El diálogo es una cuestión de FE en el OTRO

Publicado el: octubre 16, 2003 7 min. + -

El diálogo es una cuestión de FE en el OTRO Claudia Daza Debemos buscar un proceso de cambio que no genere más muertos, porque la vida es el máximo tesoro que tenemos en el país, el gas es "nada" en comparación a nuestras vidas y los principios de los derechos humanos.

El diálogo es una cuestión de FE en el OTRO

Claudia Daza

Debemos buscar un proceso de cambio que no genere más muertos, porque la vida es el máximo tesoro que tenemos en el país, el gas es "nada" en comparación a nuestras vidas y los principios de los derechos humanos.

Se dice que ésta es una guerra del gas, yo creo que es una guerra del diálogo. Como nunca, ha sido el diálogo una bandera aceptada, difundida o rechazada ferozmente en una crisis tan grande por la que estamos pasando. Sin embargo, siento que este instrumento viene siendo confundido y manipulado cada vez más, porque si no hubiese sido el tema del gas, hubiera sido el tema del agua, el tema de la luz, el tema de la calle, y así casos infinitos que se nos pueda presentar. En ese sentido, siento que uno de los problemas por los que estamos pasando es la presencia de un antidiálogo que cada día crece y sin darnos cuenta está generando mayor separación entre todos, incluso dentro de nuestras casas.

Esa falta de práctica de diálogo se refleja en esta crisis. Y se nota de lejos, quiénes manejan el sentido real de un diálogo con sus actitudes mediadoras, expresiones y resistencia sin violencia, difusión de los derechos humanos y las intenciones claras de desprendimiento.

Yo creo que los Otros (a quién también debemos respetar porque son seres humanos) no saben y no viven la práctica diaria de un diálogo real. Es por eso que la esencia de este instrumento que es la confianza y la fe en el otro no tuvo efecto en la sociedad.

Siento que todos estamos fallando en el elemento primordial del diálogo que es el amor, no hemos sabido enfrentarnos con este misterio, ya que para enfrentarse con amor es necesario una comunicación diálogica, horizontal, "frente a frente" y sin armas. ¿Y de dónde nacen todas estas condiciones? De una valentía de amor, que no sea confundida con sentimentalismo ni con manipulación. "El diálogo es liberación y la liberación es el acto más perfecto del amor" dicen nuestros comunicadores. Cada vez que un grupo de políticos o dirigentes se reúnen o piensan que va a practicar una actividad tan importante como el diálogo y nada más y nada menos que para salvar el país, la pregunta es: ¿qué creerán ellos que es el diálogo?

El diálogo es el encuentro de los hombres, es una exigencia existencial, es una condición fundamental para la verdadera humanización, y que al "tener como fundamento al amor, pues el diálogo es también AMOR".

Es así que hombres dialógicos señalan que el diálogo es cuestión de fe, unión y solidaridad. Pero ¿Tendremos la fe suficiente para emprender un diálogo? ¿Tan unidos estaremos para entender un diálogo? Y ¿de qué manera estamos siendo solidarios para entablar el diálogo? Durante las últimas horas, han sido varios los bolivianos dialógicos que se han manifestado de manera pacífica; pidiendo la desmilitarización, pidiendo justicia en el manejo de los derechos humanos, tratando de democratizar la información, tratando de ser mediadores del conflicto; sin embargo los otros no escucharon, no se abrieron, no pidieron perdón (que es muy importante para nuestra cultura), no cedieron, no fueron sinceros y si lo fueron, no fueron claros y no tuvieron la capacidad de demostrarlo. Analizando esta crisis de comunicación (que también es estructural) al! guien diría"El hombre dialógico tiene fe en los hombres antes de encontrarse frente a frente con ellos... sin esta fe, el diálogo es una farsa, se transforma en manipulación paternalista." Creo que esa es la actitud de manipulación paternalista que está asumiendo un gobierno que no sabe dialogar, sino disfrazar su actitud dialógica con una serie de mensajes que no tiene ni siquiera ida y vuelta en comunicación con la prensa, que no ha sabido responder correctamente y genera incertidumbre y pérdida de confianza en el otro, además de implorar que no haya más muertes cuando son ellos los que las han generado.

El diálogo es cuestión de fe, ya que es un dato a priori entre las personas que se comunican. Ahora bien, esa intensidad de fe se manifiesta en los actores sociales a través de su intercomunicación. Pues en teoría, no es posible hablar de actor, en singular (el presidente), y menos aún de actores, en general (el pueblo), sino de actores en intersubjetividad (cada uno de nosotros con nombre y apellido). Esa intersubjetividad implica, al mismo tiempo, estar en una posición de empatía: "la capacidad de colocarse en el lugar o punto de vista del OTRO, es decir, ver el mundo como el otro lo ve, para comprenderlo." Es así como se construye una relación en comunión.

Es necesario diferenciar el proceso de información (unidireccional) que establece el gobierno con el proceso de comunicación y diálogo que estamos pidiendo las personas que no queremos más violencia y crisis. Si existen grupos violentos del pueblo, que en su mayoría es el reflejo de un PEDIDO GENERAL obvio, el ejemplo de no generar violencia debería venir del gobierno, en ese sentido, su actitud, si quiere ser "paternalista" debería comenzar por la desmilitarización.

Hemos estado escuchando monólogos permanentes de los actores sociales del conflicto, a los únicos que escuché dialogar es a los medios de comunicación con el ciudadano común que cuenta la experiencia de esta crisis o con analistas especializados en conflictos sociales y obviamente con pacifistas; las demás opiniones de ministros, dirigentes políticos y sindicales, presidente, y otros líderes concluyen en un monólogo, en un manifiesto, en una orden y en una decisión. Esa es una práctica sólo de información. Esforcémonos por la práctica de comunicación, por el encuentro de estos hombres, dejemos de mostrar sólo manifiestos, ayudemos a crear las condiciones de paz y sobretodo expresemos con toda sinceridad los valores y derechos humanos como lo están haciendo en las huelgas de hambre.

No podemos permitir una cultura del silencio cuando estamos llenos de tanto ruido transformándose en una cultura de la muerte, donde sólo un grupo pide solución, paz y armonía y el otro grupo reprime o sencillamente no escucha. Tampoco es justo sacrificar la reflexión y dejarnos llevar por los nervios y la rabia. Seamos capaces de actuar por nosotros mismos, si nos unimos a un movimiento o a una postura que sea con todo el corazón, que no sea por ser masa, que no sea por seguir al montón, que no sea por obediencia sino por solidaridad. Es así que nuestros actos serían íntegros. Y si es que como pueblo solicitamos un nuevo presidente, debemos colaborarlo porque realmente la patria que recibiría está muy enferma, y éste no sería el único doctor que la pueda sacar de terapia intensiva.

La moraleja dialógica para el gobierno: debía haber escuchado y no hacerse al ciego y sordo, debe aprender a escuchar, sea quien sea, desde donde se encuentre, desde la más humilde secretaria hasta el más alto funcionario. ¿Será para el pueblo: perdonar o reclamar de otra forma más pacífica? Como están las cosas, y ante las reflexiones quizás más técnicas y sociales, es muy difícil. El "borrón y cuenta nueva" no creo que surja de la nada y nos olvidemos esta situación que está fuera del centro de nuestro ser.

Nos queda practicar, con más fuerza, ese sentido de la democracia en nuestra palabra, en nuestro sentimiento y práctica, y aunque la utopía muchas veces se la siente tan lejos, quizás la utopía del diálogo se oculte en un abrazo para el que está a nuestro lado, aunque lo odiemos con todo el alma: amémonos. PAZ

* Las citas de diálogo corresponden a Luis Ramiro Beltrán, José Luis Aguirre y Paulo Freire.

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