Compensación económica de las emisiones de CO2:
Un "barniz verde" al capitalismo global
Carlos Crespo
La compensación económica por emisiones de carbón (carbon offsetting) es uno de los instrumentos de mercado promovidos por el gobierno británico para enfrentar el cambio climático. El principio es reducir el impacto de las emisiones de las actividades diarias como conducción de automóviles, calentamiento de viviendas o vuelos por avión. Las emisiones por tales actividades son calculadas por una empresa especializada y convertidas en dinero; el sujeto emisor paga el valor de la emisión y esos fondos van a financiar proyectos que reducen las emisiones de carbón, como plantaciones de árboles, energías renovables o eficiencia energética, por el monto equivalente, normalmente ubicados en países en desarrollo.
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Esta compensación no solo pueden hacerla las compañías, sino también individuos. De hecho, el primer ministro Tony Blair, quien declaró que no modificaría sus viajes de vacaciones fuera del país como medida de aportar a reducir al calentamiento global, debido a la condena pública, se vio obligado a pagar casi £85 como compensación por su último viaje de vacaciones a las islas Barbados, que creó poco más de 11 toneladas de CO2. Desde la economía ecológica y la ecología política se ha demostrado que el cambio climático esta asociado a la insustentabilidad del capitalismo global; la lógica de acumulación, crecimiento permanente, consumo creciente de recursos y bienes está generando una presión sobre el planeta, expresada entre otros fenómenos en modificaciones climáticas; por tanto enfrentar este problema requiere un cambio en la cultura de consumo y el estilo de vida, particularmente de las sociedades industrializadas y países emergentes (India y China), algo que los poderes dominantes, las elites económicas y gran parte de las clases medias están dispuestas a hacerlo. Estos mecanismos de compra de derechos de emisión en el fondo no reducen la emisión de gases, sino compensan; de esta manera las empresas y los individuos pueden seguir realizando emisiones de CO2 y mantener su estilo de vida, pues saben que luego pueden compensarlo. Es decir, funciona como una verdadera “licencia para matar”. Por otro lado, es posible dar valor económico a una emisión de CO2? Como valorar los impactos futuros y/o acumulativos de estas emisiones?. Finalmente, los proyectos donde se invierten estos fondos ni siquiera tienen rigor científico: por ejemplo, la plantación de árboles en gran escala reduce la biodiversidad (que biodiversidad puede encontrarse en un bosque de eucaliptos o pinos?) y hacerlo en áreas no apropiadas puede ser contraproducente para la conservación de ecosistemas (se ha identificado que la plantarlos en áreas fuera de la línea del Ecuador, como Siberia, puede promover mayor calentamiento global, por la capacidad de los árboles de no solo capturar sino también emitir CO2).
Una escena de la película “Go West” de los Hermanos Marx, muestra un tren recorriendo el desierto a una velocidad enloquecida mientras que los pasajeros, como única posibilidad para mantener esa aceleración, queman el propio tren en su caldera al grito de: ¡¡¡Más madera, más madera...!!!. Pero, cuando tenían la locomotora a plena potencia, ya no había tren para arrastrar. El calentamiento global es la muestra de la máquina trituradora del capital y su vorágine consumista, como la serpiente que se come la cola, destruyendo la base material de su existencia y modificando las formas de vida, tal como las hemos conocido; por ello, la resistencia al capitalismo global es una lucha ecológica, biopolítica, pues es la disputa por la vida.
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