Mujeres con dignidad Yuri Aguilar Dávalos Acaba de celebrarse, el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, motivo por el cual los homenajes menudearon en muchas instituciones y hogares. Pero, ese homenaje -en una sociedad machista en la que vivimos- no deja de ser un saludo a la bandera, pues los derechos de las mujeres sigue postergados, al mismo tiempo que la actitud de muchas de ellas es también machista, reforzando así al sistema.

Mujeres con dignidad

Yuri Aguilar Dávalos

Acaba de celebrarse, el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, motivo por el cual los homenajes menudearon en muchas instituciones y hogares. Pero, ese homenaje -en una sociedad machista en la que vivimos- no deja de ser un saludo a la bandera, pues los derechos de las mujeres sigue postergados, al mismo tiempo que la actitud de muchas de ellas es también machista, reforzando así al sistema.

El rol subalterno de la mujer en nuestra sociedad viene diseñado desde el hogar, por más que se diga que “cada vez hay más mujeres ocupando cargos de responsabilidad”

Desde que son niñas se les va inclinando hacia juegos -de cocina, de labores del hogar o de maternidad y muy poco o nada a jugar con autos por decir uno clásico de varones- que en su madurez serán asumidos como actividades propias. Contrariamente a los niños se les “reflexiona” cuando participan en esos juegos de mujercitas, no faltando a veces el calificativo de maricón a los persistentes.

Ya adolescentes, las mujeres maduran mucho antes que los hombres, es decir, asumen más rápidamente sus cambios corporales y emocionales; pero -aun no entiendo porqué- en muchas de ellas surge cierta ingenuidad que luego es aprovechada por la mayoría de los varones.

La siguiente etapa de la vida conlleva asumir responsabilidad y defender derechos, tanto para mujeres como para varones. El enamoramiento, la conformación de parejas que puede o no institucionalizarse en matrimonios, en hogares, y luego los hijos, donde cada parte tiene su rol. Y aquí empieza el conflicto.

Muchas parejas se disuelven rápidamente, otras no llegan ni a convivir, pero vienen los hijos y muchas mujeres se convierten en madres solteras; y con ellas los pequeños viven bajo el estigma de “¿quién será su padre? “

El Código del Niño, Niña y Adolescente establece que los niños y niñas que solo tengan madre o padre conocido, serán registrados con un segundo apellido para evita la discriminación. Pero, esta disposición no hace más que aumentarla, porque es peor inventar situaciones ficticias a asumir la realidad con dignidad, al mismo tiempo que hacer comprender -en los hogares, en la escuela y donde se reproducen estas posiciones falsas- que no es anormal tener sólo madre y en consecuencia sólo un apellido.

La responsabilidad y los derechos van de la mano, pero su ligazón a las personas está dado por un delgado hilo poco cultivado: la dignidad.

Muchas mujeres aceptan con dignidad su situación de madres solteras, aun sabiendo que podrían exigir el cumplimiento de sus derechos para sí mismas como para los hijos procreados, pero prefieren asumir la realidad antes que convertir a sus hijos en recursos de sobrevivencia y vivir en un conflicto interminable en el que sufren los pequeños. Por otra parte hay también muchas mujeres que aceptan un primer apellido para sus hijos, que pelean por las “sagradas” pensiones familiares (si la pareja se ha separado) y otros “derechos” más a costa del maltrato del procreador antes que padre. ¿Ellas no pueden valerse por si mismas? La conquista de derechos está bien, pero antes valen más el cariño y el amor.

Valerse por si mismos debería ser uno de las primeras lecciones que se de en el hogar y en la escuela a la par de la responsabilidad y la defensa de la dignidad, aunque el derecho diga lo contrario.