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Bolívar y la fundación de Bolivia

Ramón Rocha Monroy

Publicado el: julio 24, 2007 3 min.

Poco después de Ayacucho, Simón Bolívar no comprometía una opinión final sobre la suerte del Alto Perú, pues para él pertenecía "de derecho al Río de la Plata, de hecho a España, de voluntad a la independencia de sus hijos que quieren su estado aparte, y de pretensión pertenece al Perú que lo ha poseído antes y lo quiere ahora". La única solución que vislumbraba era someter el caso al Congreso de Panamá. Anexarlo al Perú sería una violación del derecho público establecido por la independencia, y formar una nueva república le parecía tema de una asamblea americana, en el cual no quería tener de momento arte ni parte. Veamos cómo describía Bolívar al Alto Perú:

–El país es igual en recursos a Guatemala y a Chile; dista infinito de Buenos Aires y poco menos de Lima. El centro viene a estar a quinientas leguas de una y otra capital, o poco menos, pero siempre más distante de Buenos Aires. Se dice que el país es hermoso y muy rico, allá lo veremos.

El 23 de abril, media hora antes de salir a Chuquisaca, Sucre le escribió a Bolívar desde Potosí:

–Trataré de retardar la reunión de la asamblea hasta su llegada, mi general, pero ojalá que un día no nos pese haber hecho esta demora, y que tengamos maldiciones de estos pueblos, en lugar de bendiciones, por haberles quitado a los españoles.

Bolívar contestó el 26 de abril de 1825, desde Nazca, Perú: "Yo me imaginé siempre que la delicadeza de V. se ofendería por mi desaprobación a la convocatoria de los pueblos del Alto Perú. Me dice que por qué recién el 21 de febrero le doy instrucciones. Yo mismo no sabía lo que debía decir a V. porque dependían mis instrucciones de la voluntad del congreso. Rousseau aconseja la inacción en estos casos. Así he obrado yo, y me parece que así debió V. obrar. Yo sé muy bien que V. no tiene ambición, y V. me injuria en disculparse con respecto a una pasión que jamás he pensado atribuirle. Convenga V. conmigo, aunque le duela su amor propio, que la moderación de V. le ha dictado un paso que jamás pudo ser bastante lento. Lo que a mí me hacía dudar, y por lo mismo no resolver, lo juzgó V. muy sencillo y lo hizo sin necesidad; digo sin necesidad; primero, porque el país no se había libertado; segundo, porque un militar no tiene virtualmente que meterse sino en el ministerio de sus armas; y tercero, porque no tenía órdenes para ello. Si yo sufro esta pena porque V. la padece, a la vez es con la mira laudable de desengañar a V. de que tiene razón, porque un mal que no se conoce, no se puede jamás curar.

"Yo no mandaré a buscar un ejército a Buenos Aires: tampoco dejaré independiente, por ahora, al Alto Perú, y menos aún someteré a ese país a ninguna de las dos repúblicas pretendientes. Mi designio: convidar a un congreso de los tres pueblos, con apelación al gran congreso americano, mientras el ejército unido ocupe militarmente el país y sujeto al general en jefe que yo nombre. Este general en jefe es V., debe ser V., y no puede ser otro sino V. Yo le ruego a V. que no se venga. Espéreme para resolverlo todo conforme…"

Lo anterior es una prueba del tino y madurez política de Bolívar en medio del magma de la Independencia: no dio lugar a la licencia que pedía Sucre y le adelantó que él se haría cargo del gobierno provisorio del Alto Perú. Luego, las diputaciones expresaron su voluntad, siempre respetada por el Libertador, y nació Bolivia.

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