Pablo Cingolani
Porque jamás me voy a arrepentir, escribo
Historiador, periodista, explorador. Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1963. Reside en La Paz, Bolivia, desde 1987.
Como historiador, realizó estudios sobre los derechos argentinos sobre las islas Malvinas y los problemas de tierras en la puna de Jujuy, la explotación cauchera en la Amazonía y la historia minera de Los Lípez potosinos.

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Porque lo que más deseo es pasión, y acaso por azares o esa gloria que ilumina un minuto
Elegí la piedra, una huella en la arena, un rincón de mi mente o el fin del mundo
Y lo escribo y me apasiona y no me voy a arrepentir
Caminé, caminé con el destino y sin rumbo, caminé siempre por ahí
Lo importante era caminar, resistir, soñar, vivir en suma
Elegí a Tunupa y su cruz de chonta, su Cruz del Sur
Su osadía, su ser brújula entre infortunios y abismos
Su ser abismo entre infortunios y brújulas
Lo importante, lo que me latía adentro, me arrasaba a veces
Era caminar, caminar, no rendirme
Le grité desesperado desde la puerta de un bar o del paraíso: ¿dónde estás? Quiero verte
Y caminé, y seguí caminando, y lo escribí, le escribí: Quiero.Verte.Carajo.Stop.
Y le pedí a los cactus que me mostraran su rostro
Y seguí apasionado buscándolo, caminando, y no me arrepiento
Elegí lo áspero, la magia de no saber, el misterio de cada día
Y caminaba, lo buscaba, le preguntaba a la sal, a la blancura infinita
¿Dónde está? ¿Lo has visto? Tú que ves todo y cada cosa…
La sal me ha dicho así: ya que tanto insistes, Pablo, te diré
Lo que tu apasionado corazón quiere que te diga
Y digo diciéndote: por aquí pasó, ¿acaso no ves su rastro?
Cien mil kilómetros cuadrados de soledad me rodeaban
Dos groenlandias de silencio se esparcían frente a mis ojos
Nada se agitaba delante de mí, ni un milímetro de musgo
Ninguna sirena cantaba, todo era políticamente correcto
No había carteles, ni agua, ni cohetes para escapar a otro planeta
Mi mochila se la había obsequiado a un botánico bosnio
No tenía ni una gota de ginebra ni de amianto ni de piedad córdoba
Carecía de joyas que ofrendar y el último blues
De Los Rolling Stones lo había escuchado una década atrás
Fue entonces cuando caí de vertical manera sobre la sal
La besé con decoro –como si fuera santa ursula revisitada- y como en plegaria le respondí
Tienes razón, que tonto soy, seguiré sus rastros porque son mi rostro
Fue entonces que entendí, como diría el famoso poeta Kavafis,
Que no tengo remedio, que jamás aboliré la arena, su celebración
Que caminaré hasta encontrarte, Tunupa, dios, motivo, hermano
Que no hay nada más feliz y más hostil que caminar
Por eso elegí la piedra, la nieve, el desierto, los justos
Elegí no elegir cada palabra, sólo escribirla, sólo evocarla, sólo sentirla
Por eso también elegí la selva, los ríos turbulentos, esa fragua alucinada
Elegí no elegir lo que siento, sólo lo siento nomás,
Y por pasión, y por persistir, arreciar, resistir, no me arrepiento.
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