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Actualizado el 2013-01-01 a horas: 23:40:42

Movimiento nacional y partido de clase

Origen y desarrollo del peronismo

Mercedes Balech *

El peronismo no fue un partido de clase. El general Perón planteaba la conciliación de todas las clases, lo que suponía el mantenimiento de la supremacía de la burguesía en su conjunto, ocupando cada una el lugar que se les concedía, con el arbitraje del Estado, que aparecía como por encima de las clases.

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Esta es la más clara demostración de que, aun cuando una mayoría de la clase obrera se encolumnara tras la figura del líder, el partido peronista no constituyó un partido de clase. Por el contrario, siempre retuvo el poder de decisión, tanto el jefe, como los elementos más reaccionarios del partido, en aras de la preservación del sistema capitalista en su conjunto.

Esto explica la celeridad con que se procedió a neutralizar el peligro latente que podía significar un partido de clase que podría realizar sus propias experiencias y adquirir un determinado grado de conciencia. Se otorgaría sí, una gran importancia al movimiento obrero organizado verticalmente, como uno de los pilares en que se asentaría la concepción de la comunidad organizada, junto con el ejército, la iglesia, un sector de los empresarios.

El movimiento obrero, cuyos secretarios generales de la CGT pasarían a ser designados “a dedo” entre los incondicionales, sería denominado “la columna vertebral” del movimiento, pero nunca su cabeza. Por otra parte la estatización de ese movimiento se iría acentuando, llegando a integrarse completamente al Estado de acuerdo a los propios Estatutos de la CGT de 1950. El mismo Perón había tranquilizado a la burguesía con respecto a sus intenciones, haciéndoles ver que nada tenían que temer. Verdad es que no toda la burguesía comprendía la necesidad de esta operación preventiva y miraba con desconfianza al advenedizo; en los años por venir, especialmente en la tercera etapa del peronismo en el poder, el grado de comprensión sería mucho mayor.

En cuanto a los intentos de manipulación de la clase obrera realizados por Perón, también es éste quien nos proporciona las mejores claves. En referencia a su accionar en relación a los antiguos dirigentes sindicales expresa: “ellos querían ir hacia donde estaban acostumbrados a pensar que debían ir. Yo no les dije que tenían que ir adonde yo iba; yo me puse delante de ellos e inicié la marcha en dirección hacia donde ellos querían ir; durante el viaje, fui dando la vuelta, y los llevé adonde yo quería…”.

Otro de los pilares de la acción del gobierno fue la propaganda a través del uso intensivo -hasta entonces desconocido en esa escala- de la cadena de radios y de los medios de comunicación. Se creó una secretaría de Prensa y Difusión que desplegó una acción abrumadora. Asimismo, es de destacar la obra desarrollada por Eva Perón desde la Fundación que llevaba su nombre, la que contó con cuantiosos fondos manejados a discreción.

El peronismo asumió como filosofía el “movimientismo”, aunando a un amplio espectro que iba desde la ultraderecha hasta una izquierda que “no sacara los pies del plato”. El 11 de enero de 1949, Perón expresaba: “Somos un movimiento y como tal no representamos intereses sectarios ni partidarios; representamos sólo los intereses nacionales”. En cuanto a la doctrina, también se le atribuyó el carácter de Doctrina Nacional. Ella está contenida en las llamadas 20 Verdades Peronistas cuyo texto es de una vacuidad alarmante.

Asimismo, el Congreso Nacional sancionó en 1952 una ley referida al Segundo Plan Quinquenal, en la cual se establecía el acatamiento a la Doctrina Nacional. Esta tendría como finalidad “alcanzar la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación, mediante la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política, armonizando los valores espirituales y los derechos del individuo con los derechos de la sociedad”. Reiteraba “La Doctrina Nacional debe orientarse hacia la realización de la armonía y el equilibrio entre los derechos del individuo y los derechos de la sociedad para que la Comunidad posibilite el máximo desarrollo posible de los fines individuales de sus componentes”.

Bajo estas premisas el peronismo se consideraba el promotor de la unidad nacional. ¿Qué significaba la unión del “pueblo” tras esta doctrina “nacional” de conciliación social? En primer lugar, y aún a riesgo de parecer puristas, consideramos necesario explicitar más claramente el concepto “pueblo”, tan usado y manoseado en tantas ocasiones. Hablar de “nuestro pueblo” sin diferenciar las clases y capas que lo conforman, hace difícil explicar luego cómo ese pueblo puede volcarse electoralmente en favor de los que lo explotan.

La idea de armonía social, sin previo cambio de estructuras de fondo, pero con el arbitraje del Estado, queda claramente expresada en el discurso de Perón del 1º de mayo de l947: “Buscamos suprimir la lucha de clases suplantándola por un acuerdo entre obreros y patronos al amparo de una justicia que emana del Estado”.

Nada es casual en la historia: la falaz “tercera posición”, la consideración de la lucha de clases como algo superado, la flexibilidad y actualización de una doctrina híbrida, el alineamiento internacional, todo ello desembocaría -ante una nueva fase del desarrollo capitalista- en esta asfixiante realidad en que estamos inmersos. Tampoco son ajenos a estos avatares, las incomprensiones, los sectarismos u oportunismos en que incurrió la izquierda tradicional.

* Militante e intelectual revolucionaria argentina. Texto publicado en abril de 1993.

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