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Retrato de un precursor

Alejandro Méndez

Publicado el: octubre 12, 2009 5 min.

Arturo Borda nació el 14 de octubre de 1883 en su entrañable La Paz. Pareciera que post mortem la vida le va reconociendo con creces el ostracismo al que fue confinado. Se trata de un LOCO, (así con mayúsculas), un LOCO que a veces fungía de periodista, escritor, político, sindicalista anarquista, pintor, poeta, actor de escena, etc., pero principalmente Precursor.

Hijo del militar José Borda Gozálvez y Leonor Gozálvez Motenegro, perteneció a una familia de clase media y tuvo cinco hermanos. Aguerrido soldado de Baco, el LOCO se acercó al lumpen, tal vez para meditar desde el sub mundo, la catástrofe del mundo superficial.

Se lo veía por las calles de La Paz en un estado deplorable, jalando con una pita un pedazo de cartón que contenía alguna obra de su magnífica imaginación. Pintaba en las peores condiciones materiales, sobre cartones y con lo que podía. Empero, cuanto tuvo oportunidad de adquirir materiales adecuados, su esmero e imaginación hacían gala del pincel como lo demuestra su obra cumbre "El Yatiri", pintada en 1918.

Ignorado por la plástica de entonces, le sobrevino la muerte antes de que el mundo entero vea y admire su talento.

Jhon Canada publicó una crítica en la revista The New York Times: "El verdadero descubrimiento de la "Exposición de Arte Latinoamericano desde la Independencia", es un pintor llamado Arturo Borda, boliviano nacido en 1883, representado por una sola obra "Leonor Gozalvez y José Borda"… Aún desconociendo el propósito original de la exposición, el cuadro más interesante se halla relacionado con el desarrollo social, que se hace presente con una obra de arte de primera calidad pintada por un artista totalmente desconocido en esta parte del mundo, y quizás no muy bien conocido en su país. Ello nos proporciona un descubrimiento muy raro por su calidad, el de un artista con grandes dotes interpretativas y técnicas que trabajó sin ser reconocido y que tampoco tuvo interés en que se le reconociese. Lo mejor que podemos hacer en su beneficio es tratar de investigar en lo futuro con la esperanza de que éste cuadro no sea la excepción dentro de su obra". (Jhon Canada. Crítico de arte del New York Times).

Y desde entonces -como diría Shimose-; todos nos "deslechamos" al hablar de Borda. Si bien adeudamos a Cecilio Guzmán de Rojas la incorporación del indio como elemento estético en la pintura boliviana, Borda rompe con ello y sin abandonar al sujeto originario, aporta nuevos elementos como la protesta, la ironía, la tradición y la cultura.

A decir de Javier Sanjinez: "El pintor paceño puede también ser visto como el artista contestatario que retorna a las tradiciones antiguas de la Menipea y el carnaval."

Llama la atención al incorporar el imponente Illimani en numerosos cuadros lo que denota un apego a su ciudad natal aparejado de una especie de amenaza imponente de la naturaleza.

Su estilo no parece unísono, sino más bien evolutivo. Desde su "Retrato de mis padres" que denota un estilo realista, pasando por el "Yatiri" con fuertes imbricaciones costumbristas, llega a su "Crítica de los ismos" rechazando todo convencionalismo o formalismo y afirmando lo asimétrico, heterogéneo, inverosímil que, "… revela la belleza latente de lo vulgar" (J. Sanjinez).

Fue una fuente de inspiración de varios intelectuales como Jaime Sáenz cuya vida sería marcada a fuego. Anarquista autodidacta, en 1921 participa del congreso de la Gran Federación Obrera del Trabajo, germen orgánico de lo que hoy constituye la Central Obrera Boliviana.

Manejaba la palabra con mucha habilidad y cuando la crisis del Estado obligaba al Proletariado a crispar los puños en rebeldía, el LOCO emergía cómo un fantasma para ponerse a la cabeza de la lucha social.

Tuvo ensayos con referencia a las relaciones obrero patronales de entonces, pero su obra cumbre en la pluma la encontramos en "EL LOCO"; monumental creación que condensa el ensayo, la novela, el periodismo, la crítica, etc., publicada por la Alcaldía de La Paz en tres gruesos volúmenes.

"EL LOCO" constituye una explosión inmensa de creatividad desordenada que pulveriza todo parámetro literario y toda imaginación coherente para subsumir al lector en una especie de relato de lo que pudo haber sido.

Muchos le enrostran la bohemia, quien sabe para enfangar su trayectoria, otros salen en su defensa tratando de santificar su vida. Guillermo Lora analizando al hombre en proyección político y social concluye: "La misma bohemia de este singular personaje fue eso: protesta contra un determinado estado de cosas."

De sus amores no se conoce mucho, sólo que alguna vez se enamoró de una monja. La "Margacha" (apodo de la cantinera de barrio), cansada de la insistencia del bebedor, le ofrece un trago que desaparece en su garganta en fracción de segundos. Tarde se daría cuenta que no fue alcohol lo ingerido, sino ácido muriático que le provocaría una agonía horripilante de tres días y al final la muerte.

Arturo Calixto Borda Gozálvez, murió el 17 de junio de 1953.

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