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Aunque los hispanoparlantes numéricamente superamos a quienes tengan el inglés como su lengua materna, más de tres cuartos del gran océano de información y saber que es la internet está en inglés, mientras ni el 2 % está en castellano, tendencia que va en aumento y a favor del aquel, impidiendo a nuestra lengua multiplicar su caudal de vocablos y conceptos con aquellos que trajeran consigo la industrialización y la revolución tecnológica, debiendo tomar prestadas del inglés y otras lenguas incontables palabras que más bien parecen obrar como el suero que es inyectado a un moribundo para retardar un poco su penoso agonizar e inescapable deceso.
No obstante, su desaparición la puede acelerar el uso de símbolos como la tilde y la diéresis y caracteres como la eñe y la elle, que solo han sido útiles para facilitar saber donde va el acento en palabras que usan la primera e indicar sonidos hechos con esas consonantes. De hecho, no afecta el que palabras como ámbar, préstamo, díscolo, corazón o útil no tuvieran tildes, que no tienen fundamento en idiomas que no sean el castellano, el portugués, el francés y el catalán.
Además de inútiles, obstaculizan al hispanoparlante un exitoso tránsito por la superautopista del conocimiento al no poder ser utilizadas en el más lucrativo de todos los campos existentes en el multifacético universo de la informática: el desarrollo de programas para computadores. Como todo experto debe saberlo, lenguajes de programación tan populares como el C, acaso el más ampliamente utilizado en el mundo y que permite crear todo genero de aplicaciones, no permiten usar aquellos símbolos en gran parte de su código fuente y los identificadores que denominan sus funciones y variables, tal como claramente lo indica el capítulo 3.6.4 del curso virtual de programación básica en C, que quien lo pusiera en duda bien puede constatarlo en: http://www.scribd.com/doc/2892755/Unidad-3-Programacion-basica-en-C. Lo que sí se puede anotar en castellano u otra lengua cualquiera, es aquello que dentro del programa sea escrito entre comillas y para único beneficio del usuario, como por ejemplo serían las instrucciones interactivas de un manual, el contenido de un curso cualquiera, o el texto de una página web.
Se debe a que el DOS (Disk Operating System), la raíz de la computación, fue creado en inglés, que carece de tal simbología, por lo cual toda vocal con tilde o diéresis no es leída como vocal por el sistema sino interpretada como si fuera una gráfica, conduciendo a que por ejemplo el mecanismo que activa el correo electrónico deba disponer de rutinas que las haga legibles en castellano, no sea que su destinatario reciba un texto incompleto e incomprensible, como a tantos ocurre cuando su PC no está configurado con el mecanismo de conversión adecuado.
Si semejante descalabro sucede con algo en apariencia simple como es un correo electrónico, el caos que desatarían los identificadores de un código fuente de ser escritos en castellano u otra lengua que no sea el inglés o incluso el alemán sería poco más que fenomenal, razón por la cual todo programador debiera poseer un vasto dominio de cualquiera de ambas lenguas.
Un caso ilustrativo es el de la India, país con 1200 millones de habitantes, 15 lenguas oficiales e incontables otros idiomas y dialectos, el cual hasta hace poco estaba colapsando a causa de la espantosa miseria que campeaba por doquier. Sin embargo, debido a que cerca de un cuarto de su población heredara el idioma inglés de la ocupación de que fuera objeto por parte del Imperio Británico entre los siglos XVIII y XX, lanzó un considerable segmento de esa parte del pueblo a conquistar la era informática, dedicando muy grandes esfuerzos a formar ejércitos de programadores que recurriendo al outsourcing, o subcontratación de funciones de procesos de negocios en proveedores de servicios, no tardaron en colocar el país a la cabeza de una de la más lucrativas de las industrias, situándolo como el primer productor de software del mundo sin tener que desangrar su economía con más carreteras, ferrocarriles, puertos marítimos y otras obras de infraestructura propias de la difunta era industrial y con ello destruir más el ambiente con chimeneas y vertederos de residuos agrícolas e industriales dado que todos los programas son contratados y exportados vía internet y su pago es recibido por igual conducto.
Mientras tanto, en países como Colombia son mediocremente capacitados muchos aspirantes a ser programadores, aunque las pruebas oficiales de inglés revelan que sólo 1 % (repito: 1 %) de todo el estudiantado goza de un buen dominio de dicha lengua, por lo cual es de presumir que casi ninguno puede competir con programadores hindúes, británicos y estadounidenses, hecho que no solo les coloca en grave desventaja sino que los aísla del futuro; pues con solo saber un castellano en vía de rápida extinción quedan fuera de tan promisorio mercado, amén de ser excluidos de otras actividades informáticas importantes que se lleven a cabo en el país.
A causa de no dominar el inglés, erran mucho al construir los códigos fuente de programas que desarrollan, explicando que pulule la excusa de: se cayó el sistema toda vez que se presentan fallas o aun el caos como el originado por la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA) y el que hoy causa la mal hecha plataforma del Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT), de cuyos ineptos autores podríamos presumir que debido al nepotismo imperante privilegiados y muy bien remunerados programadores quizás emparentados con altos funcionarios trabajen al servicio del estado y empresas que sin el apropiado escrutinio funcionan como concesionarias, en vista de lo cual bien se puede prever que fiascos como esos habrán de repetirse sin cesar en el futuro debido al desconocimiento que del inglés tiene la gran mayoría de los programadores hispanoparlantes y a la probada inutilidad de nuestro castellano como lengua para ingresar sin barreras al mundo de la informática, como por ejemplo no hace mucho se hizo con el alemán.
De hecho, hasta hace casi 20 años los alemanes debían conformarse con importar el software, en su mayoría programado en inglés. No obstante, conscientes de que la diéresis que agregaba tres vocales a su lengua (ã, ö y ü) y el símbolo ß obstaculizaban la programación y dificultaban la escritura del idioma, simplemente permitieron remplazar aquellas con ae, oe y ue y el ß con la doble s. Los resultados no se hicieron esperar: pronto creció tanto la industria del software, que Alemania ya es el segundo productor mundial de programas especializados, que reportan ingresos superiores a los percibidos por la India con sus programas de juegos y aplicaciones de inferior categoría, y una empresa como SAP, de Munich, hoy disputa la legendaria supremacía de Microsoft. Quizás pronto también ocupe la cima con los Mercedes-Benz de los programas, puesto que tienen la rarísima costumbre de hacerlo todo con la más elevada calidad posible.
Aunque de hacer algo similar no lográramos resultados parecidos, al menos se podría competir con la India si nuestras academias asociadas de la lengua se atrevieran a convocar los medios y los estamentos lingüísticos, académicos, literarios y de otra índole para, si posible, osar debatir públicamente la inaplazable tarea de reformar el castellano eliminando símbolos como la tilde y la diéresis y sustituyendo la ñ y la ll por sus equivalentes lusitanos nh y lh, no sea que nuestro hermoso pero cada vez más anquilosado idioma tenga un fin tan lamentable como el que fuera experimentado por el latín, la lengua franca del poderoso Imperio Romano y que durante más de ocho siglos hablaran quienes construyeron las bases mismas de la civilización occidental.
En realidad sería frustrante que una lengua tan rica en palabras y acepciones no desempeñara un papel más prominente que ser la del pueblo de casi todo un continente colonizado durante siglos, que llegó al tercer milenio abatido por la miseria, la violencia y la desesperanza sin que nunca surgieran líderes capacitados para conducirle a metas dignas de su tamaño y riquezas.
extensibooks@yahoo.com
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