchas, manifestaciones, la huelga y el bloqueo; sus hijos dejan de recibir educación.

La Administración Pública, nosotros, le demandamos al país 1.400 millones de bolivianos. Esos 1.400 millones de bolivianos son el 10 por ciento del total de los 15.000 millones de bolivianos de los que hablé. ¿Qué podemos hacer con la administración pública? Tenemos que recortar los gastos de la administración pública. Sí señor. Si yo quiero que tengamos austeridad todos, tengo que empezar por ser austero yo mismo. Estamos trabajando para reducir los gastos de la administración pública que demandan esos 1.400 millones.

La deuda interna: 1.100 millones. He hablado de deuda externa, es decir lo que nos han prestado fuera de Bolivia el Banco Mundial, el BID, Estados Unidos, Japón, España, Francia, Suecia, etcétera. La deuda interna es el mecanismo que utiliza el Tesoro para cubrir su déficit con bonos redimibles a largo plazo. Te doy un alto interés, tú me compras un bono y dentro de 10 ó 15 años te lo voy a devolver, pero tú vas a haber ganado una platita muy atractiva. Eso me permite contar con plata que me cubre el déficit, pero estamos hablando de 1.100 millones de deuda interna que es mucha plata sólo en intereses de la deuda interna. En cuanto comiencen los bonos a redimirse, voy a tener que pagar capital y esa plata se va a multiplicar.

Luego viene defensa. Pago 840 millones en defensa, fundamentalmente Fuerzas Armadas que en cuanto hace a salarios es el tercer rubro: pensiones 2.800, educación 2.600, defensa 841 millones. Este es un rubro importante.

Luego pago a las universidades 492 millones de bolivianos y es poco. Las universidades siempre dicen que no les alcanza el presupuesto, pero significan un 3 por ciento del total del presupuesto del Tesoro General de la Nación. Proporcionalmente las universidades demandan más inversión que los niños. Es decir, un muchacho que estudia en la universidad le cuesta al país cinco, seis ó siete veces más que un muchacho, un chico, una chica que está estudiando en básico o en secundaria. Sin duda es una inversión que hay que hacer porque estamos hablando de educación y si estoy haciendo esta reflexión sobre las universidades, podría preguntar si los 841 millones que gastamos en defensa son muchos o son pocos. Da la impresión que tenemos que revisar esas cifras y tenemos que ver cómo redistribuimos nuestros gastos.

En salud gastamos 486 millones. ¿Qué quiere decir eso? Que la enfermera, que el médico, que el camillero que está en el Hospital General o en el Japonés o en cualquiera de las instituciones de salud recibe su salario de aquí. Es decir que sus impuestos no están yendo exclusivamente a los bolsillos de quienes se los roban -de eso voy a hablar ahora- están yendo a servicios directos que le benefician a usted: un maestro, un médico, una enfermera, un profesor universitario.

La policía demanda 485 millones. Esos 485 millones son seguridad ciudadana. Insuficiente, uno de los grandes problemas de Bolivia. ¿Cómo resolvemos la seguridad ciudadana? ¿Con más presupuesto? Sí. ¿Con una redistribución interna de la policía para que no haya tantos en La Paz y tan pocos en otras ciudades? Sí, pero eso me cuesta. Si yo quiero trasladar a 5 mil policías desde La Paz a diferentes puntos del país, tengo que pagarles el transporte, el alojamiento y la infraestructura con la que van a trabajar. ¿De dónde sale ese dinero? Eso es lo que tenemos que resolver.

Y finalmente, los beneméritos que son parte también del sector pasivo: 225 millones de bolivianos. Esos son algunos de los gastos; he mencionado los 10 que más gastamos de los 15.000 millones que estamos gastando. Cuando usted me pide aumento salarial, cuando un maestro dice: lo que yo gano es muy poco. La respuesta es: muy bien, ¿de dónde voy a sacar la plata que necesitamos para pagarle mejor? Cuando usted que vive en Curahuara de Carangas, me dice: sabe, tengo pocos maestros en esta zona, en el municipio, necesito ítems para maestros, necesito ítems para enfermeras y médicos; la pregunta es ¿de dónde los saco? Si estoy gastando 15.000 millones y estoy ingresando 9.600 millones y tengo un hueco de 5.000 millones ¿cómo hago para darle más ítems a usted?

Con esto ¿qué quiero decir? Quiero decir que cuando discutimos sobre lo que el país quiere, la única forma de discutirlo es: vamos a plantear el problema y vamos a encontrar la solución, y la solución pasa porque yo como Estado ingrese más dinero. Si yo no ingreso más dinero, no voy a poder cumplir mis obligaciones.

¿Cómo estoy cubriendo estos 5.700 millones de bolivianos de déficit que no cierra entre los 15.000 millones que gasto y los 9.600 que recaudo? No los estoy cubriendo. Una parte viene por la cooperación internacional -y quiero aprovechar para agradecer la voluntad de apoyo que hemos recibido de organismos multilaterales y de países porque han decidido apostar en un momento tan difícil como el que está viviendo Bolivia, pero no es suficiente. Con ese dinero, voy a cubrir una parte de los 5.700 millones. Una gran parte, más de 3 mil millones no está financiado, y si no logro financiar, llegaremos al final de 2004 y no podré pagar salarios y no podré pagar aguinaldos y no podremos cumplir obligaciones fundamentales. Esto demanda sacrificio de todos nosotros. ¡Ah, el cuento de siempre! dirá usted que me está viendo. Sí, el cuento de siempre si yo no le demuestro a usted que el sacrificio lo hacemos todos, si yo no demuestro que somos capaces de colocar nuestra cuota parte cada uno.

En una última encuesta, la mayoría de los bolivianos acepta que Bolivia atraviesa un momento muy difícil y la mayoría de los bolivianos sabe que tenemos que hacer algo para resolver esto; pero la misma encuesta cuando pregunta: ¿usted está dispuesto a pagar más impuestos?, da esta respuesta: menos del 20 por ciento está dispuesto a pagar más impuestos. Yo lo entiendo, estamos en un momento muy difícil, pero no basta con que yo lo entienda. A pesar de que yo entiendo esa situación, es necesario trabajar en una nueva forma de encarar el tema económico. No puede ser que ustedes que me han dado a mí la responsabilidad de administrar el país, me digan: sabe señor, yo quiero esto, esto y esto; como si yo pudiera mágicamente fabricar dinero.

El gobierno administra el Estado por mandato de ustedes, pero lo administra con la condición aceptada de que ustedes paguen impuestos. Yo quiero mencionar que de los 9.600 millones que recaudamos; 5.900 vienen de sus impuestos, 449 de la aduana, 957 de las regalías petroleras. Esos son los tres rubros más importantes, luego vienen unas cifras más chiquititas. Eso hace 9.600 millones. No es suficiente. Tenemos que sacrificarnos nosotros -el gobierno- en dos aspectos: honestidad y transparencia, y austeridad.

Mi compromiso es que antes del 31 de enero, voy a presentar a consideración del país un plan de austeridad tangible, real, sin demagogia, para reducir gastos del Poder Ejecutivo y de la administración en su conjunto. Tienen que sacrificarse los inversionistas extranjeros, las empresas petroleras -por eso estamos planteando la Ley de Hidrocarburos- pero tiene que sacrificarse el conjunto del país, y esto implica la necesidad definir cómo vamos a ingresar más para el Tesoro General de la Nación. se es un tema que en los próximos días pondré a consideración de Bolivia, porque no sería responsable mencionar un camino sin establecer aquellos obstáculos que tenemos que vencer, aunque el costo que tengamos que pagar por ello sea alto para todos.

Creer en el país: un desafío para todos

Quiero terminar -no sé si llamar a esto un mensaje o una reflexión con el pueblo de Bolivia- con una absoluta convicción, la convicción de que creo en mi país, la convicción de que creo en ustedes que son el país.

Bolivia es un país destinado a pervivir y destinado a tener éxito. Tenemos una larga historia, una historia en la que hemos hecho cosas extraordinarias. También, como toda sociedad, nos hemos equivocado. Hoy estamos atravesando un momento definitivo. Esta generación -ustedes y yo- tenemos que ser capaces de demostrarles a nuestros hijos, a nuestros nietos, a quienes van a seguir viviendo en este territorio maravilloso, que somos capaces de responder a ese desafío ¿Por qué no hacerlo, por qué íbamos a negar esa posibilidad?

Estoy seguro de que Bolivia tiene el espíritu, la convicción y la fuerza para lograr el éxito. Estoy seguro de que todos y cada uno de ustedes miden en su exacto tamaño la gravedad del momento que vivimos, y estoy seguro de que seremos capaces de construir una sociedad justa y una sociedad mejor. ¿Por qué no íbamos a poder hacerlo?, ¿que haría que nosotros tuviéramos menos capacidad que otros para lograr convivir pacíficamente, convivir civilizadamente, tener regiones y lenguas y visiones de mundo, y culturas que no empobrecen sino que enriquecen?

Bolivia es la unidad en la diversidad. La fuerza de Bolivia es precisamente eso, que somos tan distintos, que tenemos visiones de mundo diferentes, que hablamos lenguas diferentes pero que tenemos un patrón común, ese manto generoso que es esta patria que se llama Bolivia.

No voy a poder lograr el éxito solo, no lo va a poder hacer el gobierno solo. Este es un desafío, es una tarea de todos y cada uno de nosotros. No me dejen abandonado en esta responsabilidad y cuenten con que yo, como el primer servidor público, cumpliré minuto a minuto lo que a mí me toca para lograr ese éxito. Por supuesto -estoy seguro- que recibiremos la bendición de Dios, la bendición de quien nosotros entendamos como divinidad o como Dios porque si hablamos de unidad en la diversidad, hablamos de diferentes formas de mirar el espíritu, cualquiera que ustedes tengan, éste es el momento de apelar a su bendición, pero sobre todo, a nuestra voluntad y a nuestra decisión.

Muchas gracias.