La paradoja histórica del MNR:De la reforma Agraria al neo-latifundismoErick Fajardo PozoExiste una paradoja que la historia ha tejido, no exenta de un irónico sentido del humor: En tan sólo cincuenta años los autoproclamados “artífices” de la Reforma agraria y la Nacionalización de las minas, se han convertido en los protagonistas de la refeudalización y monopolización de las tierras agrícolas y en los agentes políticos de la cesión de los recursos estratégicos a los intereses transnacionales.

La paradoja histórica del MNR:De la reforma Agraria al neo-latifundismoErick Fajardo PozoExiste una paradoja que la historia ha tejido, no exenta de un irónico sentido del humor: En tan sólo cincuenta años los autoproclamados “artífices” de la Reforma agraria y la Nacionalización de las minas, se han convertido en los protagonistas de la refeudalización y monopolización de las tierras agrícolas y en los agentes políticos de la cesión de los recursos estratégicos a los intereses transnacionales.Este retroceso histórico en el proyecto de independencia, soberanía e igualdad, que Bolivia eligió seguir a momento de la fundación de la República en 1792 y que reafirmó en la refundación del Estado nacional en 1952, viene precisamente de mano de quienes se adjudicaron haber terminado con el latifundismo y haberle devuelto a Bolivia la soberanía sobre sus recursos.¿Qué sucedió entonces? ¿Es que el MNR se ha constituido en la antítesis de su propio principio fundacional? Quizá sólo es que el papel central que nuestra historia le asigna a ese partido en la fundación de la nación no es más que el resultado de una historia oficial elaborada “para” la nación entera pero escrita “desde” y “por” el movimientismo. Toda esa historia “oficial” que es libro de texto en las escuelas y esa literatura “nacional” que es bibliografía obligada en los colegios, elegizan al MNR y desvirtuan, cuando no estigmatizan, el rol de cualquier otro actor político, mecanismo que las elites intelectuales ligadas al MNR aplican también con las versiones discordantes de “su” versión dogmatizada de la historia. En 1947 el escritor nacional Julio Díaz Arguedas, registró el episodio del auge y derrocamiento de Gualberto Villarroel, titulando su libro como “El derrocamiento de una tiranía”, en alusión a los excesos que la Logia militar y el movimientismo, que compartía el poder, habrían cometido entonces. Premonitoriamente a la necesidad del presente, Díaz Arguedas testimonió a la historia cómo la génesis del MNR y su práxis política temprana daban muestras de la falta de probidad en la administración del estado de la que hoy se acusa a sus más insignes hombres y de la que su militancia busca deslindarse recurriendo a una historia de supuestos aciertos y sacrificios al servicio del país. Seguramente no aluden a la misma historia de la que Díaz Arguedas y Zavaleta Mercado ? otro de los epígonos emenerristas ? dan testimonio en sus obras, pues ambos cronistas de la historia “a largo plazo” del país tienen a bien relatar “esa” historia que la literatura nacional ha omitido ? cuando no ocultado ?, que conecta al MNR con la mayor parte de los gobiernos militares desde 1943. Esto, sin embargo, no hace sino reafirmar la centralidad histórica del MNR y la trascendencia de su accionar en el destino del país, con la pequeña diferencia de que ésta centralidad carece del estoicismo y heroicismo de los cantares de gesta y elegías escritos por los literatos e ideólogos movimientistas.Es de aclarar que interpelar al “mítico” Movimiento Nacionalista Revolucionario por su responsabilidad histórica en cualquier proceso que no haya sido digno de registrarse en las páginas de la historia oficial, suele activar las implacables defensas ideológicas e “intelectuales” ? cuando no las jurídicas ? que este partido ha construido en medio siglo de ser la organización política que administró más veces, directa o indirectamente, el aparato estatal. Después de todo una crítica que ataque al MNR es un ataque a toda una estructura social de clase, resultante del sueño irrealizado de Paz Estenssoro de constituir una burguesía nacional.Por ello, con la precaución de quién entiende el poder mediático, económico y político del MNR, debemos declinar de tomar crédito completo por enunciar verdades que han debido ya costarle a muchos librepensadores la integridad moral, si es que no también la física. Pero en uso del derecho a esa libre expresión que siempre presumimos tener, quisiera hacer humilde eco de Don René Zavaleta Mercado, cuando establecía, sin margen de error, que la Revolución nacional había tenido tanto de ruptura como de continuidad en la lógica del poder y que la casta blancoide oligárquica, lejos de haber perdido el poder que ostentaba antes del 52, se reorganizó y reasumió el control del estado mediante el MNR (Zavaleta Mercado: 1982).Así mismo Zavaleta precisaba que después del 52, el autoritarismo antidemocrático de las elites nacionales había delegado la administración del Estado a hombres de confianza dentro su “área de relevo oligárquico” y que en esta área de relevo se podían encontrar civiles y militares, hombres de derecha y de izquierda y apellidos tan encontrados como Paz Estenssoro o Banzer Suarez. De este modo Zavaleta sentenciaba que el MNR y la revolución nacional habían sido eslabones en la cadena de continuidad de la lógica del poder, “una lógica de poder cuyo juramento ingénito era su odio al indio” (Callas: 1990). Quizá ambos autores (Díaz Arguedas y Zavaleta Mercado) y ambos momentos del MNR (antes y después del 52) establecen la existencia de un antecedente, anterior a la Revolución, que se vuelve característica en la praxis política posterior de este partido. En todo caso ambos (antecedente y autores) nos ayudan a comprender la recurrencia en el emenerrismo presente a esa reprochable manera de administrar el poder estatal tal cual patrimonio propio. Lo otro, la acumulación feudal de extensos terrenos y su actitud proclive a encontrar identidad económica en lo transnacional antes que identidad cultural en lo nacional, constituyen sólo la crisis de una paradoja histórica del movimientismo que nos lo puede explicar un autor algo menos complejo y trascendente que los antes citados: Don Guillermo Lora, autor de la tesis de Pulacayo, que hace 50 años les diría a los autores de la tesis de Ayopaya “Señores, Uds. que pregonan la liberación nacional van a quedar a los pies de los norteamericanos por su contenido de clase y terminarán traicionando al movimiento obrero” (Lora, Guillermo: 1995).(*) El autor es periodista de La VozBibliografía de referencia.Calla, Ricardo. “El pensamiento de Zavaleta Mercado”. Cochabamba: Arol, UMSS-CISO. 1989.Diaz Arguedas, Julio. “El derrumbe de una tiranía. La revolución de julio de 1946”. La Paz: Isla, 1947.Lora, Guillermo. “Debate más allá del estado de sitio”. En Mantilla Cuellar. La Paz: Fernández ? Fides. 1995.Zavaleta Mercado, René. “Lo nacional-popular en Bolivia”. México: Siglo XXI, 1986.