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Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2010-06-28 a horas: 18:28:56

En el nombre de los pueblos indígenas

Hernán Cabrera Maraz *

Hace unos quince años los pueblos indígenas no eran noticia, no estaban visibilizados. Se movían en la sombra y en el anonimato. Las marchas indígenas –instrumento vital de lucha- que empezaron en 1994 era cosa de locos y de una total anormalidad y salvajismo. Así se referían los políticos tradicionales y algunos medios de comunicación. Se empezaba a escuchar en el imaginario colectivo de Asamblea Constituyente, nacionalización de recursos naturales, referéndum, derecho a ser elegidos, respeto a sus usos y costumbres.

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El periodismo tenía que revisar sus diccionarios y sus códigos. En fin, eran peligrosos para la democracia y para la estabilidad del sistema. Sus demandas eran inviables, imposibles, irrealizables, utópicas, riesgosas, así explicaban algunos expertos politólogos y constitucionalistas, que no miraban más allá de sus ombligos, y ahora ellos mismos se llenan la boca hablando de los hermanos indígenas y de sus sueños.

Y desde que se empezaron a conmemorar los 500 años de la conquista y del despojo de América, los organismos internacionales y ONG lanzaron la idea del Fondo Indígena, de ayudas enormes para los pueblos indígenas que vivían en la miseria, en el abandono, en la discriminación. Ya empezaron a tomar cuerpo y ser tomados en cuenta. Las 36 naciones originarias desde hace muchos siglos existieron en Bolivia, pero al parecer recién emergieron y recién se las están conociendo, con la aprobación de la Constitución Política. De eso se encarga la estrategia mediática, y ahora con más razón le dan una cobertura enorme. Y mucho mejor si esos pueblos ahora están criticando al gobierno del MAS que les abrió el camino para asumir y hacerse del poder en todas sus expresiones.

Es que los pueblos indígenas aglutinados en la Confederación Indígena del Oriente, Chaco y Amazonia de Bolivia nunca estuvieron de rodillas ante los gobiernos de turno, se hicieron respetar y en muchos casos, el respeto vino detrás de miles de muertos y humillaciones; y ahora han decidido seguir en su lucha por sus propias reivindicaciones, que van más allá de lo que les prometieron en las campañas electorales.

En el nombre de los pueblos indígenas se han conseguido recursos económicos y muchos; se han organizado instituciones y fundaciones, dizque para apoyarlos en su lucha; se ha llegado hasta el Palacio de Gobierno en espacios de poder de primera y segunda línea, como la Vicepresidencia y Presidencia de la República; se han desplegado banderas de racismo y discriminación para enfrentar al hermano contra el hermano; se los ha satanizado como portadores de la violencia, confundiendo los linchamientos con la justicia comunitaria; se los ha utilizado para los discursos de apertura y de participación política en asambleas, en elecciones, en cabildos, etc, etc.

Pero mientras ellos, ahora, están en primera línea de la cobertura mediática y recibiendo apoyo de los que en el pasado inmediato los insultaron, los agredieron, los masacraron, y no siendo escuchados por el Gobierno, siguen en su ruta trazada hace 500 años, de la cual no se han apartado ni un milímetro, la cual fue transmitida de generación en generación: la autodeterminación de sus pueblos, labrar y tener su chaco, y vivir en la tierra sin mal.

El historiador desaparecido José Luis Roca en su monumental obra “Ni con Lima ni con Buenos Aires” nos da una advertencia: “Quienes invocaban reivindicaciones a favor de todos los indios, en el fondo no buscaban la transformación de la sociedad sino obtener o recuperar el derecho a explotar esas masas condenadas a estar siempre sujetas a un amo ya fuera éste europeo o indio”. Así pasó con Zárate Willca, usado, manipulado, ultrajado, despojado y asesinado por los blancos en el poder.

La historia de las reivindicaciones de los pueblos indígenas está plagada de dolor, muerte, lágrimas y desesperación; pero a pesar de ello, nunca se desanimaron, pacientemente esperaron su momento, la hora fundamental para alzar vuelo y gritar bien fuerte sus derechos. Ni las balas ni las torturas ni la persecución lograron humillar a los pueblos indígenas.

En agosto de 1927 el entonces Ministro de Guerra de Hernando Siles, lanzaba esta violenta advertencia: “Las sublevaciones de indígenas en toda la República, se encuentra en la actualidad en una faz muy grave. Para sofocarla es necesario enviar fuerza armada y matar a los indios. No es posible de otra manera proteger la vida y las haciendas de los propietarios que continuamente son atacados. Este movimiento indígena es resultado de una activa propaganda comunista hecha por agente políticos durante mucho tiempo, puesto que la idea predominante entre los 50.000 indígenas que actualmente se encuentran sublevados es la de apropiarse de los terrenos que trabajan, alegando para ello la razón, de haber nacido en estas tierras”.

Así era antes, así se los combatía, así morían y mataban. Los indígenas no tenían derecho ni a protestar, ni a pensar, que inmediatamente una bala les perforaba el cráneo. Pues bien, ahora en democracia y cuando se perfiló y se aprobó una Constitución Política que establece la construcción de un Estado plurinacional y con autonomías, nuestros pueblos indígenas no se han rendido, consideran que son protagonistas de este proceso de cambio, que tienen derechos a participar del banquete, que los tiempos de racismo y miseria tienen que acabarse, que ya no quieren seguir siendo utilizados como objetos políticos y presa electoral, sino que son sujetos de esos cambios y de las leyes, que sus marchas y voces se harán escuchar, que siempre estarán vivos los Apiaguaiqui Tumpa, los Pedro Ignacio Muiba, los Tomas Katari, las Bartolina Sisa, los Bonifacio Barrientos, los Juan Maraza, los José Bopi…

* Periodista de Santa Cruz.

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