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La trampa de los exámenes de ascenso en el magisterio y el silencio de los dirigentes

Publicado el: septiembre 5, 2007 3 min.

(Masas).- El trabajo de evaluar es una de las actividades permanentes del maestro y, en nuestra práctica diaria, lo primero que establecemos con precisión es el objetivo de la evaluación, saber exactamente qué es lo que pretendemos evaluar.

Los contenidos y las formas de los instrumentos de evaluación (las pruebas) deben estar en función a los objetivos trazados. Cada pregunta debe estar orientada a descubrir hasta qué grado, la persona evaluada, se aproxima o no a los objetivos trazados.

En el caso particular de los exámenes para ascensos de categoría, el objetivo es determinar con precisión las experiencias pedagógicas del maestro y cómo éste complementa su práctica diaria con los elementos teóricos de la ciencia educativa en permanente desarrollo. Además, una evaluación de esta naturaleza debe respetar el carácter crítico que está obligado a desarrollar el maestro en la confrontación de la práctica con la teoría. No tomar en cuenta estas consideraciones en la elaboración de los instrumentos de evaluación es caer en un dogmatismo inaceptable que termina por canonizar los criterios, muy discutibles, de ciertos teóricos o tendencias pedagógicas.

Además, en los objetivos de la evaluación deben tomarse en cuenta los diferentes medios, especialidades, ciclos y niveles en los que se desempeña el maestro. No hay que olvidar que la experiencia es el resultado de la interacción del ser humano con una realidad siempre concreta y particular. La generalización teórica viene como segundo paso en el proceso de abstracción del pensamiento humano.

El hecho de que los instrumentos de evaluación sean comunes para maestros de primaria, secundaria y educación superior y sean comunes para los maestros de las diferentes especialidades, ya es una falla grave que no permite evaluar objetivamente las experiencias pedagógicas del maestro.

Los últimos exámenes para el ascenso de categoría aplicados por el Ministerio de Educación no resisten un análisis teórico –científico serio porque gran parte de los ítemes, sobre todo aquellos referidos a la realidad nacional, están fuera de contexto y que nada tiene que ver con la práctica diaria del maestro. Es absolutamente subjetivo y tendencioso el pretender imponer los criterios de algunos elementos de clarísima orientación indigenista y es arbitrario el pretender generalizar una bibliografía totalmente desconocida unos días antes del examen.

Al comprobarse la naturaleza de los instrumentos de evaluación aplicados, los dirigentes lo primero que debieron haber hecho, antes de la aplicación de la prueba, es exigir la anulación de los mismos y la elaboración de otros con criterio científico. Posteriormente, cuando el Ministerio desencadenó una monstruosa campaña ofensiva contra el magisterio rebelando que sólo el 10 % había aprobado los exámenes, los dirigentes nacionales y departamentales callaron la boca ¿por incapacidad, cobardía o complicidad? Sólo José Luis Álvarez, el Ejecutivo paceño, tuvo el valor de hacer frente a la campaña interesada de las autoridades poniendo al desnudo las deficiencias de las pruebas. Es el único que denunció que esos exámenes no tenían nada que ver con las experiencias pedagógicas del maestro.

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