Documento: Mensaje del Vicepresidente de la República, Carlos D. Mesa Gisbert Hoy, cuando Bolivia se está jugando su destino, como Vicepresidente de la República, tengo la obligación de decir mi palabra.

Documento: Mensaje del Vicepresidente de la República, Carlos D. Mesa Gisbert

Hoy, cuando Bolivia se está jugando su destino, como Vicepresidente de la República, tengo la obligación de decir mi palabra.

Me han preguntado si tengo el valor de matar. Y mi respuesta es no, no tengo el valor de matar, ni tendré mañana el valor de matar. Por esa razón es que es imposible pensar en mi retorno al Gobierno. Porque la defensa de los principios éticos, una visión moral y un concepto básico de defensa de la vida me impiden volver a formar parte del actual Gobierno de la Nación.

Me mantengo firme como Vicepresidente de la República, en mi responsabilidad frente al país. Y en ese contexto, quiero decir también enfáticamente que no estoy dispuesto a servir como instrumento en un proceso creciente y peligroso de polarización de la sociedad boliviana. No soy ni seré instrumento ni bandera de ningún grupo cuyos intereses hoy trascienden también los intereses de la patria.

En este contexto, Bolivia tiene un solo camino: comprender que los problemas que estamos enfrentando son problemas que arrastramos desde hace siglos, y que ha llegado el tiempo de dar respuesta clara, valiente, pero también desprendida a esos problemas.

Esta sociedad desgarrada, con etnias, con mestizaje, con visiones distintas de lo que es el presente y el futuro, no puede responder a esos desafíos con la sangre, con la muerte, con el enfrentamiento y con el odio.

Si de verdad, unos y otros, queremos defender la vida.

Si de verdad unos y otros, queremos decir ni un solo muerto más. No nos queda otra alternativa que establecer un acuerdo en el que no haya nada ni suficiente, ni insuficiente. Un acuerdo que nos obliga a ceder posiciones. Un acuerdo que nos obliga a establecer los temas principales de la agenda del país que ya no pueden esperar ni un segundo más.

Si de verdad somos patriotas. Si de verdad lo que queremos es salvar a la Nación que está en peligro de hundirse, tenemos la obligación, sin banderas, sin instrumentalización, sin radicalidades y sin polarización; de comenzar a hablar unos con otros para buscar una salida razonable a Bolivia.

Ni estoy con la filosofía de que la razón de Estado justifica la muerte. Ni estoy con la filosofía de los instrumentos y las banderas radicales que pretenden que llegó el momento de destruirlo todo para construir una utopía que nadie sabe a dónde va, ni qué quiere.

Soy vicepresidente de Bolivia, y mi mensaje es, hoy, demostremos como bolivianos, que somos capaces de desprendernos de la mezquindad, del odio y de la visión suicida a la que en este momento parecemos estar conducidos.