En memoria de James Joyce
Ramón Rocha Monroy
La mañana del 16 de junio de 1904, Leopoldo Bloom se levantó de cama para cumplir una odisea que duró sólo 24 horas, en la cual cumplió los ritos cotidianos de todo buen dublinés. Esta curiosa versión del retorno de Odiseo a Itaca sirvió para que el escritor James Joyce escribiera la novela "Ulises", de la cual se sienten deudores novelistas de la talla de Faulkner y Vargas Llosa, Cabrera Infante y Cortázar, y tantos otros que militaron en esa revolución literaria inaugurada por el escritor irlandés.
Ojo de vidrio: Publicó las novelas: ¡Qué solos se quedan los muertos!-Vida de Antonio José de Sucre
(Ed. El País, 2006), Potosí 1600 (Premio Alfaguara 2001), Ladies Night, La Casilla Vacía, Ando volando bajo (Premio Guttentag 1994),
El run run de la calavera (Premio Guttentag 1983), Allá Lejos (Ed. Los Amigos del Libro, 1978).
Inició su carrera literaria con Pedagogía de la Liberación (Premio Franz Tamayo de Ensayo 1975).
Tiene dos libros de crónica gastronómica: Crítica de la sazón pura, Todos los cominos conducen aroma y La importancia de vivir en Cochabamba.
Es también guionista de cine.
Blog clandestino

Artículos que le pueden interesar
En memoria de James Joyce
Ramón Rocha Monroy
La mañana del 16 de junio de 1904, Leopoldo Bloom se levantó de cama para cumplir una odisea que duró sólo 24 horas, en la cual cumplió los ritos cotidianos de todo buen dublinés. Esta curiosa versión del retorno de Odiseo a Itaca sirvió para que el escritor James Joyce escribiera la novela "Ulises", de la cual se sienten deudores novelistas de la talla de Faulkner y Vargas Llosa, Cabrera Infante y Cortázar, y tantos otros que militaron en esa revolución literaria inaugurada por el escritor irlandés.
Hoy, a un centenar de años, acaba de cumplirse en Dublín la conmemoración de esa fecha puramente literaria: el alegre pueblo irlandés se volcó a las calles vistiendo trajes de época y repitiendo los ritos de aquella memorable jornada que se inició con un suculento riñón frito en mantequilla y terminó a orillas del cuerpo de una mujer dormida que deja fluir libremente las imágenes que habitan su inconsciente.
Como buen irlandés, Joyce nunca fue un literato a secas, sino un hombre pletórico de vida. Cierta vez lo visitó en el hospital el escritor inglés Ford Madox Ford, director de la revista "Trasatlantic Review", que hizo conocer algunos cuentos de Joyce, para recomendarle que dejara de beber.
Joyce le contestó: "No te inquietes, tú sabes que yo no bebo nada entre vaso y vaso". Sus héroes eran dignos del apetito de un cochabambino: "El señor Leopoldo Bloom comía con fruición órganos internos de bestias y aves. Le gustaban la espesa sopa de menudos, las mollejas que saben a nuez, un corazón relleno asado, lonjas de hígado fritas con raspaduras de pan, ovas de bacalao bien doradas. Sobre todo le gustaban los riñones de carnero a la parrilla, que dejaban en el paladar un rastro de sabor a orina ligeramente perfumada", escribió en el "Ulises".
Cierta vez dio una conferencia en Italia que titulaba "Irlanda, tierra de santos y de sabios". Era una provocación que arrancó sonrisas al público.
¿Cómo, los irlandeses santos y sabios? ¿No se los conocía más bien por sus apetitos pantagruélicos y su prodigiosa capacidad para beber? Joyce explicó que la isla verde y húmeda del Atlántico norte había sido morada de los druidas, cuya sabiduría se remontaba más allá de las primeras civilizaciones griegas; y que en los inicios de la Edad Media había congregado a los teólogos y filósofos más importantes de la época, que rescataron el legado de Grecia y Roma. El problema es que llegaron los ingleses, colonizaron la isla y ese pueblo santo y sabio se sumió en la pobreza y en el dulce olvido que provoca la cerveza Guiness.
La primera vez que leí esa conferencia, en los "Estudios críticos" que publicó Alianza Editorial, recuerdo que me sirvió para plantear la cuestión nacional en términos joyceanos, pues al hablar de esa tierra de santos y de sabios, ¿no se estaba refiriendo también al drama de las civilizaciones de Tiwanaku y Macchu Picchu, de Tenochtitlán y Chichen Itzá, de Tula y la Isla de Pascua?
Maravillosa ocasión, pues, para conmemorar en "La Tirana" y a orillas de una botella de Taquiña, el centenario de esa jornada puramente ficticia que transcurrió el 16 de junio de 1904, en las rumorosas calles de Dublín.
Volver atrás
temas << El reclamo por el mar >>
Bolivia defendió su reivindicación marítima en la Asamblea de la OEA, asegura la Cancillería
El informe sobre el problema marítimo de Bolivia fue incluido, como sucede cada año, en el temario del Cuadragésimo Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la OEA, que se llevó a cabo en Lima, Perú, del 6 al 8 de junio, aclaró hoy la Cancillería boliviana en un comunicado público.
Leer el artículoOtros artículos en El reclamo por el mar
El 17 de marzo de 2009, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), presentó ante la Corte Constitucional para el Período de Transición una demanda de inconstitucionalidad en contra de la Ley de Minería publicada en el registro oficial No. 517 del 29 de enero de 2009. La demanda de la CONAIE contenía objeciones de forma y fondo a la ley, sin embargo fue la falta de consulta prelegislativa a pueblos y nacionalidades indígenas la que levantó más revuelo en los ámbitos jurídico y político del país. De fallar a favor, la Corte Constitucional crearía un precedente importantísimo para el pleno reconocimiento de los derechos de los pueblos y nacionalidades indígenas ya que toda ley posterior que amenazare con afectar sus derechos les debería ser consultada.
:: Más detallesBolivia no se quema, Bolivia se respeta
Inicio | Análisis | Temas | Contactos | Registrarse