Aprovechamiento del ATPDEA: otra vía de la flexibilización laboral

mayo 18, 2003Publicado el: 6 min. + -
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Aprovechamiento del ATPDEA: otra vía de la flexibilización laboral Carlos Arze Vargas En esta historia,al Estado le hacorrespondido un papel cómplice, pues con su indiferencia y su inoperancia, ha permitido que los empresarios, nacionales y extranjeros, recurran de manera preferente a la utilización de los mecanismos más ingeniosos para explotar el trabajo de los obreros.

Aprovechamiento del ATPDEA: otra vía de la flexibilización laboral

Carlos Arze Vargas

Los abogados explican que un contrato tiene vicios de nulidad, cuando su suscripción se realizó en circunstancias en que la voluntad de una de las partes no era "libre", es decir, que estuvo sometida a presiones que distorsionaron su libre consentimiento. En la medida en que en el mercado del trabajo se enfrentan sujetos de distinto "peso" económico o con desiguales grados de capacidad económica, donde unos poseen los medios para "dar" trabajo a otros, y éstos sólo pueden vender su fuerza de trabajo, surge en el Derecho Laboral, el principio de la "protección" del sujeto más débil, del trabajador, de modo que prevalezca la "justicia". En ese espíritu se desarrolla la legislación laboral y también el régimen social de la Constitución Política del Estado en nuestro país.

Empero, desde la imposición del neoliberalismo, esos principios legales, que permitían atenuar la explotación laboral hasta ubicarla en niveles "normales", que permitieran el desarrollo pacífico del capitalismo, han venido siendo desconocidos, imponiéndose, de manera subrepticia y gradual, formas de contratación laboral que permiten contar con mano de obra extraordinariamente barata.

En esta historia,al Estado le hacorrespondido un papel cómplice, pues con su indiferencia y su inoperancia, ha permitido que los empresarios, nacionales y extranjeros, recurran de manera preferente a la utilización de los mecanismos más ingeniosos para explotar el trabajo de los obreros. Obviamente, la creciente desocupación masiva, generada por la aplicación de las políticas económicas neoliberales, ha sido el ambiente adecuado para que esta situación se propague. Con todo, los diversos intentos por legalizar estas formas de "flexibilización laboral" fueron derrotados consecutivamente por las organizaciones sindicales.

En la actualidad, los gobernantes de turno han afinado su inventiva para probar, una vez más, esas modificaciones y han descubierto la inigualable oportunidad que brinda el nuevo acuerdo para exportar a los Estados Unidos, ATPDEA, por sus siglas en inglés. En efecto, la presencia de un altísimo índice de desempleo (por encima del 12 por ciento, y la promesa de un enorme mercado donde vender las manufacturas bolivianas, han otorgado un escenario ideal para presentar las políticas gubernamentales como una respuesta eficaz al flagelo del paro (desocupación) y, de paso, legitimar la utilización de esas formas de contratación laboral que eluden la legislación y que deterioran cada vez más las condiciones de trabajo.

Al presentar el programa gubernamental para aprovechar el ATPDEA, se ha mencionado que el tratamiento preferencial otorgado por los EE.UU, como premio a la erradicación de la coca y la lucha contra el terrorismo, permitirá atraer importantes inversiones extranjeras que impulsarán las zonas francas industriales y mejorarán nuestra capacidad exportadora. Asimismo, se ha enfatizado la posibilidad de dar trabajo a miles de personas a través de los novedosos "maquicentros", que permitirían asociar a cientos de "microempresarios" con notables empresarios exportadores y aprovechar su capacidad para producir prendas de vestir, muebles y joyería.

En realidad, lo que se pretende aprovechar es la existencia de una mano de obra baratísima, con experiencia y habilidad para producir determinados bienes, desempleada o disfrazada de ocupada, inmersa en ese amplio universo denominado "informal" --donde se verifican formas dramáticas de autoexplotación y explotación de terceros, incluidos los familiares, que ha crecido incesantemente en estos tiempos, como una única posibilidad de sobrevivencia de la gente trabajadora. Se trata de aprovechar la principal ventaja boliviana, identificada por la consultoría encargada por USAID en favor del gobierno, en los siguientes términos: "En efecto, ninguno de los países analizados de Centro América y el Caribe tiene un salario mínimo tan bajo, ni una hora de Maquila de confección tan reducida como la que presenta hoy Bolivia y parecería que por el porcentaje de desempleo que tiene Bolivia, podría crecer sin que el precio se modificara sustancialmente en un futuro cercano". Más claridad, imposible.

Para ello, sin embargo, se deben idear ciertos mecanismos que consientan el uso flexible de la fuerza de trabajo, es decir que eludan los beneficios salariales y no salariales reconocidos por la ley a los trabajadores. Uno de esos mecanismos ideales serían, precisamente, los famosos "maquicentros", que se constituyen en una versión local de las maquilas, tan bien conocidas en Centroamérica por sus "bondades", aunque un poco más perversa, pues frente a la franca explotación del trabajo de los asalariados que prevalece en la primera, en ésta se la adereza bajo la figura de una sociedad o alianza productiva entre "empresarios".

Así, el Estado al incluir mediante el D.S. 27020, referido al tratamiento tributario para las exportaciones bajo el ATPDEA, una disposición por la que los empresarios pueden "autofacturar" el IVA por la compra de materias primas y "por servicios mediante subcontratación a personas naturales", está dando un viso legal para el aprovechamiento de la mano de obra barata, exenta de otras cargas laborales, en la medida en que la relación adquiere la figura de un contrato entre "empresas". Una figura familiar en el sector de la construcción y que fuera, en años anteriores, prohibida por un decreto supremo puesto que, precisamente, eludía la legislación laboral de manera dolosa.

En fin, el Estado, llamado a cumplir y hacer cumplir las leyes, basadas en principios, es hoy el encargado de buscar atajos para eludirlas. Se convierte en el principal promotor de esas presiones que anulan la "libre voluntad" del trabajador que, obligado por la extrema necesidad, será orillado a aceptar éste y otros tratos perversos; peor aún, es probable que sean muchos de los propios trabajadores que se asumen a sí mismos como "microempresarios", los que legitimen esta supuesta "lucha contra el desempleo".

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