Martes 21 de octubre del 2014
 
x

¿Olvidó su contraseña?

Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2011-10-05 a horas: 16:25:14

Critica a la razón jacobina

Tensiones y contradicciones de la ficción política

Raúl Prada Alcoreza

Puede inventarse historias, pueden formar parte de la ficción, también de lo imaginario, formar parte de la novela o del arte, pero también hay historias que pretenden decir la verdad. Son discursos de la verdad, que tienen la pretensión de expresar la verdad. En los discursos filosóficos uno se encuentra con estas pretensiones abiertamente declaradas, sobre todo son estas intenciones complicadas cuando se trata de la filosofía política, pero también de la filosofía de la historia. 

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

Contactos con el autor
close

Contacto con Raúl Prada Alcoreza




13 - 1 = echchange

Con el uso de ese servicio Ud. acepta:
Su dirección E-Mail y la del destinatario serán utilizados sólo para avisar al destinatario sobre el envío. Para evitar el mal uso del servicio, Bolpress registrará el IP del emisor del mensaje.

  • Artículos relacionados

Artículos que le pueden interesar

El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

´ De lo que trata en esta última es sobre el sentido de la historia, Hegel ha querido atribuirle un sentido teleológico, el fin de la realización del espíritu, que es entendido como el camino de desarrollo de la idea. Algunos lectores e intérpretes críticos de la filosofía de la historia de Hegel han mostrado que el filósofo no hace otra cosa que una exégesis especulativa de la dominación de los imperialismos y colonialismos europeos. De esto habla esa figura de la realización del espíritu en Occidente, después de deambular por el Oriente, en la China y en la India, donde el espíritu se encuentra en su manifestación pre-filosófica, sin lograr la totalización y racionalización. Las corrientes marxistas no tienen una misma posición respecto a la historia y a la filosofía de la historia; no pueden dejar de tomar en cuenta el punto de partida, la crítica a la filosofía dialéctica especulativa de Hegel por parte de Marx, aunque hay corrientes que van a caer en la dialéctica iluminista, en una apología del progreso y la evolución, encontrando también la realización de la razón en la historia, aunque esta razón sea definida como la realización del reino de la libertad. Empero hay también corrientes que no le encuentran un sentido a la historia, es más, consecuentes con la idea de la especificidad de la lucha de clases en las formaciones económico-sociales concretas, en el contexto mundial del capitalismo, conciben mas bien distintas linealidades históricas. En la contemporaneidad los historiadores del capitalismo entienden mas bien la historia en su multiplicidad y heterogeneidad, imbricada de rupturas y de ciclos. Esta es la herencia de la influencia de la escuela de los anales. Ahora es difícil sostener una linealidad o curso de le historia, estas hipótesis resultan en todo caso construcciones imaginarias, cuya utilidad es atribuirle una dirección al tiempo político, evidentemente para legitimar las propias acciones del poder y del gobierno, si es que no es, en otros casos, la legitimación de una interpretación especulativa o ficticia.

En un libro de Álvaro García Linera, titulado Las tensiones creativas de la Revolución. La quinta fase del proceso, difundido gratuitamente a través del periódico Cambio, se expone sus tesis sobre el proceso, de una manera un poco más amplia, desarrollando lo que el vicepresidente argumentó en un discurso de balance del proceso, que también se difundió, de una manera más reducida con cierta anterioridad, en el periódico La razón. El libro consta de dos partes, la primera, Hacia un nuevo horizonte de época, y la segunda, Las tensiones creativas de la quinta fase. La primera está compuesta de siete capítulos: Del republicanismo propietario al republicanismo comunitario, Las fases del proceso revolucionario, Primera fase: Develamiento de la crisis de Estado, Segunda fase: El empate catastrófico, Tercera fase: Capacidad de movilización convertida en presencia estatal gubernamental, Cuarta fase: El punto de bifurcación o momento jacobino de la revolución, y Quinta fase: La emergencia de las contradicciones creativas. La segunda parte está compuesta de cinco capítulos: Primera tensión: Relación entre Estado y movimientos sociales, Segunda tensión, Flexibilidad hegemónica frente a firmeza en el núcleo social, Tercera tensión: Intereses generales frente a intereses particulares y privados, Cuarta tensión: El socialismo comunitario del vivir bien, y Las tensiones secundarias creativas como fuerzas productivas del proceso de cambio. Se trata de un libro ordenado por fases, por las que supuestamente ha pasado y pasa el proceso. De entrada llama la atención el hablar de tensiones creativas en un discurso que se pretende dialéctico, un discurso que tiene como referencia además los dos textos conocidos de Mao Tsé-toung sobre las contradicciones. En el primer libro de Mao Tsé-toung Sobre las contradicciones, publicado en agosto de 1937, no hay nada parecido a tensiones creativas; en el libro del marxista chino se habla de Las dos concepciones del mundo, de La universalidad de la contradicción, de La particularidad de la contradicción, de La contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción y de El papel del antagonismo en la contradicción. En el texto Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, publicado el 27 de febrero de 1957, tampoco hay algo parecido a tensiones creativas. Lo que se escribe en el citado documento es ilustrativo:

Las contradicciones entre nosotros y el enemigo son antagónicas. En cuanto a las contradicciones en el seno del pueblo, las que existen dentro de las masas trabajadoras no son antagónicas, mientras que las existentes entre la clase explotada y la explotadora tienen, además del aspecto antagónico, otro no antagónico. Las contradicciones en el seno del pueblo no datan de hoy, pero tienen distinto contenido en los diferentes períodos de la revolución y el período de la construcción socialista. En las condiciones actuales de nuestro país, esas contradicciones comprenden: las contradicciones dentro de la clase obrera, dentro del campesinado y dentro de la intelectualidad; las contradicciones entre la clase obrera y el campesinado; las contradicciones entre los obreros y campesinos, por una parte, y los intelectuales, por la otra; las contradicciones entre la clase obrera y los demás trabajadores, de un lado, y la burguesía nacional, del otro; las contradicciones dentro de la burguesía nacional, etc. Nuestro gobierno popular es un gobierno que representa realmente los intereses del pueblo y que está al servicio de éste. Sin embargo, entre el gobierno y las masas populares también existen ciertas contradicciones. Estas incluyen las contradicciones entre los intereses del sector estatal, los intereses del sector colectivo y los intereses individuales, entre la democracia y el centralismo, entre dirigentes y dirigidos y entre las masas y ciertos trabajadores gubernamentales con estilo burocrático. Todas éstas también son contradicciones en el seno del pueblo. Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de éste.

Por lo tanto Mao Tsé-toung habla de contradicciones, lo que tiene sentido, en el discurso y las teorías dialécticas, sobre todo en el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. Pero, ¿Qué significación en la dialéctica puede tener lo de tensiones creativas? Remontándonos a la Fenomenología del espíritu de Hegel podemos decir que el pensamiento dialéctico especulativo supone una tensión intrínseca a toda la exposición de la experiencia de la consciencia, esta tensión se da entre inmanencia y trascendencia, entre las experiencias de extrañamiento y las experiencias de retorno a la intimidad de la consciencia. Algunos autores marxistas, como Ernst Bloch, plantearon esto como dialéctica sujeto-objeto. ¿Tensiones creativas como categoría distinta y anexa a las categorías de las contradicciones? ¿Por qué no llamarlas simplemente contradicciones en el seno del pueblo? Para distinguir este discurso del discurso de Mao Tsé-toung? ¿Con qué objeto? ¿Qué es lo que se quiere decir cuando se habla de tensiones creativas? ¿Qué también hay tensiones no creativas? ¿Qué las tensiones a diferencia de las contradicciones son creativas? En el pensamiento de la dialéctica especulativa las contradicciones forman parte de un desenvolvimiento que tiende a la superación; en la exposición materialista de Mao Tsé-toung las contradicciones son tratadas para distinguir la universalidad de la contradicción, la particularidad de la contradicción, que ayuda a hacer el análisis especifico de la realidad concreta, para distinguir la contradicción principal del aspecto principal de la contradicción, además de la identidad y la lucha entre los aspectos de la contradicción, fuera de entender el papel del antagonismo en la contradicción. También se puede decir que se trata de diferenciar en la estrategia y la táctica política del partido las contradicciones antagónicas con los enemigos del pueblo de las contradicciones en el seno del pueblo. Se puede entender que así como hay contradicción principal y aspecto principal de la contradicción, también hay contradicciones secundarias, que forman parte del complejo de contradicciones de una realidad concreta. Empero, tratemos de entender qué quiere decir esto de tensiones creativas en el discurso del declarado pensamiento jacobino boliviano.

Al principio del libro Las tensiones creativas de la revolución, se hace una constatación, a la que se le llama primordial; esta es que:

Hoy, el pueblo boliviano ha consolidado su unidad histórica en torno a un único proyecto de Estado, economía y sociedad.

Es muy difícil verificar esta constatación después del “gasolinazo”, que, por cierto, el libro citado no dice nada. ¿Cuál Estado? ¿El Estado-nación, defendido por el bloque nacionalista en el gobierno, o el Estado plurinacional comunitario y autonómico, establecido en la Constitución Política del Estado? Si se trata del Estado-nación lo que se puede constatar que hay una unidad entre los nacionalistas del gobierno, los nacionalistas militares, los nacionalistas dispersos en la sociedad, incluso la ideología nacionalista cristalizada en los huesos de muchos dirigentes, además de la burguesía intermediaria, que si le interesa la mantención del Estado-nación; también podríamos hablar de la ideología nacionalista de la burocracia. Si se trata del Estado plurinacional comunitario y autonómico, está lejos de ser una voluntad política su construcción por parte del gobierno. Las organizaciones que tienen una claridad meridiana sobre el Estado plurinacional comunitario y autonómico son las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB, y con estas organizaciones las naciones y pueblos indígenas originarios. Lo que se tiene como apoyo al proyecto plurinacional descolonizador es la aprobación por parte del pueblo boliviano de la Constitución por una mayoría absoluta, el 64% de la población votante. El camino hacia la construcción de Estado plurinacional está por resolverse en una compleja transición, atiborrada de contradicciones, que pueden ser clasificadas algunas como principales, encontrando en ellas los aspectos principales de las contradicciones, además también de identificar las contradicciones en el seno del pueblo. De hecho hay una contradicción entre el Estado-nación y el Estado plurinacional. Sobre el rumbo económico también hay toda una discusión, debate que puede resumirse entre la opción del modelo extractivista, optado por el gobierno, y el diseño de economía social comunitaria definido por la Constitución. Sobre el proyecto de sociedad también nos encontramos ante otra contradicción, entre una nebulosa idea de sociedad que tiene el gobierno, donde convive la sociedad de la colonialidad heredada conjuntamente con emergencias de los pueblos indígenas que se empoderan de los espacios sociales y culturales haciéndose visibles, idea contradictoria a la concebida por la Constitución, que apertura una sociedad comunitaria, intercultural y autonómica. Son evidentes los aferramientos desesperados del gobierno a los recónditos centralismos y a velados mono-culturalismo y mono-nacionalismo pervivientes. La unidad de la que se habla sólo queda en el imaginario jacobino.

A propósito habría que preguntarse si se requiere una unidad o un núcleo común de articulación de la pluralidad; un núcleo dinámico, capaz de articular la pluralidad en sus distintos momentos y escenarios. Se trata de una cohesión móvil, de un tejido multicolor de textura cambiante, proponiendo nuevas articulaciones e interpretaciones. Esta es la discusión y la perspectiva que reclama la Constitución, que ya se abre a los horizontes de un pensamiento pluralista. No se trata de la unidad del Estado, sino de la articulación cohesiva de la pluralidad en el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Este núcleo común es lo que se tiene que construir de una manera participativa y formando consensos. El imaginario de una unidad absoluta en torno al Estado corresponde al pasado, cuya arqueología puede remontarse a la república de los jacobinos. Este imaginario ha acompañado al proyecto institucional estructurado en la centralización más rigurosa y obsesiva. No todas las repúblicas y estados modernos optaron por este camino; de alguna manera fueron las exigencias de mando centralizado, de administración y organización centralizada de la burguesía francesa, en el contexto de la correlación de fuerzas del proceso de la revolución francesa.

El primer capítulo se titula Hacia un nuevo horizonte de época. Del republicanismo propietario al republicanismo comunitario. ¿Qué se quiere decir con horizonte de época? ¿Se trata de los horizontes abiertos por la Asamblea Constituyente, los horizontes del Estado plurinacional comunitario y autonómico? ¿Qué es eso de republicanismo propietario, también eso de republicanismo comunitario? Se puede decir que el republicanismo es una teoría liberal, basada en la concepción del Estado de derecho y la vigencia de la ley.

Ciertamente el republicanismo forma parte de las corrientes teóricas, concretamente el republicanismo se figura la república como el paradigma de gobierno inmejorable para un Estado. La república se explica en tanto antítesis a las otras formas clásicas de gobierno: la monarquía y la aristocracia; así como a sus concernientes depravaciones: el despotismo y la oligarquía. También se concibe como un sistema político basado en el ejercicio de la libertad, primordialmente se fundamenta en el derecho, en la ley como expresión de la voluntad soberana del pueblo, voluntad general a la que no puede escamotear nunca un gobierno legítimo. Hay que tener en cuenta, para evitar cualquier confusión, que el concepto de república en lo que respecta a la forma de gobierno no es equivalente al concepto de democracia. El expresión republicanismo correspondencia a una formación discursiva de la teórica política, teoría cuya arqueología emerge en algunas municipalidades italianas de la Edad Media, dispensando nuevas significaciones a ciertas tradiciones institucionales ciudadanas griegas y romanas. También se puede decir que la idea de república y la concepción del modelo republicano formaron parte de los debates políticos de la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. En migración de Inglaterra al nuevo continente influyó sobre los ideólogos fundadores de la independencia estadounidense. Se puede decir también que esta formación discursiva, esta corriente teórica, también irradió en los criollos independentistas liberales latinoamericanos. El ideal de la república y la concepción política del republicanismo forman parte de la defensa jurídico-política del Estado liberal en los actuales tiempos de crisis múltiple del Estado.

¿Hay algo parecido a un republicanismo de propietarios? Teóricamente no, como corriente teórica, obviamente que no. Se puede entender esta expresión como que en nuestros territorios de heredad colonial los propietarios, vale decir los propietarios mineros y los terratenientes, se han apropiado del discurso republicano usándolo en defensa de sus intereses particulares. Así se puede entender siempre distinguiendo que se trata de usos prácticos del republicanismo. No de corrientes teóricas. Eso es importante anotar al momento de discutir estos temas. Más complicada se vuelve la interpretación de un republicanismo comunitario. ¿Puede concebirse algo parecido a esta estrambótica expresión? En todo caso las corrientes políticas comunitaristas se basan en otras perspectivas teóricas, en otra concepción de la resolución política, mas vinculadas a las teorías libertarias o, también, a las concepciones de reconstitución de las tradiciones ancestrales. ¿O es que se está propugnando un liberalismo comunitario? ¿Cómo puede ser este? Habría que enunciar su diseño o su composición enunciativa. Mientras no se lo haga los términos que se usan quedan en la nebulosa o forman parte de un discurso ideológico, en el sentido de reproducción imaginaria de la legitimidad o de la construcción de legitimidad, con todo el despliegue retórico que incumbe, buscando el convencimiento de la audiencia.

A propósito de lo que acabamos de decir debemos preguntarnos cuál es el sentido de un discurso como este de Las tensiones creativas de la revolución. ¿La legitimación de la conducción del gobierno? ¿Un análisis de las fases del proceso? Estas preguntas son importantes cuando es indispensable contar con un mapa de la concurrencia discursiva en el proceso y en sus distintas coyunturas, sobre todo para entender el uso práctico que se le da a los discursos, que es donde se encuentra el significado pragmático, en el sentido del pragmatismo lingüístico. ¿Qué buscan los discursos en el proceso? ¿Profundizarlo? ¿Truncarlo? ¿Diferirlo? ¿Desviarlo? La respuesta a estas preguntas depende de los contextos, de los dispositivos y de los agenciamientos discursivos. Es notorio que en el discurso de Las tensiones creativas de la revolución la intensión que sobresale y el tono escuchado sea el de la justificación de los actos de gobierno. No así la discusión, el debate sobre los temas planteados por las sucesivas coyunturas del proceso, menos evaluar la cuestión principal de si está en crisis o no el proceso, que es lo que se ha puesto en el tapete. Se ignoran estos temas, se obvia sobresalientemente la evaluación y el análisis de la medida de nivelación de precios, llamada popularmente como el “gasolinazo”. Por lo tanto no estamos ante un discurso académico, no es un discurso teórico: se trata de un discurso político, empero no tanto de debate sino de justificación; muy ligada a la búsqueda convencimiento de la propaganda, de la publicidad y de la difusión ideológica de la línea de gobierno.

En el libro se escribe que el carácter de las contradicciones habría cambiado, ya no se trataría de las contradicciones desatadas antes de la primera gestión de gobierno (2006-2009) sino de nuevas contradicciones, no las que plantean la crisis múltiple del Estado sino las que persiguen profundizar el proceso de cambio. Hay por lo menos dos diferencias en el carácter de las contradicciones en el proceso:

La primera, que a dife¬rencia de lo que sucedía años atrás, no propugnan un nuevo tipo de sociedad ni plantean un nuevo ho¬rizonte de Estado o economía, sino la ralentización o la radicalización del proceso pero en el marco del horizonte de época de la plurinacionalidad .

La segunda diferencia consiste en:

La segunda, que como son contradicciones al in¬terior de los tres principios ordenadores de la realidad y de las luchas por transformarla (plurinacionalidad, autonomía y economía plural), son también contradic¬ciones al interior del amplio bloque popular que con¬duce y sostiene el Proceso de Cambio. Incluso las fuer¬zas conservadoras que intentan utilizarlas para revita¬lizar su presencia, lo tienen que hacer con el lenguaje y el norte que delimita el horizonte de época dominante .

Habría que hacerse una primera pregunta: ¿Ya se ha construido el Estado plurinacional comunitario y autonómico? ¿Ya estamos en otro campo social, que habría superado la sociedad edificada sobre las herencias coloniales y las estructuras raciales? Esto por lo menos parecen suponer las diferencias características entre un complejo de contradicciones y otro, antes y después de la primera gestión de gobierno. Es difícil sostener lo que se afirma, que las contradicciones no propugnan un nuevo tipo de sociedad ni plantean un nuevo ho¬rizonte de Estado o economía.

En un análisis del comienzo de la gestión del gobierno de Evo Morales la politóloga Grace Ivana Deheza comenzaba el mismo de la siguiente manera:

Bolivia, en el 2006, inició una etapa nueva en su historia. Por primera vez un líder de origen aymara, Evo Morales Ayma, asumía constitucionalmente la Presidencia del país. Durante este año el Presidente emitió políticas destinadas a reformar el Estado y a recuperar el control estatal de los recursos naturales. El proceso de cambio de la Constitución política del Estado se abrió con el llamado a la Asamblea Constituyente y con el referéndum autonómico, procesos paralelos que están hasta la fecha redefiniendo la nueva configuración político-administrativa del país .

Podríamos decir que este primer párrafo del análisis de Grace Ivana Deheza sobre Bolivia 2006: reforma estatal y construcción del poder, que sale en la Revista de ciencia política, en el volumen especial del 2007, refleja un sentir promedio, quizás también el sentir académico, en relación al desenlace de la crisis múltiple del Estado, desenlace del mismo proceso de movilizaciones de 2000 al 2005, que culminó en la victoria electoral del Movimiento al Socialismo y la asunción al gobierno de Evo Morales Ayma. Las políticas de reformas estatales, de nacionalización de los hidrocarburos, de convocatoria a la Asamblea Constituyente y de referéndum autonómico inician las transformaciones esperadas en la gestión del gobierno indígena popular, respondiendo al mandato de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. El ambiente era de entusiasmo y de optimismo, se dejaron los temas pendientes de discusión, lo importante era apoyar al proceso y al flamante gobierno popular. No se discutían mucho los alcances de las medidas iniciales, de la reforma estatal, tampoco el contenido y los mecanismos efectivos de la nacionalización de hidrocarburos. Hubo un amague de debate sobre la convocatoria a la Asamblea Constituyente a través del Congreso. Se dio un posicionamiento de parte de las organizaciones sobre el referéndum autonómico oponiéndose a las autonomías. Esto en tanto se consideraba por parte de las organizaciones que la propuesta autonómica venía de las oligarquías regionales, como una estrategia para conservar el poder regionalmente, que lo habrían perdido nacionalmente. Una gran legitimidad sostenía al flamante gobierno y al presidente indígena. También se gozaba de una gran simpatía internacional. En la cancillería se comenzó a trabajar en la perspectiva de una diplomacia indígena, que descolonice nuestras relaciones con los países en el mundo diplomático, también se comenzó a trabajar en la diplomacia de los pueblos, una idea del presidente que abría la posibilidad de que los mismos pueblos intervengan efectivamente en las relaciones entre los países, dejando de tratarse de relaciones sólo entre estados. Aunque el 2006 comenzaron algunos conflictos que empañaron esta fiesta inaugural de la gestión de gobierno, todo parecía augurar un proceso continuo de cambio.

Empero esto es lo que no ocurrió, aparecieron las interrupciones y discontinuidades, del 2006 al 2007 se vivió la dramática experiencia de la Asamblea Constituyente, la misma que tuvo que enfrentar el ambiente convulso ocasionado por las convocatorias en las capitales departamentales de la llamada “media luna”, Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, incluyendo en una última etapa a Chuquisaca con las demandas del Comité Interinstitucional con asiento en la ciudad de Sucre. Son por lo menos tres tipos de desafío que tuvo que afrontar la Asamblea Constituyente: La convulsión de las capitales departamentales de la “media luna”; la resistencia interna en la propia Asamblea Constituyente de parte de las brigadas de constituyentes de los partidos de derecha, vinculados a las oligarquías regionales de sus respectivos departamentos; la convulsión en la propia ciudad de Sucre, sede de la Asamblea Constituyente, dirigida por el Comité Interinstitucional por la “capitalía”, es decir por el retorno de los poderes a la sede de la Capital de Bolivia, del poder legislativo y del poder ejecutivo, pues el asiento del poder judicial residía en Sucre; sede de los poderes que después de la Guerra Federal fue trasladada a La Paz. No anotaremos las dificultades internas de organización y de conducción de la Asamblea Constituyente, que también cuenta, pues estos problemas también fueron desafíos que se tuvo que afrontar en el proceso de desarrollo del texto constitucional.

Es alrededor de la Asamblea Constituyente que se juegan varias conflictos y enfrentamientos; la Asamblea resulta ser un denso escenario donde se ponen en juego distintas tendencias inherentes al proceso. Ya no hablamos sólo de los conflictos desplegados por las oligarquías regionales dentro y fuera de la Asamblea sino de las propias diferencias al interior mismo de la bancada mayoritaria. Una bancada compuesta por dirigentes, sobre todo campesinos e indígenas, también por representantes cooperativistas, mujeres populares, invitados, elegidos en las circunscripciones, resulta ser una expresión múltiple y dinámica, potente al momento de expresar las distintas miradas plurales del pueblo boliviano. Una bancada que contenía potencialidades organizativas, de deliberación, de reflexión y de comparación integrables, una bancada que empero se la anulo por el celo del ejecutivo por dirigir y orientar la conducción de la Asamblea. Desde un principio no se dejó desplegar las propias capacidades organizativas de la Asamblea, se decidió desde afuera la dirección de la Asamblea, impidiendo que las formas organizativas propias puedan dar lugar a una dinámica política interpeladora y crítica. Si de todas maneras esto llegó a ocurrir fue por el propio desborde de las fuerzas, de la pasión contenida en las oradoras y oradores populares. Una de las imágenes más intensas de las primeras sesiones la dieron las asambleístas indígenas originarias campesinas, quienes fueron elocuentes al momento de actualizar la memoria de medio milenio de violencia colonial. Fueron las polimorfas formas de dominaciones coloniales las que se desenmascararon, se puso en el tribunal de la historia al Estado colonia, que es el mismo Estado liberal, en su versión de Estado-nación, desde la independencia. Este desborde de pasiones, de enunciaciones interpeladoras, de discursos vitales, sobre todo femeninos, mostraba los horizontes de posibilidad de la irrupción popular; sin embargo, fue trabado por el manejo burocrático y jerárquico de los mandos externos a la Asamblea. Debido a las contra órdenes del ejecutivo el desarrollo de la Asamblea se trabó varias veces, mostrando alarmantemente las desconexiones entre las experiencias vividas al interior de la asamblea y el imaginario burocrático y de mando jerárquico centralizado del ejecutivo, acompañado por asesores que hacían de profesores de los constituyentes. No se entendió que la Asamblea Constituyente formaba parte del intenso proceso constituyente, que al mismo tiempo formaba parte del despliegue de las luchas y movilizaciones descolonizadoras, anticapitalistas y anti-neoliberales. Que lo que se expresaba como posibilidad en la Asamblea era la irradiación de las fuerzas de los movimientos sociales, de los sujetos del poder constituyente. Se puede interpretar este periodo como el definido por la contradicción entre el poder constituyente y el poder constituido, donde el poder constituido trata de poner límites al desborde del poder constituyente. Primero, a pesar de que las victorias populares de abril del 2000, octubre del 2003 y mayo-junio del 2005 convocan directamente a la Asamblea Constituyente, el ejecutivo y el Congreso acuerdan una convocatoria formal, desde el legislativo, desde el poder constituido a la Asamblea Constituyente. Esta convocatoria formal impone un formato limitativo a la Asamblea Constituyente; es cuando se introduce la aritmética de la decisiones de los 2/3, también cuando se delimita la elección de los constituyentes a la representación partidaria, además de poner una camisa de fuerzas a la constituyente, buscando supeditar la Asamblea Constituyente al Congreso. Algo insólito, que va terminar ocurriendo cuando sea el propio Congreso el que termine revisando el texto constitucional aprobado en la Glorieta de Sucre y en Oruro, efectuando 144 revisiones y corrigiendo 122 artículos de la Constitución. Sin embargo, en esta pugna entre poder constituyente y poder constituido, la potencia del poder constituyente, la irradiación de los movimientos sociales, el mandato de las organizaciones del Pacto de Unidad, que entregaron dos textos constitucionales a la Asamblea, definiendo el carácter de Estado como plurinacional y social comunitario, terminó manteniendo la estructura esencial de la Constitución aprobada en Oruro. El Estado quedó definido como unitarios social de derecho, plurinacional comunitario y autonómico. Los once primeros artículos de la Constitución son prácticamente los artículos presentados por el documento articulado del Pacto de Unidad. Se puede interpretar entonces que la Constitución Política del Estado es la construcción dramática del pacto social.

Hay que estar atentos a la compleja dinámica de la Asamblea Constituyente y del proceso constituyente para aproximarnos a las dinámicas moleculares del proceso y a sus propias contradicciones. ¿Qué es lo que se ha jugado en este contexto? Viendo retrospectivamente, una de las batallas más importantes, si es que no es la más importante, del proceso se ha dado precisamente durante el año y cuatro meses que duró la Asamblea Constituyente. Tres condicionantes son nuevas en la caracterización del nuevo estado, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición autonómica. Estas tres condiciones definen una ruptura y un desplazamiento estructural, definen las transformaciones institucionales que implican la construcción del nuevo Estado. La primera condición rompe con el Estado-nación, la segunda condición incorpora la configuración y la actualización de lo ancestral a la forma de Estado, la tercera condición ocasiona una radical descentralización administrativa y política, abriéndose a un pluralismo autonómico, dando lugar a un enfoque territorial y su ampliación a perspectivas eco-sistémicas. La incorporación de estas tres condicionantes estructurales e institucionales a la definición del Estado no fue fácil. Las organizaciones indígenas como el CIDOB y el CONAMAQ tenían meridiana claridad sobre su necesidad, sobre todo teniendo en cuenta la perspectiva descolonizadora de la fundación del nuevo Estado. El Pacto de Unidad, donde se encontraban también la Confederación Única de Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas de Bolivia Bartolina Sisa (CNMCIOB “BS”) y la Confederación Sindical Campesina Intercultural Originaria de Bolivia (CSCIOB), asumió en los documentos entregados a la Asamblea Constituyente también las condicionantes de plurinacional y comunitaria del Estado. En cambio otros constituyentes del MAS no tenían clara esta perspectiva descolonizadora, todavía estaban apegados al imaginario nacionalista del Estado-nación. Las discusiones al interior de la bancada del MAS fueron indispensables para formar un consenso sobre la definición del Estado Plurinacional comunitario y autonómico. En su tesis doctoral Salvador Schavelzon hace una apreciación sugerente al respecto:

No faltaron personas que en momentos difíciles de la Asamblea decían que una vez en el poder, los campesinos del MAS y sus aliados de clase media ya no necesitaban hacer una Asamblea Constituyente y que sería suficiente con acciones desde el Poder Ejecutivo, como lo había sido la nacionalización de los hidrocarburos, que había aumentado los ingresos estatales considerablemente y dado lugar a una política de bonos sociales para los niños en edad escolar, y más adelante para los ancianos. Se trataba más bien, según esta posición del debate en el ámbito del “proceso de cambio”, de impulsar un Estado fuerte interviniendo en la economía para redistribuir el excedente económico, desmontar el sistema neoliberal instaurado desde 1986 y, para algunos, apuntar al socialismo. Desde esta visión, de lo que se trataba era más bien de concentrarse en la gestión e impulsar la industrialización de los recursos naturales, lo que permitiría redistribuir el ingreso reduciendo los índices de pobreza y recuperando la soberanía nacional sobre los recursos, principal fuente económica del país. La nueva Constitución era para muchos tan solo un apéndice de las acciones del gobierno que pondría “candado” a las políticas estatales, y buscaría también introducir cambios en los tres poderes para consolidar el poder del nuevo gobierno, y habilitar la reelección.

Para otros, en los debates de esta época, la Asamblea era fundamental para refundar un Estado que desde el nacimiento de la república en 1825 había dejado de lado a los pueblos originarios y dado continuidad al gobierno colonial. El Estado debía ser transformado, y no sólo ocupado por los que habían sido excluidos. En el camino de la crítica al Estado boliviano actual, la Comisión de Visión País iniciaría un “Juicio al Estado Colonial Republicano y Neoliberal” que buscó conformar un tribunal que pusiera énfasis en la “descolonización”, pieza clave del proyecto político plurinacional, y presente en el discurso de Evo Morales. Entre los actores sociales de este proceso político, los que apostaban a la Asamblea Constituyente antes que a los cambios desde el Poder Ejecutivo, eran más que nada las organizaciones indígenas de tierras bajas, que como pueblos minoritarios veían a la Asamblea como urgente para la inclusión de derechos .

La controversia política e ideológica fuerte que se tuvo que llevar a cabo al interior de la bancada del MAS en la Asamblea Constituyente fue contra el imaginario nacionalista del Estado-nación, polémica que parece seguir ahora contra el mismo imaginario nacionalista en el gobierno y la Asamblea Legislativa Plurinacional. Esta situación no es tan sorprendente si es que se toma en cuenta a los representantes constituyentes de las otras organizaciones no pertenecientes al Pacto de Unidad, obreros, trabajadores, cooperativistas, representantes de las juntas de vecinos, los mismos representantes del MAS, pues en todas estas organizaciones no ha tenido lugar una larga discusión y reflexión sobre el Estado plurinacional y la descolonización, como ocurrió en el Pacto de Unidad. Sin embargo, no deja de sorprender pues estos temas formaron parte de la proliferación interpeladora del periodo de luchas y movimientos sociales de 2000 al 2005. En todo caso, la gran oportunidad para la discusión sobre estos temas se dio en la Asamblea Constituyente. En el debate se enfrentaron algunos reduccionismos en la interpretación del Estado plurinacional; un primer reduccionismo tiene que ver con que el Estado plurinacional es el mismo Estado-nación, sólo que con concesiones pluralistas a los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos. Otro reduccionismo tiene que ver con la interpretación del multiculturalismo o el pluralismo liberal, que toma en cuenta la ampliación de los derechos, empero no comprende el necesario desmontaje, desmantelación y deconstrucción descolonizadora; no llega a pensar la interculturalidad emancipadora y las rutas de la reconstitución. Sin embargo, el más peligroso y difundido reduccionismo databa de asimilaciones dispersas, fragmentarias y localistas, que anteponían primero las reivindicaciones del lugar y gremiales antes que avanzar sobre los grandes proyectos descolonizadores. En relación a este mapa conceptual, la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué el nacionalismo es perdurable a pesar de la crisis múltiple del Estado y el desborde descolonizador de los movimientos sociales y las naciones y pueblos indígenas? ¿Por qué sigue perdurando en el imaginario de los gobernantes, ejecutivos, asambleístas, funcionarios e incluso en dirigentes campesinos?

Puede haber explicaciones estructurales, también culturales e ideológicas, pero lo que interesa analizar es la recurrencia gubernamental y de la Asamblea Legislativa Plurinacional a restaurar el Estado-nación eludiendo el mandato constitucional de construir un Estado plurinacional comunitario y autonómico. Las razones estructurales tienen que ver con el papel de la escuela y las instituciones de formación en la constitución de sujetos nacionales; también tiene que ver el cuartel como instancia e institución de ciudadanización, así como de iniciación en las comunidades. Parece ser incluso un requisito para ser jaque, es decir alguien, adulto con pareja que comienza la formación de la familia. Ciertamente juega una función importante en la reproducción ideológica el sistema y la red de comunicación, que forman parte la construcción imaginaria de la nación, la cereminialidad, los símbolos y los ritos que la reproducen. No dejan de jugar una función reproductora las memorias familiares, las anécdotas y el recuerdo de las guerras. Hay pues una atmósfera de recreación de la ideología nacionalista. Todo esto se entiende, aunque esta atmosfera ha entrado en crisis afectada por la globalización, virtualización de la información, la crisis de la escuela y los institutos de enseñanza, las universidades, por la misma irradiación de los movimientos sociales y pueblos indígenas. Lo que es menester entender es la recurrencia al nacionalismo por parte de un gobierno supuestamente indígena y popular, un gobierno encomendado a cumplir con la Constitución y por lo tanto con la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, por lo tanto un gobierno que debe traspasar los límites del nacionalismo y orientarse en los códigos de la interculturalidad emancipadora, un gobierno que debe encargarse por sepultar el Estado-nación y construir con los movimientos sociales y las naciones y pueblos indígenas originaros el Estado plurinacional comunitario y autonómico. La respuesta que se viene ante esta pregunta es que se trata, a pesar de lo esperado, de un gobierno nacionalista, que se mantiene en los límites de la ideología liberal, un gobierno interesado más bien en mantener el imaginario de la nación boliviana. Un gobierno restaurador del Estado-nación. ¿Cuál es la razón que tengamos un gobierno así y no otro, uno emancipador y libertario, uno encaminado a transitar transformadoramente hacia el modelo civilizatorio del vivir bien, abriendo rutas de transformación institucional hacia el Estado plurinacional comunitario y autonómico, encaminado a conformar la economía social y comunitaria? El problema es que el 2006 se ha conformado un gobierno de la misma manera que se conforman los gobiernos liberales, salidos de las elecciones, sobre el mismo mapa del ejecutivo, sobre el mismo perfil de los ministerios, de las instituciones descentralizadas y las empresas públicas. Optando por criterios de selección individuales y derivados del grupo de poder, aunque se tuvo al alcance listas de las organizaciones y listas del MAS. El problema no era este, resolver la selección y la conformación del gabinete, sino discutir la estrategia de transformación.

El 2006 era el momento de pasar de la movilización en las calles, en los caminos y en los territorios a una movilización política y cultural, ingresar masivamente a un debate multitudinario, configurando la perspectiva colectiva de la estrategia transformadora y de ruptura. Por lo tanto en el nacimiento del gobierno popular se incursionó por las mismas rutinas y procedimientos de los gobiernos liberales; el resultado no se dejó esperar, un nuevo gobierno liberal y nacionalista, acompañado por un discurso nacional popular, matizados por enunciaciones que hacían referencia a la descolonización y al horizonte abierto por las naciones y pueblos indígenas. La nación boliviana volvió a ser el referente principal de los discursos, la matriz de este imaginario nacionalista. Se usó esta imagen patriótica contra los intentos separatistas de las oligarquías regionales, sobre todo de la oligarquía cruceña. Se entiende en este caso la recurrencia dramática al patriotismo ante la conspiración de las oligarquías terratenientes y la burguesía intermediaria, sin embargo no deja de tener problemas, pues de lo que se trataba es defender el proyecto plurinacional, otra forma de integración y cohesión social. En el contexto del proceso constituyente, se trataba defender la integralidad y la articulación de lo plurinacional, de lo comunitario, de lo intercultural, del pluralismo autonómico. El debate con las oligarquías conservadoras y reaccionarias no era oponerles el Estado-nación sino algo que habían negado el Estado liberal, el Estado-nación, el Estado colonial; esta algo era precisamente la existencia de las naciones y pueblos indígenas originarios, la condición plurinacional, la condición comunitaria, la condición autonómica del proyecto constituyente. El debate quedó encerrado en los mismos límites de los anteriores debates, en los contornos del debate nacionalista, donde los sujetos de la pelea son la nación y la anti-patria. El debate propuesto por la constitución era emancipación de las naciones y pueblos versus colonialismo, colonialidad, herencias coloniales, dominaciones y violencias coloniales. En los límites y contornos de este debate quedó atrapada la lucha contra la burguesía intermediaria, la clase de los terratenientes, la casta colonial. No se pudo entonces continuar la lucha del 2000-2005 en los términos de la reforma agraria y la descolonización. Fue una pelea por la defensa institucional contra la conspiración de la derecha, que quería trucar el proceso constituyente. No fue una lucha “revolucionaria”, déjenme usar esta palabra, por la transformación de las relaciones y de las estructuras de poder. Por ese camino se llegó ciertamente a la derrota política y militar de la expresión política de las oligarquías regionales, pero no se llegó a la transformación de las condiciones de propiedad y de las relaciones económicas de explotación, tampoco se llegó a extender el proceso de movilizaciones en una revolución cultural. Las cosas quedaron como en una suspensión de las hostilidades, en condiciones de derrota política de la derecha, que empero mantiene el control sobre la tierra, las empresas económicas, el comercio, los mercados. Con el tiempo los derrotados terminaron imponiendo políticas y leyes.

Desde esta perspectiva, la que desarrollamos a partir de la dinámica molecular del proceso, también desde la revisión empírica del proceso, no es sostenible la hipótesis sobre Las fases del proceso revolucionario, las cinco fases del proceso; la primera fase entendida como develamiento de la crisis de Estado, la segunda fase llamada como la del empate catastrófico, la tercera fase nombrada como la relativa a la capacidad de movilización convertida en presencia estatal gubernamental, la cuarta fase vista como el punto de bifurcación o momento jacobino de la revolución, y la quinta fase del proceso revolucionario entendido como el de la emergencia de las contradicciones creativas. La primera fase tiene la periodicidad del 2000 al 2003, se inicia con el estallido de la guerra del agua y concluye con la victoria de la guerra del gas en octubre; la segunda fase se inicia el 2003 y acaba el 2008; esta fase atraviesa la segunda parte del ciclo de movilizaciones del 2000 al 2005 y se extiende gran parte de la primera gestión de gobierno, culminando con la victoria política y militar en Pando, cuando el gobierno declara Estado de sitio regional, ocupando territorialmente el departamento del norte amazónico acabando con la conspiración y la espiral de violencia ascendente, optada por las oligarquías regionales. ¿Por qué se llama a esta fase la del empate catastrófico? Porque los “insurrectos” tenían el control político, el gobierno nacional, empero no controlaban el poder económico, éste estaba en manos de las oligarquías regionales. La caracterización de esta fase por parte del autor se parece a la de un poder dual:

Se trata de dos bloques de poder con dos proyec¬tos de poder, con dos capacidades de presencia te¬rritorial y con liderazgos antagónicos se disputaban el orden estatal paralizando hasta cierto punto la reproducción de la dominación .

Un poco más adelante vuelve a caracterizar esta situación de empate catastrófico en su forma de extensión del empate:

Nos referimos claramente a una coyuntura po¬lítica de Estado, dividido entre gobierno controla¬do por los insurrectos, y poder de Estado (lógica y mando institucional) controlado por las clases eco¬nómicamente dominantes. En cierta forma es tam¬bién una radicalización de la segunda fase del empa¬te catastrófico, pero la novedad del desplazamiento territorial y clasista de este “empate” que se inscribe en la propia institucionalidad dinámica del Estado, hace necesario tratarla como una fase específica .

Llama la atención el uso subrepticio que se hace de a tesis del poder dual, llamándolo empate catastrófico; empero esta vez usado para interpretar una especie de resistencia tenaz y capacidad de boicot de las oligarquías regionales y la burguesía intermediaria. La tesis del poder dual fue usada para elucidar la potencia y la capacidad de poder de las clases subalternas y sus formas de organización y control territorial armado, como es el caso de los concejos, de los soviets, de las milicias obreras y campesinas. ¿Las clases dominantes económicamente tendrían la misma capacidad de hacerlo en una situación adversa, cuando habrían perdido el control del gobierno central? Por otra parte, ¿por qué empate? ¿Se puede interpretar como empate la victoria política de octubre de 2003, cuando el gobierno liberal y su presidente son expulsados del país? ¿No es mas bien una victoria, no es mas bien un desborde de las fuerzas populares, no comienza mas bien las sucesivas derrotas de la clase política, de los partidos políticos, del modelo neoliberal, por lo tanto la derrota política de las oligarquías regionales y la burguesía intermediaria? ¿Por qué hablar de empate cuando lo que estaba ocurriendo es una modificación plebeya de los escenarios? ¿La victoria electoral del 2005 se puede considerar un empate catastrófico? ¿El tener un gobierno popular del 2006 al 2008 es un empate catastrófico? Parece no sostenerse esta idea ni teóricamente, la inversión del uso conceptual de la tesis del poder dual, ni empíricamente, las victorias políticas y electorales, la conformación de un gobierno popular no pueden interpretarse como empate, menos catastrófico. ¿Para quién es catastrófico? Obviamente para las oligarquías regionales, para la burguesía intermediaria y también para el imperio. La hipótesis del empate catastrófico parece ser una proposición limitativa y conservadora, que resalta más la fuerza de las organizaciones y dispositivos de las oligarquías que la propia fuerza de los movimientos sociales. No es una lectura hecha desde los movimientos sociales sino desde el alma desconcertada de un académico que esperaba otra cosa. ¿Qué? ¿Una revolución radical? No se entiende, en todo caso los movimientos abrieron el camino para contar con un presidente indígena, para el cumplimiento de la agenda de octubre, para la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. ¿Por qué se enaltece la fuerza de las oligarquías llegando a decir que controlan el poder de Estado; es decir, lógica y mando institucional controlado por las clases eco¬nómicamente dominantes? La pregunta y la sorpresa es instantánea: ¿Controlaron el Estado? Contralaron las prefecturas y las alcaldías de la llamada “media luna”, pero decir la lógica y mando institucional es un exceso que no se sostiene empíricamente. El control del gobierno y a través del gobierno del Estado mismo lo tenía el MAS, por lo menos desde la perspectiva de la ocupación de espacios y manejos de instrumentos institucionales, incluyendo a la policía y el ejército. Se puede decir que parte del Estado, en su sentido geográfico, estaba controlado por las oligarquías regionales, en tanto controlaban parte del espacio político, empero esto no los convierte en los controladores del Estado. No es sostenible lo del empate catastrófico. Esta hipótesis se la ha usado conservadoramente para inhibir a las fuerzas de los movimientos sociales, para limitar los alcances del poder constituyente en el proceso constituyente. Esta hipótesis política ha terminado fortaleciendo a las fuerzas de la burguesía intermediaria, incluso a los estratos de la burguesía agroindustrial, pues son esta burguesía y estos estratos los que terminaron beneficiándose con las políticas económicas del gobierno, incluyendo al sistema financiero, a la banca.

En esta misma tónica el autor convierte en una interpretación positiva algo que merece una crítica, convierte en victoria un retroceso. Rescata positivamente la revisión del texto constitucional por parte del Congreso, convierte la violación del poder constituyente por parte del poder constituido como algo positivo.

La consensuada modificación congresal de la Constitución en octubre del 2008 continuaría política¬mente esta victoria militar y tras el desbaratamiento del intento contrarrevolucionario del separatismo ar¬mado organizado por el grupo La Torre y sus merce¬narios contratados en Europa, el bloque nacional-po¬pular quedaría consolidado en el poder con la victoria electoral del Presidente Evo en las elecciones del 2009 .

La 144 revisiones del Congreso y la corrección de 122 artículos de la Constitución no solamente son acciones violatorias contra el poder constituyente, sino también son revisiones y corrosiones conservadoras, que terminan limitando los artículos de la Constitución aprobada en Oruro, introduciendo contradicciones y extirpando de la Constitución la reforma agraria. A este retroceso patético se lo considera consolidación de la victoria política y militar de Pando. La pregunta es: ¿Si hay victoria político y militar sobre la derecha? ¿Si se desbarata su conspiración? ¿Si la derecha es pulverizada, por qué se acoge una alianza con las expresiones parlamentarias de la derecha llegando a un acuerdo disminuyendo los alcances de la Constitución? Esta paradoja forma parte de un conjunto de paradojas y ambigüedades inentendibles de un gobierno que llama avances precisamente a los retrocesos. Las tensiones creativas de la revolución pretenden mostrarnos fases de avances sucesivos del proceso, empero el contraste empírico nos muestra fases de retrocesos continuos. ¿Por qué darle un significado distinto a esta reversión del proceso? Volvamos a lo que dijimos a un principio, al discurso del libro en cuestión hay que entenderlo desde su utilidad práctica; se requiere justificar la conducción del gobierno, las políticas contradictorias del gobierno, el proyecto elegido, la opción colonial del modelo extractivista y su perspectiva desarrollista. Se soslaya las contradicciones reales con el pueblo, en el proceso, se obvian los enfrentamientos con sectores populares y los pueblos indígenas, se oculta el levantamiento popular de diciembre de 2010; en contraste se teje un relato imaginario que intenta sustituir, por medio de procedimientos retóricos, la efectiva historia reciente de las contradicciones. En un artículo titulado la Política del avestruz hablamos de esta manera de ocultar la cabeza y cerrar los ojos ante las evidencias. Bueno pues, esta retórica del avestruz trata de convencernos de lo bien que marchamos, de los avances políticos, de la acumulación de las fases de la revolución, cuando precisamente nos encontramos sacudidos por la crisis del proceso, crisis que hay que afrontar con los ojos bien abiertos y la cabeza bien despierta.

Volviendo a las fases, la periodización de la tercera fase comenzaría el 2008 y culminaría con la victoria electoral del 2009. La última fase comienza entonces con esta victoria y se extiende hasta el 2011, sin haber concluido. Como se puede ver las fases sucesivas no tienen la misma periodización; la primera fase dura un poco más de tres años, la segunda fase dura un poco más de cinco años, la tercera fase apenas un año, la última ya cuenta con una extensión de dos años. ¿Cómo explicar estos desfases de las fases? Ciertamente los tiempos cronológicos no son los tiempos políticos, pero las periodizaciones deberían contar con constatación empírica, mostrando claramente los hitos o los umbrales cuando pasamos de una fase a la otra. Esto no se encuentra en el texto, estamos ante un cuadro hipotético no demostrado, ante la exposición de una lógica imaginaria del proceso, que no puede encontrarse en su desenvolvimiento práctico. De lo que se trata es de poner las cosas en su sitio, de comprender al proceso a partir de sus dinámicas moleculares, de sus ritmos, de sus temporalidades, sobre todo de sus acontecimientos, sucesos, eventos y hechos. Se trata de encontrar figuras apropiadas que hagan inteligible el proceso. Ciertamente toda clasificación es arbitraria, empero de lo que se trata es de aproximaciones adecuadas, consistentes, que puedan sostenerse por medio de la contrastación y las evidencias empíricas.

Al respecto, en primer lugar hay que distinguir el ciclo de movimientos sociales de 2000 al 2005 de lo que viene después, con la asunción al gobierno del primer presidente indígena, la primera gestión de gobierno, la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, como acontecimientos irradiantes. Se trata de dos grandes etapas, la de la movilización y la de la gestión de gobierno. Ahora bien, cuando se habla de la gestión de gobierno, ya podemos hablar de dos gestiones, la de 2006 al 2009 y, la segunda, de 2010 al 2014, aunque nos encontramos en el 2011. ¿Qué pasó en estas gestiones? Hay que encontrar señales en los hechos y acontecimientos que puedan mostrarnos la orientación de las dinámicas inherentes, así como de las tendencias en concurrencia. Es indudable que una temporalidad de la segunda etapa tiene que ver principalmente con el proceso constituyente, por el sello que le imprime la Asamblea Constituyente a esta coyuntura, aunque no podemos olvidar la irradiación que tiene la medida de nacionalización de los hidrocarburos tanto en el terreno político como económico, también en el terreno institucional. Para darle un nombre a esta coyuntura, coyuntura que no deja de estar obviamente articulada a la etapa anterior de las movilizaciones, llamemos al periodo coyuntural, el correspondiente al cumplimiento de la agenda de octubre, agenda que contenía principalmente como mandatos primordiales precisamente la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente . Entonces se trata de una coyuntura compleja, signada por dos ejes articuladores, uno la nacionalización, el otro la Asamblea Constituyente. La recuperación del control del excedente, del control nominal de la cadena productiva, aunque no del control técnico de la producción, trae como consecuencia contratos de operaciones que mejoran notablemente los ingresos del Estado en todos sus niveles, Tesoro General de la Nación (TGN), prefecturas, municipalidades y universidades. El impacto económico se va a hacer sentir inmediatamente el los montos del manejo administrativo, contando con más recursos. En este contexto se van a desarrollar las actividades de la Asamblea Constituyente. Como dijimos a un principio el proceso dramático de la Asamblea Constituyente va a arrojar una Constitución descolonizadora, que sienta las bases para una transición hacia la forma de Estado plurinacional comunitario y autonómico. Históricamente este es el mayor logro no solamente del proceso, pues abre un horizonte distinto al Estado-nación subalterno, sino también de toda la historia política de Bolivia, así como de la historia de las dominaciones y resistencias desde la Colonia. El Estado plurinacional exige una nueva forma de pensar y de interpretar la política, la emancipación y las transformaciones del Estado. Hemos dicho también que a pesar de las intervenciones conservadoras y limitativas del Congreso, la estructura descolonizadora de la Constitución se mantiene. Entonces diremos que en esta coyuntura de la gestión de gobierno se inicia el periodo de las transformaciones institucionales y estructurales. La pregunta que adelantamos es: ¿Por qué se quedan ahí las transformaciones?

No tratemos de responder a esta pregunta con propaganda, como se hace en otro libro del mismo autor de Las transiciones creativas , buscando la continuidad de las transformaciones en los bonos, el Bono Juancito Pinto, el Bono de la Renta Dignidad, el bono Juan Azurduy, tampoco tratemos de mostrar cambios en las desigualdades estructurales utilizando estadísticas que nos muestran la diminución de la pobreza apoyándonos en apreciaciones del Banco Mundial y del PNUD, aunque el informe de este último, usando el coeficiente de Gini nos muestra más bien que las desigualdades han aumentado a pesar del mejoramiento de los indicadores macroeconómicos. En todo caso, sin todavía entrar a discutir las estadísticas generales usadas, no se puede decir que estos son logros en las transformaciones estructurales. Los estrechos límites de estas medidas tienen que ver con los modestos alcances de una política socialdemócrata en un país periférico. Incluso así, es indispensable una comparación con los resultados en otros país, una análisis co

Otros artículos de Raúl Prada Alcoreza

Volver atrás
Enviar el artículo por E-mail
close



9 - 5 = echchange

Con el uso de ese servicio Ud. acepta:
Su dirección E-Mail y la del destinatario serán utilizados sólo para avisar al destinatario sobre el envío. Para evitar el mal uso del servicio, Bolpress registrará el IP del emisor del mensaje.

Compartir el artículo en Facebook Versión para mprimir
+ Restaurar tamaño del texto -
Contactar al autor
Uhr 52

min.

... a fondo

CSUTCB, máxima instancia superior de las rebeliones

Felipe Quispe Huanca *

La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), como una organización de esencia y presencia de las naciones “indias”, cumple 35 años de vida revolucionaria. Ha sido una instancia superior, generó y regeneró las movilizaciones de los labriegos del agro y las ciudades, como una organización sindical ha (...) :: Más detalles

Otros artículos de análisis

¿Será Argentina la primera en abandonar al sistema quebrado?

Dennis Small *

En un veredicto escrito por el idiota juez aristotélico Antonin Scalia, el 16 de junio la Corte Suprema de los Estados Unidos se (...)

Explorar El Capital

La actual crisis del capitalismo ha coincidido con un renovado interés en El Capital de Marx. La revista británica Socialist (...)

Capitalismo, violencia y decadencia sistémica

Jorge Beinstein

De Libia a Venezuela pasando por Siria y México, Ucrania, Afganistan o Irak... en lo que va de la década actual hemos (...)

G77 + China: Elementos críticos para el debate

Carlos C. Peñaranda Pinto y C. Ernesto Peñaranda Sánchez

El grupo de los 77 es presentado como la organización intergubernamental más grande de los países en vías de (...)

la frase

Juan Evo Morales Ayma no ganará las próximas elecciones, pero las comprará, (ya) las está comprando…

Semanario Aquí

¿Cuál es el principal desafío del nuevo gobierno

  • Seguridad ciudadana
  • Lucha contra el narcotráfico
  • Industrialización
  • Empleo y educación
  • Otros

Encuesta vigente desde el 13-10-2014

Encuesta anterior:

Por quién votará en las elecciones de 2014