El Gobierno del MAS ha decidido coexistir con el capital transnacional petrolero, minero y financiero, dejando aún en pie muchos de los andamios sociales y burocráticos del Estado neocolonial. La política gubernamental se ha caracterizado por establecer un tipo de relacionamiento sui generis con las corporaciones, al recibir una parte importante de la renta petrolera, nacionalizar dos refinerías y una empresa de transportes, pero también al establecer una asociación de carácter mixto con otras, además de nuevos contratos con la mayoría de las compañías que explotan hidrocarburos.
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