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Área: Política >> Ejecutivo
Actualizado el 2009-11-11 a horas: 22:45:04

La plurinacionalidad, la autonomía y el nuevo modelo económico productivo definirán el campo político en los siguientes 10 o 20 años, dice el Vicepresidente

Bolivia post constituyente

El proceso constituyente en Bolivia se inició en 2000, se consolidó en 2008 y en los próximos dos o tres años vivirá su último ciclo de estabilización con el desarrollo de un mínimo de 100 leyes para aplicar la nueva Constitución Política del Estado. En política nada está dicho, la historia siempre tiene sorpresas y hasta que no se consoliden esas normas el proceso constituyente no habrá concluido, explica el Vicepresidente Álvaro García Linera. (1)

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Un Estado, a diferencia de un gobierno que administra el Estado, es fundamentalmente una máquina política y una estructura territorial con la habilidad y la capacidad de consolidar exitosamente varios monopolios de condiciones de reproducción de la vida social, material y espiritual de cualquier sociedad, señala García Linera.

Los monopolios de todo Estado construidos a lo largo de siglos son el monopolio de la coerción en el ámbito territorial, el monopolio de la tributación y el monopolio de las ideologías y de los símbolos predominantes de la sociedad. Estos tres componentes delimitan y definen el funcionamiento de un Estado al interior de una sociedad.

Esta estructura política territorial que logra monopolizar exitosamente estos tres monopolios en su composición y dinámica interna (a decir de Weber) funciona a partir de tres ejes que lo articulan y que le dan coherencia e historia: la relación de fuerza, la institucionalidad y las ideas fuerza.

Los monopolios que delimitan a un estado son fruto de determinada correlación de fuerzas de la sociedad. Hay grupos sociales con mayor capacidad de influir y tomar decisiones territorialmente respecto a otros sectores sociales. A esa capacidad de influir en mayor o en menor medida en la toma de decisiones y en la direccionalidad de los monopolios coercitivo, tributario e ideológico simbólico se denomina correlación de fuerzas.

Un Estado es en el fondo una correlación de fuerzas de grupos o sectores sociales con capacidad de influencia frente a otros con nula capacidad de decisión. Un Estado será exitoso si todos se sienten reconocidos en él, pero a la vez en la medida en que hay un grupo que tiene mayor capacidad de influencia.

Según García Linera, esta capacidad de influencia tiene que objetivarse y volverse materia, presupuesto, ley, decreto, reglamento, burocracia, etc. Ése es el ámbito institucional del Estado, del cual el gobierno elegido mediante voto (presidente, vicepresidente, ministros, parlamento) es un componente más.

A cada correlación de fuerzas de la sociedad le corresponde cierto tipo de institucionalidad, lo que se denomina la maquinalidad del Estado. En el primer caso el Estado es una relación y en el segundo caso es una máquina. Para que funcione regularmente esta institucionalidad administrativa burocrática de funcionarios, procedimientos, normas, presupuestos, publicaciones, se requiere un sentido común, una idea fuerza respecto a la validez de esas decisiones y de esa institucionalidad.

Entonces, añade García Linera, todo Estado tiene tres dimensiones: una dimensión de fuerza relacional, una dimensión material de instituciones y una dimensión de ideas dominantes y dominadas que le dan coherencia, coerción y durabilidad.

Evidentemente existen instituciones de corto plazo y duraderas, y hay correlaciones de fuerza de largo y de corto plazo. Por lo general, los cambios de gobierno modifican la correlación de fuerzas a corto plazo, pero dejan en pie la correlación de fuerzas estructural de largo plazo.

Han gobernado el Estado republicanos, dictadores, caudillos letrados, caudillos bárbaros, liberales, social-nacionalistas, nacionalistas, neoliberales; se trata de modificaciones de correlaciones de fuerzas a corto plazo, manteniendo la estructura de la correlación de fuerzas a largo plazo, como por ejemplo la dominación colonial de 100 a 500 años

Cuando una de las tres dimensiones entra en crisis (la correlación de fuerzas, la institucionalidad o las ideas dominantes) estamos ante mutaciones estatales, que son modificaciones de forma, no de contenido. Cuando la correlación de fuerzas, las instituciones y las ideas fuerza entran en crisis, estamos ante una crisis de Estado de carácter estructural. Si además de ello las ideas dominantes de largo plazo entran en crisis, estamos ante una crisis histórico estructural del Estado.

El Vicepresidente denomina proceso constituyente al periodo histórico de crisis estructural del Estado, que es más que un cambio de gobierno; es una turbulencia interna, la transición, construcción y consolidación de un nuevo Estado, o la reconstitución del viejo Estado.

Seis etapas del proceso constituyente en Bolivia

García Linera identifica al menos seis etapas en el largo proceso constituyente en Bolivia iniciado en 2000, el cual aún no acaba, aunque se habría ingresado a su etapa final.

Primer momento: Se visibiliza la crisis estructural del Estado

El Estado, y no simplemente el gobierno, ya no funciona, no seduce, no convoca, no se hace obedecer y no controla territorialidad. En el caso de Bolivia, el momento inicial del proceso constituyente es abril de 2000, con la demanda del agua y la tierra, el inicio de la crisis constituyente que marcará toda la historia del proceso y del sujeto constituyente, el movimiento indígena campesino originario. No es casual que luego la estructura del poder del Estado se modifique a partir de este sujeto constituyente en torno al cual se articulan otras clases sociales, obreros, campesinos, clases medias, profesionales, comerciantes.

Segundo momento: El empate catastrófico

Surge un empate catastrófico cuando el Estado ya no controla territorialidad, cuando sus instituciones se atrofian y cuando comienza a ser confrontado y polarizado por otro proyecto de sociedad emergente de otras clases o sectores sociales que tienen un programa de transformaciones, una capacidad de movilización y una voluntad estatal que se expresa en demandas, objetivos y liderazgo. Es algo parecido al famoso poder dual que disputa territorialidad, pero todavía no es poder territorial, grafica García Linera.

En Bolivia, el empate catastrófico se hubiera dado aproximadamente a partir de 2003, cuando el movimiento indígena, campesino, obrero y vecinal de El Alto, las provincias altiplánicas, de Cochabamba y Chapare definen una voluntad de poder y consolidan la agenda de octubre: nacionalización de recursos naturales, asamblea constituyente y fin del neoliberalismo.

Tercer momento: Las disputas gubernamentales

El triunfo electoral del Presidente Evo Morales en 2005 ejemplificaría este momento del proceso constituyente de disputas y modificaciones en el ámbito gubernamental.

Cuarto momento: Despliegue o suspensión constituyente

El cuarto momento del proceso constituyente es lo que García Linera denomina como "punto de bifurcación", es decir el momento en el que las viejas fuerzas dominantes retoman el control del gobierno y del Estado por la vía democrática o el golpe de estado, o las fuerzas emergentes y el nuevo bloque de poder se consolidan.

Cuando la fuerza social que proyecta la nueva estatalidad se expande hay despliegue constituyente; cuando ese proyecto estatal emergente queda congelado y no puede desarrollarse se habla de suspensión constituyente. ¿Cuáles fueros los momentos de este tensionamiento entre suspensión o despliegue constituyente?

Según García Linera, en el período 2006-2008 las fuerzas conservadoras apostaron a la suspensión constituyente; la estrategia fue sabotear la Asamblea Constituyente para que no se constitucionalice la nueva correlación de fuerzas y para que los derechos emergentes del nuevo proyecto social estatal del movimiento indígena campesino originario no se conviertan en norma ni en institución.

Fueron dos años de tensionamiento constituyente, un proceso de guerra llevado adelante por medios políticos con el fin de derrocar al Presidente Morales. No estamos hablando de una confrontación legal simplemente por una reforma constitucional, sino de una lucha de clases, de sectores, de identidades, de grupos y de colectividades, subraya el Vicepresidente.

El punto de bifurcación es un momento corto, tenso y cuasi guerrero, donde se enfrentan ejércitos sociales y se define en pocas horas o días el curso de la historia. Ese momento fue agosto, septiembre y octubre de 2008. En esos tres meses se definió el destino del país.

Quinto momento: El desarrollo constitucional

Robespierre distingue con claridad un estado constitucional de un estado constituyente. Un estado constitucional es aquel en el que se aplica la constitución en estabilidad para proteger al ciudadano del Estado. Un estado constituyente es aquel en el que las fuerzas sociales emergentes se defienden de los enemigos de la patria con toda la fuerza posible, cita García Linera.

Sexto momento: Estabilización del proceso constituyente

El proceso constituyente se inició, llegó a la cúspide, se consolidó y ahora viene la estabilización y el desarrollo de la Constituyente con la redacción de centenares de leyes, una tarea que no es meramente jurídica, afirma el Vicepresidente.

La Constitución es un tema político de fuerza, en el que el bloque social convierte su fuerza de movilización en hecho legal, regular, cotidiano, burocratizado. El bloque de poder indígena campesino popular no puede perder la vista que se trata de convertir el hecho de fuerza en hecho institucional legal en los siguientes meses y años en la Asamblea Plurinacional.

Las leyes inscritas en la Constitución tienen que ser elaboradas con la vigilancia y la participación directa y movilizada de las organizaciones sociales que han consolidado el nuevo texto constitucional, que es el acta de victoria del nuevo bloque de poder social plurinacional legitimado constitucionalmente, plantea García Linera.

En tanto un mínimo de 100 leyes de desarrollo y de aplicación de la Constitución no estén inscritas y convertidas en norma, todavía no habrá culminado el proceso constituyente. El Vicepresidente estima que faltan al menos dos o tres años para la estabilización del proceso constituyente y para cerrar el ciclo que habrá durado casi 12 años.

La arquitectura del nuevo escenario constituyente

García Linera denomina proceso constituyente al momento en el que lo político es como la "lava ardiente de un volcán", mientras que en el proceso constituido la política es como "lava hecha roca".

En su criterio, la erupción social no se da en cualquier momento; "por lo general a los mortales nos toca ver la política como roca solidificada, que es el momento más aburrido"; en cambio al gobierno de Morales le ha tocado vivir el momento de la política como fluido ardiente que gradualmente se consolida como roca. "Eso es inevitable, no hay revolución permanente, la revolución y las transformaciones tienen ciclos".

¿Qué forma tomará esa lava incandescente? De eso se trata el desarrollo de leyes de aplicación constitucional, hasta que emerja un nuevo cataclismo social desde abajo. El Vicepresidente opina que la nueva arquitectura constitucional tiene 100 leyes y tres grandes ejes: la plurinacionalidad, la autonomía y el nuevo modelo económico productivo. El campo político en Bolivia será marcado por ese trípode en los siguientes 10 o 20 años.

El Vicepresidente dice que la plurinacionalidad es básicamente el reconocimiento de dos igualdades: la igualdad de los bolivianos en cuanto a derechos y garantías en un ámbito de carácter liberal, independientemente del apellido, color de piel, idioma materno, vestimenta, origen agrario, urbano o laboral; y el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas como nación al interior de la estructura estatal y de la nación boliviana.

Lo que distingue a la Constitución boliviana respecto a todo lo hecho en los últimos 185 años de vida republicana es el reconocimiento de los derechos colectivos de las naciones indígena campesino originarias al interior de la estructura estatal y de la nación. La arquitectura de la nación plurinacional tiene dos niveles, la nación cultural y la nación estatal. Esta arquitectura de dos dimensiones es lo novedoso, destaca García Linera.

A diferencia del proceso constituyente en Ecuador, que no ha sido conducido por los indígenas sino que hubo un escamoteo del liderazgo indígena para dar lugar primero a militares y luego a civiles mestizos, el movimiento indígena en Bolivia no sólo es la mayoría demográfica sino que ha sido la mayoría política del proceso constituyente.

El movimiento campesino indígena originario boliviano ha conducido el proceso como sujeto constituyente y ha podido incorporar al texto constitucional el contenido plurinacional. García Linera recuerda que no existe constitución en el mundo que no sea clasista; las constituciones norteamericana, francesa, italiana y española tienen una dimensión de lucha de jerarquía y de poder social, luego convertido en rutina y olvidado como poder social, como jerarquía. El éxito de una buena constitución es que con el tiempo la gente olvide dónde nació y qué jerarquías consolidó.

Dice el Vicepresidente que la temática de la plurinacionalidad se desarrolla en seis ejes o ámbitos: los derechos, la representación congresal, la justicia (el pluralismo jurídico que llega incluso hasta el nivel del Tribunal Constitucional con representación directa de la justicia indígena originaria), la educación (que establece el uso obligatorio de idiomas indígenas en todos los ámbitos del Estado), la institucionalidad democrática (con el reconocimiento de la democracia comunitaria y las formas de autogobierno indígenas para el ejercicio de la autonomía indígena) y la propiedad de la tierra (cuando se prioriza el uso o distribución de tierras fiscales como tierras comunitarias).

Estos seis ejes de la plurinacionalidad no deben ser meros enunciados, sino materias de derechos aplicables. Un derecho se vuelve materia si es una forma de distribuir potestades, poder y riqueza colectiva, plantea el Vicepresidente.

En el eje de la autonomía, el Vicepresidente coinciden en que el Estado débil y encerrado en unas cuantas calles de la Plaza Murillo no sentó presencia en muchas regiones donde no había moneda, salud, educación, carreteras, servicios básicos ni derechos y donde la gente ha reconstituido de manera local formas de autogobierno.

En ese contexto, la Constitución boliviana no ha inventado nada nuevo, lo que ha hecho es constitucionalizar la autonomía indígena ya existente y ver la forma de su expansión territorial.

A diferencia de lo que ocurrió en México, Ecuador y Guatemala, en Bolivia se da una tensión rica entre el potenciamiento de la demanda autonómica como una forma de contención del Estado neoliberal (2000-2003) y la lectura del movimiento social indígena conduciendo el Estado plurinacional. Una es la lógica de la resistencia y la otra es la lógica del soberano.

La diferencia con la reflexión zapatista y del movimiento indígena ecuatoriano y guatemalteco es que aquí los principales movimientos sociales indígenas se plantean en el Estado, asumen una voluntad de poder estatal y no simplemente de contención del poder Estatal, resalta García Linera.

Desde que surgió el debate teórico intelectual en 1995 hasta 2005 se priorizó la autonomía como contención al Estado, y paralelamente comenzó a tomar mayor protagonismo la idea de transformar, conducir y mandar en el Estado. La victoria del Presidente Evo Morales reforzó la idea, la convocatoria a la Constituyente le dio más fuerza y la elaboración de la Constitución la consolidó.

García Linera señala que cuando hablamos de Estado plurinacional estamos hablando también de un Estado con hegemonía indígena originario campesina, es decir como liderazgo intelectual y moral en el sentido Gramsiano del término, y con la capacidad de juntar y de atraer a intelectuales, académicos, vecinos, comerciantes, obreros, fabriles y transportistas.

Esta es la parte más rica de la Constitución y del proceso constituyente boliviano: la conducción del Estado, o mejor, la construcción del Estado desde el movimiento indígena y no solamente la resistencia de Estado desde la autonomía territorial local. Se trata de dirigir el Estado Plurinacional y no simplemente estar representado.

De ahí que Ser Estado y autonomía para defenderse del Estado son los dos son temas del debate del movimiento indígena originario campesino. A esta rica tensión no hay que verla como contradicción, sino como una tensión viva que habla de la voluntad estatal del movimiento indígena y de la precaución que toma frente al Estado: Estoy en el Estado y por hoy lo conduzco, pero por si acaso tengo mi plan B y contengo al Estado, explica el Vicepresidente.

Esta doble tensión es el aporte más sustancial, primero de una memoria histórica de desconfianza del movimiento indígena frente al Estado, pero por otra parte de una concepción de empoderamiento, de ser soberanos conduciendo y mandando en el Estado, que es una experiencia nueva que no se daba en 500 años.

Desde la derrota de Manco Inca allá por 1572 en Vilcabamba, la memoria indígena de ser Estado estaba sepultada detrás de una serie de capas de dominación, explotación, abuso y discriminación, pero vuelve a renacer ahora con Evo Morales y el conjunto del movimiento social, subraya el mandatario.

García Linera piensa que todavía quedan algunos años de "lava incandescente que vale la pena moldear" y también es posible un nuevo acenso del movimiento indígena como las oleadas de 2000, 2003 y 2005. En todo caso, Bolivia, como en ningún otro lugar de América Latina, vive una experiencia excepcional y riquísima, cuyos resultados, de ser exitosos, van a dar fin a lo que se ha denominado la vida y el Estado colonial.

1. Exposición del Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia Álvaro García Linera en el seminario Internacional "Bolivia Post Constituyente: Tierra, territorio y autonomías indígenas" organizado por la Fundación Tierra, 26 de octubre de 2009.

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