Colonia sí, patria no!!!

Carlos Alberto Villalba

Corría el mes de julio de 2008 cuando se instaló la amenaza: la Cuarta Flota “estará lista en todo momento para todo desafío en la parte sur del hemisferio occidental” y sus barcos “llegarán hasta el intrincado sistema de ríos de América del Sur, navegando en las ‘aguas marrones’ más que en las tradicionales ‘aguas azules’”. Con la sutileza de un paquidermo, la administración de George Bush hijo encendió los altavoces de su almirantazgo para que remarcaran la finalización de los tiempos de desatención sobre el territorio de las américas (que Estados Unidos vindican como su patio trasero) provocada por una “guerra contra el terrorismo”, en ese momento empantanada en Iraq y Afganistán, y por sus intenciones de dominar el Gran Oriente Medio, amenazando a Irán y a Siria.

Después de 58 años volvía a la cancha náutica regional la Cuarta Flota de la Marina de Guerra de Estados Unidos, y lo haría con la misión explícita de desarrollar “operaciones de Seguridad Marítima en la región, en apoyo a los objetivos de EE.UU. y a las actividades de cooperación y de seguridad para promover la estabilidad y disuadir la agresión conjuntamente con los restantes componentes del Comando Meridional y fuerzas aliadas; promover la paz, estabilidad y prosperidad en el Área de Responsabilidad del Comando”.

El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

En la región habían pasado cosas. Ante todo, la emergencia de gobiernos de signo nacional, con fuertes componentes populares, se alternaron en la administración de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay, Venezuela…  Y, decisivo para los intereses corporativos, se confirmó la existencia de grandes reservas de hidrocarburos, en momentos en que el agotamiento a corto plazo de las fuentes tradicionales, junto a las maniobras especulativas, subieron los precios de los combustibles de modo exagerado y generaron los primeros síntomas de una crisis energética.

El valor de los alimentos, en simultáneo, tocaba techos inesperados en medio de una emergencia alimentaria provocada por la concentración económica: la tala de bosques sin límites ya originaba un desastre ecológico global en plena aceleración del proceso de cambio climático generado por las características depredadoras de producción capitalista.

Fue el momento en que la marinería de barras y estrellas afirmó que sus naves llegarían “hasta el tremendo sistema de ríos en Sudamérica, navegando en las aguas marrones más que en las tradicionales aguas azules”. Una forma cromática de avisar que se disponían a intervenir, si lo consideraran necesario, en el escenario tan maravilloso como rico de un sistema de ríos navegables como lo son el Amazonas, el Plata-Paraná-Paraguay, el Magdalena o el Orinoco. Serpientes de agua que se arrastran desde y hasta regiones estratégicas, cargadas de bienes naturales comunes de los pueblos que habitan el sur del continente y costeando las zonas de mayor densidad poblacional.

Brasil y Argentina (Lula y Cristina Fernández de Kirchner), rechazaron al unísono los dichos estadounidenses y expresaron su “preocupación (por) el inicio de las operaciones de la IV Flota”.

Otros tiempos, otras patrias.

Sin marines y sin flotas

A lo largo de 15 años, el proceso de amenazas, entregas y resistencia a los designios de Washington fue complejo. Por encima de sus mascarones presidenciales, el complejo mediático-tecnológico-militar-industrial operado desde los Estados Unidos impuso una agenda ficticia, destinada en realidad a eludir controles, rechazos, críticas, de parte de los gobiernos al sur del Río Bravo, que se percibían como una “Patria Grande”.

Combate contra las drogas y “narcoterrorismo”, prestación de supuesta “asistencia humanitaria”, realización de ejercicios y operaciones con participación de las fuerzas armadas locales en el teatro de la “seguridad interior”, fueron “áreas de trabajo” definidas para alcanzar sus objetivos. Junto a temas como corrupción, criminalidad, o  desastres disimulados como “naturales”, fueron presentados como “desafíos” de la época. Cada punto, en realidad, constituye una puerta por la que los cuadros del Comando Sur, el Departamento de Estado, la CIA y la DEA, los organismos de crédito y la propia representación estadounidense, penetran para afincarse en los países que consideran importantes para alcanzar sus fines, definir políticas y alinear gobernantes u opositores. El invitado novedoso, además y ahora, sería el Cuerpo de Ingenieros del ejército estadounidense. Todo eso en medio de una disputa con China, considerada un “enemigo estratégico” que “busca llevar la región a su órbita a través de inversiones y préstamos estatales” y está decidida, junto a Rusia, a conformar ”economías menos libres y menos justas, hacer crecer sus ejércitos y controlar la información y los datos para reprimir a sus sociedades y expandir su influencia”.

En diciembre de 2023 la Argentina, por decisión de la administración que ese día asumió la conducción de un Estado que desprecia y produjo el big bang de su superestructura, abandonó todas sus tradiciones de custodia de su soberanía política, económica, social y, también, sobre sus vías navegables. Si decisiones como la entrega o la inoperancia culposa de distintos gobiernos nacionales sobre la usurpación de soberanía en casos como el del Lago Escondido por parte del británico Joe Lewis constituyen un hecho de suma gravedad, la firma del acuerdo con Estados Unidos para que su Cuerpo de Ingenieros colabore con la Administración General de Puertos (AGP) de la Argentina en la “gestión” del Río Paraná como vía navegable, se internan en una dimensión diferente. Ya no se asiste a la violación sobre una parcela territorial sino a la resolución de terminar con las fronteras nacionales y ofrecer el territorio del país a las corporaciones transnacionales que quieran aprovecharse de él, extraer sus bienes a su antojo, arrancarles sus riquezas, precisamente, aquellas cuyo listado presentó la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, en enero del año pasado.

Sin tapujos, a la comandanta Laura Richardson se le hizo agua la boca al observar que América latina cuenta con “ricos recursos y elementos de ´tierras raras´”, junto al triángulo del litio, zona estratégica que comparten Argentina, Bolivia y Chile, donde se encuentra el “60 por ciento de ese mineral en el mundo”. Además de concentrar “las reservas de petróleo más grandes”, incluidas las de “crudo ligero y dulce descubierto frente a Guyana hace más de un año” y a los “los recursos de Venezuela, con petróleo, cobre, oro”… y al Amazonas, cuyas hectáreas constituyen “los pulmones del mundo”. Y, por si esto fuese poco, constituye el depósito “del 31 % del agua dulce” del planeta.

Al presentar el inventario, la conductora del Comando Sur usó una expresión que sonó a “amenaza”; dijo que a su país le quedaba “mucho por hacer” y que debía “empezar nuestro juego”. Un año y medio atrás, tal vez aludía a los juegos de presión políticos, comerciales o financieros, posibles sobornos, “donaciones” a provincias, capacitaciones en Estados Unidos o a la cooptación de cuadros de gestión en organismos de protección civil. Sin embargo, muy pocos meses después, Washington ya no necesitó nada de eso, mucho menos de marines ni de flotas; Javier Milei abrió las compuertas y ya no hubo necesidad de ninguna “invasión”, simplemente, por vía de un decreto dio concesión de acceso irrestricto para que los grupos concentrados de la economía global, el capital especulativo, los dineros de origen desconocido, hasta los de traficantes de armas, drogas y personas, o todos los evasores ilegales de divisas, remedos de “héroes” como el mafioso Al Capone, se asienten en el país, ejerzan su piratería a través de extracciones de todo tipo, y las lleven a sus guaridas, junto con todos sus dividendos.

La coronela Richardson hasta se debe haber sorprendido al confirmar que contaría con un “Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones” (RIGI) para que sus mandantes financieros se lleven todas las riquezas con las que fantaseó; tal vez se impresionó al saber que, además, fue votado por parlamentarios elegidos por el pueblo argentino.

Con Mauricio Macri, desde el 10 de diciembre de 2015 se aceleraron todos los procesos administrativos, aduanales, castrenses y diplomáticos para que las invasiones yanquis avanzaran sobre ellos. Desde el 10 de diciembre de 2023 y con un decreto (70/23) que ni las oposiciones, complacientes o no, trabaron, voló por los aires ese conjunto de formalidades tibias.

También, facilitó el ingreso de un grupo de élite del Pentágono, tan o más poderoso, que la CIA y el FBI, que tuvo papel protagónico en guerras, invasiones y desastres desde 1802, el mencionado Cuerpo de Ingenieros.

Más vanguardia que ingeniería

Esa estructura militar administra la “hidrovía del Missisipi”, de 6270 km de longitud, hasta desembocar en el Golfo de México, con el grueso de la producción agrícola de EEUU, como política de Estado, al que las administraciones estadounidenses cuidan y protegen, lejos de actuar como “topos” que lo destruyan “desde adentro”. Aquel antecedente administrativo, hizo que los bufetes de los sectores económicos (legales e ilegales) acantonados en la Argentina le dieran argumentos a Milei para incluir el Cuerpo en el acuerdo, en medio del parate producido por las disputas sobre la concesión de la “Vía Navegable Troncal”, cuyo dragado y balizamiento fue concedido desde febrero de 1995 al consorcio encabezado por la empresa belga Jan de Nul, que operó desde el 1° de mayo de ese año como Hidrovía S.A., a partir de un subsidio del Estado nacional de 40 millones de dólares anuales durante ocho años y promesas de participación del Banco Interamericano de Desarrollo.

A lo largo de su vida, la Vía de Transporte Fluvial que permite la navegación continua entre los puertos de Argentina, Brasil, Bolivia Paraguay y Uruguay a lo largo de más de 3.400 kms de largo, fue causa de disputas de características diferentes, desde  propuestas para constituir un circuito industrial hasta un corredor de humedales (el más grande del mundo) o el choque de concepciones tan divergentes como adaptar las embarcaciones a los ríos o estos a las naves, con la consecuente destrucción de sus entornos. Los sucesivos avances de la desregulación de la actividad portuaria y la presión de las grandes corporaciones agroexportadoras (de tremendo desarrollo durante la última dictadura cívico-militar), finalmente, lograron el diseño de un complejo agroportuario en el Gran Rosario, con las 29 terminales del complejo oleaginoso más importante a nivel mundial.

Aumentar el calado de esos recorridos implica que barcos más grandes lleguen aguas más arriba, transporten más toneladas de “mercadería” y las ganancias crezcan. Sin embargo, no todo es lo que se ve es lo que parece. El sistema de control de cargas es deficiente, pobre y hasta inexistente; las denuncias de irregularidades están a la orden día, las subfacturaciones son moneda corriente, al igual que triangulaciones mágicas que convierten producción agrícola nacional en paraguaya y, la amarga frutilla del postre: ¿hay solo irregularidades cuantitativas o, la exportación granaria, además, es la cobertura de una de las principales rutas del tráfico de drogas desde Sudamérica hacia Europa?

El Cuerpo de Ingenieros invitado ahora  al banquete, constituye un componente formal del Ejército de los Estados Unidos, prácticamente la vanguardia del expansionismo de su país desde sus orígenes, clave en el despojo, tanto de los pueblos originarios del territorio propio como de México, país al que le arrebataron prácticamente de la

mitad norte de ese país, partícipe de las guerras mundiales, las invasiones a Corea, Vietnam, Iraq, Afganistán y Siria. Se cuelga medallas como la participación en la producción de la bomba atómica o la construcción de la plataforma de lanzamiento del Apolo, el cohete espacial que alunizó en 1969. Sin embargo, disimula situaciones muy específicas, relacionadas de modo directo con acciones que “justifican” el convenio de Milei, como son la inundación de diferentes pueblos como consecuencia de las represas que construyó sobre el río Misuri, en la cuenca del Missisipi. Ni qué decir el desastre, nada natural, que causó el huracán Katrina en 2007 en Nueva Orleans, con más de 1400 muertos tras el colapso del sistema de diques construidos por los ingenieros militares.

La oposición parlamentaria denunció la medida por “atentar contra la soberanía nacional”, aunque no logró interpelar a ninguno de los responsables de la misma. El Jefe de la Delegación Argentina en el Parlasur, Gabriel Fuks, llevó las críticas al ámbito subregional, al rechazar “la injerencia del Cuerpo de Ingenieros de #USA en la gestión de nuestra Vía Navegable Troncal (VNT), mal llamada Hidrovía”, ya que “nada tienen que hacer en la arteria principal del Comercio Exterior del Mercosur”. El representante de Unión por la Patria destacó además la “contradicción” que implica la convocatoria a la participación de fuerzas armadas extranjeras, habiendo en la región “las suficientes capacidades instaladas para llevar adelante una gestión conjunta de nuestros ríos parte de la propia Cuenca del Plata”, mientras que Estados Unidos coloca al frente del cuidado de sus intereses estratégicos, como la cuenca del Missipi, a una estructura militar nacional, encargada de “custodiar y regular lo que sucede en la principal hidrovía de su país”[1]

Los canales de la Vía

La traza de la vía troncal se inicia al norte a la altura de la ciudad brasileña de Puerto Cáceres, estado de Mato Grosso, y desemboca en el delta del Paraná, frente al puerto uruguayo de Nueva Palmira, departamento de Colonia, punto alrededor del cual nace una nueva y decisiva controversia: la canalización utilizada actualmente desvía la navegación por aguas argentinas y la conduce hacia la capital uruguaya a través del Canal Punta Indio, en lugar de avanzar en el desarrollo del Canal Magdalena, obra destinada a conectar el sistema marítimo con el sistema fluvial argentinos y a favorecer la integración de puertos del país.

A pesar de las conveniencias obvias para los intereses nacionales de una obra como esta, su realización viene siendo trabada a lo largo de los años bajo la presión de las empresas agroexportadoras, aceiteras y los intereses de los puertos privados del Gran Rosario, que prefieren desembarcar en las zonas francas uruguayas, prácticamente carentes de controles, no solo de las cantidades de los productos que salen de la cuenca, sino, incluso, del propio contenido. Distintas investigaciones de agencias de Naciones Unidas consideran que centenares de toneladas de cocaína desembarcadas en Europa, en especial en el puerto belga de Amberes, inician su recorrido atlántico desde el puerto uruguayo, una vez que la carga trasladada por Hidrovía es disimulada en las bodegas. La prensa europea se hace eco de las mismas versiones sin que las autoridades locales tomen cartas en el asunto.

Desde la óptica de la soberanía y la economía argentinas, el Canal Magdalena constituye la traza natural de la continuidad de la Vía Troncal, acortando a la mitad la navegación de la carga, que constituye aproximadamente el 85% de las exportaciones argentinas, más de la mitad generadas por la provincia de Buenos Aires. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) apunta que la mejora en los tiempos de navegación incrementaría entre un 4 y 10% para el tráfico del norte y un 80% para el tráfico del sur, lo que abarataría los costos en decenas de millones de dólares en prestaciones y servicios y entre 145 y 243 millones por año para el sector privado.

Además de mejores condiciones de seguridad para el transporte fluvial que ofrece las características de la navegación de doble vía, de las que carece el Punta Indio, la obra mejora la conectividad fluviomarítima, así como la consolidación de la Argentina bicontinental y autonomiza el comercio exterior argentino, al no estar obligado a solicitar habilitación a la prefectura uruguaya para pasar por sus costas. Soberanía que le dicen.

Grupos de presión, intereses financieros, sobornos, errores de gestión, indecisión política, narcomafias, conveniencias de corporaciones internacionales, constituyen el dique que, hasta el momento, impidió a la Argentina navegar por donde le conviene. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se ha convertido en los últimos meses en la única voz que expresa una oposición al modelo antiestatal y ultraliberal impuesto por Milei desde un lugar de poder real (los votos de la ciudadanía para su reelección y el peso de su distrito en la generación de la producción nacional, aporte del 35% del PBI nacional, 40% de manufacturas, 26% de agroindustria, 40% de la coparticipación). Desde ese lugar, al iniciar el año legislativo volvió a expresar que el dragado y la habilitación del Canal Magdalena constituyen una prioridad para su gestión.

Gobernadores y parlamentarios opositores, con y sin comillas, critican políticas del gobierno nacional, reclaman derechos y federalismo pero, una y otra vez, asisten con su presencia y con sus votos a las mismas normas que su verba descalifica. La Administración General de Puertos, encargada de administrar la vía troncal, está en la discutida nómina de privatizaciones y el decreto de un presidente con facultades delegadas puede suprimir en media carilla su Ente Nacional de Control y Gestión.

Aquel big bang mencionado al comienzo de esta nota, generó un escenario de características tales que, una de las consignas más difundidas de la historia contemporánea argentina, fue dada vuelta y hoy es presentada ante el mundo (también en el territorio nacional) como un camino a seguir: “Colonia Sí, Patria No”.

La doctrina de Washington para la etapa y para este espacio “hemisférico”, además de las herramientas de saqueo ya señaladas, expresa su preocupación por la pobreza y la inequidad en las poblaciones sudamericanas como factores de “inestabilidad para las inversiones. En este caso, estarán atentos a la forma en que el descontento, la desesperación y el hambre de argentinas y argentinos se manifieste, o no, en calles ocupadas por gendarmes, policías y prefectos, como sucedió en la Ciudad de Buenos Aires para impedir, a través del terror, expresiones masivas contra leyes antipopulares.

Nuevas expresiones como “La Patria no se Vende” estarán en la mira de los analistas del Norte y en la sala de situación represiva del ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich. No harán estudios semióticos, evaluarán si son expresiones de minorías o la manifestación de descontentos que pueden ser masivos.

[1] https://x.com/GafiFuks/status/1795561389831881002?t=oLUSEdinwhv_zFW0wLWCwA&s=08

Atrás